Archivo para 28 junio 2008

28
Jun
08

La Siberia de El Milagro

 

 

Raúl Díaz

 

Que un grupo de profesionales se lance a la tarea de implementar un nuevo proyecto cultural es un hecho digno de todo encomio sin discusión posible; si ese grupo es de teatreros (o de “teatristas” o “trabajadores del teatro” como prefieren algunos a los que les da resquemor el idioma) y lo que pretenden hacer es crear un nuevo espacio que sea auténticamente suyo, en el que presentarán solo obras de calidad y, además, crear una compañía estable (hecho absolutamente inusitado en nuestro país) que se responsabilizará de los montajes, entonces para nosotros los teatreros aquello es una cosa que nos hace lanzar alaridos de felicidad y proporcionamos –y procuramos que otros proporcionen-, carretadas de aplausos para ese grupo de locos que, quien sabe porque razones, quizás precisamente porque están locos, continúan creyendo que la cultura y el teatro en específico son algo que vale la pena, aunque el grueso de nuestra sociedad y quienes la gobiernan se empeñen día a día en demostrarnos que no es cierto y que la cultura y el teatro no tienen ninguna utilidad práctica, no descubren tesoritos ni hacen millonarios así que, teatro y cultura, no es algo de lo que haya que ocuparse. 

 

Pues bien, eso, aventurarse en la creación de un nuevo espacio teatral es lo que están haciendo los compañeros agrupados en la organización “El Milagro” que hace ya 18 años se iniciara como editorial, terreno en el que han obtenido algunos logros, y que ahora se amplía a tener su propio espacio y compañía. A unos cuantos metros de la esquina de Milán y Lucerna, confluencia en la que por largos años existiera el Teatro Milán, lugar de exhibición en el DF del buen teatro que en esos tiempos realizaba la Universidad Veracruzana, se alza el nuevo Teatro El Milagro, concretamente en Milán 24 entre General Prim y Lucerna, colonia Juárez.

 

Por lo antedicho, por jugársela a favor del teatro, carretadas de aplausos para sus socios fundadores: David Olguín, director y dramaturgo, Gabriel Pascal, escenógrafo e iluminador y los actores y actrices Laura Almela, Mariana Giménez, Daniel Jiménez Cacho, Juan Carlos Vives y Rodrigo Espinosa y, si alguien se me escapa, disculpas.

 

Hasta aquí los aplausos, porras, vivas y demás; pasemos ahora a qué es lo que está aconteciendo en el Teatro El Milagro y su primera puesta en escena, Siberia, del propio David Olguín y que él mismo dirige.

 

Siberia es un nombre que en el imaginario popular se asocia a frío intenso, muy intenso, hielo, nieve y desolación. Para los que tienen edad para recordarlo, se asocia también a los tiempos de la guerra fría y la furibunda campaña propagandística antisoviética que situaba a Siberia como un gigantesco campo de exterminio en el que muy bien estarían las palabras que el Dante colocó a las puertas del infierno: “Pierda toda esperanza el que aquí penetre”. Sobre esta base, el subtítulo de Siberia reza: “Un viaje a las entrañas del crimen” es decir, un viaje a lo recóndito, a lo allá perdido, a lo que no conocemos pero se antoja sórdido, terrible, a lo que está tan lejos como Siberia y es así de inhóspito, el símil no da lugar a dudas.

 

Y claro, título y subtítulo son así un atractivo y uno espera algo realmente bueno porque a ellos se agregan nombres de importante trayectoria como los

ya mencionados de Olguín, Pascal, la Almela y Vives que son los que participan en esta primera muestra de El Milagro, como también lo hacen Mariana Giménez y Espinosa.

 

Pero hete aquí que como bien apuntaba mi querido amigo y maestro Rafael Solana, “una es la búsqueda y otra la encuentreda” y, es evidente, los milagrosos buscaron, y buscaron bastante, esto hay que reconocérselo pero, en esa búsqueda se metieron a recovecos que no exploraron bien, a laberintos en los que nunca hallaron la salida y, lógico, no encontraron.

 

Como no encontraron no pudieron exponer sus buenos hallazgos y, lo que exponen entonces, es una obra ilógica en la que se mezclan, mal, toda una serie de cuestiones que al final no logran decir nada y, menos aún, establecer un discurso y conclusión coherente. Puede el autor-director argumentar que precisamente esa es la idea, que esa es su intención ya que se trata penetrar en lo más recóndito de la mente y conducta humanas, mente y conducta criminal además y que, por supuesto, eso no es cosa que pueda mostrársenos como algo coherente y lógico sino precisamente lo contrario, y que eso es justamente lo que quiso exponer. Pues bien, si esto es así, lamento decirle que para nada quedó claro su mensaje.

 

Y es que, entre pretendidas influencias “dostoievskianas” (de Fedor Dostoievski), una clarísima aunque absolutamente gratuita alusión a la Siberia stalinista, que solo entienden quienes tienen referencia de esa época, y una fallida experimentación psicoanálitica en búsqueda de demonios interiores, el autor se pierde, no llega a ninguna parte y, lo peor, pierde también el sentido de dirección o, por lo menos, parte de este, lo que se refleja en la pésima dicción de sus actores con la única excepción –que por lo tanto hace más notable la falla de los demás-, de Laura Almela.

 

Bien la parte técnica; imaginativa y plenamente lograda en cuanto a lo que quiere exponer la escenografía de Pascal, misma que complementa con su iluminación, pero se queda uno con la impresión de que un trabajo como este debiera estar destinado a mejor fin. Igualmente cumpliendo su objetivo, el resto del trabajo técnico.

 

Así, un inicio de luz y sombra, luz radiante por lo que significa la existencia de un nuevo espacio teatral, manejado por profesionales, en nuestra ciudad que tanto necesita de estos recintos y, sombra por haber comenzado con una obra fallida así sea del director-fundador del espacio.

 

Siberia, en el nuevo Teatro El Milagro de Milán 24, col. Juárez, jueves y viernes a las 21:00.

 

*Informes: teatro@elmilagro.com.org.mx, 55920031 Jueves día del espactador, $50

 

 

 

 

 

 

 

 

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28
Jun
08

Ricardo III Los sueños del poder

Oswaldo Valdovinos Pérez

 

El poder absoluto es la madre de la corrupción, la insidia, la degradación, pero sobre todo de la estupidez y la estulticia humana, muy evidente y tan en boga actualmente en la clase política. Y si bien, dicen los que se supone que saben, las instituciones van más allá de los hombres, son éstos quienes al fin y al cabo les dan sentido; de ahí que sea absurdo afirmar que estén libres de tales males o logren sobrevivir incólumes ante dichas aberraciones.

 

Y si bien éste es el trasfondo de la puesta en escena de Ricardo III (Un sueño)—adaptación de Erando González a la obra Ricardo III de William Shakespeare— del cual sobran ejemplos en los tiempos actuales, sobre todo en un país con una “democracia naciente” como es el nuestro, hay otro aspecto que sobresale por su concepción íntima: el acto creativo del actor.

 

Protagonista de su propia versión, Erando González plantea en este “sueño” las tribulaciones de “un actor que piensa, imagina, ensaya y construye a un Ricardo que, a la vez,  piensa, imagina, ensaya, construye su propia tragedia”.   

 

A partir de estas dos premisas y de la idea, literalmente, del teatro dentro del teatro (lo cual logra perfectamente al estar el público en el escenario, donde prácticamente no hay nada que lo separe del actor) Erando González da un sentido renovado y bien estructurado de lo que se puede hacer con un texto shakesperiano.

 

Si bien Shakespeare construyó este drama histórico a partir de la vida y tragedia del Rey Ricardo III, personaje que vivió en el siglo XV y protagonizó la Guerra de las Rosas, enfrentamiento entre nobles ingleses que siguió a la derrota británica frente a los franceses en la Guerra de los Cien Años (combate entre las casas de York —familia a la que pertenece Ricardo III— y la de Lancaster, que duró treinta años y resultó favorable para esta última, surgiendo la dinastía de los Tudor), en voz de González se ve a un mismo tiempo al actor en el proceso de creación, pero también a los personajes encarnados tanto por el mismo actor como por diversos elementos a los que González da vida a la manera de un titiritero.

 

Así, por ejemplo, en la escena en que Ana, viuda de Eduardo, príncipe de Gales, sigue el féretro de su esposo y reclama al insidioso su traición, ella toma forma bajo un velo negro que pronto se trasforma en una “marioneta” (a partir de la propia mano del actor) al ceder a las pretensiones amorosas de Ricardo, que la leyenda representa como deforme y cojo de nacimiento. O en el caso en que éste esconde bajo benignas apariencias sus diabólicos planes y hace que su hermano Eduardo IV sospeche del otro hermano, Jorge, duque de Clarence, y lo ponga en prisión para posteriormente lograr que sus sicarios lo maten y arrojen a una cuba de malvasía, es resuelto a partir de una manzana, una daga, un juego de iluminación bien logrado para definir atmósferas y estados emocionales, y sobre todo, por el espacio íntimo que el actor logra sacar a flote en un despliegue de dominio del oficio.    

 

De esta manera, este “sueño” escénico da lugar a un Ricardo III que transita por el trono, la sala de la Corte, el exterior del Palacio, sus torres, a través de un ejercicio de imaginación que le permite dialogar con sus monstruos, tanto del actor como del personaje, en una encrucijada que refleja los diversos altibajos emocionales a los que es sometido la voluntad de quien ante todo desea el ansia de poder absoluto.

En el montaje —explica el actor, quien, junto con Sylvia Ortega, también dirige— “actor y personaje se invocan y aparecen, asisten y se asisten, se confabulan en la creación y el juego de otras presencias. Juntos deliran de la mano y preparan tres o cuatro cosas, echan mano de otras dos o tres, y se ven juntos en algún punto de su ruta a este –hasta hoy lejano, improbable—estreno”.

 

De este modo, después de una entrañable recreación escénica, una vez en el poder, Ricardo asesina a todo aquél que podría perfilarse como su rival, tanto en el mundo romántico como en el sanguíneo. Y aunque logra coronarse como soberano, finalmente cae muerto en el espacio que le resulta más propio: el campo de batalla.

 

Ricardo III (Un sueño), de William Shakespeare, en una adaptación y versión en verso al español realizada por Erando González, se presentará en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, del 23 de junio al 5 de agosto, los lunes y martes a las 20:00 horas, en una puesta organizada por la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

 

21
Jun
08

Trabajamos bajo amenazas, por eso suspendimos Carmina Burana: bailarines

No podemos permitir que sigan aficionados como funcionarios del INBA”, aseveró la secretaria general de la delegación sindical de los grupos artísticos, Lourdes López Romero

 

 

Aline Montoya

Reportera

 

 

 

 

 

La delegación sindical del Instituto Nacional de Bellas Artes, INBA, aprovechó la presentación de la Cantata Escénica Carmina Burana para anunciar sus inconformidades con respecto a las actuales condiciones del recinto.

En el auditorio principal del INBA se reunieron los representantes sindicales de los trabajadores, músicos, bailarines, etc., entre ellos Víctor Cervantes, bailarín de la CND (Compañía Nacional de Danza)Simón Moreno Gallegos secretario general III-D322 de ATM del INBA Miguel Ortiz secretario general DIII-D227 de ATM Enrique Chávez III-D198 de foros y la maestra Lourdes López secretaria general del grupo artístico del INBA, quienes denunciaron, en primer lugar al secretario  del Nonsejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) así como de la titular del Instituto María Teresa Franco.

En la entrevista unomásuno, la maestra Lourdes López destacó que el motivo principal de la protesta es denunciar la crisis en la que se encuentra el Palacio de Bellas Artes, las malas condiciones de los trabajadores y la decadencia en la que está sumida la cultura en la actualidad debido a sus representantes y aseguró “en general la cultura está muy mal, Sergio Vela no ha hecho nada”.

Sin embargo Lourdes López enfatizó sobre el caso de Bellas Artes “estamos sumidos hoy por hoy todos los trabajadores de Bellas Artes por la peor época que haya tenido el Instituto”.

La maestra comentó que en el caso de no abrirse soluciones ya etsán en pláticas con abogados para buscar una solución, pero ese sería el siguiente paso sobre lo cual dijo que no sería necesario “si las autoridades fueran sensibles a los trabajadores, porque nadie de ellos está pidiendo algo que no sea justo”.

Por su parte Simón Moreno habló sobre las condiciones laborales que se ven reflejadas en la cuestión artística.

“apoyamos esta protesta porque no es justo lo que está pasando con los trabajadores, se nos paga mal y se nos castiga mucho”

Simón Moreno también comentó que sólo a personas como Arean director de la ópera Nacional  no se les hace nada, la secretaria denunció la deplorable participación de Vela al frente del CONACULTA y subrayó  “ no es posible que a pesar de que se ha estado denunciando su administración siga ahí; quién lo protege?

El bailarín de la CND VÍctor Cervantes comentó que todos los trabajadores se reunieron por la misma causa. “todos, bailarines, tramoyistas, músicos, trabajadores, formamos parte del INBA, porque todos necesitamos de todos”.

Cervantes también enfatizó en que es por esa razón que se debe buscar una solución al conflicto.

Finalmente la secretaria general del sindicato general de trabajadores artísticos del INBA dijo desconocer el boletín que el INBA emitió hoy durante la protesta donde se invitaba al diálogo con los trabajadores y se aseguraba la pronta resturación del Palacio de Bellas Artes “ese es uno de esos boletines que el INBA emite para justificarse pero a nosotros no nos han dicho nada, ni han intentado negociar”.

 

 

 

20
Jun
08

Realizan Mitin en el Palacio de Bellas Artes

       

      

     

    

   

  

 

Piden destitución de Sergio Vela, Maria Teresa Franco, y en especial  del director de la Compañía Nacional de Danza (CND) Dariusz Blazer.

 

  Maria Teresa Adalid

 Artistas, bailarines y trabajadores técnicos del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) suspendieron momentáneamente la función de Carmina Burana y Triunfo de Afrodita, como un acto de protesta en el que solicitan urgentemente la renuncia del director de la Compañía Nacional de Danza (CND), Dariusz Blajer. Al levantarse el telón para iniciar la función, todos los músicos, bailarines, cantantes, y tramoyistas entre los que se encontraban Lourdes Ambriz, Héctor Sosa, Jorge Lagunas, Handsell Nadchar, José Solé protestaron por la patética situación de la danza en el país. Los principales activistas fueron Lourdes López líder sindical de grupos artísticos del Inba, Víctor Cervantes, Miguel Hernández del coro y Enrique Chávez de las delegaciones 188, 22, 198 y 227.

Así dió inicio un diálogo entre el público asistente y los artistas, estos últimos explicaban la su situación, que llega  a extremos alarmantes, por ejemplo en las giras los bailarines duermen en catres, el gimnasio donde entrenan lo equiparon con recursos propios. Algunos asiduos a la presentación salieron del Palacio al no simpatizar con sus demandas, en tanto otro grupo cuantioso victoreaba la triste y grave situación por la que atraviesa la cultura en el país.

 El escenario del máximo recinto cultural del país donde se ofrecería la función conmemorativa de los 25 años de la versión coreográfica de Nellie Happee a Carmina Burana, fue el escenario para  pedir la destitución de Blajer, (que salió del recinto sin ofrecer alguna explicación) y anotaron que es la primera vez en 24 años que sucede algo como esto, acompañando sus demandas la comunidad artística entonó con efusividad el Himno Nacional. Asimismo, solicitaron mejores condiciones laborales y un trato mejor hacia los bailarines de la agrupación.

También señalaron que con el próximo cierre del Palacio de Bellas Artes por restauración, se pone en riesgo el desarrollo adecuado de las actividades culturales que se tienen programadas en el máximo recinto cultural del país. El dirigente de cultura del estado de Durango subió al escenario a decir que el presidente Felipe Calderón había tenido dos errores, el primero elegir a Sergio Vela como titular de Conaculta y el segundo, nombrar a un extranjero como director de la Compañía de Danza, continuó diciendo que los errores están para corregirse.

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de un comunicado, dio a conocer su disposición abierta y directa al diálogo con los diferentes grupos artísticos.

Subrayó como una de sus premisas de acción la voluntad de dialogar con sus trabajadores, pronunciándose sensible para atender los eventuales problemas que pudieran surgir de la compleja gestión del propio instituto.

Por lo que se refiere al proyecto de mejoras para el foro y la Sala de espectáculos del Palacio de Bellas Artes, expresó su total disposición para presentarlo ante la dirigencia sindical, y anotó que de hecho espera una cita que la autoridad ha solicitado de manera reiterada.

Puntualizó que la aspiración del INBAL es la de contar con un plan maestro del Palacio de Bellas Artes que muestre cuál es el estado actual de la totalidad de sus instalaciones y equipamientos.

Asimismo, dejó en claro que este proyecto se desarrollará de acuerdo con dos directrices fundamentales: su plena comunicación al interior y al exterior, y su total transparencia, pues todo procedimiento involucrado será regido de la manera más estricta por la normatividad vigente.

Finalmente se presentó Carmina Burana, no así, El triunfo de Afrodita con la unión de la orquesta, que se había mantenido reservada por temor a represarías con el joven director extranjero Sylvain Gasancon, a quien se le solicitó por medio del diputado Suárez del Real un abogado. Culminando la representación de Carmina Burana, Lourdes López comunicó que las autoridades les habían otorgado una cita para el día de hoy a las 13:30 horas para una negociación.

 

14
Jun
08

Oscar de la Borbolla y su literatura inconforme

Oscar Borbolla

Oscar Borbolla

“No escribo para ganarme la vida, sino para que mi vida tenga sentido”

 

 

Ana María Longi

 

 

Con natural desenfado, Oscar de la Borbolla, comentó dentro de las instalaciones de Unomásuno, que los humanistas no necesariamente terminan convirtiéndose en escritores. “De hecho, muchos no hacen una carrera o no la terminan. El caso más claro es García Márquez, abogado, inconcluso. Los que estudian literatura no dudo que lo hagan con esa ambición, sin embargo, por paradójico que resulte, más que volverse escritores, se vuelven críticos o peor aún, maestros de literatura”, aseveró el autor de Las vocales malditas.

 

El filósofo y creador literario más revolucionarios del siglo XX, calificado por los críticos como poseedor de un estilo descarnado y profundamente elegante, agregó: “Yo estudié filosofía porque andaba preocupado por la muerte, el sentido de la vida, y además, porque en mi tiempo, (entré a la Facultad en 1969) se creía que el Marxismo, eran las armas teóricas para cambiar el mundo. Desde niño me gustó escribir, porque desde niño leía, y eso lo hacía y lo sigo haciendo, no para ganarme la vida, sino para que mi vida tenga sentido”.

 

Mientras fuma un cigarro -que jamás prendió-, continuó: “He publicado 23 libros. Eso ya es un cuento muy largo. Algunos recordarán “Las vocales malditas”, o mis novelas “Nada es para tanto” y “Todo está permitido”, cuando todavía y espero que nunca llegue a tener la vanidad de Octavio Paz y piense que quien no recuerda toda mi bibliografía, es una persona inculta.

 

En cada libro he puesto siempre lo que se me ha dado la gana, sin reparar en infracciones que pudieran cometerse contra la moral, la política, e inclusive la verdad. Pues, concibo mi oficio como un ejercicio absolutamente libre que no respeta más autoridad que la del autor. No creo llegar a tener problemas por lo que escribo y no porque no contenga una buena dosis de subversión y crítica; pero estoy a salvo, porque a quienes critico son tan analfabetas como Vicente Fox.   

 

¿En qué generación se le podría ubicar y qué tipo de lectores fueron los que buscaron más sus libros y sus columnas periodísticas? Se dijo, alguna vez, que sus libros, por su desenfado, gustaban mucho al mundo joven universitario, por poner un ejemplo, que molestaba  a algunos facultativos rigurosos, a pesar de contar con el aprecio del Maestro Eduardo Nicol, uno de los pocos filósofos de la Facultad.

 

“No pertenezco a ninguna generación, y menos a algún grupo. Odio las mafias, los equipos de alpinismo literario, las sectas que veneran a un gurú; y además, creo escribir unas cosas raras que resultan inclasificables. Ni siquiera me parezco a mí mismo, y es verdad. Quienes están más dispuestos a adentrarse en la aventura literaria que propongo, son los jóvenes, aunque esto no excluye a muchos profesores de literatura, que al margen de su edad, continúan abiertos a nuevas propuestas. Quizá el más respetable estudioso de la literatura latinoamericana sea Julio Ortega, ó Alexis Márquez. De ambos tengo espléndidas reseñas, de mi obra. Y no puedo olvidar a quien sin lugar a dudas es la máxima autoridad en retórica y poética en México, y en el mundo de habla hispana: Helena Beristáin, con quien también me vincula una profundísima amistad”. 

 

 

Los escritores que se reúnen en la colonia Condesa, afirman que sus libros no tienen edad,  que por eso gustan y convencen a la gente de ayer y de hoy. ¿Podría aclararnos este concepto?

 

“En primer lugar agradezco esta opinión y me gusta. Pues alude algo que siempre me he propuesto. No escribir para una clase social, para un género, para una época, sino para una actitud: La actitud de rebeldía, de inconformidad, de curiosidad y de duda, que tienen los jóvenes”.    

 

Como ciudadano, ¿qué le gusta y qué le enoja de su país. ¿Cómo escritor existe algo que lo descompense, lo moleste y hasta lo ofenda?

 

“Como ciudadano y como escritor, me molesta lo mismo: La corrupción. La corrupción que es la misma en la política que en las letras. Los burócratas de primer nivel ponen en los puestos que dependen de ellos, a sus compadres y a sus queridas, o a sus comadres y a sus queridos, y pasa exactamente lo mismo en la literatura nacional”.

 

 

El boom literario

 

Como escritor joven no se le puede colocar dentro del llamado Boom Latinoamericano, ni tampoco muy alejado de esta turbulencia literaria. No obstante, su ubicación un tanto independiente, nos hace suponer que sus formatos como lector se contextuaron también en Norteamérica y Europa. ¿Qué nos podría comentar acerca de esas etapas un tanto alejadas a tu vida de escritor pero también muy cercanas?

 

“Aprecio enormemente al Boom Latinoamericano; me he maravillado con “El Otoño del Patriarca”, de García Márquez, enamorado de la Maga, de la Rayuela de Cortázar. El mismo Fuentes, con “La Muerte de Artemio Cruz”, me parece extraordinario. ¿Y cómo olvidar la divertida que me dio el Pantaleón de Vargas Llosa?. Sin embargo, como dijo el poeta Fabregué: ‘He soñado tanto, he soñado tanto, que ya no soy de aquí’. Y mis sueños, fueron empezados desde mi infancia, con autores italianos; Giovanni Papini, Curzio Malaparte, que me dejaron tan profunda huella, que posiblemente es la causa de que hoy todavía disfruto más que ninguna otra, la literatura italiana, principalmente, la de Italo Calvino. De todos ellos, he aprendido algo, y sobre todo una cosa, que cada uno tiene su propia voz, y por eso yo no dejo de buscar la mía”. 

 

 

¿Cómo ha sido experiencia con las editoriales?

 

“Al principio tuve problemas para publicar. Me costó muchísimo trabajo. Era el tiempo de la mafia, y yo nunca estuve dispuesto a sufrir el llamado derecho de pernada. Mi primer libro Las vocales malditas, conoció la luz, a través de una edición que me costó mis ahorros. Fue edición de autor, luego, poco a poco, comencé a publicar con más facilidad, porque siempre ha habido quien quiere leerme. Me di a conocer como escritor disfrazándome de periodista. Mis historias literarias, también las disfracé de periodismo. Fue la época de las Ucronías en el antiguo Excélsior, ahí aprendí que para que el editor, Don Gustavo Durán de Huerta, me publicara, tenía que ganarme el espacio con algo sorprendente. No creo que exista un mundo de editoriales perfectas. Las editoriales publican lo que se vende. Y por eso, si queremos mejores libros, debiera haber gente con menos hambre, gente con un trabajo que le dejara tiempo libre, gente que no tuviera que embrutecerse con el futbol, con el alcohol, o con las drogas, porque no tiene más alternativa. El problema es educativo. Con una educación que en serio despertara el amor por la lectura tendríamos gente más crítica, menos dócil, más exigente y por ello, es por lo  que nadie ha querido hacer una reforma profunda de la educación en México”.  

 

 

¿Cómo son y como han sido las mujeres de sus historias? Se lo preguntamos porque en las presentaciones de sus libros, nunca faltaba una feminista enardecida.

 

“Mis personajes femeninos están lo más alejado posible del modelo Penélope. Esa mujer resignada, abnegada, fiel, que nos regaló Homero, para mí las mujeres son individuos y no puedo verlas en bloque. Lo mismo me ocurre con los hombres, y por eso, he procurado construir mujeres diferentes cada vez, pero rebeldes, libres con su sexualidad, pues pienso que mejorar el mundo depende de unos y de otros. No creo en las cuotas, porque precisamente no tomar en cuenta el mérito individual de cada quien y favorecer el que hombres y mujeres se sigan viendo como bloques…

A propósito de la feminidad, creo que es otro estereotipo. La dulzura, la fragilidad, el comedimiento, no son privativas de las mujeres ni de los hombres. Hay individuos amables y hay individuos hostiles. Esta idea del género, como bloque monolítico, puede dar provocar manifestaciones aberrantes: Mujeres que se operan los senos y que ya no pueden mantener el equilibrio, que llegan antes de que lleguen ellas, y hombres también que se operan el abdomen para meterse un fregadero y se les vean los músculos. Todo eso me da risa. Ojalá que algún día perdamos las fronteras y descubramos que no somos más que individuos”.    

 

 

Su vida conyugal al lado de la hermosa escritora Beatriz Escalante es vista como ejemplar. ¿Cómo han logrado sobrevivir dentro y fuera de casa?

 

“Tengo la enorme suerte de haberme encontrado con un individuo quien nunca se ha quedado estacionado. Eso hace que Beatriz siempre sea nueva, pues se la pasa estudiando, se la pasa pensando, se la pasa luchando. Y no me ha permitido apoltronarme, por eso, no sólo seguimos juntos, sino que seguimos muy felices juntos. Beatriz es  en el sentido más elevado de la palabra, una compañera. Y yo, procuro ser también un compañero, compartimos el pan, la literatura, las dudas, en pocas palabras, la vida”.

 

    

 

14
Jun
08

Las imágenes de Steinbeck

Jacinto Eslava

 Steinbeck dijo una vez que para escribir bien sobre algo, había que odiarlo o amarlo con la mayor fuerza posible. Y él odió y amó cosas aparentemente opuestas en el transcurso de su vida. De la combativa denuncia de la explotación de los inmigrantes en sus obras de los años 30, pasó a una defensa cerril del «sueño americano» y la intervención en la Guerra del Vietnam.

Es difícil haber leído a Steinbeck, sobre todo si se le ha leído en la adolescencia, y no sentir agradecimiento. Steinbeck hace lectores, aficiona a la lectura.Por eso, al fin, ha sido minimizado por los guardianes de las esencias inalcanzables. Sentimentalismo, demagogia, populismo, izquierdismo, efectismo, lirismo, todo ha valido para desacreditarle.

En los ojos claros de John Steinbeck lucía el asombro ante el aparente caos de la existencia, absurdo y, sin embargo, lógico; probablemente indescifrable y, sin embargo, crípticamente ordenado. Estudió Biología y fue buen conocedor de la Historia, pero en cierto instante de su juventud comprendió que en las ciencias no iba a encontrar explicaciones más luminosas que las que le proporcionara la ficción. Su necesidad de comprender le llevó a recorrer sendas diversas: desde el relato social crítico, una de cuyas cumbres, Las uvas de la ira, se le debe, hasta el reencuentro con la tradición más aquilatada, en Los hechos del rey Arturo. En ese sinuoso y prolongado viaje de conocimiento, el socialista y el patriota convivieron bien durante un tiempo. Sólo durante un tiempo. De esa convivencia surgieron In dubious battle, de la que no conozco edición en español, y, poco más tarde, en 1939, Las uvas de la ira, en la estela dejada por Norris, Dreiser y Sinclair Lewis.

Las uvas de la ira fue un gran éxito, pero cabreó sobremanera a la derechizada sociedad americana. Saroyan afirma, con cierto asquito, que incluía propaganda proletaria. John Ford, un conservador, dirigió la inolvidable versión cinematográfica. Los proliferantes enemigos de Steinbeck se encargaron de decir que la película era mucho mejor que la novela.

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos.

Subyace, sin embargo, en sus obras mayores un sentido del humor, una comprensión del ser humano reflejado en esos personajes irresponsables que, a pesar de sus borracheras, del juego, de sus pleitos, robos y prostitución, son fundamentalmente buenos. De hecho, frente a sus desilusionados contemporáneos, Steinbeck cree en la solidaridad y en la capacidad para crear una atmósfera por medio del reportaje. Y al tiempo, añade un contenido simbólico, en ocasiones un tanto cargante, donde presenta al hombre en busca de la tierra prometida. Porque, en realidad, siempre se propuso escribir la gran epopeya norteamericana.

En sus obras, más que el cine, influye la fotografía de artistas como Dorothea Lange o Walker Evans, cuyas imágenes prácticamente ilustran página por página su gran novela «Las uvas de la ira». Se encuentran también ecos de los pioneros que habían ido en busca del Salvaje Oeste. Los espacios son los mismos, idénticas las virtudes de la acción. Cambia el vehículo, en Steinbeck un automóvil, antecesor en espíritu al de Kerouac. Aunque siempre se mantenga al ser humano enfrentado con valentía al destino. Y eso le une a Faulkner, a Hemingway, Scott Fitzgerald, y a sus demás contemporáneos de la llamada «Generación Perdida» empeñados en vivir -y sobre todo, escribir- más allá de las posibilidades que los seres razonables son capaces de imaginar. a guerra y, sobre todo, lo que siguió, es decir, el macartismo, hicieron mella en la mayoría de los contemporáneos de Steinbeck. La lamentable conversión de John Dos Passos al anticomunismo cerril, la cobardía delatora de Elia Kazan o el agotamiento de Dmytrick, muerto en estos días, el permanente y conspicuo estar de viaje de un Ernest Hemingway quizá demasiado intacto, los heroísmos de los escasos miembros de la especie de Hammett, cambiaron a todo el mundo al señalar las direcciones posibles de la conducta humana. Eso dejó su marca en la Historia de la Literatura, y no sólo la americana: está por hacer una Historia de la Literatura, y una Historia de la Historia, en el tiempo de la Guerra Fría.

Por supuesto, en la escritura de Steinbeck hay huellas del proceso, en el que el patriota Steinbeck descubrió la locura religiosa sobre la que se había creado su país, y que hasta hoy estructura y moviliza la sociedad estadounidense. (En España nadie debería sorprenderse por ello: parecidas pasiones crearon este Estado, precisamente cuando América tomaba su sitio en los mapas. Al Este del Edén, publicada en 1952, no debería ser leída como una obra ajena: podemos reconocernos en ella). En el paso de Las uvas de la ira a Al Este del Edén, el socialista Steinbeck descubrió que el mecanismo social era infinitamente más sencillo de lo que él había dado por supuesto. En 1947 apareció La perla, un relato perfecto en el que la impotencia y la pobreza se enfrentan al poder y a la riqueza, no sólo en el transcurrir de los hechos, sino también en el interior de sus protagonistas, que en la memoria popular nunca son los ricos ni los poderosos, sino aquellos para los que hasta el encuentro con la fortuna deriva hacia la tragedia.

Cuando Kino y Juana sólo tienen por delante la miseria y la desesperación de la inminente muerte de su hijo, cuando no pueden pedir ayuda, ni atención, ni siquiera piedad, el mar les da una perla, la mayor y más gloriosa que se haya visto nunca. Pero la perla no trae la felicidad: trae la codicia, el mal. No es imposible que Steinbeck haya creído estar componiendo, entre otras cosas, un alegato contra el pensamiento mágico, una argumentación literaria destinada a explicar que la suerte de un único hombre no repara la injusticia fundamental a la que su destino de paria le ata. Que haya creído estar diciendo que no hay soluciones que no sean colectivas. Un indigente pescador mexicano encuentra una perla muy valiosa, un tesoro capaz de sacar a su familia de la miseria. Así comienza la novela corta más célebre.

La perla, y toda la obra, digamos, social de John Steinbeck está concentrada en estas pocas páginas. Su mensaje es hondamente rural, y muy revelador de la mentalidad, sofisticada y primitiva, brutal y lírica, de su autor: una perla muy valiosa, hallada por un pescador mexicano totalmente indigente, destruye su hogar y mata a su hijo, dejándole sin esperanza. Es un mensaje sin moraleja, moral o remedio: Steinbeck expone la tragedia sin juzgarla ni suscitar ánimos. Como en una tragedia antigua, se deja al público la tarea de interpretar, valorar y premiar o castigar

 

El final de La Perla es muy detonante y muy simbólico: el indio al que ha traído la desgracia, coge la perla y, por consejo de su mujer, la tira al agua. Inesperada conclusión muy propia de la compleja mente de Steinbeck: mística y al tiempo brutalmente realista, que recuerda mucho la idea central y el final de la gran película de Sacha Guitry, Les Perles de la Couronne, en la que la última de las siete perlas que han traído desgracia a innumerables gentes durante cuatro siglos, cae al mar por un descuido del que está mostrándola y desaparece en las valvas abiertas de una ostra, que las cierra al sentirla. Esta película, que fue mundialmente famosa, se estrenó en 1937, 11 años antes de que se publicase La Perla. En 1945, Pedro Armendáriz protagonizó la versión cinematográfica de este relato: La perla, dirigida por el Indio Fernández (Emilio Fernández), que fue famosa en toda Iberoamérica. Ernest Hemingway definió así este relato: «La perla es un auténtico poema épico, e hizo falta muchísimo talento para resumirlo en tan pocas páginas». Steinbeck busca con frecuencia crear situaciones extremas, cuya única salida, como en el caso de La perla, sólo puede ser simbólica, lírica o mística, dejando al así acuciado en un infierno sin salida real. Es raro que este autor ofrezca soluciones realistas a sus personajes condenados a muerte en vida.

Algunos críticos le han tildado de un ruralismo anticuado, olvidando que la novela rural puede adaptarse al infierno industrial sin grandes modificaciones; no hay gran diferencia entre una helada que deja al campesino sin cosecha y una crisis económica que deja al obrero sin trabajo

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos. Se han llevado a la pantalla muchos de sus libros. Además de Las uvas de la ira, Al este del Edén, La perla, De ratones y hombres y hasta un total de 10. Steinbeck escribió también cuatro guiones para el cine. Entre ellos, uno mítico, ¡Viva Zapata!, que dirigió, como Al este del Edén, su buen amigo Elia Kazan.

Steinbeck fue uno de esos escritores que hace inútiles las discusiones retóricas sobre las relaciones entre el cine y la literatura. El cine estaba interiorizado en sus libros con naturalidad. ¡Era de California! Mal asunto para quienes se obstinan en negar las lógicas interrelaciones de las artes en el siglo XX.

 

14
Jun
08

Gala de Dalí o Dalí de Gala

 Teresa Solbes

       EL día diez de este mes se cumplirán 26 años de la muerte de  Gala, quien fue modelo, amante o esposa de Dalí, Éluard y Ernst. Fascinante mujer nacida en  Kazan (Rusia) en 1894  y cuyo  nombre era Elena Ivanovna Diakonova, tenía tres hermanos, a los once años perdió a su padre y a causa de una tuberculosis trabó amistad en un hospital de Suiza con Eugéne Grndel, más conocido por Paul Éluard, con quien se casaría en 1917 y con el que tendría su única hija, Cécile.

   Veintiséis años después de su muerte, un halo de misterio  sigue envolviendo la figura enigmática  de Gala, quien siempre ha cargado con no pocos sambenitos a cuestas: bruja, manipuladora, egoísta, posesiva, devoradora de hombres, mujer sin escrúpulos… Incluso se ha dicho que fue ella la verdadera “Avida Dollars” (juego de letras ideado por Bretón con el nombre de Salvador Dalí que alude a su amor por el dinero). Musa de los surrealistas, mantuvo entre 1922 y 1924 una relación con Max Ernst. Pero el nombre de Gala ha pasado a la historia indisociablemente unido al de Dalí. Se conocen en 1929. En abril de ese año, en Paris, un galerista presenta a Dalí y a Éluard. En verano, éste y su mujer son invitados a Cadaqués por el pintor, junto a un grupo en el que también estaban René Magritte y Luis Buñuel, entre otros. El flechazo fue inmediato. A los pocos días de conocerse le dice Gala a Dalí: “Ya no nos separaremos nunca”. En 1934 se casaron por lo civil y en 1958, muerto Éduard, tuvo lugar la ceremonia religiosa en el santuario de Els Ángels, cerca de Gerona, España.

   Diez años después, Dalí le compra a su musa un castillo en Púbol, deliciosa localidad situada en la plena Costa Brava catalana, donde Gala pasa cortas temporadas veraniegas y donde recibe a sus amantes. Curiosamente Dalí no podía acceder al castillo sin un permiso por escrito de su esposa. “Ello halagaba todos mis refinamientos masoquistas”, confesaba el artista. Gala murió en 1982 en Portlligat, -Cataluña cuya casa nunca le gusto. Tapizó los armarios de fotos, postales y recortes-, aunque está enterrada en Púbol.  Y me resulta curioso el dato pues parece que junto a su tumba hay otra destinada a Dalí, pero él reposa en Figueres. Cosas de genios; inalcanzables para ti o para mi estimado lector, pero continuo. Hoy ese castillo, donde Dalí lloró su muerte, es una casa-museo donde cuando la agenda lo permite, puede verse allí la exposición “Gala Álbum”, un recorrido visual por la biografía de esta mujer a través de 67 fotografías, algunas inéditas, firmadas por las mejores cámaras del siglo XX: Gyenes, Man Ray, Brassaï, Cecil Beaton, Halsman o Buñuel.

   A nadie se le escapa por su obviedad que si para los surrealistas Gala fue la encarnación de la mujer, Dalí la mitificó: “Ella ha construido todo el éxito de mi vida”. Fue, dicen los que conocen a fondo estas vidas, un rompecabezas, en el encajan muchas Galas: la mujer culta, la arisca y antipática que exasperaba a Buñuel, la independiente, la vulnerable que busca la eterna juventud; la marchante, la Gala con intuición de médium pues le interesaban la videncia, el tarot, el juego…

   Al leer el magnifico ensayo de Estrella De Diego “Querida Gala. Las vida de ocultas de Gala Dalí” podemos comprobar como se van poco a poco, desmontando los tópicos sobre  la que ha sido considerada la femme más fatale  de todas. Una tirana capaz de vampirizar a los hombres que se cruzaran en su camino y vivir sus vidas. La  autora retrata en su libro como una mujer moderna y frágil, muy creativa que sabía muy bien lo que quería, victima de la misoginia de los surrealistas. La ve como una cebolla, con infinitas capas: “Quiere desaparecer cada vez en cada una de las nuevas vidas que va inventando para sí misma”. Cree De Diego que Gala aspira a coleccionar el tiempo detenido. Llegó a recortar su rostro en las instantáneas donde no se gustaba.

   Otro autor que nos la muestra tal como era es Oscar Tusquests en su libro “Dalí y otros amigos”, en el desvela sus excesos sexuales, llegó a sacar moldes del sexo de los surrealistas, su interés por los jovencitos, (“Traigo estos ángeles para Gala”, oyó en cierta ocasión Tusquests), su obsesión por convertir a Dalí en el pintor más importante del siglo. Lo cierto es que  el escritor mencionado la retrata como una mujer interesada y poco generosa: un día detuvo antes de salir de su casa a una modelo a la que Dalí le había regalado un dibujo. “Esto cuesta 10.000 dólares, pequeña.” dijo antes de arrebatárselo. También como una caprichosa, que fingía no entender el castellano ni el catalán. Sólo hablaba en francés. Dicen que en sus viajes siempre llevaba dos maletas, una con medicinas y otra con dinero para gastar en los casinos.

  A pesar de su rostro frío y arrogante era irresistiblemente seductora. En los últimos años no salía  la calle sin su lazo negro de terciopelo que le regaló Coco Chanel.

   Si hacemos caso de lo que nos cuentan quienes la conocieron o investigaron su vida, no lo pedemos discutir, veintiséis años después de su muerte Gala sigue siendo un fantasma. Puede que nunca sepamos quién era en realidad, “Ella vivía para olvidar”, dijo Éluard. Dalí la pintó como “Leda Atómica”, “Galarina”, “La Madonna de Portlligat” o “Galatea en las esferas: -No me he vuelto loco porque ella a asumido mi locura. Confiesa Dalí, hizo todo por salvarme. Ella tenía que curarme y me curó. Me trajo el raro libro de magia que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración, la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético, el consejo que  iba a salvar del romanticismo una de mis imágenes demasiado subjetivas. Llamo a Gala “campana de piel” porque lee para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura, produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual aprendo todas las cosas, que sin ella, no llegaría a saber nunca.

   ¡Que pareja amigos! Dalí de Gala o Gala de Dalí… Tanto monta, monta tanto. Dice el pueblo siempre sabio. Maravillosas almas creativas que nos salvan de la mediocridad, de los descentrados, del ruido y de muchas cosas más…