Archivo para 31 mayo 2008

31
May
08

Matices del Quijote

Arturo Gudiño

Siendo don Quijote de la Mancha una obra mundialmente reconocida y admirada por muchas generaciones de lectores, se podría pensar que ya nada nuevo queda por decir para resaltar sus innumerables atributos. Sin embargo, no deja de ser una referencia en constante renovación para quienes buscan en la literatura una manera de disfrutar su tiempo libre, o quizá también para tratar de explicarse el mundo que les rodea. Gracias a una obra como esta, sigue manteniéndose presente una contagiosa bibliofilia, la cual ayuda a que la lectura de libros no se extinga por completo, en esta época tan saturada de señales caóticas de todo tipo. Sirvan estos comentarios como punto de partida para hacer una exploración, sumada a las muchas que ya se han hecho, de la primera parte de esta gran novela.

     El acto de leer es, en sí, uno de los ingredientes fundamentales de la obra maestra de Cervantes. Es decir, la lectura de los libros de caballerías es el motor inicial de la trama, así como el origen de todos los infortunios del personaje principal de la novela. Como nos dice Carlos Fuentes: “don Quijote es un lector […] su lectura es su locura”. A partir de esa bella locura se desata el dinamismo que da vida a “la novela como el arte de los desplazamientos”. Del emplazamiento en la Mancha se inicia el desplazamiento hacia el encuentro de aventuras y desventuras, y entonces, además de las vicisitudes de don Quijote, se van sumando una serie de historias itinerantes que son contadas por otros. La novela se convierte así en un punto de encuentro para muchas voces, además de la voz del protagonista. Como nos sugiere Hernán Lara Zavala, se trata de una novela de novelas.

     De acuerdo a los comentarios de la edición del IV centenario del Quijote por parte de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias de la Lengua Española (p. 274): “Era idea ampliamente compartida en la época que la variación hace la naturaleza y a las artes llegar a la plenitud de gusto y belleza […] buscando siempre la alternancia de temas y modalidades literarias (pastoril, sentimental, de aventuras, etc.), del mismo modo que se procura la variedad en los lances de don Quijote y Sancho”. Precisamente este es un elemento que enfatiza la riqueza narrativa de la novela, el que en ella convergen diversas historias que van dando cabida al encuentro con los otros.

     Es decir, no es sólo el Quijote quien tiene a cuestas una aventura y una serie de complicaciones (imaginarias casi todas) que resolver; también están los dramas personales de la gente que va apareciendo por el camino, siendo particularmente interesantes los sucesos relativos al curioso impertinente, así como el momento en que “el cautivo” narra su vida y los peculiares sucesos que en ella acontecen, o el interesante encuentro con el “Roto” que se describe en el capítulo XXIV, por medio del cual se da oportunidad a que un personaje secundario haga un recuento de sus desventuras. Muchas de esas historias tienen que ver con amores y desamores y con la melancolía provocada por la amada “enemiga”, la mujer anhelada que no está junto al hombre que la desea con locura. Pero como se nos advierte don Quijote: “es natural condición de mujeres desdeñar a quien las quiere, y amar a quien las aborrece”.

     Esa apertura para que los personajes secundarios vayan tomando el papel protagónico a lo largo de la novela es más que un recurso narrativo, o una manera de enriquecer la trama. Se trata también de una convicción personal de Cervantes, misma que se va evidenciando conforme avanza la historia principal del libro. Y como nos comentan en la edición citada (p. 465): “según Cervantes […] no existe una verdad absoluta, sino tantas verdades como puntos de vista individuales. Por lo menos es cierto que el narrador del Quijote evita pronunciarse sobre los comportamientos de sus criaturas y recoge con generosidad las diversas perspectivas de los personajes”.  

     Es mediante esta movilidad constante como se va hilvanando la novela. Si se nos permite la comparación, el autor va guiándonos en una especie de road movie por los vericuetos mentales del Quijote, así como por las encrucijadas que van apareciendo en el camino. Una vez más, es precisamente el encuentro con los otros como se van manejando varios planos narrativos que van conduciendo y fortaleciendo el interés por la lectura.

     Debido a lo inmediato de la acción, las imágenes se van generando sin mayores complicaciones en la mente del lector. Quiere decir que en la novela no hay una complicada retórica entre las palabras y las cosas que se denotan. Es, por lo tanto, relativamente fácil desplazarse por las escenas que se van sucediendo a lo largo de la narración. Tal vez el único obstáculo que pudiera presentarse sería la pérdida de vigencia del lenguaje utilizado en la época de Cervantes. Sin embargo, casi todas las ediciones actuales manejan un castellano bastante asequible para el lector contemporáneo, o por lo menos un lenguaje intermedio entre el cervantino y el de la época actual.

     Precisamente el que la novela cuente con una inmediatez en sus imágenes y en su lenguaje, y que la narrativa dé cabida a la voz de muchos personajes secundarios, es lo que da pie a que la diversidad sea un ingrediente fundamental de esta obra. Es decir, con un lenguaje asequible y una narrativa en constante movimiento, la novela nos va conduciendo a través de una diversidad de personajes y de circunstancias en donde incluso don Quijote cede a veces su figura protagónica hacia otro de los personajes. Esta diversidad tan característica de las aspiraciones renacentistas es la que resalta el humanismo en la novela, que incluso hoy en día resulta tan necesario para los tiempos que nos tocan vivir. Hoy en día, la diversidad suele verse en peligro a causa de iniciativas deshumanizadas que buscan atropellar y/o anular el derecho de individuos o de pueblos enteros.

     No cabe duda que el propio Cervantes fue testigo de dicha diversidad a lo largo de su vida. No es que él haya intentado llevar a cabo una especulación erudita respecto al comportamiento de cierto tipo de gente del tiempo que le tocó vivir. El autor fue un hombre que por sí mismo tuvo experiencias interesantes, algunas de ellas realmente dramáticas. No es de dudar, entonces, que cuando nos describe la camaradería que se da entre los pastores, es porque seguramente él llegó a presenciar este tipo de escenas de primera mano; o cuando el Quijote muestra compasión por un individuo que es conducido como reo, seguramente Cervantes rememoraba sus propios padecimientos cuando él estuvo cautivo.

      Retomando la vena renacentista que permite la expresión de esa diversidad, no está por demás llamar la atención sobre una escena que ocurre en el capítulo XLV, la cual trata de la pendencia de don Quijote con unos cuadrilleros. Conforme aumenta la discusión y cada persona va tomando partido, se forman los bandos de lo que será una revuelta bastante pintoresca. Esta escena en particular se torna un cuadro renacentista en cuanto que se percibe una variedad de opiniones (aunque unas con otras estén en disputa), el cuestionamiento a la autoridad, y una libertad para defender las ideas propias. Permítasenos transcribir esta escena que bien valdría la pena ver plasmada en un lienzo (p. 469): “El ventero, que era de la cuadrilla, entró al punto por su varilla y por su espada, y se puso al lado de sus compañeros; los criados de don Luis rodearon a don Luis, porque con el alboroto no se les fuese; el barbero, viendo la casa revuelta, tornó a asir de su albarda, y lo mismo hizo Sancho; don Quijote puso mano a su espada y arremetió a los cuadrilleros; don Luis daba voces a sus criados, que le dejasen a él y acorriesen a don Quijote, y a don Cardenio y a don Fernando, que todos favorecían a don Quijote; el cura daba voces, la ventera gritaba; su hija se afligía; Maritornes lloraba; Dorotea estaba confusa; Luscinda, suspensa, y doña Clara, desmayada. El barbero aporreaba a Sancho; Sancho molía al barbero; don Luis, a quien un criado suyo se atrevió a asirle del brazo porque no se fuese, le dio una puñada que le baño los dientes en sangre; el oidor le defendía; don Fernando tenía debajo de sus pies a su cuadrillero, midiéndole el cuerpo con ellos muy a su sabor…”    

     No está por demás, desde luego, resaltar la figura de Sancho Panza quien en todo momento demuestra su lealtad, pero sobre todo una credibilidad constante ante los delirios de su amo. Como el propio escudero confiesa a don Quijote (p. 187): “Mas bien puede estar seguro que de aquí adelante no despliegue mis labios para hacer donaire de las cosas de vuestra merced, si no fuera para honrarle, como a mi amo y señor natural”. Y aunque nunca llega la anhelada recompensa para el escudero, éste no declina en su entrega para don Quijote.

     Un pequeño indicio de recompensa se presenta cuando, luego de muchas vicisitudes, el caballero y su ayudante encuentran una maleta (capítulo XXIII), y éste fortuito hallazgo, insignificante para las expectativas iniciales del par de aventureros, es paliativo suficiente para el noble Sancho Panza quien da por bien empleados todos sus infortunios, es decir, después de “los vuelos de la manta, el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas, las puñadas del arriero, la falta de las alforjas, el robo del gabán, y toda el hambre, sed y cansancio que había pasado en servicio de su buen señor” (p.215). No es entonces gratuito que se considere a Sancho Panza como personaje indispensable en el desarrollo de la trama, pues cumple con más de una función: confidente, ayudante, secuaz, cómplice, amigo, consejero…

     Es tal el apego que siente Sancho por su amo, que llegamos a ver claros indicios de que ha sido contagiado de sus delirios. El cuadro psicológico que se nos presenta es muy peculiar, y por cierto no tan común de encontrar en el mundo real; esto es, cuando un enfermo mental tiene tal fuerza psíquica que logra influir a otro con sus fantasías, llegando al punto tal de generar una locura compartida: una follie à deux. Tenemos por ejemplo el episodio en donde la ventera está reclamando el por qué don Quijote rompió unos cueros de vino al pretender descabezar a un gigante. Cuando Sancho es interpelado, en lugar de ponerse del lado de la cordura, él asegura haber visto la cabeza del gigante y “que por más señas tenía una barba que le llegaba a la cintura” (p.369).

     Esta follie à deux se convierte en un obstáculo más para intentar persuadir a don Quijote de que regrese a su pueblo. Quienes lo quieren ver reposando sanamente en su cama sucumben ante sus poderes de persuasión, viendo que su propio compañero ya se ha creído todos los delirios caballerescos, y por lo tanto no está dispuesto a cooperar. Acceden entonces todos ellos a una especie de contrato colectivo de credulidad, dándole por su lado al supuesto caballero, concediéndole un poco de libertad para que dé rienda suelta a sus “proezas”; todo, con tal de que se vaya dejando guiar de regreso hacia su lugar de origen. Vemos así que la locura convence a muchos, al menos por momentos.

     Ahora bien, esos mismos personajes que detectan la locura de don Quijote buscando apaciguarla, son los mismos que llegan a reconocer que él conserva algo de cordura y de buen juicio. El cura mismo declara que “fuera de las simplicidades que este buen hidalgo dice tocantes a su locura, si le tratan de otras cosas discurre con bonísimas razones y muestra tener un entendimiento claro y apacible en todo” (p. 309) Cabe mencionar que, según la clasificación de la Psiquiatría francesa, don Alonso Quijano sufriría de una parafrenia fantástica, es decir, una locura con delirios y alucinaciones que afectan una parte de su cerebro, conservando intacta y sana otra parte de su personalidad. Por lo tanto, no se trata de un esquizofrénico total; lo curioso, una vez más, es que logra duplicar su locura a través de su escudero.

     Como toda obra maestra, el Quijote da muestra de su riqueza cultural hasta en sus elementos aparentemente menos significativos. Tenemos por ejemplo el uso de refranes a lo largo de la obra, mismos que se presentan de una manera natural y sin ningún afán de petulancia. Podemos citar aquél que dice (p. 178): “Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar”.

     Esta naturalidad en la narrativa se muestra incluso en los aspectos escatológicos, manejados por Cervantes en algunos puntos de su novela. Vale decir que el uso de este tipo de elementos no es exclusivo de este autor ni de esta época. Recordemos, por ejemplo, a otros autores como Jonathan Swift quien hace que Gulliver apague el incendio de los lilliputenses con sus orines, y que también escribió un poema (Cassinus and Peter) dedicado a la sorpresa y decepción de un bachiller ante la sana costumbre de defecar de su amada. En el caso de Cervantes, éste nos describe con una comicidad natural la manera en que don Quijote vuelve el estómago (cap. XVIII) luego de beber un bálsamo repugnante, y cómo Sancho Panza, al querer asistirlo, vomita del asco que siente ante la hediondez de su patrón.

     Por otra parte, y como nota curiosa, diremos que los aspectos escatológicos del Quijote fueron utilizados con fines sociopolíticos por Juan Carlos Onetti, cuando, refiriéndose a la situación que vivió Uruguay durante la dictadura, mencionó que en su país se veía mucho del capítulo XX del Quijote. En ese capítulo se narra cómo Sancho Panza y su amo pasan la noche en un bosque de árboles altos, y cómo el escudero siente de pronto unas ganas irreprimibles por defecar. Por más que intenta ser discreto, Sancho Panza no puede evitar que don Quijote se dé cuenta del olor a heces fecales, y del ruido que hace al evacuar sus intestinos. Pues bien, esta comparación del capítulo XX con la situación política y social del Uruguay (“un ambiente de mierda”, como dirían en ese país), le costó a Onetti ciertos inconvenientes con la dictadura.

     Otros aspectos interesantes incluidos en la novela se perciben en las opiniones que dan los propios personajes acerca de diversos temas. Significa que no se centran los discursos únicamente en torno a la caballería. Tenemos, por ejemplo, el caso del don Quijote hablando acerca de lo que él considera una buena comedia, después de presenciar la cual, “saldría el oyente alegre con las burlas, enseñado con las veras, admirado de los sucesos, discreto con las razones, advertido con los embustes, sagaz con los ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de la virtud”. Curiosamente, el lector de esta novela encuentra estos elementos a lo largo de la obra, aunque no se trate de una comedia propiamente dicha.

      Siendo el Quijote una obra que confronta a un personaje ilusionado hasta la locura a causa de sus fantasías librescas, hay un punto en la novela en donde finalmente se da un jaque mate conceptual a la causa de esa locura. Se trata de la crítica que en el capítulo XLVII esboza el canónigo hacia los libros de caballería. Finalmente queda clara cuál es la posición que quizá compartían muchos con respecto a esos “que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar, al contrario de lo que hacen las fábula apólogas, que deleitan y enseñan juntamente” (p.490). Y sin embargo, por más disparatados que fueran esos libros, fueron motivo suficiente para configurar uno de los personajes literarios más memorables de la literatura. Aunque fuera confrontándose contra la incredulidad de todos, don Quijote no cesa en su convicción de hacer verosímiles todas esas historias que ya han pasado de moda para los demás. Recuérdese la propia vena quijotesca de Cervantes, quien fue a combatir a los moros con valentía, y que regresó molido y sin fortuna, y que a pesar de ello no desistió en su gesta personal a través de la literatura.

      Y así, el canónigo en el capítulo XLVII, asumiendo la voz crítica mejor expresada en la novela, insiste en decir que “el fin mejor que se pretende en los escritos […] es enseñar y deleitar juntamente”. Pues bien, aplicando este consejo al propio Quijote, no cabe duda de que la obra entera nos deleita a través de las aventuras, experiencias y anécdotas que ahí suceden. Y en cuanto a las enseñanzas, son muchas las vertientes que podemos encontrar: es una novela humanista en cuanto que, por ejemplo, se ponen a prueba las convicciones de un individuo y se resalta la manera en que éste las defiende hasta el final, a pesar de que esté equivocado; es una novela que nos deja ver la idiosincrasia de la época; un libro que nos habla de la diversidad de expresión; una obra que nos da indicios del punto de partida de la narrativa moderna; es en fin, un calidoscopio de enseñanzas que se va matizando con nuevos contrastes cada vez que volvemos a leerla.  

      Estos atributos de deleite y enseñanza no se ven menoscabados por la aparición de algunos descuidos narrativos que Cervantes cometió, quizá debido a la prisa por terminar su obra, o tal vez por la gran extensión de la misma. Uno de estos descuidos en la narración se da en torno al famoso yelmo de Mambrino, en realidad una bacía de barbero, cuando en el capítulo XXV don Quijote y Sancho lo tienen intacto en su poder, siendo que en el capítulo XXII se menciona que el estudiante se apoderó del mismo y lo hizo pedazos. Como nos comentan en el pie de página: “El Quijote abunda en descuidos de continuidad similares a éste, pero la mayoría de ellos pasan inadvertidos para el lector y sólo se advierten cuando la novela se analiza con una minuciosa perspectiva crítica, que tiene poco que ver con el desenfado y el buen humor propios del estilo cervantino”. Añádase a esto que algunas obras de Cervantes, como sus Novelas ejemplares, circulaban como copias manuscritas, con lo cual se incrementaba la posibilidad de aparición de errores durante el proceso de trascripción.

      Como podemos ver, estas minucias no demeritan la obra cumbre de Cervantes, quien estaba ayudando sin querer a sentar las bases de la novela como género. Por cierto que el sentido regular que se le daba a la novela de la época era el de un relato corto. La acepción moderna de relato extenso no se generalizó sino hasta el siglo XIX. El caso es que se estaba empezando a manipular el concepto de autenticidad los hechos plasmados en libros. Era la infancia de la ficción literaria. El propio don Quijote es una víctima de la autenticidad a ultranza que él mismo adjudica a los libros de caballería. Es decir, para él no está claro el concepto de “ficción”. Como nos comentan los editores de la versión que nos ocupa: “En el siglo XVII, la categoría moderna de ‘ficción’, un tipo de lenguaje que no es ni ‘verdad’ ni ‘mentira’, sino que tiene un estatuto propio, no estaba aún sólidamente establecida” (p.325).

      Y en ese juego de ficciones y locuras confrontadas con la realidad, llega un punto en que el propio don Quijote pone en duda la autenticidad de sus ilusiones. Ya hacia el final de esta primera parte de la novela, en el capítulo XLVII, cuando por fin es enjaulado y sosegado, el caballero de la Triste Figura ve los signos de su derrota y reconoce que quizá la magia ha cambiado, que “quizá la caballería y los encantos de estos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos” (p.483). Este es justamente el último matiz que nos queda por explorar en este ensayo, el del Quijote como una obra que habla de la derrota de la fantasía, la pérdida de la credibilidad en los libros como fuente de inspiración para realizar proezas, o en la bibliofilia que es condenada por ser perniciosa para el lector. Estos aspectos, como podemos ver, pueden hallar un parangón en la época actual en donde los libros están siendo olvidados y desplazados por la enajenación visual. No nos queda entonces más que referir el comentario que hace el gran Dostoievski respecto al Quijote: “es el libro más triste que se ha escrito, pues es la historia de una ilusión perdida”.

Anuncios
31
May
08

Teatro del 68

  

*Raúl Díaz 

El arte, lo hemos sostenido siempre pero no es malo recordarlo en este importante cónclave, no es un ente suspendido en el espacio, creado por las divinidades y alejado y ajeno a los comunes mortales. Más por el contrario, el arte es un producto social y, como tal, resultado de un momento histórico preciso y de una formación económica-social concreta. 

Esto es particularmente evidente en el Teatro, arte verbal y visual por excelencia, en donde toda problemática humana se plasma y se hace visible, se concretiza, cobra cuerpo y, como espejo, hace verse al hombre allí, sobre un escenario, como una prolongación de sí mismo y de su entorno. Desde los antiguos griegos hasta nuestros días el Teatro no ha dejado de ser –no puede-, sino expresión de la condición humana y las condiciones en la que esta se desenvuelve. 

Acorde a lo anterior, nada tiene de raro sino al contrario, que a partir de los sucesos del año 68 del siglo pasado, año telúrico que sacudió al mundo todo, haya surgido, producto social, un vasto  movimiento teatral en México y otras latitudes que plasmara –o pretendiera hacerlo-, parcelas de la realidad vivida. 

Es así como una pléyade de teatreros: Dramaturgos, actores, directores, escenógrafos y, en fin, de todos aquellos que de una u otra forma tienen que ver con el quehacer teatral, se avocaron a transformar en arte, Arte Teatral, lo acontecido tanto en nuestro país como en otros (vale tan solo recordar el Mayo Francés), acontecimientos que si bien por un lado mostraron toda la ruindad de la condición humana, por otro esplendieron toda su grandeza y mostraron, en plena segunda mitad del siglo XX, la maravillosa posibilidad de epopeya del hombre. 

Por eso, por el fruto que hoy se conoce y puede degustarse aunque hay que advertir que todavía no ha acabado, es que puede hablarse con toda propiedad y rigor teórico de la existencia de un TEATRO DEL 68. 

En nuestro país –no tengo el tiempo para referirme a otros pero en algún momento habrá que hacerlo-, es rica y variada la producción dramatúrgica originada a raíz de lo sucedido ese año y la sola enumeración de las obras referentes llenarían el espacio disponible, a lo cual debe agregarse que es muy posible la existencia de obras que, por las razones que sean, no nos son conocidas y, por supuesto, menos aún han llegado a un escenario. Vale aquí reiterar que el capítulo no esta concluido del todo y que, es muy posible que en ocasión de cumplirse este año los cuarenta del 68, nuevas e importantes creaciones salgan a luz. 

En este sentido, verdaderamente importante es la antología TEATRO DEL 68 que con gran trabajo, dedicación y, algo que no se ha dicho pero que está allí como centro y motor, con AMOR, con profundo amor, realizara Felipe Galván y que es hasta el momento la más completa que al respecto se conozca.

Desde luego, y tal como apuntaba arriba, el movimiento abarcó a hacedores de todas las áreas teatrales y se plasmó en innumerables puestas en escena en las que hubo –y sigue habiendo- de todo, desde algunas memorables hasta algunas que francamente nunca debieron haber subido a escena. Sin embargo, es importante recalcarlo, aún estas últimas tienen el mérito de pretender preservar la memoria histórica, el de hacer llegar a las nuevas generaciones la verdad –o al menos parte de ella-, de aquel año que como, oxímoron, fue nefasto y epopéyico.  

Ejemplo de las caudas, más allá de la literatura dramática, que originó el 68 fue la creación, en 1973, del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), que aglutinó a teatreros del más diverso tipo y que, a su vez, dio lugar a expresiones teatrales en varios estados del interior de la república (en algunos a pequeños movimientos que no llegaron a plasmar pero que en otros fueron más fructíferos y, en este sentido, quizás no sea aventurado decir que Oscar Liera y su formidable aporte fueron una prolongación del movimiento central) llegando incluso a los Estados Unidos.  

El buen hacer, la experimentación, la trasmisión de conocimientos y experiencias, los intentos de sistematización y, en fin, la necesidad que sentían los teatreros de aquellos años de expresar lo que pensaban y sentían del 68 y sus secuelas, al tiempo de querer convertirse en un mejor vehículo de transformación social, los llevaron a realizar varios intentos de organización y ordenamiento de experiencias y tareas para lo cual, a tan solo seis años de la Noche de Tlatelolco es decir, en 1974, se efectuó el primero de nueve encuentros nacionales de teatro que, hasta el último en 1985, tuvieron asiento en lugares tan dispares de la geografía nacional como Yucatán y Sinaloa, Michoacán y Chihuahua y, por supuesto, el D.F., lo cual no hace sino evidenciar el grado de concientización de los hacedores de teatro que veían en su arte no solo una espléndida herramienta de denuncia sino también un arma formidable para contribuir al cambio del estado de cosas existente. 

La gama de dramaturgos que se ha aplicado a bordar sobre el 68 es amplísima e incluye nombres tan importantes como el queridísimo Emilio Carballido, a quien estuve a punto de llamar venerable pero me contuvo el temor, casi certeza, de que, si lo hacía, saldría de su tumba y me mentaría la madre y, como decía mi propia madre, ¿qué necesidad hay de eso?  

Si menciono explícitamente al querido maestro es únicamente para resaltar  que en el Teatro del 68 no participaron (como alguien pretendió decir en algún malhadado momento), solamente jóvenes que, sin mayor conocimiento ni rigor, vieron en el teatro una posibilidad de desfogue, ni escritores sin mayores lauros anteriores que “aprovecharon la ocasión” para colocarse bajo la luz de las candilejas. Sin embargo, si es cierto que ese año trepidante propició el surgimiento de nuevas plumas ahora consagradas, tal el caso de Adam Guevara que, en 1988, para conmemorar los veinte años del octubre trágico, escribió su primera obra, “Me enseñaste a querer”. 

Siguiendo siempre la antología de Galván, cito tan solo otros tres nombres de creadores literarios que gozan de todo el reconocimiento: El gran lusser, como el mismo se llamaba aunque en realidad era un gran vencedor, Jesús González Dávila; el excelente guionista cinematográfico Xavier Robles y su “Rojo amanecer” que todo mundo conoce en su versión de cine y, Pilar Campesino, cuya “Octubre terminó hace mucho tiempo” es una de las obras más escenificadas sobre el tema. 

Así, el Teatro del 68 es una realidad viva, una respuesta palpitante –quizás pudiera decirse militante, por lo menos en algunos casos-, a uno de los crímenes más repugnantes que registra la historia moderna de México pero también, y eso es muy importante para nosotros, un hecho estético, una expresión de Arte y, claro, como anotaba al principio, una demostración irrefutable de que el arte, específicamente EL TEATRO, es un producto, una manifestación social. 

Muchas Gracias.

 (*) Texto del autor leído en la Mesa Redonda sobre el tema efectuada el sábado 24 de mayo en el Teatro

24
May
08

Trasnochados independentistas, duro golpe a la banda terrorista ETA

 En Burdeos (Francia), ha sido detenido Francisco Javier López Peña, uno de los principales dirigentes de la banda armada ETA, duro golpe al terrorismo independentista vasco, sin razón de ser en el siglo XXI, en una Europa unida que pretende estar cohesionada.

 

 

Fernando Rodriguez

Madrid, España

 

 

 

En Europa vivimos una época de trascendencia histórica: la unión europea. Países que siempre han tenido problemas entre ellos decidieron hacer tabla rasa con el oscuro pasado y unirse en el proyecto ilusionante, no exento de dificultades, de construir la gran Europa moderna y del futuro. ¡Ojalá no tenga marcha atrás!.

 

Hasta ahora la variedad étnica, fronteras, ambiciones expansionistas y económicas, eran circunstancias aparentemente suficientemente graves, para crear problemas, y poner impedimentos al sueño de muchos millones de europeístas, que creemos en el aforismo de “ la unión hace la fuerza”. Unión solidaria, basada en lazos fuertes, culturales, económicos, sociales, solidarios y de grandes empresas comunes, que ayuden a dar un paso hacia adelante a la civilización y la cultura.

Los españoles nos destacamos por las intemperancias históricas. Las personas de bien ven en la unión europea una forma de limar diferencias, de tener proyectos comunes, de lograr que los pueblos se hermanen. Desde la prehistoria se han mantenido duras guerras fraticidas y territoriales. En el momento crucial para la historia mundial, como al parecer no podía ser de otra forma, para diferenciarnos de los demás, los “trasnochados” deciden destapar la caja de los truenos. Quienes se sienten diferentes y racistas acomplejados, recomienzan independentismos fuera de época, de lugar y de sincronía, dentro de la Europa sin fronteras.

Entre los que han apostado por el cambio positivo se encuentran los irlandeses del norte y del sur, hasta ahora con litigios armados durante siglos, causantes de mucho dolor entre sus gentes. Enemigos irreconciliables, ante la realidad europea deciden dejar las armas, se unen para gobernar en paz en la hermosa Erin.

Quienes hemos viajado a través de Europa desde hace muchos años y lo hacemos ahora, no deja de sorprendernos pasar de un país a otro sin aduanas, ni fronteras, es como un gran milagro social, un hito en la larga historia europea, a mi modo de ver maravilloso y gratificante.

De pronto se acaban las reticencias entre vecinos, siempre las hubo, como es tradición a través de la historia, parece un sueño, un verdadero milagro asistir a esa caída de fronteras, del muro de Berlín, del comunismo que separaba a Europa en dos bloques, a su vez disgregados en naciones que se miraban con desconfianza.

En estos días se celebra en Madrid el alzamiento nacional del “dos de mayo”, acaecido en el siglo XIX, contra los ejércitos invasores franceses. ¿Quien les podía decir a aquellos heroicos españoles, que todo su esfuerzo y vidas perdidas eran inútiles y que Europa se uniría sin fronteras?. De eso hace solamente dos siglo.

Un mundo nuevo y prometedor, lleno de esperanza en un futuro más solidario y hermoso, donde los países que más tienen ayudan a los que menos poseen, para que mejoren sus economías, infraestructuras, industria y así igualar a los desiguales.

Cuando todo parece de color de rosa y “pan de Madagascar”, surgen los “diferentes”, quienes en definitiva desean poner sobre el tapete discrepancias,  viejos rencores, fronteras antisociales, en el fondo egoísmo. Así aparecen los partidos nacionalistas vascos y catalanes, por que tienen lenguas diferentes, los gallegos dicen que si de lenguas diferentes se trata, también quieren ser desiguales e independientes. Se desarma lo que reyes Católicos y Franco lucharon por armar, dando sentido coherente y patrio a todo el conjunto étnico-geográfico de España.

Los portugueses, como la mayoría de los vecinos entre sí, eran reticentes con los españoles y viceversa, hoy se habla abiertamente de unirse con España para crear la nación  única de la Península Ibérica, más del 30% de los lusos encuestados lo ven bien. He conocido épocas en que hablar de la unión entre lusos e hispanos era “mencionar la soga en casa del ahorcado”.

Ya no hace falta hacer “estraperlo” entre ambos países, se pasa libremente, sin fronteras. El estraperlo se practicaba en la época dura de aislamiento, del boicot internacional al régimen de Franco entre los años 40 y 50, a causa del cual el pueblo español vivió en paz forzada y sufrió retraso social, económico e histórico. Tras la terrible Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, al no haber suficientes alimentos para todos, era necesario racionar los comestibles, la gente tenía cartillas de racionamiento, cada familia podía comprarlos según el número de miembros. Portugal era el país vecino privilegiado, que tenía alimentos de sobra, y un lujo traído de las colonias:¡Café!. La época del estraperlo duró más de una década. Contrabandistas especializados, viajaban al país vecino y traían aceite, café, arroz, judías, garbanzos, latas de conserva… riquezas difíciles de lograr, en una España cuyos campos fueron abandonados desde 1.936 a 1939 y la muerte masiva de millares de hombres, caídos en ambos bandos. En vez de trigo y otros sembradíos, había bombas diseminadas entre los surcos y eriales, causantes de numerosas víctimas, incluso ya acabada la Guerra Civil.

Algunos tomaron barcos y arrumbaron a otros países, en exilio forzoso o voluntario se repartieron principalmente por el Nuevo Mundo, donde fueron acogidos como hermanos. Especialmente en Méjico, millares de españoles se afincaron y trajeron consigo la cultura de cátedras abandonadas, en la España que dejó marchar a eminencias con cerebros privilegiados, simplemente por ser republicanos, libre pensadores, socialistas o comunistas. Al otro lado del “charco”, se les dio la oportunidad de seguir enseñando, crearon escuela, y surgieron grandes personajes de la cultura hispano-mejicana, unidos por profesores comunes.

Tanto dolor, separaciones de familias, de las tierras propias, no son vínculos suficientes para estos bárbaro anacrónicos independentistas de ETA,  quienes quieren separarse de una gran nación unida en la historia, en el mapa común y a la vieja Europa, desean volver a los reinos de taifas de los invasores régulos moriscos, en este caso se trata de ciertos vascos, catalanes, gallegos y canarios deseosos de ser paraíso fiscal y tener otros fueros y prebendas diferentes al resto de la Península.

Si analizamos la historia de estos pueblos resulta incluso cómico, en que se basan para sus reivindicaciones nacionalistas, sus argumentos son: hablamos diferente, tenemos una cultura distinta y somos incomparables. Tras esta aparente soberbia se ocultan complejos de inferioridad, les hubiera gustado ser la Castilla arrolladora y aglutinadora de pueblos y territorios. No hay por que renegar de las peculiaridades de cada territorio, eso enriquece al conjunto, en vez de verlo como su aporte social a la comunidad heterogénea, lo ven como exclusivo, con un trasfondo racista, egoísta y chauvinista.

En el análisis no pasan “la prueba del algodón”. El vascuence, pretende ser una lengua autóctona, parece tener su origen en pueblos invasores de  España, su RH negativo es una prueba de la concomitancia que hay con los pueblos turcos, con quienes tienen unas 30.000 palabras en común o de similar raíz y fonética parecida, según me explicó el lingüista presidente de la Asociación Hispano-Turca. Eso no se lo enseñan a los niños en las “ikastolas”, nefastas escuelas vascas permitidas incomprensiblemente, donde a los niños se les lava el cerebro, con falso y desmedido amor patrio vasco, fomentan el odio hacia lo que no es de su tierra, acentúan las diferencias, haciéndoles ver que son distintos, no son españoles, sino vascos, por ello deben luchar hasta la muerte, para mantener los orígenes y convertirse en lo que jamás fueron, una nación. En sus asignaturas existe la alteración intencionada de la verdadera historia.

Esto no es nuevo en las Américas, en frecuentes ocasiones he visto como se altera la realidad objetiva de los hechos históricos, en ciertas escuelas se dan versiones interesadas o sesgadas, en la relación de los españoles con los indígenas americanos, de sus culturas y de los gobiernos españoles, que no siempre fueron “tan terribles” como se pretende, ni sólo negativos, se ensalza a Simón Bolívar, “El Libertador”, de quien hay mucho para hablar y no precisamente las bondades que de él se cuentan en los libros de texto. “En este mundo traidor, nada es verdad, ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.     

Los vascos de ETA, son el extremo de la incomprensión, de la barbarie y la incultura, el terrorismo nunca es justificable, en este caso menos. En la actualidad España es un país demócrata, donde todo se puede discutir en las Cortes, no con viles asesinatos, a traición, con tiros en la nuca a quien no piensa como ellos, con bombas en aeropuertos, grandes comercios o cuarteles de la Guardia Civil, cercenando la vida de seres inocentes para sembrar terror y odio.

En Vasconia se vive con miedo. Impera la desconfianza, la inquietud, la gente no se atreve a decir lo que piensa, entre amigos se miran con recelo, incluso dentro de las familias que están en contra de la separación del pretendido País Vasco o Euskalerría, como les gusta denominarse. Sin saberlo, los hijos pueden estar en la llamada “kaleborroca”, jóvenes insurgentes pertenecientes o simpatizantes de ETA, manipulados por ellos. Ni en el seno de la familia se puede hablar con sinceridad de política, hasta ese punto llega el terror a ser denunciados por sus propios familiares, por pensar diferente a los terroristas. Están viviendo en el peor nazismo o durante la Guerra Civil Española, cuando se denunciaban entre familiares y vecinos, por no ser de la misma ideología o por viejas rencillas, denuncias que la mayoría de las veces les llevaba a la cárcel y a la muerte, ahora puede suceder algo parecido.

Curiosamente quienes llegan de otras regiones son los más ultras, para demostrar lo de la región que son se hacen los más furibundos, es el caso del recién capturado Francisco Javier López Peña, puede apreciarse que sus apellidos poco tienen de vascos, no es Urrutia, ni Etxeveste, Pagazartundua o siquiera Aguirre, otros si lo son. Este miserable sanguinario ha llegado a ser el número uno de ETA, hasta ahora ha dispuesto de vidas y bienes, como si fuera un dios ensoberbecido.

Sin llegar a esos extremos, algo parecido sucede con los nacionalistas catalanes, para que en tono despectivo no les llamen “charnegos” a los migrantes, se hacen ultras, mas ultras que el más catalanista de los catalanistas.

Los asesinatos son la demostración de la sinrazón. Al final los asesinos van siendo puestos a buen recaudo, hasta que se deshaga la trama mortal. Parece que la humanidad no quiere aprender de sus propios errores.   

 

24
May
08

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno

J. D. Salinger

Alianza Editorial©

 

Capítulo 5

 

  

Los sábados por la noche siempre cenábamos lo mismo en Pencey. Se suponía que era una gran cosa porque nos daban un filete. Apostaría mil pavos a que lo   hacían porque los domingos venían al colegio un montón de padres, y probablemente Thrurner se imaginaba que todas las madres preguntarían a sus niñitos qué habían cenado la noche anterior y que ellos dirían –Un filete-. Menudo timo. Deberían haber visto los filetes. Unas cosas secas y duras que casi ni se podían cortar. La noche que había filete, siempre te daban un puré de patata lleno de grumos y, de postre, un bizcocho que nadie comía, excepto quizá los críos de la elemental, que qué sabía, y tíos como Ackley, que comían lo que fuera.

Pero cuando salimos del comedor fue muy bonito. Había como seis centímetros de nivel en el suelo y seguía nevando como un loc. Estaba todo precioso y empezamos a tirar bolas y a hacer el indio por todas partes. Fue una chiquillada pero nos divertimos mucho todos, de verdad.

No había quedado con ninguna chica ni nada, así que yo y un amigo mío, Mal Brossard, que estaba en el equipo de lucha libre, decidimos irnos en autobús a Agerstown a tomar una hamburguesa y quizá ver una asquerosa película. Ninguno de los dos tenía ganas e pasarse la noche entera sin mover el culo de sitio. Le pregunté a Mal si le importaba que viniera Ackley con nosotros. Se lo pregunté porque Ackley, los sábados por la noche, nunca hacía nada más que quedarse en su habitación y reventarse los granos o algo así. Mal dijo que no le importaba, pero que no le volvía loco la idea. No le caía muy bien Ackley. Bueno, pues nos fuimos los dos a nuestras habitaciones a arreglarnos y todo eso, y mientras me ponía los chanclos y todo ese rollo le grité a Ackley si quería ir al cine. Podía oírme perfectamente a través de las cortinas de la ducha, pero no contestó enseguida. Era de esa clase de tíos que odian contestarte enseguida. Al final vino a través de las malditas cortinas y se quedó de pie en el borde de la ducha y me preguntó quién iba conmigo. Siempre tenía que saber quién iba. Juro que si ese tío naufragara en un sitio y fueran a rescatarle en una puñetera barca, antes de subir siquiera querría saber quién era el tío que iba remando. Le dije que iba Mal Brossard. Dijo:

Ese desgraciado… bueno. Espera un segundo-. Cualquiera diría que te estaba haciendo un gran favor.

Tardo como cinco horas en arreglarse, mientras tanto me fui a la ventana, le abrí e hice una bola de nieve directamente con las manos. La nieve estaba perfecta para hacer bolas. Pero no la tiré ni nada. Fui a tirarla. A un coche que estaba aparcado al otro lado de la calle. Peor cambié de idea porque el coche estaba muy bonito y muy blanco. Luego fui a tirarla a una boca de riego, pero también estaba demasiado bonita y demasiado blanca. Al final no se la tiré a nada. Todo lo que hice fue cerrar la ventana y pasar por la habitación con la bola, aprentándola. Todavía la llevaba cuando, un poco después, yo, Brossard y Ackley subimos al autobús. El Conductor abrió la puerta y me obligó a tirarla. Le dije que no iba a tirársela a nadie pero no me creyó. La gente nunca te cree.

Brossard y Ackley ya habían visto la película que ponían, así que todo lo que hicimos fue comer un par de hamburguesas, jugar un rato a la máquina del millón y luego volver a Pencey en autobús. No me importó no ver la película. Se suponía que era una comedia, con Cary Grand y toda esa basura. Además, ya había ido al cien con Brossasrd y con Ackley. Los dos se rían como hienas de cosas que no tenían ninguna gracia. Ni siquiera me gustaba estar sentado a su lado en el cine.

Sólo eran las nueve menos cuatro cuando volvimos al dormitorio, Brossard era una adicto al bridge y empezó a buscar por todo el dormitorio a alguien con quien jugar una partida. Ackley, para variar, aparcó en mi habitación. Sólo que en vez de  sentarse en el brazo del sillón de Stradlater se tumbó en mi cama con la cara y todo en mi almohada. Empezó a hablar con una voz muy monótona y a toquetearse todos sus granos. Le lancé mil indirectas, pero no pude librarme de él. No hacía más que hablar con un voz muy monótona de una chica con la que se suponía que había tenido relaciones sexuales el verano anterior. Me lo había contado ya como cien veces. Y cada vez que lo contaba era diferente. Una vez te decía que se la había tirado en el Buick de su primo, y al rato que se la había tirado debajo de un entablado de la playa. Naturalmente, era puro cuento. Era el tío más virgen que he visto en mi vida. Dudo que ni siquiera hubiera metido mano a nadie. Bueno, pues al final tuve que decirle por las buenas que tenía que escribir una redacción para Stradlater y que tenía que largarse para que pudiera concentrarme. Al final se largó, pero después de tomarse su tiempo, como de costumbre. Cuando se fue, me puse el pijama, el albornoz y la gorra de caza, y empecé a escribir la redacción.

Lo malo es que no podía pensar en ninguna habitación, ni en ninguna casa, ni en nada que pudiera describir como había dicho Stradlater. De todos modos no me vuelve loco describir habitaciones ni casas. Así que lo que hice fue escribir acerca del guante de béisbol de mi hermano Allie. Era un tema muy descriptivo. De verdad. Mi hermano Allie tenía un guante de fielder de la mano izquierda. Era zurdo. Pero lo descriptivo era que tenía poemas escritos en los dedos y en la bolsa de la palma de la mano por todas partes. En tinta verde. Los escribió para tener algo que leer cuando estaba en el campo y no bateaba nadie. Ahora está muerto. Tenía leucemia y murió cuando estábamos en Maine, el 18 de julio de 1946. Les habría gustado.

Tenía dos años menos que yo, pero era como cincuenta veces más inteligente. Era inteligentísimo. Sus profesores escribían continuamente a mi madre para decirle que era un placer tener en su clase a un niño como Allie. Y no lo decían por decir. Lo decían de verdad. Pero no era sólo el más inteligente de la familia. Era también el mejor en muchos otros aspectos. Nunca se enfadaba con nadie. Se supone que los pelirrojos se enfadan con mucha facilidad, pero Allie nunca se enfadaba y eso que tenía el pelo muy rojo, Les diré lo rojo que tenía el pelo. Empecé a jugar al golf cuando tenía sólo diez años. Recuerdo una vez, el verano en que tenía como doce años. Estaba jugando y todo eso, y tuve el presentimiento de que si me volvía de repente vería a Allie. Así que me volví y, justo, estaba montado en su bici al otro lado de la cerca –había una cerca que rodeaba todo el campo de golf-, y pude verle allí sentado como a ciento cincuenta metros de distancia mirando cómo jugaba. Así de rojo tenía el pelo. Dios, qué buen chico era. A veces, en la mesa, pensaba en algo y se reía tanto que casi se caía de la silla. Yo tenía sólo trece años y hasta pensaron llevarme a que me psicoanalizaran y todo, porque rompí todas las ventanas del garaje. No les culpo. De verdad. La noche en que murió dormí en el garaje y rompí todas las malditas ventanas con el puño sólo porque sí. Hasta quise romper todas las ventanillas del coche que teníamos aquél verano, pero entonces me había roto la mano y todo y no pude hacerlo. Fue una estupidez, lo reconozco, pero es que ni siquiera me daba cuenta de lo que hacía, y es que ustedes no conocían a Allie. Todavía me duele la mano algunas veces, cuando llueve y eso, y no puedo cerrar el puño –muy fuerte, quiero decir-, pero aparte de eso no me importa mucho. Quiero decir que no pienso ser un maldito cirujano, ni violinista, ni nada de eso.  

Bueno, pues sobre eso fue sobre lo que escribí la redacción de Stradlater. Sobre el guante de béisbol de Allie. Daba la casualidad de que lo tenía en la maleta, así es que lo saqué y copié todos los poemas que estaban escritos en él. Todo lo que tuve que hacer fue cambiar el nombre de Allie para que nadie supiera que era mi hermano y no el de Stradlater. No me volvió loco hacerlo, pero no se me ocurrió otra cosa que fuera descriptiva. Además, creo que me gustó escribir sobre eso. Tardé como una hora, porque tuve que usar la asquerosa máquina de escribir de Stradlater, que se atascaba todo el rato. No usé la mía porque se la había prestado a un tío que tenía su habitación más adelante en el mismo pasillo.

         Eran como las diez y media, creo, cuando la acabé, Pero no estaba cansado, así es que me puse a mirar por la ventana un rato. Había dejado de nevar, pero de vez en cuando se oía a algún coche que no arrancaba. También se oía roncar a Ackley. Se le oía a través de las puñeteras cortinas de la ducha. Tenía sinusitis y no podía respirar bien cuando dormía. El tío tenía de todo. Sinusitis, granos, unos dientes repugnantes, halitosis y unas uñas asquerosas. Era imposible no sentir un poco de lástima por ese pobre hijo de puta.

 

 

*Cortesía Alianza Editorial©

 

 

Convoca Alianza Editorial, El Fondo de Cultura Económica y el Instituto Mexicano de la Juventud a la jornada de lectura “leer es poder” que tiene por objetivo acercar a los jóvenes a la lectura a través del libro El guardián entre el centeno, escrito por J. D. Salinger.

 

Esta novela tendrá una reflexión con el ensayista Antonio Saborit el viernes 30 de mayo en la librería del Fondo Rosario Castellanos del Centro Cultural Bella Época, ubicado en Tamaulipas 202, Col. Condesa.

 

***El guardián entre el centeno es una novela que se calcula ha sido leída por 65 millones de jóvenes.

 

24
May
08

La Flor y el Barro

 

  Teresa Solbes de Menéndez

 

La otra tarde asistí a una despedida de soltera que me llamo mucho la atención.  Después de que el ánimo se acomodara al ambiente, pude observar que las personas allí asistentes éramos muy diferentes entre si, al menos en apariencia, no en cuanta a genero porque ése era exclusivo del universo femenino, -el único detalle que nos uniformaba-, natural si pensamos lo que allí se celebraba, sin embargo, las edades se cruzaban, también la forma de vestir; estaba presente desde lo más avanzado de la moda hasta lo tradicional riguroso. Era como una torre de Babel donde parecía que nadie se iba a entender con nadie. En cuanto pude penetrar por completo la penumbra de la sala y distinguir la dislocada disparidad de personajes pensé: Esto puede resultar interesante.  

 

   Al poco tiempo de que me pusieran una copa en la mano, me encontré charlando con una mujer que medio chapurreaba el español, lo que le daba un toque marcial ¿será una espía?. No, descarte la idea enseguida, hoy los espías se cuelan por otros agujeros. Lo cierto es que después de tratar inútilmente de saber quienes éramos y que decíamos, terminamos chocando nuestras copas y riéndonos de la absurda situación, pero mujeres al fin, estuvimos hablando hasta por los codos, ella con sus chapurreos y yo con los míos; no entendíamos muy bien lo que nos decíamos pero se notaba que había empatia. En esas andábamos cuándo de repente, una voz nos pide silencio y anuncia a un poeta amigo de la familia, no recuerdo su nombre, pero si su procedencia: Chileno, de Santiago de Chile. Las voces callaron y el poeta cantó. Sus versos eran de irritante pesimismo; negaban la amistad, el amor, la bondad de cualquier sentimiento. Daban ganas de correr y salir de allí antes de que se organizara un suicidio masivo en honor a la desconfianza. Frenando el primer impulso sentí que los versos, a pesar de todo, también eran temblorosos lamentos de ausencia y añoranza de algún cuerpo, de las tonalidades y temperaturas de su piel, de la profundidad de su mirada. Al abrirse el coloquio con que el acto concluiría, mi reciente amiga, la rusa, se dejó escuchar con su  marcial español: ¿Por qué la clase de amor que inspiraba al poeta se refería a lo material y jamás al espíritu que sin duda animaba aquella carne? El poeta respondió que, para él, el cuerpo y el alma eran la misma cosa. Esto empieza ponerse divertido, me dije, al ver el montón de manos que pedían hablar, pero como las manos no son la boca, no hablaron.

 

  Después de unos minutos de confusión, el murmullo de las voces fue en aumento. -Se nota que el ánimo va caldeándose. -Pensé.  Cierto, éste iba apoderándose de las almas y cuando el fuego estuvo a punto de mostrarnos su bao, la misma voz de hacía un rato pidió de nuevo silencio. Un maestro de Zen nos explicaría el nombre de la postura de loto: se trata de una preciosa flor que flota en la superficie de las aguas gracias a que hunde sus raíces en el cieno del fondo; el cieno, -continuo el maestro- es nuestro cuerpo, digno de ser querido porque aísla nuestro espíritu, y no habría sin él ni ideas bondadosas ni comportamientos solidarios.

 

   Amiga como soy de cavilar cuando amerita, el dilema se me revelo como materia urgente. No se trataba de la flor y su aroma sino de la flor y el barro que la aguanta…

 

   La despedida de soltera más extraña a la que he sido invitada terminó después de entrar en grandes debates filosóficos sobre el alma, el cuerpo y, las renuncias del corazón que tanto dolor causaban a ambos. Me fui a casa pero mi mente revolvía en los recuerdos. Alguna vez me habían enseñado que el cuerpo era la jaula que el hombre vive cargando. Y me lo habían dicho tan claro que jamás lo olvidaría. Quizá por lo mismo, mi sorpresa. Hasta esa tarde no se me despertó la ociosidad de pensar en la carne separada del alma -¡Qué tontería! apaga la luz y duérmete.

 

   No me dormí, con sigilo atravesé la salita que separa mis libros de mi cama y palpe a tientas, encendí la pequeña lámpara y vi que tenía en mi mano La Biblia. Repase, leí pasajes, salmos, parábolas, y descubrí que durante muchos años viví engañada. El propio testamento de Cristo lo explica. Cristo entiende la carne como un todo con su ánima. Cuando los salmos dicen “mi carne”, dicen “yo”. No es algo que “yo tengo” y es distinto a mi. “El Verbo se hizo carne”, comer el cuerpo de Cristo, para los cristianos, significa integrarse en Él entero, usar la carne como aproximación y vía de conocimiento porque la emoción también razona y el pensamiento siente. Todo es uno y lo mismo: una alteración somática, cualquier pequeño catarro, influye en la razón y en los mas elevados sentimientos. Al principio es el cuerpo. Con él pisamos la puerta de este mundo. No es ni un esclavo ni un enemigo íntimo y rebelde. Es la vía a través de la que aparece el sujeto hombre independiente.  Su individualidad. El cuerpo y el alma no son siquiera dos aspectos ni dos manos ni dos poderes fundidos, son las dos caras de una misma moneda. Son el corazón único. Sin los órganos del cuerpo, el alma no siente ni padece. El ojo se deleita en la hermosura de una flor; aspira su aroma la nariz; los dedos acarician sus pétalos y nos parece hermosa aunque el lodo esté ahí. Y todo eso somos, no dos fronteras donde se pelean el cuerpo y el alma.

 

    Bien, ya llegué a la conclusión, podré dormir en paz pero ¿quién  gobierna ese conjunto maravilloso que todo percibe y disfruta con ello?. La OPEC, La Globalización Excluyente   y sus secuaces. Por eso estamos como estamos: Alma y cuerpo hundidos en el barro de donde a veces, ni el corazón puede salvarnos.

 

 

 

17
May
08

El timón dorado

Arturo Gudiño

 

A partir de ahora se abren las puertas del vacío hacia una realidad intransitable. Vemos a un marinero contemplando un cielo desprovisto de signos, con los cuales pudiera orientar su timón con mano firme. Sólo después de varios años de intensa búsqueda las cosas se acomodan apareciendo ante sus ojos un faro derruido, aunque más bien es una vieja lámpara de keroseno que alumbra la sonrisa de un fantasma quien no se avergüenza de sí mismo.

Las coincidencias aparecen de repente como una cascada que impide ver la luz del otro lado de una tormenta, misma que se convierte en un fenómeno meteorológico desprovisto de catástrofes. Sin embargo aquí adentro, en este tornado simbólico, un viejo duende se empeña en resucitar los artificios de su memoria, como si no existiera distancia alguna entre sus sentimientos y sus consecuencias. Vuelve así a ponerse en evidencia el punto neutral a partir del cual se derivaron todos los delirios que hicieron de cada mañana una fiesta, y de cada noche un funeral. Otro punto más aparece en el ocaso, y uno más al amanecer. Desde allí se definen las fronteras que todavía no han sido rebasadas y los placeres que no han sido consumados, porque todavía quedan sudores que experimentar e intentos de liberación por diseñar.

De esta manera queda demostrado que se sigue huyendo de la fatal manía de poner nombre a las cosas. La multitud nos persigue para preguntar los nombres de cada uno de los instantes contenidos en un drama onírico, escrito desde lugares insospechados y en el momento menos pensado. No sabe la gente que los naipes suelen caer sobre la mesa revelando el destino de las personas… todas, menos una. Es así que cada espacio vacío debe ser visitado por esqueletos en potencia, quienes son definidos mediante trucos de nuestra propia mente.

Y mientras las cosas empiezan a caer por su propio peso, y el tiempo comienza a fluir en la dirección correcta, el único alivio que nos queda es pasar la noche moliendo café, como si esta actividad fuera garantía de poder empatar los acertijos con sus soluciones. 

Una nueva época ve la luz, corrigiendo así la encrucijada que la vio nacer. La diosa de la noche se ha engullido todas las fallas perpetradas durante el día, provocándose a sí misma una indigestión que le llevará siglos poder aliviar. Bajo su manto nocturno se escucha el lamento del marinero que guía el timón dorado de su embarcación con velas verdes y negras, y quien está cansado de buscar sirenas en las aguas más profundas, cuando quizá la musa que le hace falta se halle esperándolo en uno de tantos puertos por los que ha paseado su galeón.

De pronto los mares surcados traen como recuerdo el nombre de esa pieza inconclusa que hace falta en su cerebro. Es posible que sus ojos vuelvan a mirar hacia adentro para perderse en nuevos laberintos de la memoria, y entonces, mediante las imágenes internas de una de tantas ciudades del mundo, su mente creará un espectáculo que lo acabe de despertar del letargo provocado por haber padecido incontables tormentas.

A pesar de ese espectáculo inminente, los minutos transcurren en medio de un silencio aterrador. Nada relevante sucede, y por lo tanto se siente la penosa urgencia de regresar a corregir las horas que se han escapado de nuestras manos. Es necesario recuperar la respiración y perdonar las fallas que nosotros mismos provocamos, para después sentir el amor a unos cuantos centímetros de nuestros brazos. Es necesario regular de vez en cuando los sobresaltos del corazón, para así poder cerrar los ojos y luego abrir nuestra mente al lenguaje que nace y muere al atardecer, quedando inscrito en el lapso incierto bordeado por la vigilia.

Los años pasan sin perdonar las viejas omisiones, pero al menos suele quedarnos el consuelo de que realmente nos propusimos clausurar todas las fugas de nuestra voluntad, a la espera de que un huracán de palabras sirviera como impulso para tomar el timón y así salir en busca de nuevas sirenas, nuevos espectros que mantuvieran la ilusión de que, al menos en momentos de alegre creatividad, se estaba cumpliendo la misión que suele inventarse cada día con el fin de disfrutar breves instantes de locura.

No obstante, nada de lo anterior puede subsistir a menos que este miasma de palabras sea visitado por un relámpago revitalizador, un destello cósmico que resucite a la gramática de su estado de latencia; un estruendo luminoso que haga saltar cada vocablo desde la garganta en que fue creado. De no ser así, habrá que conceder un espacio a dos sarcófagos milenarios con sus respectivos dioses adormilados: Isis tendría que ayudarnos a encontrar las partes dispersas de su amado… todas menos una. Y una vez concluido el rompecabezas, podríamos sostener una conversación interesante con Osiris, rogándole nos auxiliara a descifrar la interminable lista de incógnitas que se han ido acumulando a través de los siglos. Siendo él un conocedor del inframundo, podría entonces revelarnos los secretos de la energía que se oculta dentro de las horas solitarias, así como en los sueños y pesadillas, o en los versos que no han sido escritos a causa de la oscuridad que está repleta de interrogantes.

Es así que descubrimos que Osiris es un dios de la oscuridad: con él son más las dudas que las certezas, y son más los pasos en falso que los caminos libres de escollos. No hay cielos despejados ni días completamente felices. Osiris es un dios negro, y tratar de descifrarlo es caer en nuestras propias trampas. Aquí es cuando volteamos los ojos hacia las montañas, yendo en busca de un paraje solitario en donde poner a reposar nuestros huesos adoloridos.

Estando seguros de que no hay nadie alrededor, tocamos el suelo con nuestra frente, como para percibir las vibraciones provenientes de las entrañas de la tierra a la que intentamos arrancarle sus secretos. Pero como esta acción es totalmente infructuosa, llega el momento de sentarnos con las piernas cruzadas y los brazos extendidos. Es tiempo de liberar los terrores de la mente, e igualmente aliviar el dolor producido por malos sentimientos y por la pesadez acumulada durante tantos años de preocupación.

Con los poros abiertos para captar más el oxígeno de las montañas, procesamos la energía necesaria a fin de dar paso a nuestra propia desintegración. Nuestros músculos se derriten para ser absorbidos por el suelo, nuestra sangre va a dar a los arroyos de la montaña, nuestros órganos y vísceras se convierten en banquete para las aves viajeras, hasta que no quedan más que nuestro cerebro y nuestro corazón, con cuyas pulsaciones se definen los últimos instantes de conciencia. Del cerebro se desprende un pensamiento que va a dar al vacío mientras que del corazón se deja sentir un exiguo latido, como un modesto testimonio del amor que allí llegó a habitar.

Una vez desaparecido el ser integral, nuestros pensamientos y recuerdos vuelven a flotar con total libertad, persiguiendo quizá una mano que quisiera hacer tangibles los recuerdos, o un rayo de sol que evapore los pensamientos por completo; un soplo de viento que esparza tenues suspiros en todas direcciones, o un timón dorado que otorgue un rumbo nuevo a las pasiones que han sido convertidas en palabras.

17
May
08

Linda Jiménez

Atrapada en la ciudad/ Autor Linda Jiménez     Ana María Longi

 

 

Linda Jimenez exhibirá hasta el 8 de junio de 2008, en la espaciosa galería de la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala, UNAM, las 36 obras premiadas “más perfectas del planeta”, de acuerdo a la calificación otorgada en la Unión Americana, por los especialistas August Sargent y Alphonse Hopkins, quienes pudieron ser entrevistados durante el acto inaugural, por Unomásuno.

 

Los citados críticos de arte, explicaron que las 36 obras expuestas de la famosa artista, fueron observadas minuciosamente por ellos en el Centro Lincoln de Arte. “Nos impresionó que una dama de personalidad tan discreta y agradable, haya logrado imprimir tal ternura en retratos de corte clásico, en pleno siglo XXI. La dama pintora, suele desplegar toda su paleta cromática sobre la tela. Sus reinvenciones en matices de gamas y de contra gamas son únicas en aportaciones de temples, empastes y veladuras. Son muy novedosas, porque en ellas las luces son lenguajes fundamentales y no complementarios. La artista Linda Jiménez, simplemente sabe pintar perfectamente bien. Su obra sostiene una fuerza de trabajo única. Sus formatos de ojos constituyen ventanas impresionantes de observación, simplemente no oculta ningún detalle. Nada queda fuera de sitio. Todo en su obra se sostiene equilibradamente con respaldos de verdadero conocimiento pictórico. En fin, estamos muy contentos con el hallazgo, pues ya no habíamos vuelto a ver algo parecido. Sobre todo, porque no nos hemos encontrado con una artista que arranque autógrafos al pasar, sino con una pintora que está caminando dignamente, seria y sensiblemente por el intrincado mundo del arte plástico”, dijo Alphonse Hopkins.

 

“Mis personajes son llamaradas del cielo, hurgan mis sentidos los rostros”, define Linda al hablar de su obra. “Las comunicaciones gesticulares tras las capas y velos de la sociedad son extractos, frisas, actividades citadinas interminables. No importa en que rincón cómodo o calle, encuentro detrás de la piel, esos regios envases de facciones y esperanza. Nobleza rescatable. Las ventanas del alma, reflejan la fuerza y la vulnerabilidad, mismas que dignifico con los pinceles. Éstos son instrumentos de liberación, parlantes profetas, llamaradas del cielo, llamando a cada uno a la elección de una vida con amor, respeto, elevación y expansión. Honro así a contemporáneos que en silencio hablan al ser acariciados por la fuerza del pincel, instando a respirar con gratitud por la vida. Y a dejar huella de verdadera humanidad. Añadiendo, a la carne, al intelecto, el elemento espiritual que todo lo envuelve y presiente”.

 

¿A qué le adjudica usted la fuerza inaudita de su pintura?

 

“Antes que la gloria, conocí el infierno. Es decir, pululé del infierno a las dualidades más insondables de la fuerza espiritual más insospechada. Mi respuesta es muy simple. Sufrí un accidente y atravesé un túnel profundo, infinito y oscuro. No obstante -y yo lo ignoraba completamente-, existía, sólo para mí y a mi medida, una antorcha de esperanza. Una bengala, demasiado profunda dentro de mí misma. De esta manera, el fuego, se abrió. Extremó su camino entre los límites de mi estuche corporal y emergió en mí con tal fuerza que llegó a transformarse en plegaria incontenible hacia los confines de Dios. Luego entonces, mi fuego, simplemente ya no me pertenece, porque se ha fusionado a toda la gran matemática universal; y yo, quizá, o por si acaso, soy la más humilde de las contenedoras de ese gran regalo de la Divinidad. Y bueno, actualmente sólo puedo decir, que me he convertido en una fuente luminosa de amor. Yo no sé como ha podido suceder, pero cuando realizo un cuadro, veo lo más hermoso, sensible y tierno que un ser humano puede abrazar dentro de sí. Es decir, dentro de las cavernas más recónditas de su alma. Dentro de su mensajería interior. Dentro de su poderosa efimeridad.

 

Por otra parte, creo sinceramente, que la maldad es un invento demasiado superficial de la decadencia de las sociedades. De quienes se empeñan en negar la inseparable sabiduría del bien. Basta con tener un poco de fe, de tocar suavemente las maderas de las poderosas puertas de la verdad suprema, para no regresar jamás a la desesperación, ni mucho menos a la soledad. Y esos cuadros, a los que los señores Sargent y Hopkins llaman “premiados”, para mí, sólo son mis muy particulares llamaradas del cielo, dentro del regalo abierto de unas puertas glorificadas que siempre, me están entregando su frescura, consuelo multicolor y luminoso”.

 

 

¿Cuál será su próxima obra?

 

“La que me sea ordenada, porque yo sólo soy un instrumento. Son los cuadros, los colores, los pinceles, las espátulas, la luz y la bondad del mundo, la que me ordena este mandato pictórico, del cual, a manera de Biblia, no suelto nunca, ni poco, ni mucho, ni antes ni después, como explicaba Cortázar. Tampoco, dejo de recibir su honroso privilegio, su regalo; y todo eso pequeño, ínfimo o inalcanzable que encierra la altísima aristocracia del Gran Hacedor”.

 

Esto y más nacido de una pintora, no tocada aún por la avaricia de la fama o por las trampas de la vanidad, lo podemos descubrir en cuadros tan únicos como: Realidades, Columna de vida, La Inocencia, Cielo en la Tierra, Esperan-nza, Serenidad, Trato Hecho, Atrapa en la Ciudad, Niña con Caracol, Convale-cencia, El Milagro y muchísimos más, extraídos de las manos de esta gran artista.