Por: Andrés Ugueruaga
Si algún día llegara el fin del mundo no sería tan ruidoso, ni tan amarillo, como lo han sido estos días. El miércoles 10 de septiembre se creía que iba a ocurrir el fin del mundo. Ese mismo día, el CERN de Ginebra puso en funcionamiento su gigantesco acelerador de partículas llamado “La Máquina de Dios”. Un Colisionador de Hadrones (LHC) o en otras palabras, un acelerador de partículas capaz de crear pequeños e inofensivos agujeros negros para echar luz sobre la creación del planeta tierra y del universo.
Algunos científicos lamentaron no reconocer a este acelerador como 100% efectivo como para revelar a los hombres semejante verdad; pero el temor creció. Muchos pensaron que los agujeros negros producidos por la máquina iban a causar el fin del mundo, a pesar de que los físicos encargados de poner en funcionamiento la máquina avisaron previamente que el Colisionador era inofensivo.
Los encabezados de ciertos diarios como la web de la BBC World en la víspera de ese miércoles publicaron titulares como: “¿Moriremos todos el próximo miércoles?”.
Este tipo de encabezados cuestionando el fin del mundo a principios de septiembre será una buena anécdota que tendremos para comentar cuando pasen los años.
A diferencia de otros tiempos en que Orson Welles mediante su programa radial anunciaba la llegada de los extraterrestres a la Tierra, todo este hecho ha quedado documentado sobre el gran terror que vivió San Francisco en ese momento. Hoy nada es igual a aquellos años.
La hipótesis referente al fin del mundo ha sido recibida con escepticismo o sencillamente con indiferencia (parece que los humanos en algo cambiamos), tal vez por las predicciones fallidas tantas veces. En 1970 un profeta de apellido Lindsey, había relacionado el fin del mundo con el fin de Estados Unidos. Los Milenaristas predijeron el fin del mundo el 22 de octubre en 1844; Edgar C. Whisenant escribió un libro titulado 88 buenas razones acerca de que el Rapto de Jesús sería en el 1988. El supuesto fin se prorrogó hasta el año siguiente, en 1989, después a 1993 y 1994. En ese mismo año el arquero de la selección de fútbol Carlos Roa falló en sus pronósticos, diciendo que el mundo se acabaría en el año 2000. Este jugador fue consecuente con sus creencias a tal punto que, cuando llegó el 2000, abandonó el club en el que jugaba, para prepararse a recibir la llegada del fin del mundo.
Al ver que no había ocurrido nada, intentó volver; ese año fue el fin de su brillante carrera como futbolista.
En el diario argentino La Nación con fecha del miércoles 10 de Septiembre 2008 dice: “Es un patrón muy antiguo del pensamiento humano, incluso anterior a la Biblia y presente en la mitología de Oriente Medio, el caos final, la última batalla entre las fuerzas del orden y el caos”.
Desde el punto de vista psicológico agrega Paul Boyer (autor de Cuando el tiempo ya no exista: Creencias proféticas de la cultura moderna americana) “Es un concepto profundamente arraigado desde el punto de vista psicológico ya que la idea de una existencia sin sentido es muy amenazadora. Las sociedades humanas siempre han tratado de crear una especie de marco conceptual para dar significado a la historia y a nuestras propias vidas personales”.
Para los musulmanes el fin del mundo vendría acompañado por un falso profeta llamado Al-Dajjah. En el Corán dice: “Algunos de los signos que tendrán lugar antes de la llegada de la hora son: la pérdida de la oración, la gente será dominada por los deseos materiales, se sentirá atraída hacia las falsas ideas, respetará a los adinerados y venderá su alma a cambio de este mundo, en esos días, el corazón de muchos hombres estará compungido y desesperanzados, mucha gente al pasar al lado de una tumba, deseará estar en lugar del difunto. Por aquel que en cuyas manos esta mi alma os juro que los hombres pasarán por un tumba y arrojándose sobre ella dirán, ojalá estuviera yo en el lugar de quien la ocupa.”
Evidentemente se trata de un mito que tiene una poderosa raigambre espiritual y psicológica, pero que llega a otros contextos igualmente importantes, como ser lo climatológico, lo ecológico, y hasta lo inter-espacial.
Veamos algunas razones, nada novedosas, de ello: a) la reducción del Ozono, que permite el creciente ingreso de los rayos ultravioletas, la contaminación; b) la explotación y contaminación desmesurada de los recursos acuíferos; c) la crecida de los océanos (acompañado por el deshielo de los polos); e) la saturación de los suelos como productores de alimentos; f) la gradual desaparición de los bosques, lo que conlleva el incremento de gases nocivos para la salud de los seres vivientes; g) el cambio climático tal como señala un científico británico llamado Marko Scholze.
El planeta Hercolubus fue descubierto por un colombiano llamado V.M. Rabolú, autor del libro Hercolubus o el Planeta Rojo, describe en detalle los horrores que sufrirán los hombres al llegar este planeta/ asteroide cientos de veces más grande que la Tierra.
Estas son algunas maneras de manifestar una fascinación por el fin del mundo. Sea como fuere, el mundo sigue girando. Lo único cierto es que todos vamos a morir algún día, pero sería realmente curioso que en breve estemos ‘viviendo’ el fin del mundo. Esta incógnita es fascinante, más en sentido psicológico que desde un hecho hipotético.
Por supuesto que el tema no está del todo aclarado. Es una fascinación en la que cualquier elemento amenazante tendría que ver con este mito que nunca se cumple.
Hace cincuenta años, en tiempos de la Guerra Fría, el fin del mundo era inminente con las armas nucleares, hoy, una catástrofe climática estaría por llegar, para dejar el mundo sin seres humanos.
En estos días, para mayor sorpresa, ha salido otra predicción que fue hecha por un señor llamado Michael Molcher, vocero del Sealed Knot, y además, director de un fanzine de comix, “The End is Nigh” (El fin está cerca, en español) que toma en cada número, una parte del Apocalipsis para tratarlo. La predicción realizada por Michael Molcher se refiera a una mujer, que está convencida de que los chinos tienen planes de construir una base en la luna alterarán su órbita y la enviarán peligrosamente hacia la Tierra.
A semejante predicción, Molcher agregó algunos comentarios: “todo tiene que ver con un tema de poder”, “es la única forma en que la gente controla el modo en que el mundo funciona. Lo único que no podemos predecir es el momento y el modo en el que moriremos”.
Lo cierto es que todas estas predicciones fallidas, pueden plantearse como una suerte de deseo. El tema del fin del mundo está siendo parte del ‘opio de los pueblos’, parafraseando a Marx. Es una esclusa de escape que la humanidad necesita para aliviar sus temores e instintos más violentos. Religiosos o no, creyentes de estas teorías tienen en común que el mundo terminará algún día, y aún existen muchos que pretenden determinar la fecha, la cual sigue siendo un enigma.




