Archivo para 29 diciembre 2007

29
Dic
07

Pensar lo impensable -en el pecado

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Ricardo Mena

   No cabe duda de que yo no soy un peripatético, aunque lo que diga pueda parecer tan posiblemente patético como estos versos de Shakespeare cuando se lamentaba en su Soneto CXI-  

 Y aún así mi naturaleza está subyugada
Por su trabajo, como la mano del tintorero.
Apénate de mí, pues, y pide que yo pueda renovarme,
Apénate de mí, pues, querido amigo, y te aseguro,
Que incluso tu pena es suficiente para curarme.
 

Es evidente que nada es patético en este soneto y que el mismo expresa una gran humanidad latente, siempre digna de respeto, excepto para el arte de las caricaturas vikingas de reciente noticia en los medios -que sólo persiguen el fin sin tener a los medios en cuenta. Sea como fuere, no hay duda de que el soneto es un cauce expresivo para mostrar grandes y profundas ideas fruto del hambre, del dolor o del amor a la rubia cerveza y al purpúreo vino, y que Shakespeare es tan genial en esto como cada uno de nosotros que formamos lo que se conoce como el hombre común, el ciudadano sano y medio (y que otros aristócratas como Poe u Ortega malversaron llamándolo “masa”). Me refiero a que existe en el Arte del Hombre una continua necesidad de mostrarse tal cual es ante eso que muchos llaman el vacío, la Idea, Dios o Alá o Yahvé o el Eterno Retorno. Y si fuera cierto que muchos se preguntan ahora a qué quiero llegar con todo esto, le diría que se apenaran de mí y me dejaran un poco de su paciencia para expresarle mis pensamientos sobre ese tema tan impensable como es la paradoja del pecado y el arrepentimiento -que sólo el que se humilla y reconoce que es imperfecto renace más perfecto. Definir el pecado puede que sea un pecado en sí de soberbia o presunción, así que dejaré su definición, su concepto exacto, al movimiento producido en la cabeza de cada lector con el que Hobbes definía al pensamiento; como también existe un movimiento en el corazón al que llamamos sentimiento que tan bien conoció Pascal y también Hobbes, apelo al corazón de cada uno de los lectores para que lea los versos de Shakespeare y analice cuál es el mensaje al cual quiere llegar cuando el bardo dice “que incluso tu pena es suficiente para curarme”. Para mí no existe duda filosófica de que el Hombre nace enfermo y está enfermo; mas es una enfermedad que se puede curar cada día y que, de hecho, se cura yendo al psicólogo o al cura de la parroquia, aunque en este último caso sin tener que pagar lo que se consideraría en otros tiempos como un fraude si no fuera por Freud.   El misterio de lo que significa ese verso final anotado de Shakespeare es, en mi opinión, una cosa y una sola cosa nada más -es una confesión. Expresa una fe inconfesable, por personalísima, ante nosotros, extraños desconocidos mas conocidamente hermanados por la Creación. Ese último verso nos comunica un pálpito de un corazón que “tiene sus razones que la razón no entiende” -curarse para seguir sintiendo. La conciencia, lo que Locke definía como influenciada continuamente por las sensaciones y la experiencia diaria, la mía, me confirmaba en este pensamiento impensable mientras esperaba a que el desayuno me quitara de mi ayuno, así que para matar el hambre me alimenté de estos pensamientos lentos y densos: que sólo cuando nos humillamos mostramos ese humillo a quemado que simboliza el Fénix -renacemos de nuestras cenizas, revitalizamos el polvo del cual estamos hechos, aunque estemos “hechos polvo” cuando lo soltamos al viento. Sin duda, hay algo escondido en nosotros, dentro, que se revela contra nosotros mismos; la razón científica de la psicología lo llama conciencia del Ego frente al Alter Ego, Stevenson lo llamó mucho antes el doctor Jeckyll y Mr. Hyde y mucho antes que todos ellos se llamó pecado original, una original idea que iba al origen del problema del Hombre -que necesita de una revolución diaria de humildad contra el orgullo. Pues lo pequeño vence a lo grande en su forma y fondo, mientras lo grande se agranda tanto que pierde su contorno, su forma, se hace amorfo y monstruoso como el Chuthulu de Lovecraft. En el fondo, es de perogrullo, es una tautología, es de sentido común decir que todos los ciudadanos somos iguales y tenemos los mismos derechos; no hemos tenido que esperar a que se implantara la democracia para saberlo.   Shakespeare se contentaba incluso con nuestra pena para curarse. La mayoría se contenta con saber que es su destino -ser saludablemente imperfectos y pequeños.     

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29
Dic
07

Escritores asesinos

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Nahum Torres 

Los siete títulos de narrativa y nueve de poesía que hasta el momento ha publicado Candaya pequeña pero valiosa editorial barcelonesa que pretende especializarse en literatura hispanoamericana, llegan a México a través de un acuerdo de distribución con Colofón, firmado en el marco de la Feria de Monterrey. Entre los autores de Candaya, se encuentra al méxico-canadiense Pedro Serrano (1957), al ecuatoriano Mario Campaña (1959), al venezolano Ednodio Quintero (1947), o al poeta y físico gallego Agustín Fernández Mallo (1967),  cuya post-mo novela Nocilla Dream se convirtió en la revelación española en 2006, lo que le valió un jugoso contrato con un consorcio para publicar el resto de la trilogía: “Proyecto Nocilla”.         De sus más jóvenes autores, se halla al peruano Diego Trelles Paz (1977) con su debut como novelista: El círculo de los escritores asesinos (2005), epistolario meta-literario de índole confesional de cuatro embrionarios escritores limeños, sospechosos todos de la muerte de García Ordóñez, perro gordo de la crítica literaria local.Con la escenografía del barrio juvenil de fondo en el que pululan ciertos personajes sin expectativas de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso) anterior publicación de relatos episódicos de su propia autoría (Lima: Caleta Libros, 2001), Trelles Paz se sirve de retazos de autobiografía, historia peruana (el fujimurismo como contexto), ficción de la vida cotidiana y un táctico cut-up poético para construir esta novela entretejida por el habitual cotilleo “culturoso”, en voz del poeta Ganivet, el desfachatado cronista narigón Larrita, “el Chato” –alter ego del autor y la cinéfila Casandra, forjadora del autonombrado “Círculo”, admiradores todos de Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges y “el Gran” César Vallejo.Resalta el fino humor de Trelles que burla, por momentos, del romanticismo y visceralismo juvenil de estas cuatro cuasi frustradas plumas (frustradas porque agotan sus energías en su “lucha” contra la mafia cultural); así como también su actitud nabokovianamente provocadora para con el leyente.Es decir, Trelles recurre a la figura del narrador-comentarista, el editor Alejandro Sawa, para interconectar los largos manuscritos testimoniales de los miembros de la banda y así encontrar al ejecutor del crimen, mientras genera una polémica literaria con su imaginario lector.El círculo de los escritores asesinos es una ambiciosa fantasía literaria en la que fluye sangre, amor, denuncia artística, (joven) locura existencial y lecturas tantas, que hacen pensar en un versátil homenaje a un sinfín de autores: hispanoamericanos y de otras latitudes. 

* Diego Trelles Paz nació en Lima en 1977. Ha estudiado cine y periodismo en Perú y literatura hispanoamericana en Austin, Texas. Es autor de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso) (2001). Ha participado en el libro de homenaje Roberto Bolaño. Una literatura infinita (2005) y en la antología de Andrés Neuman Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño  (2005).    

29
Dic
07

Robert Bresson

 Enrique Zamorano

Calificado como el cineasta más jansenista del cine francés,tras abandonar la pintura y la fotografía, Robert Bresson realizó su primer film en 1934: Les Affaires publiques, un cortometraje cómico. Recién empezada la Segunda Guerra Mundial, fue apresado por más de un año en un campo de concentración alemán.   En Mouchette (1967) Bresson se apoya en Georges Bernanos, cuya novela es trasladada para narrar la historia de una muchacha, hija de un contrabandista borracho y una madre devorada lentamente por la tuberculosis, que es humillada por todos y cuya rebelión Bresson detalla con una rigurosidad rayana en la impiedad, presenciamos la trágica historia de un adolescente que debe enfrentar el reto de sobrevivir la abrumadora situación socioeconómica que la está destruyendo, ésta cinta  es una de las joyas en la minimalista trayectoria de su ”realismo poético”, y una historia que envuelve porque nos da la impresión de que estamos observando dolorosos pedazos de la vida real a través de un microscopio del alma.  Lenta, a veces difícil, pero una obra de arte en blanco y negro que demuestra lo que un cineasta puede lograr con recursos limitados cuando posee la sensibilidad y humanismo de este autor. Sentarse a mirar  le realidad de la ficción en cintas como Los ángeles del pecado (1943) según un argumento original del Reverendo Padre Bruckenberger, con diálogos y adaptación del propio Bresson y el dramaturgo Jean Giraudoux, y Las damas del bosque de Boulogne (1944) basado en un pasaje de la obra de Diderot Jacques le Fataliste, con guión de Bresson, diálogos de Jean Cocteau y la imagen inolvidable de María Casares. o El diario de un cura de campaña, filmada en 1950,  basada en una obra de Georges Bernanos y que logró tres importantes distinciones: el León de Oro en Venecia, el Premio de la Oficina Católica Internacional del Cine y el premio Louis-Delluc.Seguramente debido a la  pasión por la interdependencia de la palabra y las imagenes, Bresson se rodeaba de literatos, respetaba profundamente la letra y el espíritu de sus textos y eso fue interpretado como una prolongación del cine hacia la literatura. Pasión que le valió criticas de los puristas, que ironizaban con el título de su película. El diario (para leer) de un cura de campaña, juzgaban que era un director  con absoluta sumisión al texto. Bresson renovó la adaptación cinematográfica; las imágenes nacen del texto en vez de ilustrarlo. Con Lancelot Du Lacse es  comprobó que para hacer una película de época, se necesita más que dinero, talento. Bresson reinventa el mundo medieval, hace una de las más nítidas películas sobre el mundo artúrico. Sin perder su particular estilo directo, de  mínimos gestos,  elabora una comunidad  de seres de honor, venganza, sangre, y de amores prohibidos.  Los discutidos conceptos del estilo bressoniano fueron defendidos en 1954 por un joven de 22 años, llamado François Truffaut, en la revista Cahiers du Cinema en un artículo titulado Una cierta tendencia del cine francés, un ataque a dos famosos guionistas llamados Jean Aurenche y Pierre Bost, autores y adaptadores de películas como El diablo y la dama y Juegos prohibidos, entre muchas otras. Truffaut era un fanático del cine, pero también, como apasionado lector, un defensor del texto literario, de la obra de Bresson, y un enemigo de adaptadores o guionistas que pudiesen tergiversar el espíritu de un film. La batalla la ganó sin duda Bresson, y esa falsa antinomia entre cine y literatura se fue superando con el tiempo.   Una mujer dulce (1969), basada en Dostoievski, es, ante todo, una meditación sobre la pareja moderna, sobre la soledad y la incomunicación de los seres humanos. Austero y revelador, es al mismo tiempo uno de sus films más atractivos.

27
Dic
07

Medio siglo de la peste

Jacinto Eslava  

EN 1957  Albert Camus publicaba una de las obras fundamentales de la literatura del siglo XX.. Celebrada y denostada por sus contemporáneos, “La peste” un diagnostico   de  la sociedad francesa para enfrentarse a sus propias miserias, que la demolieron y posibilitaron la derrota y la ocupación alemana. Una epidemia sobre otra   Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, Argelia. Su padre, agricultor de origen francés, era empleado en una finca vitivinícola; Catalina Sintes, su madre, era menorquina. Apenas cumplido el año de vida su padre murió en las trincheras de Verdum, por lo que su madre decidió mudarse –junto a él y a su hermano– a Argel. Fue allí, mientras cursaba sus estudios en el Grand Lycée, que Camus comenzó a garabatear sus primeros escritos, publicados por la revista Sud. Una vez concluido el bachillerato, debió interrumpir sus estudios por manifestársele tuberculosis, enfermedad que lo acompañaría hasta su muerte.  En 1935 Camus engendró su primer libro, El revés y el derecho, que sería publicado dos años más tarde. Sus aficiones teatrales emergieron en simultáneo a las literarias. Organizó el Teatro del Trabajo, una compañía de aficionados que representaba obras en barriadas populares. Incursionó en el periodismo en el Diario del Frente Popular, prohibido en 1940 por el gobierno argelino. Ese traspié hizo que se trasladara a París para incorporarse a las filas del Paris-Soir. Durante la ocupación alemana en París, participó activamente como miembro de la resistencia, y dirigió el periódico clandestino Combat. En 1952 rompió relaciones con Jean-Paul Sastre, quien criticó duramente su ensayo El hombre rebelde. El 4 de enero de 1960 murió en un accidente automovilístico en las afueras de Le Petit-Villeblevin, Francia.   La historia de La peste transcurre en Orán, Argelia, en algún momento de la década del 40. Una ciudad que dormita en la persistencia de sus sinsabores hasta ver sacudida su modorra por el sopapo que una brutal plaga estampa a la población. Camus no fue un profeta; pluma fecunda, crónica sagaz y observación aguda sí, pero intuición sibilina, jamás. Camus, admirador de Gide y Malraux, fue un escritor nutrido por los aires de su entorno. Quizá por eso, y para entender su obra, baste con remontarse a la declaración que hiciera él mismo en 1935: “L’oeuvre est un aveu; il me faut témoigner” (“La obra es una confesión; debo declarar como testigo”). En ese sentido, La peste (1947) se enciende como su acierto más potente.  Para poder husmear en La peste y digerirla sin equívocos, no hay que descuidar su contexto: cuando Camus la compuso, sus manos todavía olían a pólvora –fue activa su participación en la resistencia durante la ocupación nazi– y los juicios de Nüremberg barrían con los bárbaros de entonces. Un libro que es resultado mismo de su empresa política, y por ello debe vinculárselo –como metáfora– al desguace moral durante la Segunda Guerra Mundial.¿Qué significa la literatura en un mundo que tiene hambre? —dijo Sastre. La literatura cambia la vida, pero de manera gradual, no inmediata, y nunca directamente, sino a través de ciertas consciencias individuales que ayuda a formar. Para Camus el hombre vive su total realidad, en la medida en que comulga con el mundo natural. A este hombre citadino, al que los pensadores modernos han convertido en un mero producto histórico, al que las ideologías han privado de su carne y sangre, a este ser abstracto y urbano, separado de la tierra y del sol, desindividualizado, disgregado de su unidad y convertido en un archipiélago de categorías mentales, Camus opone el hombre natural (“Albert Camus y la moral de los límites   Si Camus sostiene que en nuestra desilusionada época el mundo ha dejado de tener sentido, lo hace con el estilo racional, elegante y discursivo de un moralista del siglo XVIII, en obras cuidadas y de perfecta estructura” Se trata de la experiencia más directa, inmediata e intuitiva de lo absurdo. El hombre vive sensorial, sensible, emocionalmente un conjunto o “enumeración de sentimientos” (tal la expresión de Camus en El mito de Sísifo, nota del autor en p. 26) que aún no conceptualiza. El mundo se manifiesta como un orden natural, estable y maquinal, hasta que un interrogante radical desautomatiza esa percepción:   “Suele suceder que los decorados se derrumben. Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño, y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el ‘porqué’ y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. ‘Comienza’, eso es importante” Emerge así la figura del periodista Raymond Rambert como estocada profunda en la composición dramática que hace el autor. En principio, Rambert pedirá irse, alegando que el asunto sanitario no le concierne por ser francés. Al no lograrlo –ni siquiera ilegalmente–, decide ayudar en las brigadas sanitarias, hasta dar con la forma de escapar. Cuando esto finalmente ocurre, en vez de irse, decide quedarse y comprometerse con el salvataje de los enfermos. Diez meses después de dispararse la epidemia, la peste cede. Y es así que una mañana de febrero se abren las puertas de la ciudad. Festejo y vuelta a la normalidad. Estructura clásica, esbozo preciso de un artilugio narrativo del equilibrio-ruptura-equilibrio que Camus maneja con pericia. Y lo hace articulando la descripción –bendito cronista Camus–, con una contundente observación del procedimiento psíquico del gentío en esa ciudadela abatida por imposición de una plaga. La peste se manifiesta como una argamasa genérica, donde transitan errantes intrincadas reflexiones filosóficas con paquetes teóricos netamente sociológicos, pero donde sobre todo la crónica guía el relato.  Albert siempre había estado muy atento a los sonidos; otra vez Meursault, el extranjero, le viene a la memoria: “Reconocí por un breve instante el olor y el color de la tarde de verano. En la oscuridad de mi prisión móvil, volví a encontrar uno a uno, como desde el fondo de mi cansancio, todos los ruidos de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento. El grito de los vendedores de periódicos en el aire ya sosegado, los últimos pájaros en la plazoleta, el reclamo de los mercaderes de bocadillos, el lamento de los tranvías en los altos virajes de la ciudad y este rumor del cielo antes de que la noche caiga sobre el puerto, todo recomponía para mí un itinerario de ciego…”.En la Peste sirviéndose de una alegoría harto evidente, en la que una epidemia reemplaza a todas las plagas de nuestra época –guerra total, ocupación, terror, universo concentracionario-, muestra como somos todos no sólo víctimas sino asimismo cómplices. Todos y cada uno de los lectores tuvieron que identificarse con los personajes del libro. En “La Peste”, el autor busca la definición de una moral práctica, que consiste en ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así mejor limitar el daño, o sea de ayudar a vivir y a luchar por la vida. “La salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática… Lo que me interesa es su salud”. Como se ve, a la moral de revuelta sucede otra moral sin duda más optimista orientada esta vez decididamente hacia la solidaridad humana, que permite a los hombres superar la absurdidad original. Albert Camus se ha convertido en una especie de director de conciencia de un sector de la juventud francesa y europea.  ” La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?. El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. (…)Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa. (…)La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea. “El distanciamiento con Jean-Paul Sartre no tardaría en llegar. Parte de los existencialistas lo acusaron de “moralista clásico”, pero su camino no lo iba a desandar, contestaría: “inocente es el que no necesita explicarse”.  Tantas contrariedades van a codearse con el reconocimiento en el campo literario, publicará en 1947 una de sus novelas más recordadas “La Peste”, por la cual va a obtener el Premio Nacional de la Crítica. Estaba ambientada, como “El extranjero”, en su recordada Argelia, y un analista de la obra mencionará: “allí vuelve a destacar el absurdo de la existencia pero rescata el valor de los seres humanos ante el desastre y evoluciona hacia un sentido más solidario ante el sufrimiento ajeno y la rebelión contra la injusticia”.  En 1940, se casa en segundas nupcias con Francine Faure, matemática y pianista, con la cual tendrá a los gemelos Jean y Catherine. Su inclinación por el teatro no decaerá y se lucirá con un nuevo grupo de obras: “El malentendido” (1945), “El Estado de Sitio” (1948) y “Los Justos” (1949). La destacada actriz francesa, de origen español, María Casares (1922-1996), exiliada en Francia, va a ser quien interprete dichas obras y pronto un tormentoso e inesperado romance los va a unir en aquellos años de bohemia. Ficción teatral y realidad parecían entrelazarse. Años después, ya separados, la notable artista afirmará sobre su protector: “cuando se vivía tan intensamente como él, la vida podía convertirse en insoportable”. Motivado como nunca, va a adaptar a los grandes de la literatura universal para llevarlos a la escena francesa: “Réquiem por una monja” de William Faulkner (1956), “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1957) y “Los Poseídos” de Fedor Dostoievski (1959). Cada vez más libre de ataduras dogmáticas escribió “El hombre rebelde” (1951) casi una metáfora sobre su propia vida. Llegarán también otras recordadas novelas, “El verano” (1954) y “La caída” (1956). Para no olvidar sus orígenes en el periodismo editorializa para “L`Express” y va alcanzando, de a poco, la profundidad de un pensamiento cada vez más maduro. Humanista, ante todo, su ensayo “Reflexiones sobre la guillotina” (1957) va a ser uno de los mayores alegatos universales contra la pena de muerte. Con lucidez va a sostener: “No hay paz durable, ni en el corazón de los individuos ni en las costumbres de las sociedades hasta que la muerte no sea excluida de la ley”.  Pronto llegaría su consagración internacional: el Premio Nobel de Literatura (1) le será otorgado en 1957. Lejos quedaba para entonces la polvorienta y sedienta Argelia, era la hora de la felicidad, era el premio al talento. Pero la dicha duraría poco, premonitoriamente va a declarar a un periodista: “mi obra aún ha empezado. Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. La peste” no es una novela sobre las relaciones entre literatura y ciencia; refiere la peste que apodera de la ciudad de Orán, entonces francesa, en los años de la segunda guerra mundial. Peste bubónica, es ante toda una peste alegórica, que ilustra la peste interior: la mentira, el orgullo, el odio, la tiranía. La ocupación nazi de Europa es una de las más agudas manifestaciones de esta peste, cuyos antídotos son el ejercicio de la verdad, la práctica de la humildad, el amor y la fraternidad entre los hombres, la democracia. La novela refiere la acción de la peste en la ciudad de Orán y sus efectos devastadores.   La novela la Peste   perfila dos opuestos  entre dos de sus principales personajes: el doctor Rieux, agente sanitario esencial en la lucha contra el mal, y el padre Paneloux, clérigo y orador obstinado en extraer consecuencias religiosas del episodio. Rieux tiene clara conciencia de su misión: “Puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, acaso sea mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte”.  Frente a esta actitud propia del racionalismo científico, el padre Paneloux opone el discurso del anatema, la culpa, la condenación: “Sí, ha llegado la hora de meditar. Habéis creído que bastaría con venir a visitar a Dios los domingos para ser libres el resto del tiempo […] Esas relaciones espaciales no bastan a su devoradora ternura [la de Dios]. Quiere veros ante Él más tiempo, es su manera de amaros, a decir verdad es la única manera de amar. He aquí por qué, cansado de esperar vuestra venida, ha hecho que la plaga os visite, como ha visitado todas las ciudades de pecado desde que los hombres tienen historia”. La muerte de un niño sacude vivamente a Rieux, que “Miró a Panelux (quien había afirmado que “esto subleva porque sobrepasa nuestra medida. Pero es posible que debamos amar lo que no podemos comprender) con toda la fuerza y la pasión de que era capaz y movió la cabeza: no, padre, dijo. Yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a admitir una creación en la que los niños son torturados”. Al comentario de Paneloux de que Rieux buscaba también la salvación del hombre el médico responde: “La salvación del hombre es una frase demasiado grande para mí. Y no voy tan lejos, es su salud lo que me interesa, ante todo”  Albert Camus diría alguna vez Soy un hombre exhausto y desilusionado; es imposible vivir sin sentido, pero frente a la desesperación, he encontrado motivos para tener esperanza. Por encima de todo, valoro la vida. Me encuentro en algo así como un peregrinaje; buscando algo que llene el vacío que siento y que nadie más conoce. El público y los lectores de mis novelas, aunque ven ese vacío, no encuentran las respuestas en lo que están leyendo. Estoy buscando algo que el mundo no me da». Camus sintetiza así su itinerario espiritual con un personaje del Evangelio: «Me siento totalmente identificado con Nicodemo, porque no comprendo eso que Jesús le dijo de que tenía que volver a nacer. Pero eso es lo que yo quiero, es a lo que yo quiero comprometer mi vida. ¡Voy a seguir luchando por alcanzar la fe!».  

22
Dic
07

Las 10 peores propuestas teatrales del 2007

Cortesía Fotografías: Compañías de teatro, Inba, Unam. Autor: Sisi Casas 

1.-Odio a los putos mexicanos

Autor: Luis Enrique Guitierrez Ortiz Monasterio

Dirección: Alba Domínguez y Miriam Cházaro

Actores: Rogerio Baruch, Valeria España, David Landa, Hector Moraz, Gema Muñoz, Carlos V Ortega Macias, Freddy Palomec y Raúl Pozos. Recinto: Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque  

*Desvalorizar la palabra, carente de propuesta, trayectoria y contenidos emocionales, mal planteamiento, estructura débil, reiterativa, pueril, actuaciones dispares. El trazo no se sostuvo por la fuerza verbal. 

2.- Victor Victoria

Autor: Leslie Bricusse y Frank Wildhorn

Dirección: Jorge Vidales

Actores: Daniela Romo, Mauricio Herrera, Lisardo, Lisette, Eugenio Montessoro, Gabriel de Cervantes y José Antonio López Tercero

Recinto: Teatro Insurgentes 

*Gran inventiva en maquinaria escénica ajustado a las exigencias del histrión, actores exhibicionistas, descuido en la esencia, mucha forma y poco fondo, ausencia de observación, grandilocuencia. Problema severo en todos los intérpretes, caracterización externa y no orgánica. Protagonista insípida. 

3.-Pequeños crímenes conyugales

Autor: Eric-Emmanuel Schmitt

Dirección: Otto Minera

Actores: Patricia Reyes Spíndola y Miguel Angel Ferriz

Recinto: Teatro Julio Prieto 

*Dirección sin malicia, premura, dos grandes actores sin estímulo a la realidad de ficción, estridencias melodramáticas, el ritmo decae consecuencia al trazo.  

4.-Cacería de estrellas

Espectáculo escénico: Nicolás Nuñez y Helena Guardia

Actores: Verónica Cristiani, Ramiro Fernandez, Helena Guardia, Mario Herrera, Hellín Krinsly, Belén Nicolau, Cecilia Núñez, Miranda Núñez, Nicolás Núñez, Lee Rickwood, Ana Luisa Solís Gil, Arie Van Duijn y Juan Renato Vázquez

Recinto: Teatro Santa Catarina 

*Estancamiento en las mismas formas del teatro de los setentas, sin evolución. Manjar de problemas internos del colectivo, de poco interés para los demás, efectivos ejercicios psicofísicos pero sólo herramientas de conocimiento personal para el actor.  

5.-Péndulo del mundo

Autor: A partir de Antígona de Sófocles

Dirección: Alicia Martínez ÁlvarezActores: Indira Pensado y Jessica Gámez

Recinto: Sala Xavier Villaurrutia 

*Buscar la eficacia en la concepción del director, distancia permisible entre actores y espectador. Sin puntos de referencia al espectador a través de la experiencia y memoria. No por hablar de cerca o en tono susurrante se consigue intimidad. La estructura del tiempo y duración recae en el ritmo lento. Acumulación de atrocidades que no se dirige hacia el peso del personaje. 

6.-Hansel y gretel, el musical

Creación: Laura Jerkov y Gustavo Lizarraga

Actores: Renée Vitelli Alán Ruíz, Hairam Asereth, Rosalinda Morales, Gloria Andrade, Nadxhielii López, Karla Alvarado, Miguel Ángel Hoppe, Mariano Bucio, Santa Cecilia

Recinto: Teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes. 

*Sentimentalismo ilusionista, distorsión al teatro infantil, banalidad en la acción y concepción, inverosimilitud, trivialidad, falta de autocrítica, y turismo teatral. 

7.-Con la vista a la bahía.

Autor y Dirección: Maruxa Vilalta

Actores: David Trillo, Bruno René Mestríes, Samantha Salgado y Salvador Alvarez

Recinto: Foro La Gruta, Centro Cultural Helénico. 

*Diversos estilos de actuación, conformismo, diferencias de nivel, calidad del lenguaje, composición, fragmentación y conclusiones mecánicas.  

8.-Réplica con sombra y séquito

Dirección: Gabriela Ochoa Lazo

Actores: Vicky Silva, Dione Rubio, Romina Coccio y Leonardo Ortízgris

Recinto: Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes 

*Falta de análisis y claridad de narración, coherencia con la lectura de investigación, falta de estímulos, seguridad en actores y aterrizar proyecto.  

9.- Frida Kahlo el musical.

Director: Octavio Salazar, David Attie y Marcos Lifshitz.

Actores: Arturo García Tenorio, Xavier Díaz Dueñas, Nando Estevané, Carmen Durand y Sandra Ruiz

Recinto: Pabellón de Alta Tecnología 

*¿Qué es lo que se quiso en esta puesta en escena? ¿Cuál fue el aporte? ¿Cuál fue la lógica? confianza en el grupo de trabajo, ir al fondo de la propuesta y no en la periferia, profundizar en ideas, pero sobre todo, profesionalismo  

10.- ¿Por qué los hombres aman a las cabronas?

Autor: Sherry Argov

Adaptación: Mauricio Pichardo

Dirección: Mercedes de la CruzActores: Consuelo Duval, Mercedes Molto y Jan Lu.

Recinto: Teatro Polyforum 

*Seudo texto, amén de los defectos, no se consigue el teatro como poesía, sino como una obra negra desalineada, promiscua, superficial, mezquina y trillada. Los actores no vibran dentro de la materia del escenario, conciben el teatro desde un mundo plástico. ¿En qué punto el teatro se convirtió en imbecilidad? 

22
Dic
07

Las 10 mejores obras de teatro del 2007

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Diseño de Fotografía: Oswaldo Valdovinos.

Cortesía: Compañías de teatro, Inba, Unam, Cenart, La Capilla. 

Autor: Maria Teresa Adalid 

1.-De Mostruos y Prodigios. Conmemoración del décimo aniversario de Teatro de Ciertos habitantes. Homenaje a Jorge Kuri

Autor: Jorge Kuri, libremente inspirada en La historia de los castrati de Patrick Barbier.

Dirección: Claudio Valdés Kuri 

Actores: Raúl Román, Gastón Yanes, Javier Medina, Kaveh Parmas, Edwin Calderón, Miguel Angel López, Luis Fernando Villegas.

Recinto: Teatro Julio Castillo. Centro Cultural del bosque. 

*Talento innegable de la compañía Teatro de Ciertos habitantes, rigor escénico, Claudio Valdés es un arquitecto del teatro por su cualidad de visualización y construcción de fragmentos. Su racionalidad se convierte en intuición y capacidad de análisis. La creatividad es incluyente con los miembros de su equipo.  

2.-Moebius Strip con la Compañía Gilles Jobin (Dentro del Encuentro Internacional del cuerpo)

Coreógrafo y Director: Gilles Jobin

Actores: Tamara Bacci, Jean-Pierre Bonomo, Marie-Caroline Hominal, Isabelle Rigat, y Rudy Van Der Merwe.

Recinto: Teatro el Galeón. Centro Cultural del Bosque

 *Técnica, concepto, disciplina, actor-bailarín con fuerza escénica, creatividad.  

3.-EL corazón a gas

Autor: Tristan Tzara

Dirección: Andrés Motta.

Actores: Eduardo Canás

Recinto: Teatro Salvador Novo, Centro Nacional de las Artes 

*Catarsis colectiva, entrega y reinterpretación acertada de antiguas formas. 

4.-La Comedia de las equivocaciones.

Autor: William Shakespeare.

Adaptación: H. Boetto, M. Cossa, R. Esquerra y A. Lomnitz.

Dirección: Alberto LomnitzActores: Carlos Aragón, Fernando Becerril, Haydeé Boetto, Ricardo Esquerra, Gabriela Murray y Juan Carlos Vives

Recinto: Teatro Helénico 

*Dirección certera, capacidad de análisis, construcción y entretenimiento.   

5.-Crack o de las cosas sin nombre

Autor: Edgar ChíasDirección: Martin Acosta

Actores: Emma Dib, Arturo Reyes, Gabino Rodríguez, Diana Fidelia, Adrián Ladrón de Guevara, Leonardo Zamudio e Israel Ríos

Recinto: Teatro el Granero, Centro Cultural del Bosque 

* Director motivado que desarrolla con justicia la tarea escénica, visualización de cualidades y fragmentos. 

6.- Sizwe Banzi, en el Festival de México en el Centro Histórico

Autor: Athol Fugard, John Kani y Winston Nsthona

Adaptación: Marie-Hélène Estienne

Dirección: Peter Brook

Actores: Pitcho Womba Konga, Habib Démbelé

Recinto: Teatro Jiménez Rueda 

*Trazo escénico efectivo, presencia justificada del actor en el escenario, realidad de ficción con pocos elementos escenográficos, estructura de parlamentos, muestra el campo humano que se vive en el sistema capitalista. 

7.-Casa de Muñecas (Hipnódromo Mr).

Autor: Inspirado en Casa de muñecas de Henrik Ibsen

Dirección: José Antonio Cordero

Actores: Mariana Gajá, Arturo Ríos, Alejandro Navarrete, Mercedes Hernández, Laura de Ita y Danáe Reynaud.

Recinto: Teatro Julio Castillo. Centro Cultural del Bosque 

* Tuvo retractores y defensores, baja del pedestal a Ibsen. Estructura dramática desde la subjetivación. Signos, códigos y elementos de la posmodernidad, lenguaje estético, rompe con estructuras teatrales, arriesgado, hibridez.   

8.- En la soledad de los campos de algodón.

Autor: Bernard Marie Koltés

Dirección: Ricardo Díaz

Actores: Jacquelin Serafín, Claudia Landavazo, Edson Martínez, Laura Furlan, Francisco Arrieta, Selene Caraveo, Carlos Cruz

Recinto: Foro Sor Juana Inés de la Cruz, Centro Cultural Universitario 

*Mecanismo de persecución del director, claridad de narración, singularidad en los relatos, presencia de energía en personajes.  

9.- Los productores.

Autor: Mel Brooks

Adaptación: Alvaro ZermiñoDirección: James Nelly

Actores: Natalia Sosa, Adal Ramones, Pedro Armendáriz, Juan Manuel Bernal y Alejandro Calva

Recinto: Centro Cultural Telmex 

*Teatro comercial realizado con efectividad.  

10.- Blancanieves y el Teatro Mladinsko 

Autor: Hermanos Wilhelm y Jacob Grimm

Dirección: Vito Taufer

Recinto: Teatro de la Ciudad 

*Detona la imaginación del público, pero antes la propia. 

22
Dic
07

Crónica de un médico rural II

   Erik García Muñoz

Como usted debe saber, señor lector de unomásuno, las comunidades rurales mexicanas están llenas de historias algunas fantásticas y algunas de gente real. Para la mayoría de los habitantes, las últimas pasan desapercibidas y no es hasta que uno observa desde otro punto de vista que las historias adquieren vida y proporciones épicas, como le sucedió a Ernest Hemingway en La Habana, Cuba (1953) cuando describió en su El viejo y el mar un pasaje de la vida de un anciano pescador cuyos días gloriosos habían pasado y que a pesar de llevar varios días sin pescar, se encuentra y atrapa –en una pesca casual- a un pez espada que le es arrebatado, irónicamente, por los tiburones que se encuentra a su paso en el viaje de regreso.  Suena como una proeza y muestra del ¿irremediable? destino al que todos nos dirigimos, hablando del estado mental del viejo Hemingway, es decir, su perspectiva ante la vida que culminó con su suicidio en 1961.  Pero, lo cierto es que el viejo pescador se observa como un personaje literario fantástico, hasta que no se topa uno con alguien similar a él.  Recientemente, llegó a mi consulta un anciano de 70 años con oficio de pescador. Su vida había dado muchos giros entre trasmallos, atarrayas, rejas y jornadas de pescas gloriosas. Como muchos viejos, me hablaba de sus glorias pasadas: –¡Treinta y tantos kilos de pescado sacaba al día, doctor! ¡Y, aparte, por lo menos eran tres o cuatros pescados grandes! ¡Qué le digo! ¡Huachinangos, pargos, robalos!.  Este pescador tal vez variaba físicamente del que describió Hemingway, porque no es entrecano y es muy moreno, con una barriga prominente contrastante con su aspecto miserable y el aspecto triste y cansado de muchos ancianos, además de que en sus manos se ven las huellas de toda una vida jalando redes: callos, heridas y un olor a pescado fresco característico de los de su oficio.  Este pescador, el colimense, pescaba tanto por gusto como por necesidad puesto que si no saca pescado un infortunado día, no prueba bocado.  Vive en una choza, como el anciano descrito por Hemingway, pero su cabaña esta hecha de hojas de palma y consta de un solo cuarto de 4 por 4 metros, aproximadamente.  Por otra parte, como carece de una lancha para buscar peces más grandes, se limita a pescar en la orilla del mar. Curiosamente, él llevaba ochenta días sin pescar más que carnadas para peces grandes (bonitos, lisas, tilapias, chacales), pero tenía que comérselas para no morir de hambre.  –¡Todo está jodido, doctor! La marea está bajita, hay muy pocos peces en la orilla y apenas si saco para comer!  Lo más triste que él ve es su ancianidad: –¡La pesca es un oficio para hombres fuertes, doctor y yo hasta tengo que tomar pastillas para vivir!  Tal era su decir entre risas mientras me mostraba sus cajas de enalapril y otros antihipertensivos y, agregaba. –Mis fuerzas se me están acabando y cada vez hay más competencia, por lo que saco menos pescado.  La vida también lo había dejado solo: sus hijos, ya casados, viven lejos de él y su esposa murió hace aproximadamente cinco años, por lo cual se tiene y sostiene a él mismo.  Diariamente realiza su proeza: traer y vender al menos seis kilos de pescado. Tal vez no sea tan grande como un pez espada, pero es igual de difícil sacar del mar tal cantidad de pescado; jalando trasmallos y recogiendo atarrayas disminuye y cansa al pobre viejo que ve mermada sus horas de trabajo debido al agotamiento. Y si bien es cierto que no pelea contra tiburones, su lucha es contra monstruos más fuertes y voraces que los cetáceos: su hambre y desesperación.  Tal vez si Hemingway viviera y pisara alguna comunidad pesquera mexicana, escribiría sobre más viejos y la lucha que se lleva a la orilla del mar, no sólo entre un hombre y un pez vela sino también entre el ser humano mismo y la carrera contra el tiempo que la vejez  plantea.  Por eso el médico que hace su servicio social en comunidades rurales, no es sólo médicos de cuerpos, sino también de almas.