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08
Nov
08

El Gigante Gargantúa

 

El Gigante Gargantúa

El Gigante Gargantúa

 

 
 
 
 
 

 

Por: Sisi Casas
Los sinsabores de Gargantúa
Lo sorprendente casi siempre suele estar acompañado por una buena dosis de ingenio, buen humor y, sobre todo, creatividad al momento de aterrizar lo que se quiere decir y cómo se quiere decir, tarea nada fácil (si cabe hacer la acotación) pues lo complicado radica, precisamente, en lograr concretar un proyecto cuyas ambiciones están sustentadas en el plano de la fantasía y lo maravilloso. Y si a esto se agrega un elemento más, en este caso, el público infantil, la tarea entonces es doble. En este sentido la Compañía Divàdlo, creada en noviembre de 2003 por cuatro escenógrafos, ha llevado a cabo una serie de montajes en los que la propuesta escénica parte en sentido inverso del tradicional, es decir, la escenografía como punto inicial para la puesta en escena, más allá del texto y de la visión particular de un director. En este sentido, y bajo esta perspectiva, tiene en su haber varios montajes: una adaptación a la ópera Turandot, la obra Mictlán y sus destinos de la muerte, una adaptación de Hansel y Gretel, y recientemente El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, por mencionar algunas. Esta modalidad le ha permitido a la Compañía Divàdlo trabajar con diversos actores y directores, entre ellos Hayddé Boetto, quien destaca con su versión de Hansel y Gretel, hace más o menos como dos años, y es hasta el momento uno de los mejores montajes en los cinco años de vida de la compañía. Y si bien la propuesta escénica se basa principalmente en la cuestión escenográfica, no hay que dejar de lado el aspecto actoral, pues al fin y al cabo se trata de un proyecto conjunto en el que lo deseable es un equilibrio en todos sus aspectos, llámese música, actuación, escenografía y dirección.

En el caso de El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, puesta en escena basada en la novela de Francois Rabelais, con adaptación y dirección de escena de Mercedes de la Cruz y las actuaciones de Yanet Mirada, Juan Carlos Medellín, Alejandro Arce, Adriana Burgos, Fernando Gómez Pintel, hay dos aspectos diametralmente opuestos.

Por un lado, una escenografía espectacular, cuidada en la mayoría de sus detalles, que logra por sí sola crear un espacio lleno de fantasía y encanto, donde el ingenio y la creatividad son las constantes, aderezada, por supuesto, por un vestuario atractivo desde su concepción (los bocetos como parte del programa de mano es algo que se agradece pues no siempre se ve este proceso creativo) hasta su hechura, amén de la construcción de atractivos títeres y otros elementos escenográficos como libros pop-up (o tridimensionales) para recrear varios lugares de Europa y un dragón muy particular. En síntesis, un trabajo bien logrado desde el punto de vista escenográfico.

Pero por otro lado está la cuestión actoral, de dirección y adaptación. El problema inicial es cómo adaptar una obra literaria al lenguaje teatral. Hay varias opciones para hacerlo: lo más literal posible, en versión libre, con ciertas libertades creativas pero tratando de respetar la esencia del texto… en fin, la forma que se desee siempre y cuando no se pierda de vista que el lenguaje literario es uno y el teatral otro. Es decir, en uno el eje toral lo lleva la palabra escrita y en el otro la acción. De ahí que resulte un tanto pesada esta adaptación al estar llena de elementos superfluos para la escena (sobre todo datos y datos y más datos), que si bien esenciales en la novela para retratar al hombre renacentista, en la puesta en escena resultan de una densidad abrumadora, a tal grado que uno no sabe bien a bien cómo se llega a tal o cual pasaje y qué pasó en el trayecto. A esto habrá que sumarle escenas, como la pelea de los panaderos, por ejemplo, que sólo alargan el montaje a 90 minutos.

Respecto a la cuestión de dirección, amén a lo ya mencionado con relación a la adaptación, hay aspectos básicos que uno no esperaría encontrar a estas alturas en montajes infantiles, sobre todo con un compromiso como el que ha mostrado la Compañía Divàdlo en su trayectoria. Uno de ellos subestimar la capacidad del espectador infantil. ¿No se supone, acaso, que tratar a los niños como tontos era un recurso del teatro comercial, soso, de fin de semana y montajes cuyo único fin es el lucro y la risa fácil del pastelazo? ¿O qué pensar al ver a un actor interpretar a un niño gigante, que en vez de ser un truhán desenfadado (no en balde las cinco novelas de Gargantúa y Pantagruel son representativas de la picaresca del siglo XVI) es un cretino, de hablar bobo y movimientos torpes, no por su condición de gigante, sino por una torpeza de déficit intelectual? ¿Cómo entender un diálogo (cuando Gargantúa alude a que se cagó en los pantalones) que se supone debe estar cargado de un humor escatológico, divertido en exceso por esa misma carga verbal propia de la picaresca, lleno de ironía y sátira, y termina por ser un parlamento vulgar, no por la vulgaridad del personaje es sí mismo (el personaje central de la novela El Buscón, de Francisco de Quevedo, es un vulgar sirviente, pero no por ello es un zafio) sino por el mal gusto con que es dicho? ¿Y qué decir del manejo de los títeres, cuando más de la mitad de sus intervenciones lo único que se ve es la espalda del titiritero?  

Por último, en cuanto a la cuestión actoral, si bien la farsa se caracteriza por sobresaltar de manera exagerada algunos rasgos de los personajes, también debe existir un límite para no caer en la caricatura burda, y quizás el caso más evidente sea el del propio Gargantúa, que de ser representado como un niño bobo en vez de un niño pícaro, termina siendo un niño ñoño en vez de un niño con un espíritu ávido de conocimiento, lo cual no exime al resto del elenco, salvo una o dos excepciones, de hacer un trabajo más orientado a lo fácil y estereotipado que a una búsqueda de personajes.

El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, se presenta en el teatro El Galeón los sábados y domingos a las 13:00 horas hasta el 7 de diciembre.

La cubierta no lo es todo en una buena obra; también importa el contenido.  

18
Oct
08

Reflexiones sobre un antigüo miedo

 

 

 

 

Por: Andrés Ugueruaga

 

 

Si algún día llegara el fin del mundo no sería tan ruidoso, ni tan amarillo, como lo han sido estos días. El miércoles 10 de septiembre se creía que iba a ocurrir el fin del mundo. Ese mismo día, el CERN de Ginebra puso en funcionamiento su gigantesco acelerador de partículas llamado “La Máquina de Dios”. Un Colisionador de Hadrones (LHC) o en otras palabras, un acelerador de partículas capaz de crear pequeños e inofensivos agujeros negros para echar luz sobre la creación del planeta tierra y del universo.

 

Algunos científicos lamentaron no reconocer a este acelerador como 100% efectivo como para revelar a los hombres semejante verdad; pero el temor creció. Muchos pensaron que los agujeros negros producidos por la máquina iban a causar el fin del mundo, a pesar de que los físicos encargados de poner en funcionamiento la máquina avisaron previamente que el Colisionador era inofensivo.

 

Los encabezados de ciertos diarios como la web de la BBC World en la víspera de ese miércoles publicaron titulares como: “¿Moriremos todos el próximo miércoles?”.

Este tipo de encabezados cuestionando el fin del mundo a principios de septiembre será una buena anécdota que tendremos para comentar cuando pasen los años.

 

A diferencia de otros tiempos en que Orson Welles mediante su programa radial anunciaba la llegada de los extraterrestres a la Tierra, todo este hecho ha quedado documentado sobre el gran terror que vivió San Francisco en ese momento. Hoy nada es igual a aquellos años.

 

La hipótesis referente al fin del mundo ha sido recibida con escepticismo o sencillamente con indiferencia (parece que los humanos en algo cambiamos), tal vez por las predicciones fallidas tantas veces. En 1970 un profeta de apellido Lindsey, había relacionado el fin del mundo con el fin de Estados Unidos. Los Milenaristas predijeron el fin del mundo el 22 de octubre en 1844; Edgar C. Whisenant escribió un libro titulado 88 buenas razones acerca de que el Rapto de Jesús sería en el 1988. El supuesto fin se prorrogó hasta el año siguiente, en 1989, después a 1993 y 1994. En ese mismo año el arquero de la selección de fútbol Carlos Roa falló en sus pronósticos, diciendo que el mundo se acabaría en el año 2000. Este jugador fue consecuente con sus creencias a tal punto que, cuando llegó el 2000, abandonó el club en el que jugaba, para prepararse a recibir la llegada del fin del mundo.

Al ver que no había ocurrido nada, intentó volver; ese año fue el fin de su brillante carrera como futbolista.

 

En el diario argentino La Nación con fecha del miércoles 10 de Septiembre 2008 dice: “Es un patrón muy antiguo del pensamiento humano, incluso anterior a la Biblia y presente en la mitología de Oriente Medio, el caos final, la última batalla entre las fuerzas del orden y el caos”.

 

Desde el punto de vista psicológico agrega Paul Boyer (autor de Cuando el tiempo ya no exista: Creencias proféticas de la cultura moderna americana) “Es un concepto profundamente arraigado desde el punto de vista psicológico ya que la idea de una existencia sin sentido es muy amenazadora. Las sociedades humanas siempre han tratado de crear una especie de marco conceptual para dar significado a la historia y a nuestras propias vidas personales”.

 

Para los musulmanes el fin del mundo vendría acompañado por un falso profeta llamado Al-Dajjah. En el Corán dice: “Algunos de los signos que tendrán lugar antes de la llegada de la hora son: la pérdida de la oración, la gente será dominada por los deseos materiales, se sentirá atraída hacia las falsas ideas, respetará a los adinerados y venderá su alma a cambio de este mundo, en esos días, el corazón de muchos hombres estará compungido y desesperanzados, mucha gente al pasar al lado de una tumba, deseará estar en lugar del difunto. Por aquel que en cuyas manos esta mi alma os juro que los hombres pasarán por un tumba y arrojándose sobre ella dirán, ojalá estuviera yo en el lugar de quien la ocupa.”

 

Evidentemente se trata de un mito que tiene una poderosa raigambre espiritual y psicológica, pero que llega a otros contextos igualmente importantes, como ser lo climatológico, lo ecológico, y hasta lo inter-espacial.

 

Veamos algunas razones, nada novedosas, de ello: a) la reducción del Ozono, que permite el creciente ingreso de los rayos ultravioletas, la contaminación; b) la explotación y contaminación desmesurada de los recursos acuíferos; c) la crecida de los océanos (acompañado por el deshielo de los polos); e) la saturación de los suelos como productores de alimentos; f) la gradual desaparición de los bosques, lo que conlleva el incremento de gases nocivos para la salud de los seres vivientes; g) el cambio climático tal como señala un científico británico llamado Marko Scholze.

 

El planeta Hercolubus fue descubierto por un colombiano llamado V.M. Rabolú, autor del libro Hercolubus o el Planeta Rojo, describe en detalle los horrores que sufrirán los hombres al llegar este planeta/ asteroide cientos de veces más grande que la Tierra.

 

Estas son algunas maneras de manifestar una fascinación por el fin del mundo. Sea como fuere, el mundo sigue girando. Lo único cierto es que todos vamos a morir algún día, pero sería realmente curioso que en breve estemos ‘viviendo’ el fin del mundo. Esta incógnita es fascinante, más en sentido psicológico que desde un hecho hipotético.

 

Por supuesto que el tema no está del todo aclarado. Es una fascinación en la que cualquier elemento amenazante tendría que ver con este mito que nunca se cumple.

Hace cincuenta años, en tiempos de la Guerra Fría, el fin del mundo era inminente con las armas nucleares, hoy, una catástrofe climática estaría por llegar, para dejar el mundo sin seres humanos.

 

En estos días, para mayor sorpresa, ha salido otra predicción que fue hecha por un señor llamado Michael Molcher, vocero del Sealed Knot, y además, director de un fanzine de comix, “The End is Nigh” (El fin está cerca, en español) que toma en cada número, una parte del Apocalipsis para tratarlo. La predicción realizada por Michael  Molcher se refiera a una mujer, que está convencida de que los chinos tienen planes  de construir una base en la luna alterarán su órbita y la enviarán peligrosamente hacia la  Tierra.

 

A semejante predicción, Molcher agregó algunos comentarios: “todo tiene que ver con un tema de poder”, “es la única forma en que la gente controla el modo en que el mundo funciona. Lo único que no podemos predecir es el momento y el modo en el que moriremos”.

 

Lo cierto es que todas estas predicciones fallidas, pueden plantearse como una suerte de deseo. El tema del fin del mundo está siendo parte del ‘opio de los pueblos’, parafraseando a Marx. Es una esclusa de escape que la humanidad necesita para aliviar sus temores e instintos más violentos. Religiosos o no, creyentes de estas teorías tienen en común que el mundo terminará algún día, y aún existen muchos que pretenden determinar la fecha, la cual sigue siendo un enigma.

 

 

 

04
Oct
08

Impuesto: palabra odiosa

 

 

 

 

Por: Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

        

El significado de la palabra impuesto es detestable por su significado de imponer sin paliativos. Si consultamos el diccionario define impuesto como:   “Entrega de dinero que las personas físicas o jurídicas realizan al estado, de forma obligatoria y coactiva. La clasificación más tradicional divide los impuestos en directos, (que gravan la renta, el patrimonio, los beneficios, y sus recaudaciones periódicas) o indirectos ( que recaen sobre el consumo, especialmente en los actos de compraventa). Impuesto sobre el valor añadido es el que grava sobre el valor añadido de un producto en las distintas fases de su producción. Se trata de un impuesto sobre el consumo, que recae sobre el consumidor final.”

        

 La fuerza y el valor definitorio de las palabras, van perdiendo esas cualidades con el uso continuo o abuso de las mismas. Así sucede con la odiosa palabra “impuesto”, dicho de manera castiza es “por narices”, vamos que es igual estar de acuerdo o no, no cabe apelación ni digresión, es una imposición dictatorial de la que nadie puede escapar, teóricamente. La realidad es que en general quien más tiene, más escaquea, a la hora de pagar sus “diezmos y primicias” y es el sufrido trabajador, sea del último estrato social o el de clase media, quienes pagan el pato, y con sus impuestos se dispone lo que los gobernantes de turno y el poder fáctico deseen o crean más conveniente, para ellos, claro. El caso es que los ciudadanos tienen que pagar por trabajar, por comer, por caminar, por vestirse, por vivir en una casa, por la electricidad y el agua, por tener un vehículo, aunque sea una bicicleta, por usar ese vehículo, por si fuera poco lo ha de aparcar en la calle pagando impuesto nuevo con los parquímetros o en los aparcamientos, aunque haya pagado su “impuesto” en el permiso de circulación, las multas de tráfico son otros impuestos, que se pueden recurrir, pero sin efecto en la mayoría de los casos.

        

No parece lógico que para poder comer paguemos un impuesto del producto, otro impuesto por el transporte, otro por el intermediario y si es envasado por el envase, la industria, vendedor, etc.

 

Cualquier acto de nuestra vida esta sancionado con un impuesto, como si vivir fuera una infracción continua, pagar, pagar, pagar…, algún autor inspirado podría hacer una ranchera, en replica al volver, volver, volver…, seguro que al menos muchos ciudadanos escucharíamos complacidos que alguien cante a un sistema injusto, poniéndole los puntos sobre la ies.

        

Estamos tan acostumbrados a que nos digan lo que tenemos que pagar y hacer que obedecemos como borregos, claudicamos ante esas “imposiciones” sin decir ni palabra, sin exigir cuentas al estado de que se hace con nuestro dinero y a quien mejora de verdad.

 

Teóricamente se construyen carreteras, puentes, infraestructuras, se hacen escuelas y universidades, mientras una serie de chupatintas viven a costa nuestra en todos los centros oficiales, donde nos vemos obligados a hacer colas interminables para escuchar malos modos o malas palabras de nuestros propios asalariados, ya que somos nosotros con nuestros impuestos quienes les estamos pagando, a ellos a la policía y al ejército.

 

Si subimos en la escala, resulta que el prepotente político está alimentado por nosotros y nuestros impuestos, son ellos quienes deciden si hemos de pagar más, para que ellos vivan mejor. No solamente se lucran con sus sueldos pagados de nuestros impuestos, sino que además muchos de estos servidores públicos están corruptos y cobran coimas de aquí o de allá, por favorecer negocios a veces multimillonarios, salidos del erario público, en definitiva es nuestros ahorros colectivos, crean negocios con familiares o amigos que de alguna forma les permiten no trabajar el resto de sus vidas, mientras el probo trabajador, habrá de aportar sus impuestos, asaeteado por todas partes, sin un huequito de respiro, ni posibilidad de ahorrar. Que decir de las “autoridades” los policías corruptos, de quienes daría para hablar largo y tendido. 

 

Los que más tienen corrompen a los funcionarios, quienes favorecen sus negocios con ganancias impresentables o con acciones que les suponen cuotas de poder y dinero.

        

Es un sistema muy injusto. La gente no nos paramos a pensar en ello, pero es que no nos dejan un respiro para poder simplemente vivir, tener alguna alegría y esparcimiento, sin estar todo el día trabajando y preocupado en como salir de las deudas, favorecidas por el propio estado y los bancos.

        

Ya en la época de Cristo se protestaba por los diezmos y primicias, impuestos que vienen de muy antiguo, se pagaban en dinero o en especies, a los regentes de cada época, quienes veían aumentar sus graneros y sus arcas a costa de sus súbditos.

        

En el antiguo Egipto, los reyes-dioses, no eran tan bárbaros como se supone, los graneros estaban bajo custodia real, pero se repartía el grano equitativamente entre sus súbditos. En la época moderna el dinero va a parar a una pozo sin fondo, sin retorno de ningún tipo, aunque dicen que las prestaciones de la Seguridad Social, etc., que existen en España, sea algo que cada día funciona peor y los enfermos se hacinan por los pasillos de los hospitales por falta de camas y habitaciones, cuando se hacen autopistas se recurre al capital privado y se ha de pagar peaje por utilizarlas, impuesto que va directamente a los bolsillos de los constructores.

        

Se habla con cierta conmiseración del pobre indígena que vive aislado del mundo moderno, cultivando sus tierras o cazando para sobrevivir, pero nadie habla de que ellos viven sin caer en la trampa de una sociedad, llamada de “bienestar”, que me gustaría saber cual es bienestar tan celebrado. Muchos dicen vivimos mejor que antes, tenemos seguridad social, jubilación, hospitales, sanidad, pero y de lo demás, hay muchas cosas, pero ¿Para quién? Acaso todo el mundo va a discotecas, que me parece un invento infame, o a otras de esas cosas que llamamos civilizadas, como los salvajes conciertos donde la gente se pone de droga hasta las cejas y muchos jóvenes mueren a causa de sobre dosis o quedan enganchados a la droga para siempre, disminuyendo sus capacidades físicas e intelectuales, ¿Es eso el estado del bienestar?

        

Solamente la sociedad tiene algo positivo y es la cultura, poder intercambiar conocimientos e investigar para saber más, ser así más sabios y mejores personas.

Eso es lo único precisamente que no interesa a nadie o a unos pocos, no nos damos cuenta que solamente la cultura nos hace civilizados y de eso los políticos o no quieren saber nada o muy poco, dejan migajas para esas actividades, mientras se fomentan los circos romanos modernos, con deportes de masa para que la gente no piense en esas cosas de las que hoy he querido hablar y aún encima pague nuevos impuestos en la entrada.

       

Impuestos para hacer mejor a la sociedad y para que nuestra calidad de vida sea superior, entendiendo la cultura y la investigación como parte de ello, SI. Impuestos para mantener a vagos y maleantes o para obnubilar al personal, ¡No, de ninguna manera!.

        

Tenemos derecho a saber que se hace con el dinero que se nos extrae como sanguijuelas, sin que den cuentas, claras de que se está haciendo con él y a quien favorece.

 

La sociedad de consumo se ha convertido en una rueda sin fin, en un pozo sin fondo de egoísmo y locura posesiva. En nuestras manos está cambiarlo, se ha de protestar y exigir, hacer ver a los funcionarios que son nuestros empleados y no al contrario, que no nos hacen favor alguno cumpliendo con sus obligaciones por las que les pagamos para que nos atiendan y nos ayuden a resolver la abrumadora burocracia que ellos mismos complican y engendran, para hacerse imprescindibles.

 

El día que la palabra impuesto desaparezca de nuestras vidas, será el síntoma que la sociedad y el mundo habrá cambiado definitivamente. Es una utopía en la que me gusta soñar y recrearme, pensar que algún día la humanidad será mejor, solidaria y verdaderamente demócrata, no a la americana, donde impere la razón y el trabajo bien hecho a cambio de un reconocimiento social, que te permita vivir, sin obstáculos y sin presiones, en el que todos de verdad seamos hermanos y no necesitemos decirlo para ver si nos lo creemos, conviviendo en paz con la naturaleza y el entorno, sin destruir, ni poseer, compartiendo en esa bondad para todos los seres vivos, que tanto preconizan los budistas. Me gusta pensar que tal vez llegue algún día la cordura colectiva y se erradique la maldad y el egoísmo de la vida de todos los seres humanos. 

 

12
Jul
08

El órden al revés

Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.

 

Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.

Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.

Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía. 

Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.

Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.

         España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.

         Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España  derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.

         Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.

         España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.

         Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.

La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”,  mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.

La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.

España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.

        

 

        

 

06
Jul
08

Benito antes de Juárez

María Teresa Adalid

Sección cultura

 

El teatro es la posibilidad de apelar a la memoria, acudir a los recovecos de la Historia y confrontar la ‘verdad’ oficial. 

 

 

 

 

 

 

 

   El Fénix Producciones bajo la dirección de Esteban Castellanos lleva a la escena el diálogo-debate entre Benito Juárez y La Patria con los nexos que existen entre un pasado y nuestro presente donde predomina la desigualdad. Benito antes de Juárez es la historia de un hombre nacido en cuna de agricultores, cuya lengua zapoteca pronto se acompañó de la enseñanza del latín, y tras su influencia en un seminario y estudios en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, alcanzó la presidencia del país, ingresando con ello a las altas esferas sociales.

 

El planteamiento apela a la concepción primigenia del teatro: el enfrentamiento del actor con el espectador, Juárez (Esteban Castellanos) y Patria (Guillermina Campuzano), a la espera de que el receptor, situado en un espacio íntimo, en algún momento infiera verbalmente sobre la línea del tema (poca probabilidad porque en el teatro se ha enseñado por años a permanecer en silencio al sentarse en la butaca, así como a nivel social, a no participar activamente en las decisiones del país). Así pues, ¿podrá ser el teatro el medio que impulse un cambio radical en la actitud de los ciudadanos?

 

La historia en general es clara y directa a la realidad social mediante un diálogo con una sociedad desquebrajada, oprimida por el poder, pero sobre todo haciendo énfasis en la conformidad colectiva. Atmósferas de tremenda significación considerando las desavenencias políticas que constantemente impiden el desarrollo individual y colectivo de la sociedad, donde el estado de conformismo por parte de los ciudadanos, aceptación de chantajes y manipulación resulta inverosímil. La situación versa sobre hechos anecdóticos y ficticios que parten del plano subjetivo de Benito Pablo Juárez García, y contemplan el abandono a su mujer, su relación con el clero, el encarcelamiento por defender a unos pobladores y la ejecución de justicia e igualdad como objetivo inicial en su carrera política.

 

Lo interesante sucede en la incursión del espectador, que no queda en la periferia de atender un espectáculo; ES el ciudadano que habita el mundo que se le presenta y que encuentra lugares comunes en frases gastadas como: “Gordos, prietos, chaparros y con atole en las venas”, parte recurrente de nuestra cotidianeidad cuando se trata de descalificar con banalidad al otro.

 

En el planteamiento del montaje, el Benito primerizo expone debilidades, su origen humilde en el campo y el complejo por su tez y corta estatura. La oposición, comprende la era del Benito ‘superado’ a sus complejos (algo extenso en el desarrollo) que espera la respuesta de la no resignación. Su discurso se desprende como la voz de la conciencia, dirigida a la reflexión, lucha por la igualdad y educación.

 

El dramaturgo Edgar Chías conoce el manejo del lenguaje y juega con sus matices, ofrece fragmentos poéticos, bien estructurados, hasta diálogos coloquiales, sobre todo en relación actor-espectador, y que ayuda para que una obra con temática histórica se digiera fácilmente y no se convierta  en un somnífero, sobre todo si se piensa en un público de teatro escolar.

 

La estética de Felipe Lara es minimalista, por lo que intensifica la presencia de los actores, con un trazo simple sobre el marco de tablero de ajedrez, en contraposición de colores, blanco y negro, alusivo a la dualidad y elección en el tablero de la vida. La música de Huehuetl mixteco y flautas ejecutadas por el grupo Tribu, evocan armonías milenarias y de mucha mexicanidad; la iluminación de César Piña juega con los contrastes de luz y sombra concernientes a universos de profundidad y de reflexión interior hasta la envolvente luz de sala.

 

Esteban Castellanos es un actor con la virtud de no repetir sus personajes, cuestión que se agradece profundamente. Su propuesta anterior, Niños perdidos, basado en el cuento “A los pinches chamacos”, de Francisco Hinojosa, ofreció diversas voces del maltrato infantil. Es justo destacar su sensibilidad y capacidad histriónica para asumir la esencia del personaje y los hechos que el texto sugiere para inundar la escena en un tono sobrio y medido. Guillermina Campuzano, con previa actuación en Antígona, y Martina y los hombres de pájaro, acompaña el trayecto como Patria-Destino, Juana Rosa, y la siempre imperante herencia guadalupana en nuestro país.  

 

Es así, como el deber político e histórico, conduce a un huérfano hasta la consagración de su figura en bronce como efigie laureada, cuya figura marmoteada parece culpar a todos, menos a sí mismo… 

 

Benito antes de Juárez se presenta hasta el 20 de julio, los jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas, en el Foro de las Artes del CNA.

 

*Benito antes de Juárez se presentará también en el Teatro Casa de la Paz, (Cozumel 33, Col. Roma) del 25 de julio al 31 de agosto. Viernes 20:00hrs, sábados 19:00hrs y domingos 18:00hrs.

*Fotografía: Arturo López

28
Jun
08

La Siberia de El Milagro

 

 

Raúl Díaz

 

Que un grupo de profesionales se lance a la tarea de implementar un nuevo proyecto cultural es un hecho digno de todo encomio sin discusión posible; si ese grupo es de teatreros (o de “teatristas” o “trabajadores del teatro” como prefieren algunos a los que les da resquemor el idioma) y lo que pretenden hacer es crear un nuevo espacio que sea auténticamente suyo, en el que presentarán solo obras de calidad y, además, crear una compañía estable (hecho absolutamente inusitado en nuestro país) que se responsabilizará de los montajes, entonces para nosotros los teatreros aquello es una cosa que nos hace lanzar alaridos de felicidad y proporcionamos –y procuramos que otros proporcionen-, carretadas de aplausos para ese grupo de locos que, quien sabe porque razones, quizás precisamente porque están locos, continúan creyendo que la cultura y el teatro en específico son algo que vale la pena, aunque el grueso de nuestra sociedad y quienes la gobiernan se empeñen día a día en demostrarnos que no es cierto y que la cultura y el teatro no tienen ninguna utilidad práctica, no descubren tesoritos ni hacen millonarios así que, teatro y cultura, no es algo de lo que haya que ocuparse. 

 

Pues bien, eso, aventurarse en la creación de un nuevo espacio teatral es lo que están haciendo los compañeros agrupados en la organización “El Milagro” que hace ya 18 años se iniciara como editorial, terreno en el que han obtenido algunos logros, y que ahora se amplía a tener su propio espacio y compañía. A unos cuantos metros de la esquina de Milán y Lucerna, confluencia en la que por largos años existiera el Teatro Milán, lugar de exhibición en el DF del buen teatro que en esos tiempos realizaba la Universidad Veracruzana, se alza el nuevo Teatro El Milagro, concretamente en Milán 24 entre General Prim y Lucerna, colonia Juárez.

 

Por lo antedicho, por jugársela a favor del teatro, carretadas de aplausos para sus socios fundadores: David Olguín, director y dramaturgo, Gabriel Pascal, escenógrafo e iluminador y los actores y actrices Laura Almela, Mariana Giménez, Daniel Jiménez Cacho, Juan Carlos Vives y Rodrigo Espinosa y, si alguien se me escapa, disculpas.

 

Hasta aquí los aplausos, porras, vivas y demás; pasemos ahora a qué es lo que está aconteciendo en el Teatro El Milagro y su primera puesta en escena, Siberia, del propio David Olguín y que él mismo dirige.

 

Siberia es un nombre que en el imaginario popular se asocia a frío intenso, muy intenso, hielo, nieve y desolación. Para los que tienen edad para recordarlo, se asocia también a los tiempos de la guerra fría y la furibunda campaña propagandística antisoviética que situaba a Siberia como un gigantesco campo de exterminio en el que muy bien estarían las palabras que el Dante colocó a las puertas del infierno: “Pierda toda esperanza el que aquí penetre”. Sobre esta base, el subtítulo de Siberia reza: “Un viaje a las entrañas del crimen” es decir, un viaje a lo recóndito, a lo allá perdido, a lo que no conocemos pero se antoja sórdido, terrible, a lo que está tan lejos como Siberia y es así de inhóspito, el símil no da lugar a dudas.

 

Y claro, título y subtítulo son así un atractivo y uno espera algo realmente bueno porque a ellos se agregan nombres de importante trayectoria como los

ya mencionados de Olguín, Pascal, la Almela y Vives que son los que participan en esta primera muestra de El Milagro, como también lo hacen Mariana Giménez y Espinosa.

 

Pero hete aquí que como bien apuntaba mi querido amigo y maestro Rafael Solana, “una es la búsqueda y otra la encuentreda” y, es evidente, los milagrosos buscaron, y buscaron bastante, esto hay que reconocérselo pero, en esa búsqueda se metieron a recovecos que no exploraron bien, a laberintos en los que nunca hallaron la salida y, lógico, no encontraron.

 

Como no encontraron no pudieron exponer sus buenos hallazgos y, lo que exponen entonces, es una obra ilógica en la que se mezclan, mal, toda una serie de cuestiones que al final no logran decir nada y, menos aún, establecer un discurso y conclusión coherente. Puede el autor-director argumentar que precisamente esa es la idea, que esa es su intención ya que se trata penetrar en lo más recóndito de la mente y conducta humanas, mente y conducta criminal además y que, por supuesto, eso no es cosa que pueda mostrársenos como algo coherente y lógico sino precisamente lo contrario, y que eso es justamente lo que quiso exponer. Pues bien, si esto es así, lamento decirle que para nada quedó claro su mensaje.

 

Y es que, entre pretendidas influencias “dostoievskianas” (de Fedor Dostoievski), una clarísima aunque absolutamente gratuita alusión a la Siberia stalinista, que solo entienden quienes tienen referencia de esa época, y una fallida experimentación psicoanálitica en búsqueda de demonios interiores, el autor se pierde, no llega a ninguna parte y, lo peor, pierde también el sentido de dirección o, por lo menos, parte de este, lo que se refleja en la pésima dicción de sus actores con la única excepción –que por lo tanto hace más notable la falla de los demás-, de Laura Almela.

 

Bien la parte técnica; imaginativa y plenamente lograda en cuanto a lo que quiere exponer la escenografía de Pascal, misma que complementa con su iluminación, pero se queda uno con la impresión de que un trabajo como este debiera estar destinado a mejor fin. Igualmente cumpliendo su objetivo, el resto del trabajo técnico.

 

Así, un inicio de luz y sombra, luz radiante por lo que significa la existencia de un nuevo espacio teatral, manejado por profesionales, en nuestra ciudad que tanto necesita de estos recintos y, sombra por haber comenzado con una obra fallida así sea del director-fundador del espacio.

 

Siberia, en el nuevo Teatro El Milagro de Milán 24, col. Juárez, jueves y viernes a las 21:00.

 

*Informes: teatro@elmilagro.com.org.mx, 55920031 Jueves día del espactador, $50

 

 

 

 

 

 

 

 

14
Jun
08

Las imágenes de Steinbeck

Jacinto Eslava

 Steinbeck dijo una vez que para escribir bien sobre algo, había que odiarlo o amarlo con la mayor fuerza posible. Y él odió y amó cosas aparentemente opuestas en el transcurso de su vida. De la combativa denuncia de la explotación de los inmigrantes en sus obras de los años 30, pasó a una defensa cerril del «sueño americano» y la intervención en la Guerra del Vietnam.

Es difícil haber leído a Steinbeck, sobre todo si se le ha leído en la adolescencia, y no sentir agradecimiento. Steinbeck hace lectores, aficiona a la lectura.Por eso, al fin, ha sido minimizado por los guardianes de las esencias inalcanzables. Sentimentalismo, demagogia, populismo, izquierdismo, efectismo, lirismo, todo ha valido para desacreditarle.

En los ojos claros de John Steinbeck lucía el asombro ante el aparente caos de la existencia, absurdo y, sin embargo, lógico; probablemente indescifrable y, sin embargo, crípticamente ordenado. Estudió Biología y fue buen conocedor de la Historia, pero en cierto instante de su juventud comprendió que en las ciencias no iba a encontrar explicaciones más luminosas que las que le proporcionara la ficción. Su necesidad de comprender le llevó a recorrer sendas diversas: desde el relato social crítico, una de cuyas cumbres, Las uvas de la ira, se le debe, hasta el reencuentro con la tradición más aquilatada, en Los hechos del rey Arturo. En ese sinuoso y prolongado viaje de conocimiento, el socialista y el patriota convivieron bien durante un tiempo. Sólo durante un tiempo. De esa convivencia surgieron In dubious battle, de la que no conozco edición en español, y, poco más tarde, en 1939, Las uvas de la ira, en la estela dejada por Norris, Dreiser y Sinclair Lewis.

Las uvas de la ira fue un gran éxito, pero cabreó sobremanera a la derechizada sociedad americana. Saroyan afirma, con cierto asquito, que incluía propaganda proletaria. John Ford, un conservador, dirigió la inolvidable versión cinematográfica. Los proliferantes enemigos de Steinbeck se encargaron de decir que la película era mucho mejor que la novela.

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos.

Subyace, sin embargo, en sus obras mayores un sentido del humor, una comprensión del ser humano reflejado en esos personajes irresponsables que, a pesar de sus borracheras, del juego, de sus pleitos, robos y prostitución, son fundamentalmente buenos. De hecho, frente a sus desilusionados contemporáneos, Steinbeck cree en la solidaridad y en la capacidad para crear una atmósfera por medio del reportaje. Y al tiempo, añade un contenido simbólico, en ocasiones un tanto cargante, donde presenta al hombre en busca de la tierra prometida. Porque, en realidad, siempre se propuso escribir la gran epopeya norteamericana.

En sus obras, más que el cine, influye la fotografía de artistas como Dorothea Lange o Walker Evans, cuyas imágenes prácticamente ilustran página por página su gran novela «Las uvas de la ira». Se encuentran también ecos de los pioneros que habían ido en busca del Salvaje Oeste. Los espacios son los mismos, idénticas las virtudes de la acción. Cambia el vehículo, en Steinbeck un automóvil, antecesor en espíritu al de Kerouac. Aunque siempre se mantenga al ser humano enfrentado con valentía al destino. Y eso le une a Faulkner, a Hemingway, Scott Fitzgerald, y a sus demás contemporáneos de la llamada «Generación Perdida» empeñados en vivir -y sobre todo, escribir- más allá de las posibilidades que los seres razonables son capaces de imaginar. a guerra y, sobre todo, lo que siguió, es decir, el macartismo, hicieron mella en la mayoría de los contemporáneos de Steinbeck. La lamentable conversión de John Dos Passos al anticomunismo cerril, la cobardía delatora de Elia Kazan o el agotamiento de Dmytrick, muerto en estos días, el permanente y conspicuo estar de viaje de un Ernest Hemingway quizá demasiado intacto, los heroísmos de los escasos miembros de la especie de Hammett, cambiaron a todo el mundo al señalar las direcciones posibles de la conducta humana. Eso dejó su marca en la Historia de la Literatura, y no sólo la americana: está por hacer una Historia de la Literatura, y una Historia de la Historia, en el tiempo de la Guerra Fría.

Por supuesto, en la escritura de Steinbeck hay huellas del proceso, en el que el patriota Steinbeck descubrió la locura religiosa sobre la que se había creado su país, y que hasta hoy estructura y moviliza la sociedad estadounidense. (En España nadie debería sorprenderse por ello: parecidas pasiones crearon este Estado, precisamente cuando América tomaba su sitio en los mapas. Al Este del Edén, publicada en 1952, no debería ser leída como una obra ajena: podemos reconocernos en ella). En el paso de Las uvas de la ira a Al Este del Edén, el socialista Steinbeck descubrió que el mecanismo social era infinitamente más sencillo de lo que él había dado por supuesto. En 1947 apareció La perla, un relato perfecto en el que la impotencia y la pobreza se enfrentan al poder y a la riqueza, no sólo en el transcurrir de los hechos, sino también en el interior de sus protagonistas, que en la memoria popular nunca son los ricos ni los poderosos, sino aquellos para los que hasta el encuentro con la fortuna deriva hacia la tragedia.

Cuando Kino y Juana sólo tienen por delante la miseria y la desesperación de la inminente muerte de su hijo, cuando no pueden pedir ayuda, ni atención, ni siquiera piedad, el mar les da una perla, la mayor y más gloriosa que se haya visto nunca. Pero la perla no trae la felicidad: trae la codicia, el mal. No es imposible que Steinbeck haya creído estar componiendo, entre otras cosas, un alegato contra el pensamiento mágico, una argumentación literaria destinada a explicar que la suerte de un único hombre no repara la injusticia fundamental a la que su destino de paria le ata. Que haya creído estar diciendo que no hay soluciones que no sean colectivas. Un indigente pescador mexicano encuentra una perla muy valiosa, un tesoro capaz de sacar a su familia de la miseria. Así comienza la novela corta más célebre.

La perla, y toda la obra, digamos, social de John Steinbeck está concentrada en estas pocas páginas. Su mensaje es hondamente rural, y muy revelador de la mentalidad, sofisticada y primitiva, brutal y lírica, de su autor: una perla muy valiosa, hallada por un pescador mexicano totalmente indigente, destruye su hogar y mata a su hijo, dejándole sin esperanza. Es un mensaje sin moraleja, moral o remedio: Steinbeck expone la tragedia sin juzgarla ni suscitar ánimos. Como en una tragedia antigua, se deja al público la tarea de interpretar, valorar y premiar o castigar

 

El final de La Perla es muy detonante y muy simbólico: el indio al que ha traído la desgracia, coge la perla y, por consejo de su mujer, la tira al agua. Inesperada conclusión muy propia de la compleja mente de Steinbeck: mística y al tiempo brutalmente realista, que recuerda mucho la idea central y el final de la gran película de Sacha Guitry, Les Perles de la Couronne, en la que la última de las siete perlas que han traído desgracia a innumerables gentes durante cuatro siglos, cae al mar por un descuido del que está mostrándola y desaparece en las valvas abiertas de una ostra, que las cierra al sentirla. Esta película, que fue mundialmente famosa, se estrenó en 1937, 11 años antes de que se publicase La Perla. En 1945, Pedro Armendáriz protagonizó la versión cinematográfica de este relato: La perla, dirigida por el Indio Fernández (Emilio Fernández), que fue famosa en toda Iberoamérica. Ernest Hemingway definió así este relato: «La perla es un auténtico poema épico, e hizo falta muchísimo talento para resumirlo en tan pocas páginas». Steinbeck busca con frecuencia crear situaciones extremas, cuya única salida, como en el caso de La perla, sólo puede ser simbólica, lírica o mística, dejando al así acuciado en un infierno sin salida real. Es raro que este autor ofrezca soluciones realistas a sus personajes condenados a muerte en vida.

Algunos críticos le han tildado de un ruralismo anticuado, olvidando que la novela rural puede adaptarse al infierno industrial sin grandes modificaciones; no hay gran diferencia entre una helada que deja al campesino sin cosecha y una crisis económica que deja al obrero sin trabajo

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos. Se han llevado a la pantalla muchos de sus libros. Además de Las uvas de la ira, Al este del Edén, La perla, De ratones y hombres y hasta un total de 10. Steinbeck escribió también cuatro guiones para el cine. Entre ellos, uno mítico, ¡Viva Zapata!, que dirigió, como Al este del Edén, su buen amigo Elia Kazan.

Steinbeck fue uno de esos escritores que hace inútiles las discusiones retóricas sobre las relaciones entre el cine y la literatura. El cine estaba interiorizado en sus libros con naturalidad. ¡Era de California! Mal asunto para quienes se obstinan en negar las lógicas interrelaciones de las artes en el siglo XX.

 

14
Jun
08

Gala de Dalí o Dalí de Gala

 Teresa Solbes

       EL día diez de este mes se cumplirán 26 años de la muerte de  Gala, quien fue modelo, amante o esposa de Dalí, Éluard y Ernst. Fascinante mujer nacida en  Kazan (Rusia) en 1894  y cuyo  nombre era Elena Ivanovna Diakonova, tenía tres hermanos, a los once años perdió a su padre y a causa de una tuberculosis trabó amistad en un hospital de Suiza con Eugéne Grndel, más conocido por Paul Éluard, con quien se casaría en 1917 y con el que tendría su única hija, Cécile.

   Veintiséis años después de su muerte, un halo de misterio  sigue envolviendo la figura enigmática  de Gala, quien siempre ha cargado con no pocos sambenitos a cuestas: bruja, manipuladora, egoísta, posesiva, devoradora de hombres, mujer sin escrúpulos… Incluso se ha dicho que fue ella la verdadera “Avida Dollars” (juego de letras ideado por Bretón con el nombre de Salvador Dalí que alude a su amor por el dinero). Musa de los surrealistas, mantuvo entre 1922 y 1924 una relación con Max Ernst. Pero el nombre de Gala ha pasado a la historia indisociablemente unido al de Dalí. Se conocen en 1929. En abril de ese año, en Paris, un galerista presenta a Dalí y a Éluard. En verano, éste y su mujer son invitados a Cadaqués por el pintor, junto a un grupo en el que también estaban René Magritte y Luis Buñuel, entre otros. El flechazo fue inmediato. A los pocos días de conocerse le dice Gala a Dalí: “Ya no nos separaremos nunca”. En 1934 se casaron por lo civil y en 1958, muerto Éduard, tuvo lugar la ceremonia religiosa en el santuario de Els Ángels, cerca de Gerona, España.

   Diez años después, Dalí le compra a su musa un castillo en Púbol, deliciosa localidad situada en la plena Costa Brava catalana, donde Gala pasa cortas temporadas veraniegas y donde recibe a sus amantes. Curiosamente Dalí no podía acceder al castillo sin un permiso por escrito de su esposa. “Ello halagaba todos mis refinamientos masoquistas”, confesaba el artista. Gala murió en 1982 en Portlligat, -Cataluña cuya casa nunca le gusto. Tapizó los armarios de fotos, postales y recortes-, aunque está enterrada en Púbol.  Y me resulta curioso el dato pues parece que junto a su tumba hay otra destinada a Dalí, pero él reposa en Figueres. Cosas de genios; inalcanzables para ti o para mi estimado lector, pero continuo. Hoy ese castillo, donde Dalí lloró su muerte, es una casa-museo donde cuando la agenda lo permite, puede verse allí la exposición “Gala Álbum”, un recorrido visual por la biografía de esta mujer a través de 67 fotografías, algunas inéditas, firmadas por las mejores cámaras del siglo XX: Gyenes, Man Ray, Brassaï, Cecil Beaton, Halsman o Buñuel.

   A nadie se le escapa por su obviedad que si para los surrealistas Gala fue la encarnación de la mujer, Dalí la mitificó: “Ella ha construido todo el éxito de mi vida”. Fue, dicen los que conocen a fondo estas vidas, un rompecabezas, en el encajan muchas Galas: la mujer culta, la arisca y antipática que exasperaba a Buñuel, la independiente, la vulnerable que busca la eterna juventud; la marchante, la Gala con intuición de médium pues le interesaban la videncia, el tarot, el juego…

   Al leer el magnifico ensayo de Estrella De Diego “Querida Gala. Las vida de ocultas de Gala Dalí” podemos comprobar como se van poco a poco, desmontando los tópicos sobre  la que ha sido considerada la femme más fatale  de todas. Una tirana capaz de vampirizar a los hombres que se cruzaran en su camino y vivir sus vidas. La  autora retrata en su libro como una mujer moderna y frágil, muy creativa que sabía muy bien lo que quería, victima de la misoginia de los surrealistas. La ve como una cebolla, con infinitas capas: “Quiere desaparecer cada vez en cada una de las nuevas vidas que va inventando para sí misma”. Cree De Diego que Gala aspira a coleccionar el tiempo detenido. Llegó a recortar su rostro en las instantáneas donde no se gustaba.

   Otro autor que nos la muestra tal como era es Oscar Tusquests en su libro “Dalí y otros amigos”, en el desvela sus excesos sexuales, llegó a sacar moldes del sexo de los surrealistas, su interés por los jovencitos, (“Traigo estos ángeles para Gala”, oyó en cierta ocasión Tusquests), su obsesión por convertir a Dalí en el pintor más importante del siglo. Lo cierto es que  el escritor mencionado la retrata como una mujer interesada y poco generosa: un día detuvo antes de salir de su casa a una modelo a la que Dalí le había regalado un dibujo. “Esto cuesta 10.000 dólares, pequeña.” dijo antes de arrebatárselo. También como una caprichosa, que fingía no entender el castellano ni el catalán. Sólo hablaba en francés. Dicen que en sus viajes siempre llevaba dos maletas, una con medicinas y otra con dinero para gastar en los casinos.

  A pesar de su rostro frío y arrogante era irresistiblemente seductora. En los últimos años no salía  la calle sin su lazo negro de terciopelo que le regaló Coco Chanel.

   Si hacemos caso de lo que nos cuentan quienes la conocieron o investigaron su vida, no lo pedemos discutir, veintiséis años después de su muerte Gala sigue siendo un fantasma. Puede que nunca sepamos quién era en realidad, “Ella vivía para olvidar”, dijo Éluard. Dalí la pintó como “Leda Atómica”, “Galarina”, “La Madonna de Portlligat” o “Galatea en las esferas: -No me he vuelto loco porque ella a asumido mi locura. Confiesa Dalí, hizo todo por salvarme. Ella tenía que curarme y me curó. Me trajo el raro libro de magia que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración, la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético, el consejo que  iba a salvar del romanticismo una de mis imágenes demasiado subjetivas. Llamo a Gala “campana de piel” porque lee para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura, produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual aprendo todas las cosas, que sin ella, no llegaría a saber nunca.

   ¡Que pareja amigos! Dalí de Gala o Gala de Dalí… Tanto monta, monta tanto. Dice el pueblo siempre sabio. Maravillosas almas creativas que nos salvan de la mediocridad, de los descentrados, del ruido y de muchas cosas más…

 

14
Jun
08

Alfredo Zalce, homenaje nacional

Arturo López Rodríguez

 

El Museo Nacional de la Estampa presenta hasta el 15 de junio próximo una selección de grabados de Alfredo Zalce (1908-2002) como homenaje en el centenario de su natalicio.

      A decir de los organizadores, la exposición “pretende profundizar en la riqueza visual y técnica del artista”, más que buscar una retrospectiva del trabajo gráfico del pintor de Pátzcuaro, Michoacán. Con obras del acervo del museo la muestra reúne más de noventa de piezas gráficas de Zalce acompañadas de grabados de Alberto Beltrán, Francisco Moreno Capdevilla, Pablo O’Higgins, Rufino Tamayo, Leopoldo Méndez, Mariana Yampolsky, José Chávez Morado y Emilio Amero, con quienes Zalce trabajó obras colectivas.

      Como ha señalado la crítica de arte Berta Taracena, “Desde temprano en su larga trayectoria, Zalce se interesa por la técnica de las artes gráficas, estudiando en 1931 litografía con Emilio Amero en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos. En esos años recibió en su formación la influencia de Diego Rivera, Jean Charlot, Emilio Amero, Leopoldo Méndez, todos ellos brillantes innovadores de las técnicas del grabado”.

      Formado bajo la instrucción de Germán Gedovius y más tarde con estudios en la Escuela Central de Artes Plásticas y en la Escuela de Talla Directa del Ex-Convento de la Merced, Alfredo Zalce fue miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y del Taller de Gráfica Popular (TGP), las organizaciones antifascistas de considerable influencia en nuestro país desde su creación en la década de 1930. Zalce produjo carteles y participó en publicaciones de divulgación pedagógica y social en comunidades rurales del país.

      En su arte gráfico se ocupó de escenas domésticas, campesinas laborales, maestros rurales, mujeres, retratos, sátira y crítica política, episodios históricos, vida rural y urbana, animales, propaganda política y social, en las técnicas de xilografía, linóleo, litografía, zincografía, aguafuerte y serigrafía. Por su producción en las diversas técnicas de la estampación y sus originales desarrollos en dibujo, pintura de caballete y mural, cerámica, tapiz y escultura, Zalce es reconocido como uno de los artistas principales en la historia del arte mexicano del siglo XX.

      La Revolución y la libertad de prensa, s.f., México se trasforma en una gran ciudad, 1947, En la hamaca, 1945, Mujer leyendo, 1960, son algunas de las piezas destacadas del artista del dibujo y la estampación que pueden apreciarse en esta exposición. Cedillo y las compañías petroleras, litografía de 1940, es una composición de sentido político y denuncia que recuerda la obra crítica de Daumier. Sobresalen igualmente los episodios con las figuras de Victoriano Huerta, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, José María Pino Suárez; así como los retratos de Venustiano Carranza y Máximo Gorki, tan refinados como los que hiciera de Lázaro Cárdenas y Miguel Olea. En varias obras están presentes elementos de ironía y sátira, lo grotesco y lo burlesco, que personalizan obras como Ataques a la Constitución, linóleo de 1946, en el que una jauría de personajes atentan contra la Carta magna.

       Son escasos los ejemplos exhibidos de ilustraciones realizados por Alfredo Zalce, quien como ilustrador colaboró en libros, revistas y periódicos. En un trayecto paralelo a su trayectoria, Zalce ilustró revistas como América Indígena, Contemporáneos y Frente a Frente; libros como Los títeres y la Quiromancia de Bernardo Jiménez Montellano, Kinchil de Martín Luis Guzmán, además de las recopilaciones Cuentos mayas y Cantos Indígenas, entre otros más. En la muestra se exhibe la portada de El Sombrerón de Bernardo Ortiz de Montellano, publicado por La Estampa Mexicana en 1946, con grabados a color de Alfredo Zalce.

      Especialmente atractivas por sus espléndidas tonalidades y sentido de composición son las catorce serigrafías firmadas y fechadas en 1991 y 1992, tituladas: La jaula, El caracol, Mujer con velo, Perfil, Dibujante, Ciclista, Granjero, Leñador, Tucán, Vendedora, Bodegón, El espejo, El guante negro y Cabeza en amarillo. Son realizaciones de gran acabado, trazo fino y sintético en un colorido extraordinariamente llamativo que se asemejan a los espléndidos trabajos en acuarela, gouache, collage y batik que Zalce elaboró entre 1960 y 1990. Algunas de estas serigrafías se publicaron en el libro Alfredo Zalce. Artista michoacano, editado por el Gobierno del Estado de Michoacán en 1997, en el que podemos apreciar también sus fantásticos tapices a color.

      En el ensayo “Frontera de la modernidad” del catálogo de la exposición de Alfredo Zalce en el Museo del Palacio de Bellas Artes en 1995, Alberto Híjar escribe acertadamente que “Si sólo fuera por la apreciación técnica, Zalce se distingue por su búsqueda: no se instala en la suavidad del linóleo, sino se apropia de la litografía, del grabado en metal lo mismo con ácidos que con el buril; hará un llamado de alerta definitivo sobre las posibilidades del grabado en madera y la inclusión del color desde la placa”.

31
May
08

El asesinato de Martin Luther King: 40 años: Victima y victimario

Andrés Ugueruaga 

Santa Fé, Argentina

 

 

 

A poco más de los cuarenta años del asesinato de Martin Luther King, esa suerte de mesías moderno, esa especie de difamador de sus propias visiones que provenían de algún lugar  para ser comunicadas en el corazón mismo del imperio. Cabe recordar al principal implicado en ese triste episodio, James Earl Ray (10 de marzo de 1928- 23 de abril de 1998) , el principal culpable del asesinato del carismático líder. James Earl Ray era, según comentan la mayoría de los historiadores, un rufián racista de poca monta.

Un año antes del asesinato, había escapado de una cárcel de Missouri. Según versiones oficiales, James Earl Ray estaba persiguiendo a Martin Luther King en sus interminables viajes por el país. Después del asesinato se cuenta que Ray se subió a su Mustang blanco y se fue de Memphis con toda tranquilidad. Viajó también a Atlanta,  a Canadá, a Inglaterra, a Portugal… Fue detenido el 8 de junio cuando se dirigía  rumbo a Rhodesia (actualmente el país africano de Zimbabwe) con dos pasaportes falsos canadienses. Las versiones oficiales confirman que todo esto Ray lo hizo sin ayuda de nadie. Fue condenado a 99 años de prisión, evitando así la pena de muerte. Fue encerrado en la prisión Estatal de Brushy Mountain, en Tennessee. Hacia 1977 después de exculparse que no había matado a King, Ray intentó escapar de la cárcel, junto a otros seis convictos escaparon de allí el 10 de junio de 1977, para ser interceptado por el cuerpo policial tres días después. Por ese intento de evasión se le aumentó la condena. James Earl Ray fue un hombre que se pasó la vida intentando demostrar su inocencia difícilmente demostrable. Su merito más importante al respecto fue el persistir en esa intención, hasta morir en la cárcel en 1998. James Earl Ray fue probablemente el chivo expiatorio de la muerte de un líder del sector minoritario o simplemente, un criminal cínico y embustero que por mucho tiempo hizo dudar hasta el propio hijo de Martin Luther King. Ambas son las únicas posibilidades que tantas veces se han repetido a lo largo de la historia.    

En 1997 el mismo hijo de Martin Luther King, Dexter King, le dio su apoyo para conseguir un juicio apropiado. Ni él ni su familia creen en la culpabilidad de James Earl Ray. Además ese mismo año apareció un conspirador del asesinato: Lloyd Jowers. Hay quienes afirman que hubo una conspiración por parte del Estado como el Dr. William Pepper, (el abogado defensor de Ray hasta su muerte a principios de 1998 que había escrito An act of state, the execution of Martin Luther King, (“Un acta del gobierno, la ejecución de Martin Luther King”) como una firme desmentida a que no existen pruebas de lo ocurrido aquel 4 de abril de 1968.  Entre los  que adhieren a esa teoría: está el caso de Gerald Posner, autor del libro Killing the Dream, Matando el sueño, en donde explica todos los tejes y manejes y todos “los descuidos” que hubo antes y después del asesinato de Luther King, en el motel Lorraine, en Tennessee. Ray siempre alegó haber sido usado como chivo expiatorio, por un Raoul, para ocultar una conspiración en verdad más grande. Además Posner pone en evidencia que uno de las primeras autoridades en aparecer en el lugar del hecho, pasó a ser poco después un miembro de la CIA.   
La visión de Martín Luther King fue muy peculiar, tal es así que John F. Kennedy apoyó a sus ideas. Este líder de color deseaba integrar a la gente de raza negra al sistema y  atacar mediante cuestionamientos y a la vez mostrar como caducas a las leyes racistas del Sur. Así, buscó tomar como aliados a los más poderosos para que protegieran a los más débiles. Pero sin dudas, lo más peculiar de Martin Luther King fue que jamás estuvo en contra del sistema; es más: estaba en contra de los negros que estaban en contra del imperialismo estadounidense.  
Evidentemente, después del asesinato de John F. Kennedy, en Noviembre de 1963, las cosas habían cambiado radicalmente desde que Lyndon Johnson (el vicepresidente cuando Kennedy era  primer mandatario)  había asumido como presidente de Estados Unidos. Su modo de ver las cosas eran naturalmente muy distintas a las de Kennedy, probablemente por esta razón, el FBI comenzó a ver a Martin Luther King como una molestia a pesar de sus intenciones, aunque estas  no más que simples y consabidas razones, las cuales  ayudaron a que  la zona en la que se encontraba Martin Luther King esa mañana de Abril de 1968,  había sido liberada. Todo estaba preparado y un disparo certero en su mentón acabó con su vida.  
Excepto asegurar que otros habían intentado asesinarlo en más de una oportunidad,  el FBI y los sectores más poderosos de la sociedad estadounidense no han colaborado hasta el momento en develar ese crimen,  ni mucho menos dar a saber las causas del mismo, ni las causas ni los mentores de un crimen que ocurrió allá, por los locos años ´60.