04
Oct
08

Fusión de intelectuales en libro de cultura mexicana

Cultura Mexicana 1942-1992

Cultura Mexicana 1942-1992

 

 

Por: Ana María Longi

 

Trece interdisciplinarios del Seminario de Cultura Mexicana, unificaron talento y experiencia para llegar a México mediante 13 ensayos especiales de alto valor consultivo. Su versión personal acude a un periodo de 50 años (1942-1992). Panoramas y transformaciones en campos disímbolos como el teatro, la narrativa, las artes plásticas, el desarrollo político, la música, la política exterior mexicana, salud, arqueología, planificación territorial urbana, poesía, historiografía, el arte novohispano y la educación superior.

 

Las citadas obras ensayísticas contenidas en este primer y nutrido volumen ilustrado por históricas fotografías lleva por título: “Cultura Mexicana 1942-1992” editado por el Seminario de Cultura Mexicana. Se divide en temas y autores: Cinco décadas del teatro mexicano 1940-1990 por Héctor Azar, Medio Siglo de la narrativa mexicana 1942-1992 por Arturo Azuela, Cincuenta años en las artes plásticas de México por Alberto Beltrán, El sentido ideológico del desarrollo político de México por Raúl Cardiel Reyes, 50 años de música en México por Manuel Enríquez, Medio Siglo de política exterior mexicana por Antonio Gómez Robledo, La salud de México en la segunda mitad del siglo XX por Pedro Daniel Martínez, Cincuenta años de arqueología en México por Eduardo Matos Moctezuma, La planificación territorial y urbana en México durante los últimos cincuenta años de Luis Ortiz Macedo, La poesía en México 1940-1990 (Algunas aproximaciones) por Víctor Sandoval, La historiografía en México, 1942-1992 por Ernesto De La Torre Villar, Rescate y comprensión del arte novohispano, Elisa Vargas Lugo y La educación superior en México, Rafael Velasco Fernández.  El prólogo estuvo a cargo de Raúl Cardiel Reyes.

Capilla Posa. Convento franciscano de Huejotzingo, Pue. Siglo XVI

El escritor y profesor Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, (próximamente presentará su nuevo libro: Estudios en Aragón. La globalización y otros inventos) asentó que la narrativa mexicana nació con El Periquillo Sarmiento de J. Fernández de Lizardi en 1816 y a lo largo del siglo XIX tuvo muchos altibajos, influencias de propios y ajenos, temas históricos, rurales o urbanos, pero al fin y al cabo, dio lugar a una sólida tradición.

 

El Doctor Azuela, ubicó que entre las vetas costumbristas y los delirios del salón parisiense, entre las figuras del virreinato y los salteadores de caminos, la novela mexicana se fue enriqueciendo con la descripción de muchos paisajes y la confrontación de personajes de diversos estratos sociales: personajes de la chusma o de la falsa aristocracia. Con muy buen tino, muchos de los narradores nunca hicieron a un lado la recreación de los ambientes populares, ni mucho menos despreciaron los temas históricos o los prototipos de la política  de un país dividido y mutilado en su territorio.

 

“Fue un siglo de novelas que proyectaron algunas veces con originalidad, las vicisitudes de una historia continua de pérdidas y profundas derrotas. De los últimos años de la Guerra de Independencia a la agonía de la dictadura de Porfirio Díaz, la narrativa mexicana fue prosperando en muchos aspectos. No es una novelística que exclusivamente fije sus modelos en el mundo europeo. Crea una perspectiva continua y algunos de sus mejores exponentes fijan su atención en su entorno inmediato. Sin olvidar a los que recrean diversas situaciones sociales de acuerdo con las pautas de Balzac, de Flaubert, de Zola o de los autores españoles anteriores al 98, hay otros que llevan a sus mejores páginas los personajes de la provincia o de la capital, los dueños de vidas y haciendas o los desarrapados de las plazas públicas.

 

En cuanto a historiadores de la época ¿quiénes captaron entonces aquella realidad circundante y que huella legaron a la mexicanidad?

 

“En un siglo de grandes historiadores, ahí están los ejemplos de Lucas Alamán, José María Luis Mora, Carlos María de Bustamante, Lorenzo de Zavala, Melchor Ocampo, García Icazbalceta, Orozco y Berra y Justo Sierra, historiadores que militan, combaten, participan en altas responsabilidades políticas, que manejan lenguajes admirables, los novelistas están apenas forjando los cimientos de su propia tradición y sus obras no serán conocidas más allá de sus fronteras nacionales. Junto a los pintores, los grabadores y los músicos, muchos narradores están en la búsqueda de lo más valioso de su entorno, y no desdeñan las técnicas de las escuelas extranjeras o los temas más audaces de su realidad más conflictiva; también se dirigen al pasado colonial, a la vieja Nueva España y rescatan figuras olvidadas o escenarios de conventos, ayuntamientos y palacios”.

 

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

 

El intelectual comentó que algunos novelistas del siglo XIX abren ventanas que conducen a lo insólito, al crear un público que al fin conoce, como era ya costumbre en la moderna Europa, la novela por entregas, el folletín o “los argumentos del corazón”.

 

“Efectivamente, a los personajes palaciegos del imperio de Maximiliano y Carlota, se agregan las monjas virreinales y los serenos de las calles de México; no faltan los legendarios salteadores de caminos y las memorias de los impostores; las angustias femeninas se añaden a las parentelas enriquecidas, los herejes, los musulmanes y los piratas del golfo. Todos los novelistas se entroncan al manejo de los ejes cartesianos, al tiempo lineal y al espacio continuo de acuerdo con el patrón clásico de la novela de la modernidad”.

 

“Medio siglo de narrativa mexicana”, de Arturo Azuela, forma parte del gran libro “Cultura Mexicana 1942-1992”, obra que seguramente hará despuntar mejor este siglo XXI.

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