Sergio Martínez Estrada
Edgar Morin produjo su primer libro cuando tenía apenas 25 años, inició así una larga y productiva carrera que sostiene hasta la fecha; cuando al menos 50 obras de relevancia y trascendencia se apuntan en su haber, lo anterior sin considerar la infinidad de artículos que ha escrito para su publicación en los diferentes medios.
Su obra se ha traducido a diversos idiomas, entre los que se encuentran: el español, alemán, inglés, catalán, coreano, danés, griego, italiano, serbocroata, japonés, macedonio, neerlandés, polaco, portugués, rumano, sueco, turco, chino y otros más. Entre sus obras más importantes de actualidad se encuentra el hecho trascendente de que haya otorgado su autorización para que la Multiversidad Mundo Real ubicada en la ciudad de Hermosillo, Sonora, México, lleve su nombre, se sustente en su pensamiento, su filosofía y su propuesta educativa; en esta institución, además de ser su inspirador y guía, es presidente del Consejo Académico Científico Internacional, organismo éste, integrado por investigadores, autoridades educativas y académicos de más de 35 instituciones de educación superior y centros de investigación, ubicados en más de 15 países esparcidos en cuatro continentes. Predica una nueva mundialización, entendida como la toma de conciencia de un destino común, un pensamiento global que es una necesidad capital para hacer una revisión de los ideales, fraternidad, solidaridad, pero si vemos los hechos históricos las revoluciones generan una nueva explotación. Para él hay un Dios caprichoso que nos trae siempre lo inesperado idea que debe permanecer.Edgar Morin, que en realidad es Edgar Nahoum, nació en París, 1921, hijo de inmigrantes sefardíes de Salónica, Grecia, adoptó como nombre su apodo en la resistencia del PCF (Partido Comunista Francés) a los nazis.
Es un hombre que refleja ternura en su mirada ceñuda,, que conserva el ímpetu de un agitador de conciencias, investigador emérito del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS en francés), sus obras van desde la reflexión filosófica a la economía. Es atento. Platicamos antes de ofrecer su conferencia magistral en la Muestra Iberoameri-cana, de Televisión y Video, Educativo cultural y Científico.
¿Maestro Morin usted propuso hace poco tiempo ante la UNESCO una reforma educativa sustentada en rescatar la curiosidad de los infantes, cree que sea posible en Latinoamérica, en especial en México que según la OCDE ocupa el último lugar en calidad educativa?
Para mi América Latina ofrece un mensaje de vitalidad, es cierto que hay necesidad de reformas en países como México, Colombia, Brasil y Perú donde recién he estado, pero sin embargo son una fuente de inspiración para Europa, España, Italia. Los latinos son el mundo de la esperanza, nadie está en torres. Hay un sentido de los pueblos. No hay castas cerradas. Hay vitalidad. La reforma educativa necesita revisar los asuntos vitales: qué es la identidad humana, o cuál es la realidad de nuestra subjetividad, asuntos que sólo encontramos en la literatura, que la educación rechaza como si fuera un lujo. No se enseña cómo afrontar la incertidumbre, ni la comprensión humana, ni el conocimiento como fuente de ilusiones y equivocaciones.
¿A su juicio el poder burocrático y mundializado utiliza la tecnociencia para excluir a los migrantes y marginados en los países desarrollados?
Francia es migrante, se creó a partir de ese hecho. La mundialización ha creado trabajos de segunda clase que nadie quiere hacer, solo los migrantes. Francia le debe el desarrollo de su industria automotriz, entre otras cosas. La tradición universal se perdió como dices, pero ahí está, África fue colonizada, y eso es igual a miseria, la agricultura fue industrializada, y ahora no hay trabajo y la gente tiene que emigrar. Francia debe de tomar ejemplo de América Latina. En ambos lugares debemos dejar atrás los ghettos. Aunque a los desterrados, los desempleados se les impone la violencia. Los jóvenes que quemaron automóviles, no son migrantes, son la tercera generación de franceses. Pero pasan los años y los problemas de los inmigrantes aumenta, viven en barrios aislados, en situaciones insostenibles. Por otro lado, los nacionalismos étnicos y religiosos son producto del miedo a que la occidentalización destruya la autenticidad y singularidad de las culturas. Cuanto más se extiende la mundialización, más crece la resistencia a conservar la identidad; una resistencia férrea que se asienta en las raíces étnicas y religiosas. Además, gran parte del planeta vive sin perspectiva de futuro, desengañada del progreso, que tiene sus rasgos regresionistas. Para Edgar Morin la globalización económica ha sido muy cruel, pero ha ido paralela a una mundialización de los derechos humanos, las democracias y una cultura planetaria. Una mundialización humana que no reduzca el mundo a un asunto de mercado. Nuestra paradoja histórica es que Occidente ha sido el sujeto de la dominación, pero también el precursor de las ideas de emancipación.
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