
Rafael Nadal
“La perla de Manacor”, campeón mundial de tenis en los Juegos Olímpicos de Pekín. Un espejo donde la juventud debe mirarse.
Por: Fernando L. Rodríguez Jiménez
El abuelo le dice al nieto: “ No te creas importante, por que pases la pelota sobre la red, pero ya que te dedicas a ello se el mejor”. Es el consejo que le da el abuelo a Rafael Nadal, para que no se pierda entre las mieles del triunfo.
El abuelo es músico, un hombre sencillo, sensato y equilibrado, con el buen “seng” mallorquín-catalán, también nacido en la isla de la calma, en Mallorca, en el archipiélago de las Baleares, en el Mar Mediterráneo. Manacor es una tranquila población donde se cultivan perlas de fama mundial, de ahí denominarle “Perla de Manacor”.
Todo ello tiene importancia a la hora de moldear el carácter de un joven, que se ha convertido en una máquina de ganar los premios de tenis más importantes del mundo, hasta llegar al número uno y medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Pekín, con los enjundiosos premios en metálico que implican.
A sus 22 años el joven campeón mallorquín, manacorí, es millonario, con todo lo que conlleva, de aduladores, gente aprovechada, jovencitas que quieren arrimarse al famoso deportista para conquistarlo y salir en los medios de comunicación… todo un mundo de ilusión, fantasía y de corrupción que rodea a quienes alcanzan fama y dinero, pero el joven campeón mundial Rafa Nadal sigue siendo un muchacho tímido, sencillo, con una sola meta en su mente: GANAR.
Como quien va a la oficina Rafa va a: Wimbledón, Roland Garros, Open de Australia, al de Estados Unidos, África del Sur o a los Juegos Olímpicos de Pekín, donde va ganando en cada sitio inexorablemente, da la impresión que para él no es más que ir a la ventanilla a despachar a sus clientes, y si que los despacha, uno tras otro van cayendo sus contrincantes, rendidos ante la máquina de hacer match, de golpear la bola con la fuerza de Titán y de jugar con la estrategia de Aníbal.
Claro que todo ello no surge por ciencia infusa, ni le cae del cielo, tras esas victorias hay mucho trabajo: entrenamiento, pundonor, disciplina, privaciones, sufrimientos, renuncias, lesiones… eso no se ve, sólo se admira cuando cierra ambos puños en señal de victoria y como un chiquillo se tira en el suelo de la pista, testigo de su victoria, para que esa tierra se empape de su sudor y el se impregne de su energía, en una extraña simbiosis u ósmosis de la vida. El párrafo de If de Kiplin viene al caso oportunamente: “Si arriesgas de un golpe y lleno de alegría, tus ganancias de siempre a la suerte de un día, y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea, sin decir nada a nadie lo que eres, ni lo que eras.”
Este joven comenzó en el tenis profesional siendo un adolescente de 18 años, a sus 22, escaló un puesto tras otro, hasta alcanzar el cielo con las manos y llegar al número uno del mundo, aunque sea “pasando una pelota sobre la red”, que dice su abuelo, sin duda hay que saber y poder hacerlo. Su tío representante y mentor, es la figura que no se ve, que vela por que el joven arbolillo no se tuerza y está junto a él, para aconsejarle y animarle si llega el desfallecimiento y que su dinero vaya a buen puerto. Rafa no se olvida de quienes menos tienen y más necesitan, para ayudarles ha creado una Fundación.
Rafael Nadal tiene el encanto de ser un joven sencillo, sincero, respetuoso con sus mayores y tímido, su estructura de guerrero medieval, huesos anchos, músculos atléticos, trabajados, su rictus de seriedad y ojos hundidos de concentración no le resta que se intuya al ”niño grande”, como lo define su madre, su encanto natural y cualidades hacen de él que los hombres y mujeres lo vean como el hijo que les gustaría tener, alguna señora tendrá sus fantasías con el joven guerrero, a las jovencitas les gustaría convertirlo en el amor de su vida o el amante a quien confiarle su virginidad, a los jóvenes un rumbo a seguir y emular, a sus contrincantes un deportista como no hay otro a quien les gustaría desbancar y un caballero en el campo del honor.
El simpático abuelo de Rafael dice que “Nunca tiene un mal gesto en las pistas, ni tira las raquetas contra el suelo si está contrariado, como hacen otros. (Con orgullo recalca). No, mi nieto no hace esos actos de mala educación”. Es cierto Nadal es bien educado, sabe comportarse con sus enemigos a quienes abraza sin ambages, ni rencores, felicitándoles por el gran partido realizado, gane o pierda, como un caballero medieval tras las justas.
Un detalle de su sencillez y buen criterio ha tenido lugar en Pekín, como deportista de élite le ofrecieron vivir en uno de los mejores hoteles de cinco estrellas, en vez de en la ciudad deportiva con menos comodidades, Rafa rechazó la oferta, para poder convivir con los otros atletas representantes de España y de otras naciones, algunos como el internacional jugador de baloncesto Pau Gasols, contratado por la NBA, es amigo personal, con quien mantiene una buena amistad y ha compartido anuncios para TV, durante los juegos siempre que pudieron fueron a ver las actuaciones del otro, como se pudo comprobar en la televisión.
Siendo muy joven dejé de participar en competiciones deportivas por que entendía ofensivo ganar a otros, si ganaba era como humillar a mis competidores, y si perdía lo hacía con deportividad, pero tampoco me parecía estupendo. La masificación de los deportes “reyes”, me produce rechazo, al perderse el espíritu deportivo y convertirse en un gran negocio y “en el opio del pueblo”, que dar patadas a un balón se convierta en el tema de conversación de millones de personas, existiendo tantos temas interesantes por conversar y tantas cosas buenas por aprender y hacer, me parece una pérdida de tiempo global para una vida tan corta como la nuestra, con esas muchas horas bien empleadas se podrían lograr cosas maravillosas, como ayudar a quienes lo necesitan, mejorar la propia cultura leyendo y estudiando aspectos que no conocemos o plantando árboles simultáneamente en el planeta. ¡Se imaginan, miles de millones de árboles plantados en un solo día!.
Tras toda esa masificación se encuentran los políticos frotándose las manos y lo fomentan, al tener a la gente entretenida evitan que se ocupen de los problemas serios que atañen a todos y ellos tratan de ocultar, incluidas las grandes corrupciones, por eso el deporte de masas dejó de interesarme desde que tengo uso de razón, y no me refiero a la oficial.
El deporte como tal, limpio de honores, de dinero y de política, me parece formidable para los jóvenes. Los adolescentes despiertan al sexo y al estado de adultez, sus hormonas se disparan, sus cuerpos han tomado forma de adultos pero no lo son aún, sus mentes tienen que madurar, los modelos a seguir son los que les llevarán al éxito: conquistar al sexo contrario, lograr liderazgo o alcanzar puestos sociales reconocidos. El problema es que lo cómodo, lo fácil y lo que te pide el cuerpo es: sexo, alcohol, droga, el “dolce fa niente”, no dar golpe, divertirse, ir a los “cajones de ruido”, donde junto a la música alienante que ayuda a no hablar, a no comunicarse, están las drogas para desinhibirse y hacer cosas que en estado normal no harían.
El contraste es el deporte y las actividades al aire libre: campamentos, excursiones, caminatas, montañismo, escalada, observación de la naturaleza, natación, submarinismo, equitación, taichí…, de esta manera se logra “mens sana in corpore sano”, mente sana en cuerpo sano.
Me encanta ver a Rafael Nadal como gana campeonato tras campeonato, como se codea con presidentes, reyes y deportistas de élite, con la misma naturalidad que lo hace con otras personas y los miembros de su familia. Cuando tras cada campeonato le preguntan que siente, con sinceridad y sencillez responde: “Este ya está olvidado, ahora tengo que prepararme para el siguiente y sólo pensar en ello…”, como quien no ha hecho más que cumplir con su obligación. Me parece un ejemplo a seguir por los jóvenes, no es que todos tengan que jugar al tenis, es su actitud la que importa, el esfuerzo, el trabajo bien hecho, saber escuchar y ser autocrítico, ambas cualidades de las que la mayoría de la juventud carecen, como el respeto hacia los demás, saber ganar o perder con elegancia, como dice Kipling en If: “Si alcanzas el triunfo o llega tu derrota y a los dos impostores tratas de igual forma..”.
Nadal no se si conoce el magnífico poema de Rudiar Kipling quien tras ir repasando los avatares de la vida, aconseja mantener la cabeza en su sitio y no creerse más ni menos de lo que uno es si ganas o pierdes, ver la vida con naturalidad, humildad y sencillez, al final termina: “Si llenas el minuto inolvidable y cierto, de sesenta segundos, que te llevan al cielo. Todo lo de esta Tierra será de tu dominio, Y mucho más aún… ¡Serás un Hombre, hijo mío!.
Creo que de Rafael Nadal se puede afirmar que está en ese camino y si no se desvía con las numerosas dulces trampas del sendero de la gloria, conseguirá alcanzar el final de If, que no todos pueden, ni saben lograr, ser todo un hombre, en el más amplio y mejor de los sentidos, creo que como está nuestra sociedad es el mejor adjetivo que se puede aplicar a un ser humano.