Archive for the 'entretenimiento' Category

01
Nov
08

Will y Sue, suite shakesperiana (para actores, objetos y ensamble musical),

Will y Sue, suite shakesperiana (para actores, objetos y ensamble musical), de Luis Rivera. Teatro Orientación

Will y Sue, suite shakesperiana (para actores, objetos y ensamble musical), de Luis Rivera. Teatro Orientación

 

Por Oswaldo Valdovinos Pérez

Los recuerdos son la puerta al pasado, a una existencia que ha sido y no es posible modificarla ya; a esos pasos que han dejado huella y que son, al fin y al cabo, parte esencial de una existencia, que puede o no tener sentido, pero que sin duda ha conformado la historia individual de cada individuo.

Por supuesto los recuerdos son fragmentarios y en ocasiones pueden jugar una mala pasada: se olvida aquellos que se supone no tiene importancia, pero también eso que ha de recordarse inevitablemente por haber sido parte fundamental del proceso de identidad. De naturaleza frágil, la memoria es caprichosa y selectiva, pero también traicionera al momento de poner en duda los límites entre la realidad y la ficción. ¿Qué hacer entonces cuando es, precisamente, esta última frontera la que rige el destino? ¿Cómo diferenciar claramente una de otra sin caer en el desvarío?

En este sentido es que puede inscribirse Will y Sue, suite shakesperiana (para actores, objetos y ensamble musical), de Luis rivera López, estrenada en junio en el Salón Dorado del Teatro Nacional Cervantes, en Argentina, y actualmente en temporada en el Teatro Orientación en el Centro Cultural del Bosque, es una puesta en escena que aborda, basado textos shakesperianos y desde una óptica que va de la realidad a la ficción, uno de los pasajes del retiro Shakespeare tomado como referencia y como punto de partida para esta imaginaría una carta de su hija Susana.

“Poco o nada sabemos de la vida de William Shakespeare. Solamente algunos datos surgidos de registros formales, entre los que se pueden consignar un matrimonio de extrema juventud, una hija mayor, un hijo muerto a temprana edad, y un extraño silencio luego de concluir La tempestad, sumado a un regreso definitivo a su ciudad natal… Una de las obvias certezas mayores que tenemos es que ha muerto. Y si algo podemos afirmar de Hamlet, Falstaff o Puck, es que están vivos”, apunta Luis Rivera.

De esta manera, en escena se ve a un Shakespeare desencantado, enterrado prácticamente en un montón de papeles como una forma de permanecer atrapado en un laberinto que parece conducir a una trampa llena de palabras, a un espacio donde el tiempo no fluye y en cambio permanece como un fiero carcelero empeñado en no dejar escapar al prisionero. Es, pues, la representación del vacío que precede a la desesperanza y el desencanto.

Actuaciones de Hayddé Boetto y Luis Rivera López

Actuaciones de Hayddé Boetto y Luis Rivera López

No obstante, de entre esa maraña desesperanzadora surge la posibilidad de escapar de esos días aciagos a través de las palabras escritas de Sue, su hija enterrada hasta ese momento en ese legajo que parece devorarlo todo. Y es a partir de ese instante que las criaturas a las que ha dado vida, y confinadas a un sueño obligado, se hacen presentes en su morada para dialogar con su creador, pues al fin y al cabo lo han trascendido al grado de ser criaturas con vida propia.

En este confluir asisten el demonio Calibán, Puck, Hamlet, Enrique III, todos ellos en forma de títeres, lo cual le da, visualmente hablando, esa calidad de seres mágicos surgidos de la imaginación shakesperiana. Criaturas que lo confrontan, lo cuestionan, incluso lo amenazan y están dispuestos a atacarlo, y no por alguna razón es específico sino porque la propia naturaleza con que fueron creados los obliga a hacerlo; pero también lo consuelan y lo reaniman, todo ello logrado a través del trabajo actoral y la destreza en el manejo de los títeres de Haydeé Boetto y el propio Luis Rivera.

Will y Sue, suite shakesperiana (para actores, objetos y ensamble musical), de Luis Rivera, cuenta con la dirección y las actuaciones de Hayddé Boetto y el propio Luis Rivera López, la escenografía de Alejandro Mateo, la música en vivo de Sergio Bátiz y Jacobo Lieberman, los títeres de Araceli Pszemiarower y la iluminación de Matías Gorlero, y se presenta los lunes y martes a las 20:00 horas en el Teatro Orientación hasta el 9 de diciembre.

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18
Oct
08

60 Años de Cine Israelí

60 Años de Cine Israelí

 

Por: Arón Margolis

Fundador / Director Ejecutivo

Festival Intl. de Cine Judío – México

aron@festivaldecinejudio.org

 

         La industria cinematográfica israelí ha tenido una dramática transformación en seis décadas, reflejando así en cada producción la dinámica evolución de su sociedad.  Iniciando como un cine meramente propagandista, con el pasar de  los años se ha ganado poco a poco un lugar dentro de los festivales cinematográficos más importantes del mundo, y logrado distribución comercial en múltiples países.

 

         Considerado como el padre del cine Israelí, Iaacov Ben Dov empezó a documentar vivencias desde antes de que se formara el estado.  Ben Dov fundó “Menora”, la primera sociedad cinematográfica de Jerusalén, que se dedicó a producir películas silentes sobre sucesos históricos.  En dichos filmes se logra ver como era la vida en dicha época y el establecimiento y actividades en ciudades como Jerusalén, Tel Aviv, Rishon Letzion y la antigua Jaffa; era común que aparecieran grandes personajes como Churchill, Einstein, Ben Gurion,  y otros.  Una importante colección de películas de Ben Dov se mantuvo extraviada por alrededor de setenta años, pero recientemente se rescataron y compilaron gracias a la labor conjunta del National Center for Jewish Film (Centro Nacional de Cine Judío) y del Israel Film Archive (Archivo de Cine de Israel) en un interesante documental llamado “Builders & Dreamers” (Soñadores y Constructores).  En total se le atribuyen a Ben Dov por lo menos 300 filmes y noticieros, aunados a una media docena de largometrajes. 

 

         Para algunos expertos en el tema, el cine israelí se divide en dos etapas: de 1948-1961 y de 1961 en adelante.  La primera etapa es considerada como el “Realismo Sionista” que fue un cine principalmente realizado por la “Agencia Judía” y el “Fondo Nacional Judío” (KKL), representado por películas de propaganda institucional que mostraban las dificultades que se tenían para construir el naciente estado de Israel, y de esa manera recaudar fondos para la causa; tenían una duración de 10-15 minutos y fueron realizadas por profesionales americanos y algunos inmigrantes fotógrafos y directores de Europa Oriental, debido a la falta de personal capacitado en el país.  Estas películas recordaban al cine ruso de los años ’40.  Los cortos tuvieron nombres memorables como: Pavimentar el camino a Sodoma, El agua de la vida, Ashdod y Fusión de diásporas, entre otros.  Posteriormente se empezaron a realizar cortometrajes noticiosos que se exhibían en los cines previo a las películas.  Dichos clips compartían con las audiencias notas sencillas de acontecimientos actuales por medio de fotografías de titulares periodísticos, acompañados de música dramática de los 50’s y una locución melodramática emulando una voz divina.  Esta propaganda semanal gubernamental de 10 minutos de duración era supervisada por el Ministerio de Comercio e Industria y Director del Departamento de Informativos Cinematográficos, Asher Hirschberg, misma que duro hasta que comenzó la televisión en el país. 

 

         Algunos primeros largometrajes producidos en Israel como La Colina 24 No Contesta (Dickenson, 1954) y Columnas de fuego (Frisch, 1952) fueron realizados para públicos extranjeros, debido al poco interés por la producción local en esa época. Posteriormente, se  empezaron a abrir laboratorios con el surgimiento del Centro de Cultura y Educación de la “Histadrut” (Confederación General de Trabajadores), que estableció un departamento de Cine, producción y difusión; eventualmente, la Agencia Judía y el ejército abrieron también departamentos cinematográficos.  Otro factor importante del desarrollo de la industria cinematográfica local fue la consolidación de las ciudades y con lo mismo la apertura de las primeras salas cinematográficas. 

 

         La segunda etapa del cine israelí a partir de 1961 es denominada “La Generación de Estado”, y se da a partir de los cambios históricos-ideológicos, socio-económicos y de concepción artística que vivía el país en la dicha década, mismo que se vieron reflejados en el teatro, la literatura, la poesía, la radio y el periodismo.  Durante este periodo surge una nueva generación de cuentistas y poetas como Natan Zaj, David Avidán, Yehuda Amijai, Amos Oz, Izhak Orpaz, Amalia Kahane-Karmon, A.B. Yehoshua y Yoram Kaniuk, quienes comparten en sus obras vivencias como individuos, expresándolo en un lenguaje coloquial que posteriormente se ve reflejado en el cine.  En 1960 el gobierno israelí decide incentivar el desarrollo de la industria por medio de la devolución de un impuesto al comercio e industria.  Esta iniciativa atrae a diversas casas productoras y a empresarios que quieren tomar ventaja de dicho beneficio, que representaba el 33% por cada boleto vendido en taquilla.  Como toda industria cinematográfica, la israelí tuvo que pasar por su etapa de desarrollo que no estuvo exenta de diversos y complicados baches: gente inexperta, equipos caros, laboratorios de baja calidad, historias malas, bajos presupuestos, escaso público e imposibilidad de exportar el producto al extranjero; pero el reto mayor era crear un lenguaje original para sus historias.

         En un principio los realizadores se apoyaron en exitosas obras de teatro para llevarlas al cine.  La más representativa fue Salah Shabati del conocido escritor Ephraim Kishón, quien sentó las bases de personajes esteriotipados de la sociedad israelí en los años sesentas.  Salah, el personaje principal, paso a ser un héroe mitológico con gran éxito.  Otras películas de dicha época que dejaron huella fueron Arbinka, El Canal de Blaumilaj y El Policía Azulay.  Durante esta época surgió también el movimiento  El Otro Cine que intentaba competir con la Nueva Ola del cine francés, explorando temas complejos de una manera artística y muy personal por parte de los realizadores a quienes alejo de los personajes exitosos, relatos y del drama.  Debido a los altos presupuestos que manejaron fracasó.  Como consecuencia de la caída del  “Otro Cine” y la transformación social israelí, acompañada del florecimiento del teatro comercial y la influencia de la televisión, que hace que mucha gente de la tercera edad, académicos y adultos vayan poco al cine, entre 1967 y 1976 se produce un cine denominado “Burekas”; películas superficiales con temática étnica-familiar enfocadas a un público poco educado pero con poder adquisitivo.  Este cine altamente comercial fue muy criticado por barato, vulgar, tonto y anticinematográfico.  De ahí siguieron otros personajes populares a principio de los años setentas, siendo el más memorable Kazablan, personaje de la película del mismo nombre, que abrió las puertas del mercado estadounidense a su director Menahem Golan, nominado en 1974 a los Globos de Oro® como mejor película extranjera. 

 

         Desde el inicio del establecimiento del Estado de Israel los cineastas centraron la temática de sus producciones en la sociedad, las relaciones con sus vecinos y en temas de supervivencia.  Asimismo, la segunda generación de directores empezó a tratar la temática del holocausto que sus predecesores no asumieron, por estar muy cerca del evento histórico.  Para 1974 se estaban produciendo en promedio 20-25 películas ayudando así a madurar a esta joven industria, apoyada de las Universidades de Tel Aviv y Beit Tzvi, que ya impartían cursos de cine, así como la motivación de jóvenes que salían al extranjero a especializarse.  En 1979 se abrió un fondo para apoyar la producción de películas de calidad, lo cual dio un importante empuje a los nuevos realizadores.  Durante este periodo las películas exploraron temas que reflejaban el devenir de la sociedad, modos de vida, cambios sociales históricos y políticos, relaciones interpersonales entre grupos, así como conflictos entre diferentes identidades culturales.

 

         Para los años 90’s las temáticas empezaron a tomar un matiz mas humano, reflejando la realidad israelí actual.  La llegada de la televisión comercial y los nuevos canales de cable, dieron a la nueva camada de realizadores la oportunidad de profesionalizar su oficio.  Posteriormente, dicha producción se vio también reflejada en la industria cinematográfica del país.  A pesar de que seis películas israelíes habían quedado seleccionadas en la categoría de mejor película extranjera en lengua no inglesa en los Oscares®   (1964 –Salla Shabati (Efraim Kishon), 1971 – Hashoter Azulai (Efraim Kishon), 1972 – Aní Ohev Otaj Rosa (Moshe Mizrahi), 1973 – Habait Birjov Shalosh (Moshe Mizrahi), 1977 – Mivtza Ionatan (Menahem Golan) y  1984 – Meajorei Hasoraguim (Uri Barbash)), no fue sino hasta la segunda parte de los noventas que el cine israelí empezó a tener reconocimiento mundial, con la Première Mundial de la película “Santa Clara” en 1996, durante el Festival Internacional de Cine de Berlín y “Kadosh” en 1999 en el festival de Cannes.  

 

         Con un semillero de 9 universidades o escuelas técnicas, 5 cinetecas y 7 archivos fílmicos, 10 festivales internacionales de cine y 6 fondos o fundaciones que apoyan la producción y distribución de películas, Israel produce actualmente en promedio 16 películas de ficción, algunas de ellas                     co-producciones internacionales con un presupuesto promedio de alrededor de $900,000 USD y mas de 100 horas de documentales al año.  En 2007 producciones israelíes ganaron diversos premios internacionales en prestigiosos festivales como Cannes (Cámara de Oro por “Meduzot” y el Prix Coup de Cœur – Un Certain Regard  por “The Band’s Visit”) y Berlín (Oso de Plata por “Beaufort”, el Oso de Cristal por “Sweet Mud”), entre otros, mientras que en 2008 “Lemon Three” obtuvo el premio del público en Berlín.  Con estos antecedentes e importantes corridas comerciales de varias de sus producciones a nivel mundial con películas como “Walk on Water”, “Broken Wings” y “Ushpizin”, el cine israelí promete incrementar cada vez más su presencia mundial.   

 

 

Fuente:

CIDIPAL (Centro de información y documentación de Israel para América Latina)

Israel Film Industry Guide 2008/9

 

 

 

 

 

 

07
Sep
08

Vuelve Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

 

Por Jorge Zavaleta Balarezo

(Pittsburgh, Estados Unidos)

La nueva película del maestro neoyorquino Woody Allen se llama “Vicky Cristina Barcelona” y, como viene sucediendo con sus últimas producciones, no se desarrolla en la Gran Manzana sino esta vez en la ciudad española que anuncia el título.

Allen nos obsequia una cinta entretenida y virtuosa, bastante acorde con ese sentido y concepto de posmodernidad que ya venía anticipando, por ejemplo, en su interesante “Match Point”. Como en ella, aquí también aparece la bella Scarlett Johansson, ahora  junto a los hispanos Javier Bardem y Penélope Cruz y a una actriz que se revela genuinamente talentosa, Rebecca Hall.

Algunos críticos han señalado la deuda o referencia intertextual que esta cinta tiene con la brillante obra de Francois Truffaut “Jules y Jim”. En aquella obra de uno de los maestros de la “Nueva Ola”, la protagonista, una hoy legendaria Jeanne Moreau, compartía su amor entre dos muchachos. Pero bien podríamos agregar que otro referente es, asimismo, una película también cumbre de Truffaut, “Las dos inglesas y el continente”, donde Jean Pierre Léaud, el actor favorito del cineasta francés, se desvive por el amor de dos hermanas.

Ante estas referencias, no queda más que señalar que “Vicky Cristina Barcelona”, en su apuesta por un retrato de relaciones conflictivas pero a partir de un enfoque lúdico y divertido, es una visión que Woody Allen recupera de sus propios acercamientos a este mundo de filiaciones y desamores ya planteado desde la brillante “Dos extraños amantes”, que ganó el Oscar en 1978, y que continuó en interesantes películas como “Manhattan” y, más adelante, en “Maridos y esposas” o “Misterioso asesinato en Manhattan”.

Y es que de eso se trata. Bardem es un artista dedicado a la pintura, lleno de vida y amor, a quien le encanta el vino y pasar buenos momentos. Scarlett Johansson y Rebecca Hall, son turistas americanas en Barcelona. Penélope Cruz es la ex esposa de Bardem, siempre desesperada o incluso desquiciada. Todo está servido para que en un ejemplo shakesperiano, digamos una comedia de una noche de verano, la magia del romance y lo imprevisto surja y trastoque de pronto el insólito mundo que se va presentando ante nuestra atenta mirada.

Entonces, las relaciones entre estos personajes se vuelven diáfanas y entrañables o de pronto se oscurecen. Unos gozan, otros dudan, o quizá se alteran demasiado. La experiencia de Allen en sus “psicodramas” neoyorquinos reaparece aquí en cierto modo sin descuidar esa postura más suave y sobre todo distendida.

Sin temor a la entrega, a la pasión, sin calcular demasiado el terreno ni los hechos, las mujeres de “Vicky Cristina Barcelona”, además de bellas y sugerentes, son retratos propios de nuestro siglo: liberadas, desprejuiciadas, dispuestas a ir más allá o no plantearse ningún límite. Es lo que sucede con Scarlett Johansson, mezcla de niña y mujer, en su sensualidad explícita, cuando convive con Bardem. O lo que ocurre dentro de la mente de Rebecca Hall, igualmente convencida de que el artista español le atrae más de lo que pensaba.

Es interesante ver cómo la película encuentra su propia energía en esos hechos que se van desarrollando casi naturalmente, sin compromisos ni obligaciones, mientras una voz en “off” nos cuenta de las alegrías y desventuras que se plantea la historia. Woody Allen no se esfuerza demasiado en lograr por momentos escenas hilarantes, siempre sujeto a los dominios del amor. Es esa magia que de pronto lo invade todo, los lienzos que se van llenado de colores, el vino que llena las copas, la dulzura y sorpresa de las mujeres o una Barcelona que, en sus calles y misterios, representa el centro de un placer que, por fin, ha dejado de ser prohibido.

Así, el autor de “Interiores”, “Zelig”, “Balas sobre Broadway” y tantas otras películas, entre genialidades y algunas entregas menores, nos dedica una cinta disfrazada de divertimento pero que en realidad significa sumergirse otra vez en conciencias inseguras, acaso demasiado frívolas, y sin embargo dispuestas a experimentar, a dejarse llevar por la corriente del deseo o lo que venga. Lo que importa es vivir el momento, no pensarlo demasiado, sólo disfrutarlo. Allen entiende que esa línea de pensamiento es parte de lo que la juventud postula hoy en día y aunque sus personajes ya no son niños ni adolescentes ni mucho menos, les otorga esa cualidad de librepensadores y libertarios totales. Entonces, el festín se matiza con mucha vitalidad y sorprende gratamente al espectador, con colores vivos, música agitada y un cierto recuerdo a las comedias silentes que tanto le gustan a este cineasta genial.

 

 

28
Jun
08

La Siberia de El Milagro

 

 

Raúl Díaz

 

Que un grupo de profesionales se lance a la tarea de implementar un nuevo proyecto cultural es un hecho digno de todo encomio sin discusión posible; si ese grupo es de teatreros (o de “teatristas” o “trabajadores del teatro” como prefieren algunos a los que les da resquemor el idioma) y lo que pretenden hacer es crear un nuevo espacio que sea auténticamente suyo, en el que presentarán solo obras de calidad y, además, crear una compañía estable (hecho absolutamente inusitado en nuestro país) que se responsabilizará de los montajes, entonces para nosotros los teatreros aquello es una cosa que nos hace lanzar alaridos de felicidad y proporcionamos –y procuramos que otros proporcionen-, carretadas de aplausos para ese grupo de locos que, quien sabe porque razones, quizás precisamente porque están locos, continúan creyendo que la cultura y el teatro en específico son algo que vale la pena, aunque el grueso de nuestra sociedad y quienes la gobiernan se empeñen día a día en demostrarnos que no es cierto y que la cultura y el teatro no tienen ninguna utilidad práctica, no descubren tesoritos ni hacen millonarios así que, teatro y cultura, no es algo de lo que haya que ocuparse. 

 

Pues bien, eso, aventurarse en la creación de un nuevo espacio teatral es lo que están haciendo los compañeros agrupados en la organización “El Milagro” que hace ya 18 años se iniciara como editorial, terreno en el que han obtenido algunos logros, y que ahora se amplía a tener su propio espacio y compañía. A unos cuantos metros de la esquina de Milán y Lucerna, confluencia en la que por largos años existiera el Teatro Milán, lugar de exhibición en el DF del buen teatro que en esos tiempos realizaba la Universidad Veracruzana, se alza el nuevo Teatro El Milagro, concretamente en Milán 24 entre General Prim y Lucerna, colonia Juárez.

 

Por lo antedicho, por jugársela a favor del teatro, carretadas de aplausos para sus socios fundadores: David Olguín, director y dramaturgo, Gabriel Pascal, escenógrafo e iluminador y los actores y actrices Laura Almela, Mariana Giménez, Daniel Jiménez Cacho, Juan Carlos Vives y Rodrigo Espinosa y, si alguien se me escapa, disculpas.

 

Hasta aquí los aplausos, porras, vivas y demás; pasemos ahora a qué es lo que está aconteciendo en el Teatro El Milagro y su primera puesta en escena, Siberia, del propio David Olguín y que él mismo dirige.

 

Siberia es un nombre que en el imaginario popular se asocia a frío intenso, muy intenso, hielo, nieve y desolación. Para los que tienen edad para recordarlo, se asocia también a los tiempos de la guerra fría y la furibunda campaña propagandística antisoviética que situaba a Siberia como un gigantesco campo de exterminio en el que muy bien estarían las palabras que el Dante colocó a las puertas del infierno: “Pierda toda esperanza el que aquí penetre”. Sobre esta base, el subtítulo de Siberia reza: “Un viaje a las entrañas del crimen” es decir, un viaje a lo recóndito, a lo allá perdido, a lo que no conocemos pero se antoja sórdido, terrible, a lo que está tan lejos como Siberia y es así de inhóspito, el símil no da lugar a dudas.

 

Y claro, título y subtítulo son así un atractivo y uno espera algo realmente bueno porque a ellos se agregan nombres de importante trayectoria como los

ya mencionados de Olguín, Pascal, la Almela y Vives que son los que participan en esta primera muestra de El Milagro, como también lo hacen Mariana Giménez y Espinosa.

 

Pero hete aquí que como bien apuntaba mi querido amigo y maestro Rafael Solana, “una es la búsqueda y otra la encuentreda” y, es evidente, los milagrosos buscaron, y buscaron bastante, esto hay que reconocérselo pero, en esa búsqueda se metieron a recovecos que no exploraron bien, a laberintos en los que nunca hallaron la salida y, lógico, no encontraron.

 

Como no encontraron no pudieron exponer sus buenos hallazgos y, lo que exponen entonces, es una obra ilógica en la que se mezclan, mal, toda una serie de cuestiones que al final no logran decir nada y, menos aún, establecer un discurso y conclusión coherente. Puede el autor-director argumentar que precisamente esa es la idea, que esa es su intención ya que se trata penetrar en lo más recóndito de la mente y conducta humanas, mente y conducta criminal además y que, por supuesto, eso no es cosa que pueda mostrársenos como algo coherente y lógico sino precisamente lo contrario, y que eso es justamente lo que quiso exponer. Pues bien, si esto es así, lamento decirle que para nada quedó claro su mensaje.

 

Y es que, entre pretendidas influencias “dostoievskianas” (de Fedor Dostoievski), una clarísima aunque absolutamente gratuita alusión a la Siberia stalinista, que solo entienden quienes tienen referencia de esa época, y una fallida experimentación psicoanálitica en búsqueda de demonios interiores, el autor se pierde, no llega a ninguna parte y, lo peor, pierde también el sentido de dirección o, por lo menos, parte de este, lo que se refleja en la pésima dicción de sus actores con la única excepción –que por lo tanto hace más notable la falla de los demás-, de Laura Almela.

 

Bien la parte técnica; imaginativa y plenamente lograda en cuanto a lo que quiere exponer la escenografía de Pascal, misma que complementa con su iluminación, pero se queda uno con la impresión de que un trabajo como este debiera estar destinado a mejor fin. Igualmente cumpliendo su objetivo, el resto del trabajo técnico.

 

Así, un inicio de luz y sombra, luz radiante por lo que significa la existencia de un nuevo espacio teatral, manejado por profesionales, en nuestra ciudad que tanto necesita de estos recintos y, sombra por haber comenzado con una obra fallida así sea del director-fundador del espacio.

 

Siberia, en el nuevo Teatro El Milagro de Milán 24, col. Juárez, jueves y viernes a las 21:00.

 

*Informes: teatro@elmilagro.com.org.mx, 55920031 Jueves día del espactador, $50

 

 

 

 

 

 

 

 

23
Feb
08

EL CRI – CRI DE MARIO IVAN

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Raúl Díaz 

Mario Iván Martínez es, sin duda, uno de los actores más completos que tenemos; formado en la rigurosa escuela inglesa tuve el placer de trabajar con él cuando, recién regresado de la vieja Albión, aceptó trabajar en la pequeña obra Mozart y Salieri de Pushkin cuando, con dos pesos, organicé el Primer Festival de Teatro y Música de la Ciudad de México, que antecedió en varios años al denominado Gran Festival Ciudad de México que si contó con todo el dinero del mundo. Recién desempacado, como es natural, no contaba Mario Iván con el justo reconocimiento y fama de que ahora goza pero, si dejaba ver ya claramente su calidad de actor. El recuerdo me llega mientras contemplo su espectáculo Descubriendo a Cri-Cri que todos los domingos, hasta marzo, está presentando en el Polyforum Cultural Siqueiros y que, como su nombre indica, es un espectáculo dedicado al gran Francisco Gabilondo Soler, creador de El Grillito Cantor y quien el año pasado cumpliera sus primeros cien años de nacido .  De aquel Mozart y Salieri al Cri-Cri de hoy mucha y fructífera agua ha pasado bajo los puentes de la creatividad de este actor que, entre otras imágenes, dejara un recuerdo imborrable con su Dr. Brown de la película Como agua para chocolate, a más de presentarse en calidad de narrador-conductor en programas especiales con algunas de nuestras principales orquestas sinfónicas y es que, como anotaba al principio, Mario Iván es de lo más completo que tenemos y así, aparte de su formación actoral posee una sólida formación musical lo que le permite incursionar con éxito en diversas disciplinas (es un estupendo contra tenor, cosa que no todos saben), y combinar esas disciplinas para crear espectáculos destinados a temas o personajes específicos, tal el caso que ahora nos ocupa. Es así como desde hace unos tres años ideó la serie de presentaciones que llamó “Un rato para imaginar” que, amplia como su nombre sugiere puesto que de imaginar se trata, le permite bordar sobre muy diversos tópicos tales, “¿Conoces a Wolfi?” que, obviamente, está destinado a dar a conocer parte de la vida y obra del Divino Wolfgang Amadeus Mozart, el más grande genio musical que haya conocido la humanidad y, en un terreno muy distinto, “La leyenda de los volcanes” que nos habla de nuestras tradiciones y raíces. Así, en ocasión inmejorable del centenario del inmortal creador del grillito cantor, lo pertinente y obvio era dedicarse a Cri-Cri y el resultado es el que motiva estas líneas. Aquí está Mario Iván en su calidad de cuentacuentos, una especialidad que no todos los actores desarrollan porque, una cosa es la actuación propiamente dicha y otra la capacidad de contar un cuento es decir, trasmitir su esencia y hacer sentir las emociones de cada pasaje de manera tal que el escucha auténticamente “viva” las peripecias del cuento. Por eso afirmo que la de cuentacuentos es una especialidad que, como tal, hay que aprender, elaborar, construir, y no es cuestión de simplemente “aventarse” porque se tenga la formación de actor. Y aquí estamos pues, frente a un excelente cuentacuentos que no solo sabe narrar, crear las atmósferas precisas con su desenvolvimiento escénico, sino que sabe armar un espectáculo en el que, sin una parafernalia mayor aunque sin escatimar nada de lo necesario, se llena la escena de color, luz y alegría. Y eso es “Descubriendo a Cri-Cri”, un espectáculo de enorme dinamismo, plenamente lúdico, pletórico de colorido en el que el narrador-personajes-actor-cuentacuentos-cantante-músico y hasta bailarín y medio mago va desgranando las hermosas canciones-historias de Cri-Cri que siguen haciendo las delicias de los chicos y otros no tan chicos, y también de nosotros que ya de eso no tenemos nada y a los que, hay que admitirlo, tales canciones nos conducen a la nostalgia pero, ya sabemos, la nostalgia no es grave sino un sentimiento dulce como el grato sabor de boca que una cucharada de miel nos deja en los labios pero que…ya pasó, ya nos la tomamos. Participativo total, Descubriendo a Cri-Cri involucra a la gente que entusiasmada se presta y une al juego con lo que aquello se convierte en un jolgorio no apto para amargados o “serios y formales” pero si propio, bueno, más que eso, apropiadísimo, para chavos (de cualquier edad de los 3 hasta los 90 años, por ejemplo) alivianados que quieran revivir su visión de cómo la patita se enca…britaba porque el chorrito sus chapitas le despintó, o el no menor enojo de la olla por tener un vecino tan poco aristocrático como el comal, o bien soltar una furtiva lágrima (Donizetti dixit), al recordar las penurias de la pobre muñeca fea o, quizás, reafirmar sentimientos proletarios al recordar a quien proviene de “un barrio pobre y trabajador” o, más sencillamente todavía, quizás tan solo recordar la vocal que se parece a la cuerda con que siempre saltas tú. Y así, saltando, corriendo, bailando, contando, cantando, narrando Mario Iván Martínez va si no (para muchos) descubriendo a Cri-Cri, si seguramente recordándonoslo, haciendo (he aquí la magia) que se nos aparezca de nuevo y nos lleve allá a esos mundos que no son ignotos pero que si hemos perdido por, muchas veces, haber perdido nuestra capacidad de juego, nuestra capacidad de soñar, de imaginar. Y ese –más allá de los puramente artísticos que son muchos-, es el mérito principal de “Un rato para imaginar” y este Cri-Cri que nos devuelve a ese mundo maravilloso de riqueza infinita que es nuestra capacidad de imaginar. “Descubriendo a Cri-Cri” se presenta en el Poliforum Cultural Siqueiros (Insurgentes y Filadelfia), únicamente los domingos a la 1 de la tarde y permanecerá en cartelera solamente hasta el próximo marzo.  

16
Feb
08

El hecho de la palabra

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Para satisfacción de los que han disparado con salva…o de las palabras como marsupiales

Oswaldo Valdovinos Pérez

El ciclo de la palabra puede tener una infinidad de vertientes: puede ser directo, mordaz, irreverente, inverosímil; caer en una serie de urdimbres que pueden conducir a un mismo lado por diferentes caminos (por supuesto ninguno es el mismo y por lo tanto todos y cada uno de ellos son únicos), o en realidad ser una trampa sin un sentido en específico porque ése también puede ser el propósito de enunciar frases consecutivas. Por otro lado también está la insaciable necesidad de nombrar todo aquello que es posible nombrar, aunque en la realidad (o en la cotidianidad o en la vida diaria o en el continuo transcurso del tiempo) no existan referentes sólidos a los cuales asirse, o haya un significado preciso que explique lo que se habla. Porque también puede ser que esa necesidad de recrear la existencia a través de las palabras responda únicamente al vacío aterrador y desesperante que produce la ausencia de palabras; de ahí que en muchas ocasiones se estructuren discursos donde lo importante no es ni lo que se dice ni cómo se dice, sino el hecho mismo de decir, de llenar esos espacios subterráneos de la conciencia para no desprenderse de la piel y caer en pedazos, o desgarrarse la garganta (o las manos, o los dedos, el cuerpo mismo) por la abandono del acto creador del discurso verbal. De ahí que se pueda explicar que una persona —una mujer de mediana edad, de profesión (si es que la tiene) un tanto indefinida, más o menos joven, más o menos al borde del desquiciamiento, de la ruptura emocional, por ejemplo— se vea en la inexorable necesidad de reafirmar su presencia en los otros a través de la palabra, para lo cual ha de crear una estructura discursiva efímera sustentada en la fragilidad de las emociones a punto de explotar en la actitud pero desbordadas en torrente verbal. Tal es la premisa del más reciente montaje Para satisfacción de los que han disparado con salva…o de las palabras como marsupiales, de Alberto Villarreal, que el pasado 9 de febrero inició temporada en el foro La Madriguera. La trama puede resumirse a una aparente plática de una también aparente conferencista que por algún motivo (“El que se preocupa por ustedes me dijo que les hablara de cualquier cosa”) está en un lugar determinado y tiene que cumplir con un compromiso pactado de antemano. Por supuesto, al no haber un tema específico tampoco hay un discurso preparado, y mucho menos una ilación congruente en términos discursivos; de ahí que la conferencia-monólogo-plática-frustrada vaya de un tópico a otro y regrese sobre sus pasos para volver y regresar nuevamente al principio y desviarse en digresiones que llevan a otras tantas y se retome el hilo conductor inicial. Eso sí, siempre con una actitud al borde de la histeria pero sin lograr transgredir los límites de la cordura. Así pues, a través de un monólogo divergente, la búsqueda del equilibro pende de unos patines (que también son la causa de las constantes caídas), de una serie de desplazamientos (¿para encontrar “su lugar” en algún lado?) y elementos incidentales (el paso de una bola de boliche, el cambio de patines), además de actitudes que muestran a una mujer siempre al borde de la ruptura, muy bien lograda en general, pero por ser una constante, un tanto lineal que limita hasta cierto punto la gama emocional que pudiera tener el personaje.  Cierto que hay una evolución emocional y un discurso que difícilmente es captado en su totalidad en una primera lectura, pero también existe el inconveniente de perderse en una complejidad más cercana a lo literario que a lo dramático, lo cual puede llevar a un galimatías. Para satisfacción de los que han disparado con salva…o de las palabras como marsupiales, de y bajo la dirección de Alberto Villarreal, con la actuación de Irela de Villers, se presenta en La Madriguera (Álvaro Obregón 291) los sábados a las 20:30 horas.

16
Feb
08

Petróleo sangriento There will be blood

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Jorge Zavaleta Balarezo 

Pittsburgh, Estados Unidos 

La nueva película del talentoso Paul Thomas Anderson -autor de las fundamentales Boggie Nights, Magnolia y Embriagado de amor– está dedicada, simbólicamente, al maestro Robert Altman, patriarca del cine independiente americano, fallecido en el 2006. Como Altman, Anderson ha hecho de sus propias obras experimentos corales, polifónicos, que muestran una cuidadosa puesta en escena, un regodeo por los detalles, una vocación metacinematográfica, todo alrededor de un guión confeccionado con sumo cuidado. Ahora, en Petróleo sangriento (There will be blood) estamos ante la historia de Daniel Plainview, interpretado por Daniel Day-Lewis en el gran papel de su carrera. Tomado de la novela Oil, de Upton Sinclair, Plainview es un ambicioso buscador de petróleo en los míticos tiempos de la expansión norteamericana. En plena segunda revolución industrial, con incipientes vías férreas y las ideas fuerza del pragmatismo capitalista sustentado en una religión que culpa y premia, el territorio de los Estados Unidos era, entonces, en el borde de los siglos diecinueve y veinte, una tierra por descubrir y a la que se podía apostar incluso la vida. Es ese sentido de la aventura el que entiende Plainview, cuya presencia abre la película mostrando la dificultad de su empresa y el empeño que pone en ella. Se trata de un personaje recio, duro como la piedra o el acero, alejado de esa naturaleza que el director Anderson muestra pasiva, en planos abiertos y largos, con vegetación seca y montañas inciertas. Plainview es un hombre al que no le gusta mirar atrás, para quien el pasado simplemente no existe porque quizá implique resolver asuntos graves, personales, familiares. En el cariño a su pequeño hijo revela toda la bondad que le puede ofrecer al mundo. El resto es trabajo, espera, obsesión. El es un hombre que literalmente labra su destino.  Pero en este filme lleno de energía, complejo, difícil, denso, el protagonista, dominado por su individualismo, de todos modos está acompañado por otros seres quizá tan elementales como él pero menos arriesgados. Uno de ellos es el joven predicador con rasgos femeninos que retoma los temas de la expiación y el pecado tan caros a otro maestro que Anderson ha estudiado muy bien, Martin Scorsese. O los inversionistas que celebran alegremente la buena nueva de la llegada del petróleo. Y, sí, el oro negro brota de la tierra infinita aun a costa de desgracias ajenas y traumáticas, como dejar sordomudo al hijo del protagonista. Este es quizá el momento de mayor sensibilidad para él y la escena en que, desesperado, lo lleva en brazos, corriendo, en busca de protegerlo, grafica lo profundo de un corazón lastimado. Es, sintomáticamente, el tema-guía del petróleo el que da actualidad a una cinta cuya historia se remonta a más de un siglo atrás. La coyuntura global (Irak, Venezuela, los intereses norteamericanos) están en el fondo de la película de Anderson, quien, a través de sesudas y estudiadas metáforas, la contemporiza críticamente. Al mismo tiempo Petróleo sangriento es una lectura de algunas películas clásicas de Hollywood: El nacimiento de una nación, Ciudadano Kane, 2001: Odisea del espacio. Como en ellas, aquí se trata del inicio de una era. Como en ellas también, hay un elegido, una suerte de mesías para quien no cabe ninguna redención. Es, asimismo, una historia que recuerda por momentos La puerta del cielo, la obra maestra de Michael Cimino, sobre la conquista del Oeste, y las partes más importantes de El Padrino, de Coppola. Anderson recorre “textualmente” el cine americano desde sus raíces y en sus momentos decisivos para narrarnos una pasión personal, de fortaleza de espíritu, de lucha contra la adversidad. No importa si en medio de la acción se va la vida. La lógica -el último deseo, la esperanza- es cumplir la tarea. Por eso Petróleo sangriento es una curiosa épica sobre el desarraigo, con momentos cumbres, de enorme potencia cinética.  Anderson diseña cada escena con esmero, vuelve sobre la profundidad de campo, tan trabajada por un genio como Orson Welles, matiza la noche y el día bañados de petróleo, encuentra en los paisajes naturales un escenario justo para sus tomas a veces cargadas de un lirismo incomprendido. Es, a la vez, un cinéfilo consumado que evoca los westerns de John Ford o los filmes de genios como Wilder, Lang, Zinnemann, Minelli, Wyler, Mankiewicz. Plainview, guiado por el instinto de su ambición, cae y se levanta, vuelve a caer y se vuelve a levantar. Daniel Day-Lewis le otorga credibilidad y le pone nervio a un personaje de por sí duro y quizá desalmado, sobre todo consigo mismo. Las escenas finales (la película cubre un arco temporal de 1898 a 1929, inicio de la Gran Depresión), remiten a la injustamente postergada El aviador, de Scorsese. Como el excéntrico multimillonario Howard Hugues de aquel filme, Daniel Plainview se enfrenta a la certeza de su propio recorrido vital. Y tiene que elegir. Paul Thomas Anderson nos deja una película incansablemente poética, sobre la construcción de un sueño y de una nación. Vuelve sobre el territorio americano como el poeta Keruoac de En el camino y retorna a las fuentes -críticas a veces, fastuosos otras- reveladas por novelistas como Dos Passos en Manhattan Transfer y Steinbeck en Las uvas de la ira. Y es que la miseria y el vicio son otro elemento de esta cinta que sorprende por su virtuosismo y se concibe, ella misma, como una nueva gran mirada de una promesa incumplida y aun así omnipresente: los Estados Unidos, ni más ni menos. 

FICHA TÉCNICA

There Will Be Blood

Dirigida por: Paul Thomas Anderson
Con: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciaran Hinds, Kevin J. O’Connor
Género: Drama
País de Origen: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2007

La 80ª entrega de los premios Oscar, será el domingo 24 de febrero de 2008 en el teatro Kodak de Hollywood, California. Petróleo Sangriento está nominada en ocho categorías: Mejor película, Interpretación de un actor en un rol principal, Dirección, Guión adaptado, Fotografía, Dirección de arte, Edición y Edición de sonido.