18
Abr
08

No vaya a llorar: introspección al desamparo

Teatro

 

 

 

Oswaldo Valdovinos Pérez

La desesperación engendra miedo, pero también dolor y sobre todo la necesidad de sobrevivir, aún a costa, paradójicamente, de la propia existencia. De ahí que la más mínima oportunidad para escapar de una realidad asfixiante, por una complejidad histórica que escapa a quienes no la han padecido o la han visto desde afuera como mero espectador, sea tomada como la única alternativa viable sin importar el riego que, con una mirada objetiva y racional, implica lazarse a una aventura desquiciante y con más posibilidades de fracaso que de éxito.  

 

Y es que un acontecimiento de estas magnitudes no puede pasar desapercibido, y mucho menos dejar que el tiempo lo sepulte entre otros tantos hechos igual de atroces, porque desentenderse de él o fingir que no pasó sería tanto como evadir la responsabilidad histórica del sistema político que lo engendró (lo cual por supuesto no exime a los otros sistemas políticos vigentes de sus propias aberraciones). 

 

Para evitar que lo anterior ocurra ha de valer la memoria y el testimonio de aquellos implicados en esos tiempos de revuelo y euforia engañosa, sobrevivientes cuyo testimonio permiten reconstruir la historia colectiva a partir de la individualidad. 

 

Así pues, bajo estas premisas es que se inscribe la puesta en escena de la compañía Viento de agua No vayas a llorar, co-escrita y co-dirigida por Boris Villar y Maribel Barrios, cuya trama relata dos historias, ambas desde tierras cubanas: una se ambienta en el “éxodo” del verano de 1994 y recrea el drama de una amante súbitamente desamparada; la otra acontece ocho años más tarde y describe aspectos de nuestra migración personal.

 

En el primer caso el contexto está determinado por los sucesos del 4 y 5 de agosto de 1994, cuando en La Habana corrieron rumores respecto a que “unas lanchas provenientes de Miami se acercarían a costas cubanas”, lo cual propició que el día 5 miles de personas llegaran al malecón y en el transcurso del día tuvieran un enfrentamiento con las fuerzas policíacas con resultados brutales. Días después, previendo nuevos incidentes, el gobierno retiró la custodia de las costas y miles de personas se lanzaron al mar en embarcaciones por demás inverosímiles, hechas a partir de tablas, ramas, neumáticos, cámaras de llantas, lazos y todos aquellos materiales improvisados dispuestos a la mano; además, por supuesto, de mínimas raciones de alimentos y agua potable, previendo el desastre que acontecería en las siguientes semanas. En el segundo caso se aborda un fragmento de la biografía migratoria de Maribel Barrios, en la cual se hace énfasis en todos aquellos aspectos emocionales que la llevaron a correr la misma suerte de aquellos otros tantos cubanos del 94. 

 

A partir de una escenografía que lo mismo remite a una vivienda promedio cubana que a una de las tantas embarcaciones utilizadas para tal éxodo, se plantea un montaje íntimo, casi autobiográfico, en donde la constante es el dolor, la nostalgia, la remembranza, expresados en la palabra exacta, la emoción y el cuerpo, evitando caer en todo momento en el melodrama por el buen manejo de una técnica actoral depurada.

 

De este modo los espacios se suceden uno a otro con una efectividad lograda a partir de dotar de múltiples significados a un objeto, lo cual lleva a que, por ejemplo, una tabla sea a un tiempo una embarcación, una carreta, una puerta, un sótano, una balsa perdida en medio del mar donde no hay regreso y el hambre, la sed y los rayos del sol devendrán en una locura colectiva de aquellos quienes vieron en un rumor respecto a que “unas lanchas provenientes de Miami se acercarían a costas cubanas” la oportunidad de escapar a su realidad.

 

Llega un momento en que las dos tramas se suceden, se cruzan, se colisionan, se excluyen e incluyen para mostrar cómo individuos que están ligados por afectos entrañables experimentan la “separación” a pesar del tiempo trascurrido y del espacio entre ambas experiencias. 

 

Cabe mencionar que Viento de Agua busca promover en México la exploración de temáticas contingentes y propone ofrecer desde la expresión escénica sus impresiones sobre los principales puntos de reflexión que ocupan a la sociedad y cultura contemporánea. Al interior del grupo, se busca aprovechar el desarrollo e interacción de la multi-procedencia cultural y teatral de los actores, así como de otras agrupaciones.

 

No vayas a llorar se presenta los viernes a las 20:30 horas en el Centro Cultural El Foco (ubicado anteriormente como el Foro de la Comedia), Tlacotalpan 16, entre Campeche y Aguas Calientes, en la colonia Roma, cerca del metro Chilpancingo y la estación Campeche del Metrobús, a media cuadra de insurgentes. 

 

Conjuntamente a la propuesta teatral se exhibe: ” Especulaciones plásticas a partir del diseño escenográfico”, muestra del artista plástico y escenógrafo Israel Rodríguez, quien a su vez es el diseñador de la puesta en escena. Dicha muestra está a disposición del público de lunes a domingo entre las 10:00 y 20:30 horas.

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