30
Abr
08

Together, La comuna

Basada en la pelãula del realizador sueco Lukas Moodysson y el director Gisli Örn Gardasson Raúl Díaz

 

Dentro de las actividades del recién concluido Festival de México en el Centro Histórico en su vigésima cuarta edición, se presentó la obra teatral Togheter (La comuna), adaptación de la película del mismo nombre del director sueco Lukas Moodysson, que nos llegó en una coproducción de Islandia, España y México bajo la adaptación y dirección de Gisli Örn Gardarsson para la compañía Vesturport Theatre Group que, como una atracción especial para nuestro público, tuvo la atingencia de invitar como parte del elenco a uno de los actores mexicanos más reconocidos del momento, Gael García Bernal.

 

La comuna recrea la época del movimiento hippie que sacudiera los valores y hasta un poco las estructuras de los países capitalistas más desarrollados, pero que alcanzara también a algunas de las naciones de economía menos boyante, tal el caso de la mexicana.

 

Ese movimiento involucró a miles de jóvenes en prácticamente todo el mundo, causó escozor y algo más, planteó la necesidad de, de alguna manera, revisar lo establecido y hasta modificarlo, pero carente de sustento sólido, sin ningún corpus teórico de donde partir y afianzarse pese a su significación mundial, terminó diluyéndose en la nada. 

 

Fue el hippie un movimiento importante sin duda, llenó toda una etapa (aunque pequeña) y en nuestra ciudad, a finales de los sesentas y principios de los setentas del siglo pasado, cientos de jóvenes nacionales y extranjeros pululaban por la Zona Rosa y lugares aledaños; en el interior, Oaxaca por ejemplo, se formaron comunas y, sin embargo, quien lo dijera porque eso sucedió hace apenas unos años, nuestros jóvenes actuales ni siquiera tienen idea de en qué consistió y qué hizo ese movimiento y, muchos, ni siquiera saben que existió.

 

Por ello resultó interesante (a más de las virtudes de la obra en sí y del montaje), la propuesta del grupo islandés que vino a recordar un poco de qué fue aquello a través de una de sus manifestaciones más significativas: La Comuna. La comuna, el lugar de convivencia de un grupo heterogéneo de hombres y mujeres, niños y viejos sin distinciones de ninguna clase entre ellos, en donde todo era de todos y prácticamente la propiedad privada no existía, donde el sexo podía practicarse con plena libertad entre quienes quisieran ejercerlo sin aquello de los convencionalismos burgueses de “mi” esposa (o), novia (o) etc. y las tareas para el funcionamiento de la comuna se repartían y realizaban entre todos.

 

Y de la vida cotidiana de una comuna, como su nombre lo indica, trata Together, una mirada a eso que fue significativo, muy significativo en su momento y…desapareció sin dejar huella.

 

La comuna aquí es una casa de cuatro niveles con varios cuartos en cada uno por cuyas ventanas puede verse a sus ocupantes y lo que hacen, por lo que el espectador puede seguir así lo que ocurre en cada habitación y en las dos áreas comunes, el vestíbulo y la cocina, que son los espacios en los que se desarrollan las acciones de los ocho singulares componentes de esta comunidad que, aunque con pequeñas discrepancias, vive en realidad en bastante paz y armonía pretendiendo ignorar los grandes problemas que aquejan al resto de la sociedad y aparentando que en realidad creen en que están construyendo un mundo mejor y diferente, que han superado ya todos los convencionalismos burgueses, que poseen una moral superior y hasta pueden abstenerse sin ningún problema de comodidades y factores de entretenimiento y/o información de la vida moderna como el teléfono y la televisión.

 

Pero hete aquí que de pronto, para alejarse de un marido borracho y golpeador, a la comuna llega una mujer “normal” con su pequeña hija y toda la faramalla se viene abajo porque en realidad no estaba sustentada en nada sólido.

 

Si bien es cierto que se predicaban y auto convencían de estar haciendo algo revolucionario, y entre ellos estaba un activo propagandista de las grandes ideas de Marx, Lenin y otros connotados revolucionarios que acaba, al final de la obra, por abandonar la comuna para ir a integrarse a las Brigadas Rojas de Alemania, no menos cierto es que ninguno de ellos, ni siquiera el activista, poseían una formación ideológica que sustentara su conducta, ni tenían un auténtico espíritu solidario que los fortaleciera y unificara ante la contaminación exógena.

 

Por eso, a la primera aparición de elementos extraños, la tal comuna empieza a desquebrajarse rompiendo las normas que supuestamente los unían y, por ejemplo, la mayoría se agolpa en torno a la televisión que, con el pretexto de que era para la niña recién llegada, alguien llevó a la comuna.

 

Dos o tres elementos disociadores más bastan para que la comuna se descomponga totalmente y se desintegre sin mayor pena ni gloria, tal como ocurrió con el movimiento en general.

 

La Comuna, pues, no es un simple relato de lo que pasó con un grupo de “locos”, “desadaptados”, “viciosos” -y otras linduras que se les endilgó a los hippies- que decidieron vivir juntos, sino que es una alegoría de algo que fue, que existió realmente, que afectó a la sociedad de su momento y hasta la preocupó porque sintió que podría afectarla pero que, para fortuna de lo establecido, no llegó a ser realmente un movimiento subversivo y, como la comuna del cuento, simplemente desapareció aunque varios de sus integrantes, de una u otra manera, resintieron los efectos o fueron producto de la guerra del imperio en contra del heroico pueblo de Viet Nam.

 

Buen trabajo en general de todos los participantes, y buena ilustración para nuestros jóvenes de un episodio importante de la historia reciente. 

 

 


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