Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.
Fernando L. Rodríguez Jiménez
Madrid, España
No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.
Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.
Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía.
Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.
Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.
España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.
Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.
Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.
España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.
Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.
La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”, mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.
La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.
España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.