Archive for the 'Clásicos' Category

21
Sep
08

Eugenio Barba, el espíritu danés vuelve a México

 

Eugenio Barba/unomásuno

Eugenio Barba/Fotografía: María Teresa Adalid

 

 

Por: María Teresa Adalid

 

El 1 de octubre de 1964 Eugenio Barba funda el Odin Teatret en Oslo, después se traslada a Dinamarca y tras vencer la indiferencia local, se afianza con su teatro-laboratorio en Holstebro. Los primeros actores del Odin eran jóvenes rechazados de las escuelas de teatro tradicional. La compañía tomó como referencia el modelo de Jerzy Grotowski y se concentró en la visión pedagógica transitando por diversos continentes. Barba desarrolló la estética del arte, la antropología teatral, el Tercer Teatro (teatro asocial, una realidad teatral diferente) y es fundador de la ISTA (International School of Theatre Anthropology). El Odin ha soportado los estragos del tiempo y continúa ejerciendo en su período de madurez. Eugenio Barba es un visitante asiduo a nuestro país y el último espectáculo que presentó fue Kaosmos en1996. Respecto a su nueva visita a México, el director emitió algunos pensamientos acerca del oficio teatral. 

 

El origen

Comenzamos como teatro de aficionados en Noruega, después se trasladó a Dinamarca aceptando la invitación de una pequeña ciudad de nombre Holstebro, a 400km de las grandes ciudades, ahí desarrollamos lo que era nuestra necesidad y cierto tipo de teatro; claro que no podíamos vivir dando espectáculos en esas pequeñas ciudades, así que viajamos a países extranjeros, Europa primero y después en América Latina. Para nosotros algunas ciudades y países son parte integrante de esa geografía profesional y emocional que constituye la orientación de cada uno de nosotros, algunos lo llaman equidad cultural, otros nación, o su país, con una cierta sobra de nacionalismo, pero a veces es muy diferente. La gente del Odin está constituida por actores y colaboradores que vienen de quince diferentes países de Asia, Latinoamérica, Europa, Norteamérica. La verdadera patria es el trabajo, las relaciones entre nosotros, pero sobre todo las relaciones con esos espectadores que visitamos cada vez que tenemos un nuevo espectáculo.

 

Columnas portadoras de la visión

Tengo que decir que cuando leo un libro de Taviani, Ruffini, o Savarese yo tengo otra visión de lo que es el teatro de cuando leo a muchos otros historiadores, ellos son buenos sólo que no piensan de una cierta manera. La diferencia es cuál es tu perspectiva en escribir, no existe una historia neutral, el hecho de que todo lo que concierne la técnica de la antropología teatral hoy es una parte del pensamiento de esa persona, significa mucho, si alguien se alimenta de esos libros va tener otra visión. Yo leí muy joven un libro que ha sido un espectáculo extraordinario, como El príncipe constante de Grotowski o el Teatro Kathakali que he visto, era un libro de Ripellino, se llamaba ‘El maquillaje y la alba’, es la historia de los maestros del teatro ruso, se publicó en 1965, cuando había poca información sobre Meyerhold y los grandes directores; de un lado existe la documentación y por otro lado un estilo extraordinario, ese libro cambió los parámetros y exigencia de cuando leo.

 

 

Jorge Vargas

Eugenio Barba/fotografía:Jorge Vargas

 

 

Los reformadores

Con la muerte de Grotowski en el año 99 se terminó toda una época del teatro. No nos hemos dado cuenta en los primeros años del 2000. Todas las generaciones jóvenes que encuentro ahora, ya no tienen la misma relación con el pasado de revolución teatral hecha por Stanilslavky, Meyerhold, Copeau, Craig, Eisenstein, Piscator, Brecht, los grandes nombres que cambiaron la forma de pensar y hacer teatro en este continente y todo el mundo. Después existió como 20 años de intermedio donde el fascismo y el stanilismo simplemente mató todo. En los años 60 comienza una nueva revolución. Los primeros que comenzaron fueron el Living Theater norteamericano y Grotowski, que a mitad de los años sesenta ya habían inventado otra manera de usar el teatro. Todos esos reformadores pensaron que el teatro no sólo se ve con los ojos sino a través de ellos, que una vez terminado el espectáculo, dejaba una presencia de otra vida que continuaba en el espectador, a esa vida algunos le llamaron la función social del teatro, que tenía que ser político, hacer reflexionar al espectador sobre su condición existencial, otros pensaron que podría ser arte terapéutico o didáctico. El teatro sigue viviendo como especie de Dios en la memoria y sentidos del espectador. La pasión era resultado de una soledad individual, falta de asimilarse o adaptarse al contexto en que se vivía, todos ellos, no se adaptaron al teatro que existía, inventaron uno; no porque eran originales, sino porque era un problema de construir un asilo lleno de oxigeno donde se pudiera respirar, practicar y tener conocimiento del oficio sólido, esto falta hoy, es evidente.  

 

El teatro toma de posesión

Somos actores de 45 años a 65 años, muy diferentes de cuando teníamos 30. Se trata de adaptar esa pérdida de energía, de manera en que lo que antes era explosión pueda ser implosión. El sentido de nuestra historia, el final de cómo uno muere, es un gran desafío. Vienen muchos jóvenes a nosotros y no podemos enseñar mecánicamente lo que para nosotros era importantísimo porque hoy no funciona. Hablar de luchar contra la injusticia en mi generación tenía un profundo sentido, habíamos visto la civilización europea en su cumbre de horror con Auschwitz, el nazismo, era importante que el teatro fuese una toma de posesión. Hoy sería echar afuera a quien viene, porque son otras necesidades, el desafío es cómo dialogar con jóvenes que piensan de manera diferente y dar clara conciencia de que existe en nuestra anomalía y diferencia algo que te puede ayudar en tu camino. También está ganar nuestro pan, en Europa la situación económica se ha vuelto muy precaria, en Dinamarca tenemos reducción continua de presupuestos. ¿Cómo inventar otras actividades y maneras sin perder lo que fue para nosotros el objetivo de hacer teatro y mantener nuestra libertad?

 

Lejos de los círculos artísticos oficiales

Yo nunca hice parte de esa gente de teatreros que pensaban que el teatro tenía que ser trasgresor, para mi era una comunidad extrajera, siempre he tenido esa sensación de que el teatro es como una iglesia, separada de la comunidad y cuando entras encuentras otra manera de pensar, comportarse, relacionarte, nada religioso. Yo hacía teatro porque quería cambiar las cosas, tenía una trascendencia, ir a un campo de refugiados políticos o una parte de la ciudad donde la gente vive en miseria, había una trascendencia.

 

 

Jorge Vargas

Eugenio Barba/fotografía: Jorge Vargas

 

Teatro pobre

Estoy seguro que el teatro es una necesidad interior del animal humano. Cada generación e individuo que hace teatro, va a encontrar su solución, porque el teatro va a ser una forma de plegaria, patria, compromiso social, meditación en público, siempre va a satisfacer algunas necesidades. El teatro se puede hacer con nada, no necesita gran tecnología. Un continente que tiene mucho teatro y que es muy ignorado es África, personas hacen teatro y no necesitan dinero para comprar, tienen su presencia, yo pienso que aquí sucede la visión de Grotowski, que el teatro pasa entre dos personas, un actor espectador, eso es fundamental en una época donde la virtualidad y pérdida de la relación en vida se ha vuelto uno de los problemas en nuestros escenarios.

 

Antropología Teatral

Es el estudio de los principios técnicos del actor. Un bailarín clásico es muy diferente al bailarín de danza moderna, un actor que hace teatro de calle, es diferente al que interpreta textos clásicos. Las formas son diferentes, así que es muy difícil hacer dialogar las formas. Los principios de esas formas pueden dialogar porque todos intentan desarrollar la presencia escénica del actor o bailarín, eso es un oficio. El oficio significa que uno debe saber hacer algo y tiene que seguir algunos principios, los cuales, la antropología teatral ha detectado a través de un estudio comparativo de las diferentes formas.

 

La intransigencia

El proceso pedagógico tiene dos polos, uno es el aprendizaje en un ambiente que lentamente te condiciona y te hace asimilar principios técnicos. Ethos, en sentido de etología/comportamiento, son los principios que dirigen los comportamientos. Para los griegos antiguos, el comportamiento de cada persona era dictado por su visión de realidad, ética o moral, el ethos es asimilar. Cuando uno trabaja cuatro años de cierta manera, en cierto tipo de silencio y mirada de la parte de quien se toma la responsabilidad de mostrarte el camino hacia ti mismo, todo el tiempo con intransigencia, que es lo que falta hoy, una intransigencia que no es disciplina prusiana o militar, es el deseo de enseñar y mostrar al joven que tienes posibilidades más allá de lo que tu me presentas. Sólo la excelencia al final es lo que tenemos que presentar a los espectadores, pero eso se asimila durante años con alguien que te obliga, porque la naturaleza humana es perezosa. El segundo polo lo llamo ‘el temblor de tierra’. Uno camina, tiene la certeza que tiene como fundamento sólido como tiene que ser el oficio, como se puede hacer y de pronto uno ve ese temblor viendo a alguien que te presenta un resultado y piensa durante el proceso de manera diferente.

 

 

Odin Teatret

Odin Teatret

 

Teatro en México

No conozco mucha de la producción que se hace en México, conozco personas que a mis ojos son síntoma de una cierta temperatura, que se reúnen y tienen muchas dificultades económicas pero continúan durante muchos años y son capaces de soñar. La parte sumergida de la cultura teatral existe, vive, tiene una red de contactos y actividades, es capaz de invitarme, lo que las grandes instituciones no pueden hacer, lo hacen ellos. El tercer teatro, el teatro sumergido, es la mayoría de las manifestaciones teatrales de este planeta. Lo que me asombra en México es que no ha tenido la misma riqueza de otros países latinoamericanos como Perú, Argentina, Colombia porque hay todo el movimiento en diferentes épocas que a conseguido crear una contra información con lo que sucede, es como si en México después del masacre de las tres culturas ha existido algo que ha impedido esa colaboración o emerger de la actividad teatral alternativa. El teatro en México no ha logrado tener el mismo papel que en otros países latinoamericanos.

 

La experiencia teatral

Cuando trabajas en el teatro de manera profesional no puedes cambiar al espectador, porque en su vida privada van a vivir y trabajar en lugares diferentes. Es evidente que a nivel de experiencia interior el teatro puede tener el mismo papel que algunos libros poemas y filmes. La experiencia teatral presenta otra realidad, la podemos formular en categorías políticas, justicia, dignidad o en categorías de espiritualidad, de algo que tenga un sentido para nosotros, no que dé un sentido a la vida en general, a nosotros, los actos pequeños y anónimos que hacemos cada día. El teatro va a continuar porque es la oportunidad, el lugar separado donde algunas necesidades del animal humano pueden realizarse.

 

 

 

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07
Sep
08

Personajes antagónicos, Próspero y Calibán, La Tempestad, William Shakespeare

 

John W. Waterhouse, Miranda The Tempest 1916

John W. Waterhouse, Miranda The Tempest 1916

Por: Arturo Gudiño

 Muchos son las comparaciones y contrastes que pueden establecerse entre los personajes Próspero y Calibán, de la comedia shakespeareana La Tempestad. Después de todo, siendo ésta una de las últimas (tal vez la última escrita sin colaboración de nadie) obras de Shakespeare, era de esperarse que el bardo inglés desarrollara una trama sumamente rica en interpretaciones. Una de las perspectivas de análisis más obvias es la que presenta a Próspero y a Calibán caracterizando el binomio dominador-dominado, aunque por supuesto dicha perspectiva no es la única.

Entre otros puntos de vista, Próspero podría ser interpretado como un demiurgo, y Calibán como un espíritu poco sofisticado o inacabado. Por otra parte, el maestro puede ser visto como el posesor del logos griego, mientras que su esclavo como una criatura incapaz de conquistar ese privilegio. Asimismo, podemos identificar paralelismos en las circunstancias que acompañan tanto al mago como a su cautivo. Si vemos a Próspero –al menos en ciertos aspectos­– como el alter ego de Shakespeare, Calibán podría ser tomado como un ser oscuro proveniente de la imaginación del bardo, quien sin embargo es necesario para completar la sustancia de esta obra. Mediante una interpretación aún más audaz y desde un punto de vista freudiano, Próspero y Calibán representan diferentes niveles de conciencia, siendo el primero de ellos el superego, y el segundo el ello. Todas estas perspectivas serán analizadas a lo largo de este artículo, en el entendido que no puede decirse la última palabra con respecto a una de las obras de mayor riqueza y complejidad creada por el genio de Shakespeare.

         Primero que nada, examinemos el binomio dominador-dominado caracterizado por estos dos personajes. Además de las connotaciones psicológicas de este planteamiento, viene a la mente el concepto de una invasión colonialista. Desde este punto de vista, Próspero podría ser visto como el usurpador de un privilegio que legítimamente pertenecía a la hechicera Sycorax y a su hijo Calibán. Debido a la superioridad adquirida mediante sus libros mágicos, así como al nivel de “ilustración” que el invasor sustenta, Próspero se otorga el derecho de posesión de la isla que le brindó refugio a él y a su hija Miranda. De esta manera, primero Sycorax y luego Calibán son irremediablemente sometidos por el intruso.

         Desde luego que el nativo no es del todo inocente. Es encontrado culpable de tratar de violar a Miranda, traicionando así la confianza que Próspero había depositado en él. Después de todo ninguna conquista está exenta de violencia. La agresividad de Calibán es fácil de detectar y etiquetar, mientras que la de Próspero es más sutil porque proviene del dominio intelectual. De alguna manera, la justificación de dominio de Próspero es comparable a la que los españoles utilizaron para llevar a cabo sus masacres en la conquista de América, sólo que éstos utilizaron una justificación pretextada por motivos religiosos. En el caso de la obra shakespeareana, la falta de raciocinio de Calibán, al igual que su supuesto origen demoníaco, son razones suficientes para mantenerlo bajo un severo control. Una vez más, algo similar ocurrió a las civilizaciones precolombinas: la falta de cristiandad significó una carencia de derechos.

         No debemos olvidar, sin embargo, que tanto Calibán como los aztecas, por mencionar uno de los pueblos sometidos, también tenían su lado oscuro. Calibán estuvo a punto de convertirse en un violador, mientras que los aztecas fueron conocidos por llevar a cabo sacrificios humanos. Es decir, no es correcta la interpretación maniqueísta que nos hace ver a los conquistadores como la representación del mayor de los males, y a los nativos como la representación de la más pura inocencia.

Nos viene a la mente otra comparación que no es del todo favorable a Próspero. Es claro que éste, como legítimo poseedor del título de Duque de Milán, es víctima de un complot creado por su propio hermano Antonio. Luego de la usurpación de sus derechos, viene una tempestad tras la cual Próspero debe refugiarse en una isla desconocida, a donde llega con la ventaja de la magia aprendida a través de sus múltiples libros. Pero ¿qué hay de los derechos de Calibán? Próspero llega a usurpar los privilegios que el nativo tenía para reinar en la isla que era de su madre. Vemos así una vez más que, no obstante que el nativo y el intruso parecen seguir caminos paralelos, quizás un análisis moral de los acontecimientos no resulte del todo favorable al colonialista europeo.

         Un último comentario respecto a esta interpretación historicista se refiere al “comportamiento aprendido” de Calibán. En su libro Pedagogía del Oprimido, Paulo Freyre explica que, una vez que el conquistado ha sido sujeto a diferentes tipos de sumisión, no necesita de mayor retroalimentación con el fin de mantener el patrón de respuesta hacia su amo. Esto significa que el dominador no necesita estar presente para someter al dominado, porque éste ya se encuentra condicionado a la opresión. Algo así sucede con Calibán, es decir, la influencia de Próspero es tan grande que el nativo es dominado sin necesidad de experimentar  los poderes mágicos de su amo. Es solamente a través de la influencia de extraños recién llegados (Trínculo y Stefano) que Calibán decide rebelarse contra su amo, de una manera más “efectiva”, decidiendo mostrar su inconformidad acumulada durante todos esos años.

         Refiriéndonos a Próspero como a un demiurgo, debemos tomar en cuenta que el propio Shakespeare había demostrado un conocimiento vasto acerca de temas astrológicos y esotéricos. Por ejemplo, muchas de sus obras contienen referencias explícitas a los cuatro elementos – sin excluir a La Tempestad – y a otros símbolos que les eran familiares a los aficionados a estos temas. Los sucesos en La Tempestad se desarrollan durante cuatro horas, después de doce años de espera; siete son los personajes principales (Antonio, Alonso, Sebastián, Ferdinand, Gonzalo, Trínculo y Stefano), quienes por cierto ignoran el control que Próspero ejerce sobre ellos. Cuatro, doce, siete, son números cabalísticos que muy probablemente no se presentan de manera casual en la creatividad de Shakespeare.

         De acuerdo con el libro medieval Corpus Hermeticum, el demiurgo era un ser terrenal que intenta imitar a Dios en su poder de creación, contando para este fin con recursos y habilidades para crear un microcosmos similar, aunque no tan perfecto como el cosmos creado por el Supremo Arquitecto del Universo. Bajo tales supuestos, Próspero actúa como un demiurgo en su isla privada. Es él quien se convierte en omnisciente, omnipotente y casi omnipresente en su pequeño territorio. Por su parte, Calibán es una criatura que se limita a contemplar el poder del demiurgo y luego trata de confrontarlo de una manera poco efectiva. Los intentos del esclavo para causar daño a su amo son siempre anticipados por éste. En este microcosmos, Calibán es un espíritu inacabado y nada sofisticado, incapaz de alcanzar la sabiduría que el demiurgo posee. Ningún tipo de iniciación será suficiente para el esclavo.

         Por otra parte, se da el caso de ciertas iniciaciones que son elaboradas por Próspero a lo largo de la obra. Una de ellas es la que Ferdinand debe seguir con el fin de obtener la mano de Miranda. Desde la pesada faena de cargar troncos, hasta el hecho de tener que respetar la virginidad de su amada hasta el matrimonio, Ferdinand se encuentra sujeto al control de Próspero hasta que éste considera que la iniciación ha sido lograda. Por su parte, Antonio, Alonso y Sebastián forman parte de otra iniciación, quizá más penosa que la del joven enamorado, pero a final de cuentas trae consigo resultados más sobresalientes: por ejemplo, el relativo al perdón y a la reconciliación, los cuales son elementos importantes en el desarrollo de la obra. Adicionalmente, Ariel y Calibán forman parte de otra iniciación, en donde el amo mantiene al primero bajo su control hasta que considera que el espíritu aéreo está listo para obtener su libertad, mientras que Calibán se hace acreedor a mayores castigos, planteándose  la posibilidad de enviarlo a Europa donde probablemente sería exhibido como una curiosidad. Nuevamente nos viene a la mente el planteamiento colonialista expresado líneas arriba.

         Como mencionamos al principio, el amo puede también ser visto como poseedor del logos griego (λóγος significa “razonamiento”, “argumentación”, “habla” o “discurso”), y en cambio su esclavo es un ente incapaz de alcanzar este privilegio. Es el mismo Próspero quien enseña a Calibán a utilizar el lenguaje, pero es el nativo quien desperdicia la oportunidad de adquirir la iluminación, o la ilustración, de manera completa. Ciertamente Calibán puede pronunciar palabras, pero sin un completo entendimiento de conceptos e ideas abstractas. Recordemos que, de acuerdo al punto de vista isabelino, ningún razonamiento estaba completo sin un sustento moral. Esto, por supuesto, era completamente ignorado por el salvaje. 

         Continuando con estas ideas, podemos incluso hacer otra comparación basada en la mitología griega. De esta manera, Próspero podría ser considerado como un Prometeo “isabelino”, mientras que Calibán sería su Epimeteo. De acuerdo con la raíz etimológica, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς significa ‘previsión’, ‘prospección’) es el que anticipa los eventos por venir, mientras que su hermano Epimeteo (en griego antiguo πιμηθεύς es el ‘que reflexiona más tarde’), es quien ve los eventos una vez que éstos ya han ocurrido. El primero anticipa las catástrofes mientras que el segundo se lamenta una vez que éstas ocurren. No resulta sorprendente que sea Epimeteo quien deje entrar a Pandora (en griego antiguo Πανδώρα es la poseedora de todos los dones) a la casa de los hermanos, trayendo consigo todas las calamidades que los dioses habían preparado como castigo para Prometeo, por su audacia al robarles el fuego sagrado. Pues bien, Próspero es como un Prometeo en su isla privada. No sólo anticipa, sino que también controla los eventos, mientras que Calibán es incapaz de prevenir cualquier calamidad preparada en su contra. Igual que Epimeteo, Calibán deja entrar a Pandora. En el caso de La Tempestad, Pandora podría estar representada por la llegada de Trínculo y Stefano, esos falsos salvadores que no resultan ser más que un espejismo, una falsa esperanza como la guardada en la caja de Pandora y, por supuesto, no son más que otra fuente de calamidades para Calibán. 

         Pasando a otro tipo de comparaciones, podemos identificar ciertos paralelismos y contrastes entre los planes tramados por el mago y por su cautivo. Mientras que Próspero está guiando los acontecimientos que eventualmente darán como resultado una confrontación con su propio hermano, por su parte Calibán está tratando de construir su propio plan en el entendido de que Stefano y Tríncalo le darán suficiente apoyo para lograr sus propósitos. Sin embargo, mientras que los planes de Próspero redundan en un final feliz, los trabajos de Calibán lo conducen a otra serie de castigos y humillaciones.

         Continuando con nuestro análisis, no podemos resistir la tentación de ver a Próspero – al menos en algunos aspectos – como el alter ego de Shakespeare. Igual que Próspero, el dramaturgo tuvo que abandonar su pueblo natal para realizar sus ideales. Próspero lo hizo de manera forzada, y como víctima de un complot, pero sus libros fueron una excelente compañía en su huida; por su parte, Shakespeare tuvo como motivación la elaboración y montaje de sus obras para abandonar, hasta cierto punto, a su propia familia. Tenemos también que al final de La Tempestad, el epílogo suena como el propio Shakespeare expresando su despedida: un canto de cisne ante su querido público. Como en otras ocasiones, el orador se dirige al público pidiendo la indulgencia necesaria para la obra representada, pero en este caso suena como el adiós final que espera un aplauso mayor. Y sin embargo, en esta comparación es difícil ubicar a Calibán. Es decir, si tomamos a Próspero como el alter ego de Shakespeare, Calibán podría tal vez remitirnos a partes recónditas de la imaginación del propio poeta, las cuales fueron siempre necesarias para dar sustancia a sus obras. El autor y sus personajes no pueden ser deslindados por completo; por lo tanto, el salvaje Calibán (como cualquier otro personaje en el universo shakespeareano) ocupa un lugar en la mente del poeta y probablemente también en sus propias vivencias, aunque sea de manera simbólica.

         Aventurándonos a una interpretación más audaz, Próspero y Calibán representan diferentes niveles de conciencia desde una perspectiva freudiana, siendo el primero representante del superego y el segundo del ello. El superego es el rector de la personalidad en términos de restricción y control de impulsos. Esa es justamente una de las funciones de Próspero en la isla; él regula, al menos durante cuatro horas, la vida de un pequeño grupo de personas quienes podrían verse, bajo este supuesto, como diferentes aspectos en la personalidad que es gobernada por el superego. En esta personalidad hipotética, Calibán sería el ello; es él quien casi logra violar a Miranda, hecho que es impedido por Próspero, el superego. Calibán es también hijo de un demonio, una figura más que representativa de los bajos instintos residentes en el ello. Freud dijo que una personalidad contiene diferentes facetas del ser. En nuestro análisis, estas facetas pudieran ser representadas por los personajes interactuando unos con otros en la isla, con Próspero actuando como el rector moral, y Calibán en el otro extremo como la inmoralidad fuera de control, es decir, como el ello.

         Independientemente del análisis que hemos hecho de los contrastes entre estos dos personajes, no cabe duda que Próspero es el protagonista central de la obra. Él es el motor de la trama y la figura principal en la búsqueda de soluciones. Sin embargo, La Tempestad sería una historia muy diferente sin la figura antagónica de Calibán, aunque éste no tenga la estatura de un gran oponente, ni los aspectos dramáticos inherentes al personaje de Antonio, el hermano usurpador, o la condición de hermano incómodo como en el caso de Prometeo y Epimeteo. A pesar de todo, Calibán es uno de los personajes que llega a poner a prueba algunos de los aspectos más profundos de la personalidad de Próspero, como su crueldad y su piedad, todo con base en una supuesta superioridad moral e intelectual.

         Y así, una vez ponderados todos estos puntos de vista, todavía no puede decirse la última palabra acerca de una de las obras más rica en complejidad, creada por el genio de Shakespeare. Quede entonces abierta para el lector la posibilidad de explorar y encontrar sus propias interpretaciones.

 

 

 

 

07
Sep
08

Vuelve Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

 

Por Jorge Zavaleta Balarezo

(Pittsburgh, Estados Unidos)

La nueva película del maestro neoyorquino Woody Allen se llama “Vicky Cristina Barcelona” y, como viene sucediendo con sus últimas producciones, no se desarrolla en la Gran Manzana sino esta vez en la ciudad española que anuncia el título.

Allen nos obsequia una cinta entretenida y virtuosa, bastante acorde con ese sentido y concepto de posmodernidad que ya venía anticipando, por ejemplo, en su interesante “Match Point”. Como en ella, aquí también aparece la bella Scarlett Johansson, ahora  junto a los hispanos Javier Bardem y Penélope Cruz y a una actriz que se revela genuinamente talentosa, Rebecca Hall.

Algunos críticos han señalado la deuda o referencia intertextual que esta cinta tiene con la brillante obra de Francois Truffaut “Jules y Jim”. En aquella obra de uno de los maestros de la “Nueva Ola”, la protagonista, una hoy legendaria Jeanne Moreau, compartía su amor entre dos muchachos. Pero bien podríamos agregar que otro referente es, asimismo, una película también cumbre de Truffaut, “Las dos inglesas y el continente”, donde Jean Pierre Léaud, el actor favorito del cineasta francés, se desvive por el amor de dos hermanas.

Ante estas referencias, no queda más que señalar que “Vicky Cristina Barcelona”, en su apuesta por un retrato de relaciones conflictivas pero a partir de un enfoque lúdico y divertido, es una visión que Woody Allen recupera de sus propios acercamientos a este mundo de filiaciones y desamores ya planteado desde la brillante “Dos extraños amantes”, que ganó el Oscar en 1978, y que continuó en interesantes películas como “Manhattan” y, más adelante, en “Maridos y esposas” o “Misterioso asesinato en Manhattan”.

Y es que de eso se trata. Bardem es un artista dedicado a la pintura, lleno de vida y amor, a quien le encanta el vino y pasar buenos momentos. Scarlett Johansson y Rebecca Hall, son turistas americanas en Barcelona. Penélope Cruz es la ex esposa de Bardem, siempre desesperada o incluso desquiciada. Todo está servido para que en un ejemplo shakesperiano, digamos una comedia de una noche de verano, la magia del romance y lo imprevisto surja y trastoque de pronto el insólito mundo que se va presentando ante nuestra atenta mirada.

Entonces, las relaciones entre estos personajes se vuelven diáfanas y entrañables o de pronto se oscurecen. Unos gozan, otros dudan, o quizá se alteran demasiado. La experiencia de Allen en sus “psicodramas” neoyorquinos reaparece aquí en cierto modo sin descuidar esa postura más suave y sobre todo distendida.

Sin temor a la entrega, a la pasión, sin calcular demasiado el terreno ni los hechos, las mujeres de “Vicky Cristina Barcelona”, además de bellas y sugerentes, son retratos propios de nuestro siglo: liberadas, desprejuiciadas, dispuestas a ir más allá o no plantearse ningún límite. Es lo que sucede con Scarlett Johansson, mezcla de niña y mujer, en su sensualidad explícita, cuando convive con Bardem. O lo que ocurre dentro de la mente de Rebecca Hall, igualmente convencida de que el artista español le atrae más de lo que pensaba.

Es interesante ver cómo la película encuentra su propia energía en esos hechos que se van desarrollando casi naturalmente, sin compromisos ni obligaciones, mientras una voz en “off” nos cuenta de las alegrías y desventuras que se plantea la historia. Woody Allen no se esfuerza demasiado en lograr por momentos escenas hilarantes, siempre sujeto a los dominios del amor. Es esa magia que de pronto lo invade todo, los lienzos que se van llenado de colores, el vino que llena las copas, la dulzura y sorpresa de las mujeres o una Barcelona que, en sus calles y misterios, representa el centro de un placer que, por fin, ha dejado de ser prohibido.

Así, el autor de “Interiores”, “Zelig”, “Balas sobre Broadway” y tantas otras películas, entre genialidades y algunas entregas menores, nos dedica una cinta disfrazada de divertimento pero que en realidad significa sumergirse otra vez en conciencias inseguras, acaso demasiado frívolas, y sin embargo dispuestas a experimentar, a dejarse llevar por la corriente del deseo o lo que venga. Lo que importa es vivir el momento, no pensarlo demasiado, sólo disfrutarlo. Allen entiende que esa línea de pensamiento es parte de lo que la juventud postula hoy en día y aunque sus personajes ya no son niños ni adolescentes ni mucho menos, les otorga esa cualidad de librepensadores y libertarios totales. Entonces, el festín se matiza con mucha vitalidad y sorprende gratamente al espectador, con colores vivos, música agitada y un cierto recuerdo a las comedias silentes que tanto le gustan a este cineasta genial.

 

 

07
Sep
08

Eduardo II, las obscenidades del poder

Eduardo II, Teatro Juan Ruiz de Alarcón, UNAM. Dirección Martin Acosta

Eduardo II, Teatro Juan Ruíz de Alarcón, UNAM. Dirección Martín Acosta

 

 

 

Por Sisi Casas

 

Lo absurdo del poder radica en su falta de personificación. Las instituciones lo son todo: los individuos son removibles, dispensables, simples mecanismos intercambiables que cumplen su función durante dos, tres, seis años, y son depuestos por gracia del aparato político o, si el accesorio es muy defectuoso, por ingenierillos que a su vez también serán desechados llegado el momento. Lo importante es, al fin y al cabo, que la maquinaria siga funcionando sin importar si está a punto de colapsar o la herrumbre la corroa por completo.

 

De ahí que en esta inercia sea indispensable la toma de decisiones en pro del bienestar institucional. ¿Pero qué pasa cuando en realidad el poder sí llega a personificarse y un solo individuo lo detenta? Lo mismo puede ser un dictador o un monarca; uno llegado al poder por un golpe de estado o una revuelta social, en tanto el otro por un designio hereditario o una cuestión de la sangre. En tal caso el problema se vuelve más complejo, pues más allá de las instituciones, imperfectas en su anonimato y corrompibles por su propia naturaleza cambiante, la voluntad de un individuo, y las más de las veces los caprichos, determina el rumbo de un país. Voluntad única, en apariencia, pues detrás hay una serie de grupúsculos que influyen en la toma de decisiones. De ahí que llegado el momento los tiranos también sean depuestos.

 

En este último sentido es que puede inscribirse la puesta en escena, coproducida por la UNAM y el INBA, Eduardo II, de Christopher Marlowe, bajo la dirección de Martín Acosta, que se presenta en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario.

 

A partir de que “Eduardo II es el hijo perfecto del imperfecto mundo isabelino, brutal, tan brutal como una carnicería; bello como la mirada de los enamorados; incómodo como el limón en las heridas; patético como dark room al amanecer. Es un discurso poético y político. Es una postura ideológica y una novelita para adolescentes calenturientos”, Martín Acosta construye un montaje donde explora ese mundo subterráneo lleno de corrupción, machismo, homosexualismo, intolerancia, engaño y perversión del poder. De ahí que ciertos elementos estén bien representados desde esa óptica donde lo más importante es, sí, lo que se dice en palabras, pero también a través de ciertas acciones corporales que son más significativas aún que el texto mismo.

Fotografias José Jorge Carreón

Por ejemplo, no es necesario presentar sobre el escenario una justa en la que los nobles demuestren su hombría. En vez de ello, un partido de rugby cumple con el mismo propósito: el mundo de los hombres, de los machos, expresada en su esencia más pura de fuerza bruta, en la transpiración y el empuje de una horda en contra de otra, intercalada con diálogos donde también se ponen a prueba dos voluntades: la del monarca veleidoso y débil, en contra de la conservadora y decidida de los nobles. Un mundo donde lo sobreentendido es tan importante que la fraternidad se vuelve más allá de un vínculo familiar al convertirse en la razón de ser de una clase social.

 

Lleno de energía y con momentos muy buenos que evidencian el dominio del oficio de Martín Acosta como director –el mencionado partido de rugby, varias escenas en los vestidores, la escena final de la violación multitudinaria que cierra el primer acto, el empleo de tambores militares para significar la guerra -, no obstante cuenta con ciertos aspectos un tanto cuestionables: si bien se trata de “El desventurado reinado y la muerte lamentable de Eduardo II de Inglaterra”, basado en la vida del monarca que asumiera a los 23 años el reino de Gran Bretaña, la interpretación de Eduardo carece de cierta coherencia interna al no resultar del todo creíble. Sí, es verdad, es un rey que tiene 23 años, pero en el escenario, si bien se es lógico que se vea un rey débil en momentos, dejarlo en esa situación de desamparo ante los embates de los pares, aun en el mayor momento de tensión, pone en duda su capacidad de sin en realidad ese rey que está en escena hubiera sido capaz de detentar y manejar el poder a su antojo.

 

Un elemento más es, qué tan necesario es recurrir a clichés para denotar que alguien es homosexual: ¿todos deben hablar con cierto amaneramiento, tener una actitud corporal delicada, ser un grupúsculo? ¿Todos los homosexuales son necesariamente “locas”? Eso, amén de cierta desigualdad respecto a los niveles actorales. Cierto, hay momentos en que evidentemente se trata de una sobreactuación, de mostrar lo grotesco de los personajes a través de la ironía o la caricatura, pero hay otros en los cuales más bien parece tratarse de ciertas deficiencias o limitantes actorales. Tal es el caso de Nailea Norvid: después de verla en infinidad de telenovelas y trabajos en televisión, y aún después de ver su desempeño en Electra o la caída de las máscaras, o más recientemente en Memoria, hay una sensación de ver, no al personaje, sino a la actriz.

 

En fin, Eduardo II es un trabajo de Martín Acosta que quizás esté por debajo de Crack o de las cosas sin nombre, pero que, sin duda, tiene muy buenos momentos, a pesar de sus cuatro horas de duración.

 

 
 
 
 

 

 

 

12
Jul
08

12 hombres en pugna

Raúl Díaz

 

  

La gente de mi generación, y otros un tanto más jóvenes, seguramente recuerdan la película que en español se llamó precisamente así, “Doce hombres en pugna” que en su original inglés se denomina, “Twelve angry men”. Seguramente la recuerdan porque es una de esas películas que realmente impactan y lo hacen no solo por lo que dicen y cómo lo dicen, sino también –y por momentos quizás principalmente-, por el trabajo actoral de esos doce hombres que están furiosos, para seguir el nombre original, o que, para seguir el español, se enfrentan en pugna.  

 

Si ese impacto se produce en cine por las razones señaladas, imagínese usted lo que significa de trabajo lograrlo en teatro donde el director no puede gritar ¡Corte! y repetir la toma una y otra vez,  sino que las acciones se suceden ininterrumpidamente y no hay manera de volver atrás.

 

Pues bien, ese impacto es el que se proporciona al público en la versión teatral que actualmente se presenta bajo la dirección de José Solé y un elenco de auténtica primera línea que, encabezado por Ignacio López Tarso (Jurado 8), cito en estricto orden del número de Jurado que les corresponde, del 1 al 12, con el necesario salto del 7 al 9. David Ostrosky, Miguel Pizarro, Juan Ferrara, Roberto Blandón, Miguel Rodarte, José Elías Moreno, Aarón Hernán, Salvador Pineda, Patricio Castillo y, Luis Gatica, a quien me tocó ver, en el papel que alterna con Rodrigo Murray.

 

La escenografía, que reproduce estupendamente una sala de 1957 en la que se reúne el Jurado que habrá de decidir si un adolescente acusado de asesinar a su padre es o no culpable, se debe a Fernando Payán y contribuye de manera decisiva a lograr la atmósfera adecuada. Iguales méritos debe otorgársele a la iluminación de Jorge Ramírez y al vestuario de Diana Muñoz.

 

Si fríamente observamos cual es la cuestión central de la pieza, su desenlace no tiene mayor chiste porque, aún sin tener ningún antecedente, se hace evidente desde el principio cual será el final, tanto que hasta podría titularse “crónica de un veredicto anunciado” sin embargo, la obra logra captar totalmente la atención del público desde el primer momento y mantener la tensión a lo largo de sus aproximadamente dos horas de duración que se presentan sin intermedio.

 

Sucede así porque el perfil psicológico de todos y cada uno de los personajes está perfectamente dibujado y su conducta es reflejo de, claro, sus personales circunstancias, pero también del momento histórico y la sociedad que viven –mediados del siglo pasado y plena guerra fría-, con un nacionalismo exacerbado y, todavía, con la creencia real de que vivían el mejor de los mundos posibles. Apenas unos 10 años después ese espejismo les saltó en mil pedazos y sus propios jóvenes se encargaron de hacerlo estallar

 

Nada de raro tiene, entonces, la diatriba del Jurado 10 (un desconocido, por excelente, Salvador Pineda en el mejor trabajo de su carrera y donde la mano de Solé se hace más que evidente), que expone en toda su bestial claridad la mentalidad fascistoide de los que ayer, como hoy desgraciadamente, creían auténticamente en la “superioridad americana”. Esos de ayer quizás ya no estén para verlo pero, los de hoy, tienen que no solo verlo sino asimilarlo, un negro, muy posiblemente, sea su próximo presidente. La “superioridad americana” se hace astillas.

 

La vida, la maravillosa vida es indetenible y, quien lo dijera, una adusta Sala del  Jurado de hace 51 años, en  la que 12 hombres se desnudan en lo interno y airean, quizás sin proponérselo, sus más recónditos pensamientos y sentimientos, filias, fobias, temores, motivaciones y esperanzas, cobra hoy plena vigencia. La cobra porque, síntesis de la sociedad, nos dice lo que esa sociedad era y lo que, con todo y sus cambios pero también persistencias, es la de hoy.

 

La “crónica de un veredicto anunciado” es eso, no hay lugar para la expectativa en ese sentido, no es pues importante si el dictamen es de culpable o inocente porque desde el principio se sabe que va a ganar “el bueno”, lo importante aquí es lo que pasa en el transcurso del inicio al final.

 

Si ya se sabe qué es lo que va a pasar y no obstante eso la obra consigue manejar las emociones de la manera que lo hace, esto quiere decir que lo determinante es la forma en la que nos cuenta la historia y, desde luego, la manera en la que nos la cuentan sus narradores es decir, los actores que encarnan a los personajes, esos doce hombres enojados que entran en pugna y constituyen un grupo por demás heterogéneo.

 

Desde este punto de vista debo decir que aún cuando, naturalmente, hay unos trabajos mejores que otros, el resultado del trabajo actoral de conjunto tiene necesariamente que calificarse como un trabajo de excelencia.

 

Teatro que reconcilia con el Teatro es decir, aquel que estimula el placer de pensar y está magníficamente presentado, “12 hombres en pugna” no puede dejar de verse y, además, deben adquirirse los boletos con antelación ya que en todas las funciones tienen lleno y es imposible conseguir boletos para el mismo día.

 

“12 hombres en pugna” se presenta viernes a las 19:00 y 21:30, sábados a las 18:00 y 20:30 y, domingos a las 17:30 y 20:00 horas en el Teatro Helénico, Av. Revolución 1500, San Angel.

12
Jul
08

El órden al revés

Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.

 

Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.

Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.

Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía. 

Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.

Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.

         España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.

         Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España  derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.

         Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.

         España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.

         Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.

La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”,  mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.

La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.

España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.

        

 

        

 

12
Jul
08

Un divulgador del conocimiento, Arturo Azuela

Ana María Longi

 

 

La comunidad cultural de México recibió con especial agrado el reciente nombramiento del escritor mexicano Arturo Azuela como presidente del Seminario de Cultura Mexicana sustituyendo a Luis Estrada, astrónomo y divulgador de la ciencia de la UNAM.

 

  Azuela es autor de novelas imprescindibles como “El tamaño del infierno” (1973), “Un tal José Salomé” (1975) y “El don de la palabra” (1985), entre otros libros posteriores -25 o más-, igualmente exitosos a nivel internacional. Es Premio Villaurrutia 1974, Premio Nacional de Novela, Presidente de la Asociación de Escritores de México (1981-1982), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1986, Maestro en Ciencias y Doctor en Historia por la UNAM. Profesor visitante en las universidades estadounidenses de Berkeley y Columbia, y en la de París (Nanterre). Subdirector de Literatura y Subdirector General del Instituto Nacional de Bellas Artes (1982), también fue designado Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 1986. Su literatura ha sido traducida a varias lenguas.

El novelista comentó acerca de los personajes ligados al Seminario de Cultura Mexicana, en los que se cuenta la pintora Frida Kahlo, en cuyo recuerdo se presenta una exposición con fotografías y documentos de su labor.

Azuela también se refirió al reinicio de co-rresponsalías internacionales en Centroa-mérica y Estados Unidos, así como la renovación de un plan de ediciones y creación de corresponsales asociados y honorarios.

El año pasado el escritor recibió el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Zaragoza, en convenio con la Universidad de Tubingen, con la tesis titulada: “La Ruta de Goya” (crónica sociológica) que se publicará el próximo año en las instituciones europeas.

 

¿Cuáles fueron las razones que lo animaron a ocupar un cargo de  abolengo en una institución con 66 años de fundada?

 

“Bueno, pertenezco al Seminario desde 1984. Siempre he sido un colaborador no solamente disciplinado sino entusiasta y leal a las labores de la Institución. El Seminario me ha llevado a viajar por muchos puntos de la República, impartiendo conferencias o dando cursillos sobre la Literatura Iberoamericana Contemporánea. En los últimos años, a pesar de tener una salud quebrantada, no he faltado jamás a mis responsabilidades como “seminarista”. Hace unos seis meses, un grupo distinguido de miembros titulares me pidió que presidiera las labores del Seminario.

Acepté con gusto, a pesar de los problemas actuales y la necesidad de revisar sus proyectos y actualizar sus objetivos. Para mi sorpresa, hace más de un mes fui elegido por consenso unánime”.

 

¿Por qué considera estructural dentro de su plan de trabajo exaltar las figuras históricas de nuestra cultura que pertenecieron al Seminario?

 

“El Seminario de Cultura fundado en 1942, estuvo formado por los más prominentes escritores, artistas, científicos y filósofos de nuestro país. La lista de fundadores es realmente extraordinaria: Enrique González Martínez, Manuel M. Ponce, Manuel Sandoval Vallarta, Mariano Azuela, Frida Kahlo, Julián Carrillo, Diego Rivera, entre otros, dieron lustre inmediato a la Institución. Con los años se sumaron Mauricio Magdaleno, Agustín Yáñez, Carlos González Peña, Francisco Monterde, y últimamente intelectuales de la valía de Antonio Gómez Robledo, Héctor Azar, Alberto Beltrán y Manuel Henríquez. Debemos continuar con este desafío al nombrar a todos y cada uno de nuestros miembros titulares, y desde luego, publicar algunas de sus obras y darlas a conocer a las nuevas generaciones, no sólo de la Ciudad de México, sino por todo el país”. 

 

El México actual se cuestiona acerca de toda clase de problemáticas; políticas, económicas, sociales, culturales, entre otros. ¿Tiene usted planeado invitar al Seminario de Cultura Mexicana a personalidades que nos quiten el velo de los ojos, que ese foro se transforme en una fuerza clarificante?

 

“En primer lugar, en el Seminario contamos con miembros titulares de altísimo nivel que pueden participar en mesas redondas, conferencias y diplomados. Entre ellos se encuentran el arquitecto Luis Ortiz Macedo, el jurista Sergio García Ramírez, el ingeniero Daniel Reséndiz Núñez, el científico Luis Estrada y el sociólogo Omar Guerrero. También invitaremos para que se sumen a este grupo gente de la talla, como el Premio Nobel, Luis Molina, el Doctor José Sarukán, el doctor Germinal Cocho Gil, el doctor Federico Ortiz Quezada. Tienen diferentes especialidades y enfoques muy distintos y profundos sobre el gravísimo problema del sobrecalentamiento. Además de este tema urgente, también trataremos la problemática de la educación, de la situación de los jóvenes en relación a la drogadicción, el aumento elevado de la natalidad y desde luego de la distribución de la riqueza en nuestro país. El gran tema de la globalización también será tema de un tratamiento académico de altísimo nivel”.

 

Usted suma  una trayectoria de 40 años de escritor y medio siglo de profesor de tiempo completo. ¿Qué opina de la situación económica del país, de la división de poderes y la constante hegemonía que muestran los vecinos del país del norte? 

 

“Es indudable que los grandes proyectos nacionales de la primera mitad del siglo han sido abandonados. Creo que en estos últimos años se entrometieron por todas partes muchos políticos sin la preparación adecuada. Tenemos que volver a darle su lugar a médicos, ingenieros, arquitectos, químicos, verdaderos profesionales que realmente estén capacitados para enfrentar las más difíciles circunstancias. Este país, hace más de 40 años, estaba dirigido por gente muy preparada, y sin lugar a dudas se formó una clase dirigente de proyección internacional. Se abandonó -por ejemplo- el gran proyecto para reducir nuestra explosión demográfica, uno de los problemas más significativos por el que todavía atravesamos. Para dar ejemplos, sólo en la ingeniería civil tuvimos constructores de primera línea en muy diversos campos: ferrocarriles, carreteras, puentes, presas, sistemas de aeropuertos y diseño de puertos pesqueros. La ingeniería petrolera fue muy importante en el mundo y ahora poco queda de aquel prestigio. Acompaña a esta ausencia de profesionales una etapa muy conflictiva de políticos que pocas veces se ponen de acuerdo. La impunidad y la corrupción no han sido neutralizados, y el papel de la Suprema Corte de ministros extraordinariamente bien pagados, ha sido verdaderamente lamentable. A pesar de todo, soy optimista y creo que nuestro proceso cultural y educativo será la clave para la solución de muchísimos problemas del presente y del futuro”.

 

¿Cómo simple ciudadano observador, qué sería lo prioritario de lo prioritario que se debe atender?

 

“No tengo la menor duda: la educación, la salud  y la seguridad. Todos los demás aspectos -hacendarios, laborales, electorales- deben estar íntimamente vinculados a esos renglones esenciales”.