Archive for the 'Extras' Category

29
Mar
08

Perspectivas teatrales

María Teresa Adalid  

“La habilidad innata del poeta es la capacidad de ver metáforas” dijo Aristóteles, cualidad del teatro es poder otorgar significados a lo inexistente. El teatro exige presencia, habla de posturas, descubrimientos y del entorno social.  El ser humano se reconoce persona gracias a él y hoy día a pesar de la abulia para la difusión de la cultura, el teatro nos mantiene vivos. El teatro es la vida dice Peter Brook. A través de la elocuencia de algunos creadores del país, director, dramaturgo, actriz, algunos jóvenes, otros con amplia trayectoria, se reflexiona acerca de las coordenadas del espacio en nuestro presente:

 

 

1.-¿Cuál es la importancia del teatro en la vida social del país?, 2.-¿Qué haría para que el teatro tuviera más público?, 3.-¿Hacia dónde deben de  ir las políticas públicas en el teatro?.  Si tenemos más claro el conocimiento de nuestra realidad sabremos con más certeza lo que podemos alcanzar.   

 

 

  Alberto Villareal. Director artístico Artillería producciones en Arte  

 

 

1.-El teatro es un fenómeno necesario para todos los grupos humanos porque es una forma de reencontrarse con lo que nos hace ser personas. Es necesario porque el tipo de experiencia que brinda no es sustituible con ninguna otra, sigue siendo como dice Peter Brook la experiencia de enorme sencillez para devolverle lo humano propiamente a las personas. El teatro es una experiencia necesaria sobre todo ahora en un momento donde pareciera ser que los fenómenos tecnológicos comenzaran a sustituir el contacto humano, el teatro es aquél que brinda la otra opción, lo que nos permite seguir siendo gente y pensando como personas. 2.-Hacer un teatro más honesto, radical, divertido y abierto, el teatro normalmente no está a la altura de su público, la gente se aburre, siente que no encuentra lo que está buscando como experiencia. Es necesario encontrar una relación nueva con el teatro en México, una vinculación con nuestra sociedad, encontrar cómo el teatro interactúa con ello, lo refleja, cambia o lo alterna 3.-A la generación de una mayor infraestructura teatral, desbloquear algunos candados que existen para los espacios de pequeño formato que tienen las mismas regulaciones de los espacios de gran formato y no es lo mismo. Un espacio comercial tiene un fin redituable en tanto existen otros donde se está explorando algo artísticamente. La precisión de estos elementos ayudaría mucho más al desarrollo de una infraestructura cultural y también tarea de los creadores desarrollar las propuestas en sí.  

 

 

Miguel Flores, Docente y actor 

 

 

1.-Es una actividad hecha por los humanos para los humanos para que la gente se comunique y esté junta. Es un hecho que necesita el ser humano, aparte de distracción como conocimiento mutuo y compartir experiencias. 2.-Hacer buenos trabajos desde todos los puntos de vista; dramatúrgico, actoral y sobre todo, con muchos apoyos oficiales. También se trata de la información que va hacia afuera, por ejemplo, los teatros del CNA, cuando tienen espectáculos gratuitos, siempre están llenos y cuando se empieza a cobrar disminuye el auge, el problema es de las dos partes, por supuesto también es un problema económico. En lo que respecta a nuestro trabajo, es hacer bien las cosas y tener claramente para qué hacemos teatro. 3.-Tener proyectos teatrales específicos y enfocados hacia determinado tipo de público. Deberíamos tener compañías de teatro clásico del siglo de oro, contemporáneo, mexicano, etc, en ese sentido quienes se deberían de abocar a eso, sin duda, son las instancias oficiales que son la UNAM y el INBA, en ese tipo de políticas teatrales se podría captar mejor al público pues ya sabe qué es lo que quiere ver, se necesita difusión y estudio. 

Carlos Cobos, Actor

 1.-Aparte de brindar experiencias a nuestra cultura y la de los demás países, es el origen del hombre mismo, donde nace la expresión de formular lo que uno quiere hacer en la tierra, el teatro ha llegado a ser vital y es primordial mantenerlo vivo porque es la forma de comunicar lo que tenemos dentro, lo que queremos ser y llegar a ser. 2.-Involucrarnos todos los interesados en tratar de hacer un país mejor con un proyecto teatral, -que está difícil- así como se hacen grandes labores con propagandas para otras cosas, también se puede hacer con el teatro, hay gente que a lo mejor tiene la idea de que el teatro es elitista y caro, cuando no es así, en otros lugares y países la gente hasta hace fila desde mucho tiempo atrás porque el teatro se convierte en una necesidad, nuestra obligación es tratar de aspirar a eso. 3.-En provincia hay necesidades a priori que necesitan ser expresadas y también el apoyo para ellos es muy limitado, enfocar un cuestionamiento político para toda la república y también crear un programa de las necesidades para toda la gente, actores, público, etc, hay que tratar de extender el teatro a todos los rincones e interesar a la gente que está en el negocio de la política de nuestro país. 

Nora Manneck. Directora, Actriz

  1.-El teatro es un espejo de la vida y refleja lo que pasa en el país, Juan José Gurrola decía que cada nación y país tiene lo que se merece… lo dejo con este pensamiento… 2.-Hacer un teatro moderno y llevarlo a las zonas urbanas, introducir a la educación la expresión a partir del teatro, estamos carentes de un techo cultural serio. Es importante cubrir el origen del teatro como fenómeno desde los clásicos griegos hasta ahora, pero también apostar por el teatro como reflejo de la sociedad de hoy, hacer teatro a partir de las circunstancias que nos aplastan. México es un espejo hacia el exterior, la pregunta es con qué tipo de trabajo nos mostramos hacia el mundo, yo creo que hay mucha temática que puede ser interesante.  3.- Hay una gran diferencia entre el teatro comercial en México y el teatro con producción independiente donde hay que cobrar para recuperar lo invertido. El actor serio y profesional debe de ser pagado por su trabajo, se necesita apoyo institucional, llevar el teatro a la calle, y no pensar que el teatro sólo se puede dar en las salas, falta publicidad, si nosotros tuviéramos la misma cantidad y dinero para promocionar el teatro como se promociona el alcohol o el cigarro sería otra cosa. Necesitamos organización y confianza, el teatro es un lugar donde uno debe de ser capaz de expresarse libremente y despertar a la sociedad. 

 

 

Eduardo Donnovan Santos. Director compañía independiente JADEvolucion-arte. 

 

 

1.- El ser humano tiene la necesidad de relacionarse, de vivir en sociedad y esta sociedad necesita de un desahogo, de un reflejo, un espacio en donde pueda ver su realidad; que exista la catarsis y el escarnio. El único lugar que reúne estas características es el teatro, ese lugar maravilloso que nos da la oportunidad como sociedad de comunicarnos, reflexionar y…¿por qué no? solucionar.2.- Se necesitan cambiar muchas reglas, estructuras políticas, dar un giro de 360 grados a las normas que rigen el teatro en nuestro país. Necesitamos evolucionar.3.- A las verdaderas necesidades de las artes escénicas…que estas políticas no beneficien solamente a un grupo selecto, sino que se busque apertura, apoyar y difundir a las diferentes compañías artísticas que existen en el país. Romper con los privilegios, con los “dedazos” o “compadrazos”; un verdadero interés tanto de las instituciones como el público por el arte y cultura en México.       

 

 

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29
Mar
08

A propósito del Día mundial del Teatro

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José Ramón Alcántara Mejía* 

Estaría por demás decir que el teatro, como una de las manifestaciones más antiguas de la cultura y, quizá, si trazamos su origen hasta las expresiones rituales y simbólicas del ser humano, y génesis de la misma, justifica plenamente el que la UNESCO haya dedicado un día para su celebración.  Más la acción obedece también a esa otro propósito de la misma institución cultural internacional: la preservación de formas culturales que se perciben amenazadas por la extinción. Esto, desde luego, sería una exageración en otros países, pero ciertamente no lo es en México.Tal vez el problema en nuestro país es el descuido en que se ha sumido tanto la práctica como la reflexión sobre este importante fenómeno en nuestro país. Cuando hablo de descuido no me refiero a la falta de cartelera, sino la falta de cuidado en lo que se hace, pero de esto ya la crítica se ha encargado de señalarlo una y otra. Lo que a mi me gustaría subrayar en este día del teatro es la falta de una reflexión a la altura del fenómeno que nos llevara a valorar su importancia, no sólo en el sentido histórico y social, sobre lo que sí se ha escrito mucho, sino en el ámbito de la formación de la cultura y de las personas.¿Qué es, pues, concretamente, el teatro? ¿Por qué debiera ser sujeto de reflexión profunda en los medios académicos, de elemento formativo en las instituciones educativas, y de práctica social más comprometida en México? Abría que empezar por señalar que el teatro, si bien es cierto que cumple con una función de entretenimiento, esto es más bien un derivado que, bien hecho, lleva de regreso a su principal objetivo: la autorreflexión sobre lo que somos y del mundo que construimos.Contrariamente a lo que se piensa, el teatro no es primariamente pro-yección del yo hacia fuera, sino hacia adentro, hacia el reconocimiento de que somos, corporal y culturalmente, construcción de nosotros mismos. En un tiempo cuando el ser humano se encuentra cada vez más alejado de sí mismo, de lo que es verdaderamente, por las mediaciones ideológicas, tecnológicas, económicas, etc., de los proceso de globalización, el teatro nos recuerda, una y otra vez, quienes somos realmente.Uno de los textos más significativos para mí sobre la naturaleza del teatro viene de la pluma de Hèléne Cixous, que no me canso de citar, en mi traducción, en mi propio trabajo crítico: ¿Dónde ocurre primeramente la tragedia? En el cuerpo, en el estómago, en las piernas, como lo sabemos desde las tragedias griegas. Los personajes de Esquilo hablan, primero y sobre todo, de un estado corporal. Yo misma –comprendo esto después– comencé por la rehabili­tación de esos estados del cuerpo, ya que estos son tan elocuentes, ya que ellos hablan concretamente de los problemas del alma.  En esta área trabajo yo, bajo el microscopio, como una anatomista espiritual.[1]  Cultura es, sin duda, escritura, pero no simplemente letra –letra, en estos tiempos de la digitalización, es tecnología. Hélène Cixous ve la escritura como el verbo evangélico, la palabra que se hace carne, que adquiere un cuerpo que es de donde realmente emergió primeramente: acto de imitación de lo que se siente ser y estar vivo. Escritura como proceso por el que de descubre, siguiendo el trazado de la mano, el cuerpo. Con el penetrante bisturí de la pluma, llegar al alma para mostrar, jalando la piel hacia afuera, sus entrañas.  La escritura es el cuerpo que se escribe así mismo, y la escritura dramática llevada a escena es la re-encarnación de dicha escritura. La escritura corporal de Hélène Cixous es, pues,  de un cuerpo que escribe a sí mismo, como el cuerpo del actor que al moverse realiza una acción, o más bien múltiples acciones exploratorias de la propia anatomía, del propio cuerpo. El movimiento articulado de sus miembros, de sus músculos y tendones, escriben en el espacio vacío del teatro los signos de una escritura milenaria inscritos en lo más profundo del ser humano.  Escritura, pues, que sale de la mano o de todo el cuerpo, que se escribe en el papel o en el espacio, pero ambas siempre Cuerpo, ambas cuerpo que quiere expresar lo infinito a través de lo finito.            La reflexión del texto de Cixous nos permite ver la falacia de seguir percibiendo la construcción personaje desde la escritura y desde el cuerpo como dos maneras antagónicas, como si escribir y actuar fueran dos operaciones definiti­vamente distintas y hasta radicalmente opuestas. Quizá fue Artaud, o los discípulos de Artaud, o quienes mal leyeron –y quizá continúan mal leyendo– a Artaud. Quizá fue un teatro que se descubría a sí mismo y renegaba, entonces, de aquello que le dio forma: la escritura.  O quizá fue simplemente una reacción contra aquella escritura dramática que, nieta del neoclásico e hija del romanticis­mo, se dejó atrapar por las palabras, olvidándose de su cuerpo, es decir, de la corporeidad que le daba su verdadero ser. Hoy, o más bien, desde hace ya algunos lustros, bajo lo que Lyotard bautizara como la condición Posmoderna, el cuerpo y su escritura han dejado de ser concebidos como dos espacios distintos. Hoy la escritura es la prolongación del cuerpo mismo, no su enajenación, y el lugar donde esto es más patente es en el teatro. El teatro y la literatura, pero también otras expresiones culturales, encuentran, pues, su punto de contacto en la escritura, no ya escritura letra, sino escritura cuerpo, y el texto ya no es sólo el papel sino el espacio y el tiempo en que nos movemos y construimos cosas con la letra de la mano o del cuerpo. En la represen­tación se mueve, tejiendo la trama, el personaje, el  ethos, esencia misma del fenómeno dramático que expresa con su cuerpo, incluyendo los constructos verbales de su voz, que también es cuerpo, el Mythos milenario, que habría, irremediablemente, devenir en literatura. La escritura es, pues, posterior a la acción, y surge de la necesidad de un cuerpo que busca otras formas de expresarse. La escritura dramática, emerge en un proceso en el que las acciones se transforman en palabras, pero las palabras buscan su retorno al lugar de donde vinieron, al cuerpo, y de ahí que en la escritura siempre esté latente un acto teatral, o, si se quiere, un acto de retorno a los mitos milenarios del rito. Porque el teatro rebasa la escritura dramática, pues es expresión profunda de la naturaleza humana, también desborda los espacios teatrales y sale a la calle: manifestaciones públicas, desnudos colectivos, fiestas populares, participación de gente sin voz política, sin escritura, que recurre a lo que es lo más suyo, su propio cuerpo para decir lo que quiere y tiene que decir, como ocurrió en el Principio. Día del teatro en los escenarios, en la calle, en las manifestaciones, en el acto mismo de vernos a nosotros mismos en sus múltiples reflejos sociales y culturales, y regreso al escenario, al lugar donde, las acciones humanas alcanzan un sentido más universal, donde podemos descubrir, los niños en las escuelas, los estudiantes universitarios, los investigadores, los creadores, y todos los espectadores, quienes somos realmente. Es pues el mismo deseo que lleva al actor a  “recrear” en sí mismo y consigo mismo un personaje, el que debiera llevarnos al teatro confrontarnos con nosotros mismos por medio del otro, para poder forjarnos una forma de actuar, de decidir, de ver el mundo, que sea propia. El teatro, decía Shakespeare, por medio de uno de sus personajes más memorables, tiene como propósito universal: “mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera imagen y a cada edad y generación su fisonomía y sello característico” (Hamlet, Acto III, Escena 2). ¿Cómo no pensar que eso es precisamente lo que hizo Rodolfo Usigli, quizá el más ardiente defensor del teatro mexicano, con su obra paradigmática, El gesticulador, tan vigente hoy como en los inicios del México posrevolucionario? ¿Cómo no reevaluar el peso de su contundente afirmación: “Un pueblo sin teatro es un pueblo sin verdad”?   Hoy, día del teatro en México, ante nuestros acontecimientos sociales y políticos, y visto desde la óptica usigliana, y detrás de ella, la teatral, se convierte en una suprema ironía.  Pero, ¿no es precisamente esa una de las funciones más significativas del teatro?  No en balde el teatro, según Aristóteles, es más filosófico que la historia, porque revela lo que la historia no puede –no sólo porque es no es su tarea, sino también porque la historia no la escribe el cuerpo sino la institución dominante– lo que somos, nuestras máscaras, pero también lo que como Nación y como personas, lo que podríamos o deberíamos ser.     


[1]. Hélène Cixous. “Preface” en The Hélène Cixous Reader (London: Routledge, 1994): xix
19
Ene
08

POLITICA DE LOS CÍRCULOS CONCÉNTRICOS, UN REGALO PARA LA HUMANIDAD

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El despropósito de nuestro planeta es que para ser empleado de banca hay que hacer oposiciones duras, para ser Presidente de una nación sólo hace falta tener amigos y saberse venderse, inútiles y malos llegan a presidentes.

Fernando L. Rodríguez Jiménez

      Hace años que pienso que es posible cambiar la humanidad y busco como, anoche tuve un sueño que me empuja a escribir estas líneas, la forma de hacer política está fuera de lógica. Los Grandes mandatarios del planeta son designados a dedo dentro de sus partidos, solamente por que son simpáticos, guapos, se expresan bien, son ricos, tienen poder, y  especialmente son “buenos vendedores de humos”, demagogos embusteros, a quienes sólo importa detentar el poder para hacerse ricos y también a los suyos, no importa su trayectoria profesional ni su sabiduría o mentecatez.  La mayoría de los políticos que gobiernan el planeta son unos mentecatos  sin talla cultural, social, ni moral, generalmente marionetas manejadas por el verdadero poder que está detrás de los manipuladores, quienes a su vez son manejados por las grandes fuerzas económicas mundiales, en manos de 100 familias, sean sus actuaciones beneficiosas o perjudiciales para la salud pública.       No deja de ser sorprendente que el país más poderoso del planeta tenga a un presidente como Bush, quien ha dirigido una de las principales fábricas de armas de la nación, marioneta en manos de su padre, un gran “artista” de la manipulación, ex presidente y principalmente ex director de la CIA, fábrica de asesinos, de terroristas, creadores de guerras, de caos internacionales, manipuladores de la política y la economía mundial, a la medida de los Estado Unidos de Norteamérica y de los intereses de unos pocos, como los fabricantes de armas y del poder fáctico económico. Uno no deja de preguntarse: ¿Esos son los buenos?. Estos días se están emitiendo en CNN Plus de España, un interesante documental muy bien informado por un valeroso corresponsal de guerra que sabe de que habla, trata de los tejanos amantes de las armas, quienes tienen como entretenimiento principal ir a pegar tiros los fines de semana, llevándose  a toda la familia a esos lugares terribles, de donde luego salen esos jovencitos que asesina a compañeros y profesores de colegio. Los entrevistados se admiraban que los españoles no podamos llevar armas encima y que tengamos que confiar en la policía. Creo que la solución a la política internacional para paliar la corrupción, las malversaciones de caudales públicos y las iniquidades, están en manos del pueblo. Debemos apostar por que nunca más haya presidentes elegidos al azar por un partido, que se les obligue a realizar oposiciones brillantes, para ser gobernados por verdaderos sabios, que tampoco deben detentar el poder de forma unívoca, sino compartida, el poder debe ser participado, una especie de consejos de super-ministros, de donde salen las decisiones de gobierno, sin nadie que imponga su único criterio que puede estar sometido a numerosas influencias que lleven a errores muy graves a todo un pueblo, como sucede constantemente a lo largo de la historia.      La forma de paliar estas iniquidades políticas, se basan en que los gobiernos a su vez están designados a dedo y salen no los mejores, si no los que son más amigos del presidente o este tiene confianza en ellos, por serles fieles, en conceptos donde  prevalece el amiguismo o enchufe y se invierte la escala de valores. En ocasiones puede sonar la flauta y alguno de los representantes ministeriales sea la persona idónea para ello, pero en realidad todo el sistema se presta a la manipulación y al desorden. Si hubiera filtros adecuados y muy duros,  permitiría que quienes acceden a los cargos sea las personas más preparadas para ello, entonces tendrían mas oportunidades de llegar a ser gobernantes verdaderamente válidos, aunque nunca se debe depositar el poder en una sola persona, cada gabinete a su vez tendría consejos de gente sabia y especialista en las materias que componen al ministerio, de forma que todos los departamentos funcionen dentro de ese engranaje de “círculos concéntricos” , donde no cabe más que gente bien preparada para cada caso, con sentido ético y honrado comprobado. Se habrían de pasar filtros, oposiciones que impliquen saber más, para poder acceder al grado máximo de la cúpula de gobierno de la nación, ocupada por unos pocos sabios, cuyos conocimientos, en todas las materias, están probados y cualificados como los mejores, aunque fallar es de humanos, de esta forma los políticos meterían menos patas y los pueblos no irían a la guerra o a la banca rota, por intereses de unos pocos, solamente razones muy poderosas podrían empujar a la guerra o a matar a otro ser humano. Este mundo no es utópico, puede hacerse, sólo hace falta que los pueblos se conciencien y los partidos honestos traten de aplicar esta metodología a sus afiliados. La sociedad de consumo está en un callejón sin salida, sin futuro, “acumular  se va a acabar”, este podría ser el slogan. La Tierra nos está avisando con el calentamiento global y los problemas que arrastra, las enormes desigualdades sociales deben acabar, hay que poner coto a que millares de seres humanos mueran de hambre y está claro que la sociedad de consumo no es solidaria, ni está dispuesta a ceder una migaja a quien más lo necesita, muy al contrario fomenta la explotación de los que menos tienen para enriquecer aún más a los ricos. Con una política de círculos concéntricos, de gente probada, no sólo como personas de gran saber, sino de catadura moral muy elevada, son quienes deberían acceder a los puestos más importantes. Por ese procedimiento, jamás un Bush llegaría a presidente del país más poderoso y egoísta de la tierra, donde sus intereses prevalecen sobre los de los demás, aunque para ello tengan que provocar guerras o invadir naciones, como es el caso de Irak, con falsos argumentos pacificadores, cuando tras todo ello hay desgaste de armas y controlar el petróleo, para que no falte energía en su país.  La política del “cowboy”, se tiene que acabar, la chulería, prepotencia inculta y bárbara, debe dar paso a la bondad, a la equidad, a la cultura, cuando la gente es más culta, tiene más posibilidades de mejorar su vida y ayudar a los otros. Si educamos en el egoísmo individualista, fomentamos una sociedad egoísta e injusta, sin valores éticos, morales y sociales.      Globalización de egoísmo no, globalización de ayuda, cooperación, colaboración y bondad, de amarse los unos a los otros si. No veo posible que por el camino que llevamos se pueda lograr, hace falta un cambio radical, que la sociedad se plante y exija cambios en el sistema de gobierno, en la economía y en la sociedad. Es preciso rechazar a los dirigentes que quieren sublimar su ego emborrachándose de poder y dinero. La sociedad necesita ser más generosa entre los pueblos y con la propia naturaleza, a la que ve como algo a expoliar, en vez de encontrar en ella a la madre que nos ha dado el ser, la vida, nos proporciona refugio y los alimentos necesarios para subsistir. Mientras el mundo sea dirigido por personas duras de corazón y de miras a corto plazo, la especie humana va hacia la catástrofe colectiva, hace falta concienciarse de que estamos acabando con nuestro propio planeta, es necesario un cambio radical de actitud social y política, el sistema  de consumo ya no es válido, está expirando, cuanto antes seamos conscientes de ello, antes encontraremos soluciones para buscar modelos sociales, políticos y económicos más acordes con la realidad  que estamos viviendo, la “política de círculos concéntricos” puede ayudar y debemos exigirla a nuestros partidos. 

http://www.unomasuno.com.mx/unomasuno/Sabadouno/enero_2008/sabadouno19enero2008.pdf

27
Dic
07

Medio siglo de la peste

Jacinto Eslava  

EN 1957  Albert Camus publicaba una de las obras fundamentales de la literatura del siglo XX.. Celebrada y denostada por sus contemporáneos, “La peste” un diagnostico   de  la sociedad francesa para enfrentarse a sus propias miserias, que la demolieron y posibilitaron la derrota y la ocupación alemana. Una epidemia sobre otra   Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, Argelia. Su padre, agricultor de origen francés, era empleado en una finca vitivinícola; Catalina Sintes, su madre, era menorquina. Apenas cumplido el año de vida su padre murió en las trincheras de Verdum, por lo que su madre decidió mudarse –junto a él y a su hermano– a Argel. Fue allí, mientras cursaba sus estudios en el Grand Lycée, que Camus comenzó a garabatear sus primeros escritos, publicados por la revista Sud. Una vez concluido el bachillerato, debió interrumpir sus estudios por manifestársele tuberculosis, enfermedad que lo acompañaría hasta su muerte.  En 1935 Camus engendró su primer libro, El revés y el derecho, que sería publicado dos años más tarde. Sus aficiones teatrales emergieron en simultáneo a las literarias. Organizó el Teatro del Trabajo, una compañía de aficionados que representaba obras en barriadas populares. Incursionó en el periodismo en el Diario del Frente Popular, prohibido en 1940 por el gobierno argelino. Ese traspié hizo que se trasladara a París para incorporarse a las filas del Paris-Soir. Durante la ocupación alemana en París, participó activamente como miembro de la resistencia, y dirigió el periódico clandestino Combat. En 1952 rompió relaciones con Jean-Paul Sastre, quien criticó duramente su ensayo El hombre rebelde. El 4 de enero de 1960 murió en un accidente automovilístico en las afueras de Le Petit-Villeblevin, Francia.   La historia de La peste transcurre en Orán, Argelia, en algún momento de la década del 40. Una ciudad que dormita en la persistencia de sus sinsabores hasta ver sacudida su modorra por el sopapo que una brutal plaga estampa a la población. Camus no fue un profeta; pluma fecunda, crónica sagaz y observación aguda sí, pero intuición sibilina, jamás. Camus, admirador de Gide y Malraux, fue un escritor nutrido por los aires de su entorno. Quizá por eso, y para entender su obra, baste con remontarse a la declaración que hiciera él mismo en 1935: “L’oeuvre est un aveu; il me faut témoigner” (“La obra es una confesión; debo declarar como testigo”). En ese sentido, La peste (1947) se enciende como su acierto más potente.  Para poder husmear en La peste y digerirla sin equívocos, no hay que descuidar su contexto: cuando Camus la compuso, sus manos todavía olían a pólvora –fue activa su participación en la resistencia durante la ocupación nazi– y los juicios de Nüremberg barrían con los bárbaros de entonces. Un libro que es resultado mismo de su empresa política, y por ello debe vinculárselo –como metáfora– al desguace moral durante la Segunda Guerra Mundial.¿Qué significa la literatura en un mundo que tiene hambre? —dijo Sastre. La literatura cambia la vida, pero de manera gradual, no inmediata, y nunca directamente, sino a través de ciertas consciencias individuales que ayuda a formar. Para Camus el hombre vive su total realidad, en la medida en que comulga con el mundo natural. A este hombre citadino, al que los pensadores modernos han convertido en un mero producto histórico, al que las ideologías han privado de su carne y sangre, a este ser abstracto y urbano, separado de la tierra y del sol, desindividualizado, disgregado de su unidad y convertido en un archipiélago de categorías mentales, Camus opone el hombre natural (“Albert Camus y la moral de los límites   Si Camus sostiene que en nuestra desilusionada época el mundo ha dejado de tener sentido, lo hace con el estilo racional, elegante y discursivo de un moralista del siglo XVIII, en obras cuidadas y de perfecta estructura” Se trata de la experiencia más directa, inmediata e intuitiva de lo absurdo. El hombre vive sensorial, sensible, emocionalmente un conjunto o “enumeración de sentimientos” (tal la expresión de Camus en El mito de Sísifo, nota del autor en p. 26) que aún no conceptualiza. El mundo se manifiesta como un orden natural, estable y maquinal, hasta que un interrogante radical desautomatiza esa percepción:   “Suele suceder que los decorados se derrumben. Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño, y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el ‘porqué’ y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. ‘Comienza’, eso es importante” Emerge así la figura del periodista Raymond Rambert como estocada profunda en la composición dramática que hace el autor. En principio, Rambert pedirá irse, alegando que el asunto sanitario no le concierne por ser francés. Al no lograrlo –ni siquiera ilegalmente–, decide ayudar en las brigadas sanitarias, hasta dar con la forma de escapar. Cuando esto finalmente ocurre, en vez de irse, decide quedarse y comprometerse con el salvataje de los enfermos. Diez meses después de dispararse la epidemia, la peste cede. Y es así que una mañana de febrero se abren las puertas de la ciudad. Festejo y vuelta a la normalidad. Estructura clásica, esbozo preciso de un artilugio narrativo del equilibrio-ruptura-equilibrio que Camus maneja con pericia. Y lo hace articulando la descripción –bendito cronista Camus–, con una contundente observación del procedimiento psíquico del gentío en esa ciudadela abatida por imposición de una plaga. La peste se manifiesta como una argamasa genérica, donde transitan errantes intrincadas reflexiones filosóficas con paquetes teóricos netamente sociológicos, pero donde sobre todo la crónica guía el relato.  Albert siempre había estado muy atento a los sonidos; otra vez Meursault, el extranjero, le viene a la memoria: “Reconocí por un breve instante el olor y el color de la tarde de verano. En la oscuridad de mi prisión móvil, volví a encontrar uno a uno, como desde el fondo de mi cansancio, todos los ruidos de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento. El grito de los vendedores de periódicos en el aire ya sosegado, los últimos pájaros en la plazoleta, el reclamo de los mercaderes de bocadillos, el lamento de los tranvías en los altos virajes de la ciudad y este rumor del cielo antes de que la noche caiga sobre el puerto, todo recomponía para mí un itinerario de ciego…”.En la Peste sirviéndose de una alegoría harto evidente, en la que una epidemia reemplaza a todas las plagas de nuestra época –guerra total, ocupación, terror, universo concentracionario-, muestra como somos todos no sólo víctimas sino asimismo cómplices. Todos y cada uno de los lectores tuvieron que identificarse con los personajes del libro. En “La Peste”, el autor busca la definición de una moral práctica, que consiste en ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así mejor limitar el daño, o sea de ayudar a vivir y a luchar por la vida. “La salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática… Lo que me interesa es su salud”. Como se ve, a la moral de revuelta sucede otra moral sin duda más optimista orientada esta vez decididamente hacia la solidaridad humana, que permite a los hombres superar la absurdidad original. Albert Camus se ha convertido en una especie de director de conciencia de un sector de la juventud francesa y europea.  ” La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?. El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. (…)Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa. (…)La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea. “El distanciamiento con Jean-Paul Sartre no tardaría en llegar. Parte de los existencialistas lo acusaron de “moralista clásico”, pero su camino no lo iba a desandar, contestaría: “inocente es el que no necesita explicarse”.  Tantas contrariedades van a codearse con el reconocimiento en el campo literario, publicará en 1947 una de sus novelas más recordadas “La Peste”, por la cual va a obtener el Premio Nacional de la Crítica. Estaba ambientada, como “El extranjero”, en su recordada Argelia, y un analista de la obra mencionará: “allí vuelve a destacar el absurdo de la existencia pero rescata el valor de los seres humanos ante el desastre y evoluciona hacia un sentido más solidario ante el sufrimiento ajeno y la rebelión contra la injusticia”.  En 1940, se casa en segundas nupcias con Francine Faure, matemática y pianista, con la cual tendrá a los gemelos Jean y Catherine. Su inclinación por el teatro no decaerá y se lucirá con un nuevo grupo de obras: “El malentendido” (1945), “El Estado de Sitio” (1948) y “Los Justos” (1949). La destacada actriz francesa, de origen español, María Casares (1922-1996), exiliada en Francia, va a ser quien interprete dichas obras y pronto un tormentoso e inesperado romance los va a unir en aquellos años de bohemia. Ficción teatral y realidad parecían entrelazarse. Años después, ya separados, la notable artista afirmará sobre su protector: “cuando se vivía tan intensamente como él, la vida podía convertirse en insoportable”. Motivado como nunca, va a adaptar a los grandes de la literatura universal para llevarlos a la escena francesa: “Réquiem por una monja” de William Faulkner (1956), “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1957) y “Los Poseídos” de Fedor Dostoievski (1959). Cada vez más libre de ataduras dogmáticas escribió “El hombre rebelde” (1951) casi una metáfora sobre su propia vida. Llegarán también otras recordadas novelas, “El verano” (1954) y “La caída” (1956). Para no olvidar sus orígenes en el periodismo editorializa para “L`Express” y va alcanzando, de a poco, la profundidad de un pensamiento cada vez más maduro. Humanista, ante todo, su ensayo “Reflexiones sobre la guillotina” (1957) va a ser uno de los mayores alegatos universales contra la pena de muerte. Con lucidez va a sostener: “No hay paz durable, ni en el corazón de los individuos ni en las costumbres de las sociedades hasta que la muerte no sea excluida de la ley”.  Pronto llegaría su consagración internacional: el Premio Nobel de Literatura (1) le será otorgado en 1957. Lejos quedaba para entonces la polvorienta y sedienta Argelia, era la hora de la felicidad, era el premio al talento. Pero la dicha duraría poco, premonitoriamente va a declarar a un periodista: “mi obra aún ha empezado. Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. La peste” no es una novela sobre las relaciones entre literatura y ciencia; refiere la peste que apodera de la ciudad de Orán, entonces francesa, en los años de la segunda guerra mundial. Peste bubónica, es ante toda una peste alegórica, que ilustra la peste interior: la mentira, el orgullo, el odio, la tiranía. La ocupación nazi de Europa es una de las más agudas manifestaciones de esta peste, cuyos antídotos son el ejercicio de la verdad, la práctica de la humildad, el amor y la fraternidad entre los hombres, la democracia. La novela refiere la acción de la peste en la ciudad de Orán y sus efectos devastadores.   La novela la Peste   perfila dos opuestos  entre dos de sus principales personajes: el doctor Rieux, agente sanitario esencial en la lucha contra el mal, y el padre Paneloux, clérigo y orador obstinado en extraer consecuencias religiosas del episodio. Rieux tiene clara conciencia de su misión: “Puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, acaso sea mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte”.  Frente a esta actitud propia del racionalismo científico, el padre Paneloux opone el discurso del anatema, la culpa, la condenación: “Sí, ha llegado la hora de meditar. Habéis creído que bastaría con venir a visitar a Dios los domingos para ser libres el resto del tiempo […] Esas relaciones espaciales no bastan a su devoradora ternura [la de Dios]. Quiere veros ante Él más tiempo, es su manera de amaros, a decir verdad es la única manera de amar. He aquí por qué, cansado de esperar vuestra venida, ha hecho que la plaga os visite, como ha visitado todas las ciudades de pecado desde que los hombres tienen historia”. La muerte de un niño sacude vivamente a Rieux, que “Miró a Panelux (quien había afirmado que “esto subleva porque sobrepasa nuestra medida. Pero es posible que debamos amar lo que no podemos comprender) con toda la fuerza y la pasión de que era capaz y movió la cabeza: no, padre, dijo. Yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a admitir una creación en la que los niños son torturados”. Al comentario de Paneloux de que Rieux buscaba también la salvación del hombre el médico responde: “La salvación del hombre es una frase demasiado grande para mí. Y no voy tan lejos, es su salud lo que me interesa, ante todo”  Albert Camus diría alguna vez Soy un hombre exhausto y desilusionado; es imposible vivir sin sentido, pero frente a la desesperación, he encontrado motivos para tener esperanza. Por encima de todo, valoro la vida. Me encuentro en algo así como un peregrinaje; buscando algo que llene el vacío que siento y que nadie más conoce. El público y los lectores de mis novelas, aunque ven ese vacío, no encuentran las respuestas en lo que están leyendo. Estoy buscando algo que el mundo no me da». Camus sintetiza así su itinerario espiritual con un personaje del Evangelio: «Me siento totalmente identificado con Nicodemo, porque no comprendo eso que Jesús le dijo de que tenía que volver a nacer. Pero eso es lo que yo quiero, es a lo que yo quiero comprometer mi vida. ¡Voy a seguir luchando por alcanzar la fe!».  

22
Dic
07

Panorama Teatral 2007

Oswaldo Valdovinos Pérez 

CANCIONES PARA CABARET POR AUTORES INSOSPECHADOS, autoría y dirección de Hernán Del Riego.Una propuesta de humor desparpajado a partir de textos de diversos autores, cuyo principal atractivo, además de las características propias de género, fue una buena musicalización, interpretación y la concreción de un concepto bien definido.     

LA COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES, de William Shakespeare, adaptación de Haydeé Boetto y Alberto Lomnitz,Una puesta en escena muy divertida, basada tanto en las buenas interpretaciones en general como en el manejo de elementos escenográficos y de vestuario, cuya adaptación resulta muy fresca al incorporar elementos contemporáneos, como loes, por ejemplo, la crítica ácida a la burocracia.      

  NORVAK, PODEROSO DEMENTE, producción de Nariz Roja Compañía, bajo la dirección de Artús Chávez Novelo y música original de Alex CuevasDivertimento escénico sin grandes pretensiones estéticas o estructurales, cuya fuerza radicó precisamente en la sencillez de la trama y en las buenas interpretaciones al lograr un montaje de un humor simple pero muy efectivo y contundente.   

LA LLAMA DE MI VIDA, de Fabrice Melquiot, bajo la dirección de Manuel Ulloa.Una visión de un humor ácido y una crítica a una situación cada vez más cotidiana: la sustitución de la realidad por la superficialidad y el espectáculo de los realities show. Un tema bien llevado en su estructura con buenas interpretaciones.   

 LA FE DE LOS CERDOS, de Hugo Abraham Wirth Nava, bajo la dirección de Julio Escartín.Una puesta en escena cuya principal virtud radica en la fuerza del texto, retrato de una sociedad atrapada entre los excesos y la frontera entre la indiferencia y el asombro ante la violencia cotidiana causada a partir de la realidad del narcomenudeo.    

 CRACK O DE LAS COSAS SIN NOMBRE, de Edgar Chías, bajo la dirección de Martín Acosta. Un montaje sustentado en un texto sórdido, contundente, que retrata de una manera descarnada y violenta la realidad de la marginación y los excesos de las zonas limítrofes de las grandes urbes. La interpretación, la escenografía y la dirección escénicas muy bien llevadas.  

UN TORSO, MIERDA Y EL SECRETO DEL CARNICERO, de Alejandro Ricaño, bajo la dirección de Bryant Caballero.Una propuesta interesante tanto desde el punto de vista visual por el manejo de una plasticidad en el montaje en general, como por el texto mismo plagado de un humor negro bien logrado, y un concepto general bien aterrizado. 

EN LA SOLEDAD DE LOS CAMPOS DE ALGODON, de Bernard Marie Koltés, bajo la dirección de Ricardo Díaz.Una propuesta arriesgada al apostar por la experimentación escénica y una visión muy personal hacia un texto denso y complicado, resuelto de una manera inteligente al apostar por la fuerza del texto y la creación de ambientes poco cotidianos y muy visuales.    

EL REY QUE NO OIA PERO ESCUCHABA, de Perla Szuchmacher, bajo la dirección de Adrián Blue y Alberto Lomnitz.De las puestas infantiles mejor logradas, con un trabajo muy rico en imágenes visuales y un concepto en general atractivo bien logrado al acercar al público infantil a una realidad que padece un sector importante de la población: la marginación y discriminación hacia las personas de capacidades diferentes.     

 HANSEL Y GRETEL, de Engelbert Humperdinck, bajo la dirección de Haydeé Boetto y Emmanuel Márquez.Una puesta en escena muy visual, rica en imágenes plásticas y sonoras, que logra incorporar muy bien una propuesta escenográfica muy interesante con la adaptación de una ópera, con personajes bien estructurados y un trabajo actoral bueno en general.

21
Dic
07

Opinión Teatro 2007

María Teresa Adalid 

En 1950 el grupo de los siete autores integrado por Francisco Monterde, José Joaquín Gamboa, Víctor Manuel Díez Barroso, Carlos Noriega Hope, Ricardo Parada León y los hermanos Lázaro y Carlos Lozano García, realizaron un manifiesto teatral que arremetía contra el teatro hecho con servilismo, conformismo y precariedad. Sus propuestas se alzaban con espíritu crítico y no complaciente. Han transcurrido casi cincuenta y siete años, y el manifiesto no ha perdido su vigencia por tratarse de los mismos problemas que aquejan el teatro actual. El estira y afloje es una característica con la que sabemos convivir, en tanto se ha manifestado hasta el cansancio la necesidad vital del teatro para el desarrollo del ser humano. El 2007 fue una época de ajustes, de cambios administrativos que aún prevalecen en algunas instituciones, a continuación, algunos puntos a considerar en este amplio mosaico del quehacer teatral. Falta difusión en todos los niveles del quehacer teatral, tanto en grandes instituciones públicas como en pequeños espacios autónomos. Escasea personal capacitado en materia de administración y comunicación de las artes para concretar una estrategia de difusión, un sistema de organización eficaz y por ende objetivos concretos. El hecho de manejar severas propuestas artísticas repercute en la distorsión pragmática de cada una de ellas, poco tiempo, cuidados, desatendiendo la singularidad.   El tiempo se malgasta en analizar reiterativamente proyectos que se han perfilado en la indefinición; se necesita acción, toma de decisiones y firmeza. Faltan más proyectos, festivales y encuentros donde comunicar experiencias, aprender, y coexistir; que se mantenga como estandarte el desarrollo del teatro en el presente y a futuro, y que los proyectos no sean utilizados de pretexto para cubrir el gasto del presupuesto asignado, sin corretizas de último momento, y mucho menos con la trivialidad de la realización express como hasta la fecha sucede. Siendo un país de gente joven, éste es un sector que se descuida en tanto los grandes creadores se regodean en polémicas vacuas, de alta pedantería debatiendo quién es la Prima donna del país buscando figurar insulsamente en cuatro columnas. El talento joven mexicano está excluido siendo que se requiere nuevas voces para participar, opinar y expresar qué se necesita. El desinterés de la prensa por las manifestaciones culturales, aunado a los pocos canales de difusión cultural ha mermado negativamente en el teatro. Falta cohesión entre los departamentos de difusión de las instituciones de cultura y los medios de comunicación. Ser facilitadotes de la información debe de ser tarea prioritaria para la fuente de difusión. No obstante pareciera ser que en las oficinas de comunicación laboran de acuerdo a la cultura del mínimo esfuerzo. Enviar una foto de promoción tarda hasta ocho horas en llegar a una redacción, donde el tiempo apremia y la cobertura de noticias sucede en el instante. Muchas veces habiendo lanzado el producto se carece de fotos promocionales y en severos casos, las fotos nunca llegan a la redacción, por ende, se recurre directamente al director de la propuesta artística. Los grupos de teatro son los principales afectados en tanto tienen que velar con la labor creativa, económica, interpretativa y de difusión en foros y dependencias que cuentan con departamento de comunicación con sueldo para llevar a cabo su labor.   Desarrollar libremente la capacidad de análisis y el sentido de la crítica regida por un criterio imparcial, sin amenazas, ni malos tratos hacia la prensa es una necesidad, la hibridez de opiniones beneficia la conciencia social y cultura. Es también labor del periodista acudir y apoyar los diversos espacios donde se gesta el arte escénico para no centralizar la vida teatral en el INBA, OCESA, UNAM, CENART y C.C Helénico, debido a que el centralismo es una violación contra todo principio de una sociedad libre y demócrata. Se necesita un programa nacional de formación continua que brinde una oferta académica especializada y atienda las necesidades de desarrollo individual, colectivo, y que además camine a la par del mundo actual y no cursillos que pueden tomarse en cualquier momento del año con las diversas compañías de teatro que los ofrecen. Indispensable que los titulares de la coordinación de teatro presencien y traten de acercarse para efectuar un diálogo con las creaciones de origen popular, manifestaciones en comunidades, barrios, casa de cultura, bares, foros, cafeterías que se encuentran relegados en el olvido, de esta manera se conoce y comprende a la comunidad teatral más allá de la comodidad de la silla y cuatro paredes. El camino actual es multicultural y multilineal, de este modo no tiene cabida la discriminación.  El sector privado es pieza clave para el impulso de obras artísticas, sería grato que su filosofía fuera más allá de un recurso para reducir impuestos y en términos de caridad. Se persiste en favoritismos ya que existen obras en cartelera cuyo director concreta hasta tres puestas de manera simultánea. Al igual que por descuido, las mismas instituciones llegan a competir entre sí llevando a la escena la misma pieza teatral.  Se necesita autonomía para crear, ambiente de confianza en las instituciones y transparencia. Se trata de humanizar las relaciones entre medios, instituciones y artistas, a través de una convivencia solidaria, cooperativa y de mutuo apoyo, anteponiendo la responsabilidad y privilegio de difundir el quehacer escénico en nuestro país que debe de prevalecer más allá de nuestras fragmentadas y grandes diferencias culturales.  

10
Nov
07

Basura, Prohibido mirara al interior

 María Teresa Adalid  

Hombre de modales cordiales, Jorge Ramos Zepeda ha llevado el estandarte de la Compañía Serendipity a punta de esfuerzo. Próximo a cumplir 30 años con la compañía,  el también Presidente de la Asociación de Críticos de Teatro, no pierde la noción del teatro intimista en el Foro Teatral Serendipity, un espacio al que considera una bendición, según sus propias palabras. Cada noche de fin de semana se convive en armonía con quienes deciden asistir a las tradicionales bohemiadas que organiza entre cantantes, lecturas estimulantes y mucho teatro, aquél foro se ha vuelto un medio necesario para los que viven y sueñan con el quehacer teatral sin ningún tipo de influencia burocrática y con mucha libertad para soñar.  En la actualidad Ramos Zepeda escenifica la inolvidable historia del Ángel azul, bajo el título de Basura, (Prohibido mirar al interior) proyecto que permite conjugar el cabaret, cine y música. En dicha propuesta existen siete números musicales a los que se les quitó mediante una consola la voz de Dietrich para lograr transmitir la música original, con olor al cabaret alemán de los años treinta y su expresionismo. Consecuencia de un periodo decadente tras la post guerra y la depresión de EEUU, la literatura arrojó la novela de Heinrich Mann, el profesor Unrath y la película basada en esa historia por parte del austríaco Von Sternberg teniendo como protagonista a la inolvidable Marlene Dietrich, cuyo rostro y erotismo la convirtió en un mito. Ramos Zepeda retoma la decadente condición humana y se adentra en la psicología de Basura, (el profesor) hombre solitario, neurótico y reservado cuya obsesión hacia Lola, la bailarina del cabaret Ángel Azul, le conduce a los canales más inverosímiles del propio descenso hacia la autodestrucción, oscilando entre los géneros del drama y tragedia. Todos los personajes que inmiscuye la obra son decadentes, con doble moral y personalidad. El texto es claro y sin mayor complicación para su entendimiento. La espacialidad del foro le permite jugar con diversos planos (de un salón a un cabaret) que a su vez integran al espectador desde el inicio del argumento convirtiéndolos en alumnos de una preparatoria estatal que acuden morbosos al encuentro con la bella y perversa cantante de cabaret, a quien más tarde Basura, hará su mujer. El retrato patético de un anciano enamorado como colegial de una joven es retomado en este discurso. Se aúna la presencia de un Mimo (que recuerda a aquél payaso en la película) que es el alter ego del profesor Basura, el cual funge como testigo del relato, y es el único personaje que se mantiene en escena durante la historia; no obstante ,el personaje no tiende a una identificación con el público ya que es un personaje que aparentemente no existe; en ocasiones funge como perchero y saca adelante las tareas escénicas, (quitar y mover escenografía) otorgando unidad a la obra. Con rompimientos en escena, se aúnan más personajes: una compañera de Lola y su pareja, lo que da estructura y variedad a la adaptación, de tal modo que se escuchan diferentes voces y tesituras.  La anécdota teatral, la otorgó una mujer despechada recién separada de su marido que donó el vestido de bodas después del divorcio a la Compañía Serendipity, vestido que utiliza Lola. Otra serie de vestidos son pertenencia de la actriz Blanca Guerra. Basura cuenta con las actuaciones de Carlos Medina, Alexandra Martínez, Fernando Memije, Gerardo Herrera, Axel Martínez, y Alejandra Reyes bajo la dirección de Jorge Ramos Zepeda. Se presenta en el Foro Serendipity, todos los domingos de noviembre a las 18:00hrs. (Con excepción del día 28 de octubre, función especial de Tiempos Modernos y Mujeres desechables). Manuel Acuña No. 19, Col. Moderna Cerca Metro Xola.