Archive for the 'literatura' Category

11
Nov
08

Idea de la muerte en México

Idea de la muerte en México

Idea de la muerte en México

 

 

 

 

 

Idea de la muerte en México

Claudio Lomnitz

Fondo de Cultura Económica, 2006

 

Idea de la muerte en México es la primera historia social, cultural y política de la muerte en una nación que hizo de ella su símbolo tutelar. Mediante el examen de la historia y del símbolo de la muerte, el innovador estudio del antropólogo Claudio Lomnitz marca un hilo en la comprensión del rico y singular empleo que hacen los mexicanos de la imaginería de la muerte.

A diferencia de los europeos y estadounidenses contemporáneos, cuya negación de la muerte impregna sus culturas, el pueblo mexicano muestra y cultiva una familiaridad jovial, una intimidad que se ha convertido en piedra angular de su identidad nacional.

En este libro, Claudio Lomnitz, cual moderno Virgilio, nos guía en compañía de los muertos y la Muerte en un recorrido que va de la España medieval a la América precolombina; del México colonial al independiente, pasando por el reformista, el revolucionario y el institucional; del México actual a la Europa y los Estados Unidos contemporáneos; de la “buena muerte” a la Santa Muerte. Todo ello para mostrarnos el origen, el significado y la importancia de los vivos y los muertos en nuestro país.

 

 

Anuncios
04
Oct
08

Fusión de intelectuales en libro de cultura mexicana

Cultura Mexicana 1942-1992

Cultura Mexicana 1942-1992

 

 

Por: Ana María Longi

 

Trece interdisciplinarios del Seminario de Cultura Mexicana, unificaron talento y experiencia para llegar a México mediante 13 ensayos especiales de alto valor consultivo. Su versión personal acude a un periodo de 50 años (1942-1992). Panoramas y transformaciones en campos disímbolos como el teatro, la narrativa, las artes plásticas, el desarrollo político, la música, la política exterior mexicana, salud, arqueología, planificación territorial urbana, poesía, historiografía, el arte novohispano y la educación superior.

 

Las citadas obras ensayísticas contenidas en este primer y nutrido volumen ilustrado por históricas fotografías lleva por título: “Cultura Mexicana 1942-1992” editado por el Seminario de Cultura Mexicana. Se divide en temas y autores: Cinco décadas del teatro mexicano 1940-1990 por Héctor Azar, Medio Siglo de la narrativa mexicana 1942-1992 por Arturo Azuela, Cincuenta años en las artes plásticas de México por Alberto Beltrán, El sentido ideológico del desarrollo político de México por Raúl Cardiel Reyes, 50 años de música en México por Manuel Enríquez, Medio Siglo de política exterior mexicana por Antonio Gómez Robledo, La salud de México en la segunda mitad del siglo XX por Pedro Daniel Martínez, Cincuenta años de arqueología en México por Eduardo Matos Moctezuma, La planificación territorial y urbana en México durante los últimos cincuenta años de Luis Ortiz Macedo, La poesía en México 1940-1990 (Algunas aproximaciones) por Víctor Sandoval, La historiografía en México, 1942-1992 por Ernesto De La Torre Villar, Rescate y comprensión del arte novohispano, Elisa Vargas Lugo y La educación superior en México, Rafael Velasco Fernández.  El prólogo estuvo a cargo de Raúl Cardiel Reyes.

Capilla Posa. Convento franciscano de Huejotzingo, Pue. Siglo XVI

El escritor y profesor Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, (próximamente presentará su nuevo libro: Estudios en Aragón. La globalización y otros inventos) asentó que la narrativa mexicana nació con El Periquillo Sarmiento de J. Fernández de Lizardi en 1816 y a lo largo del siglo XIX tuvo muchos altibajos, influencias de propios y ajenos, temas históricos, rurales o urbanos, pero al fin y al cabo, dio lugar a una sólida tradición.

 

El Doctor Azuela, ubicó que entre las vetas costumbristas y los delirios del salón parisiense, entre las figuras del virreinato y los salteadores de caminos, la novela mexicana se fue enriqueciendo con la descripción de muchos paisajes y la confrontación de personajes de diversos estratos sociales: personajes de la chusma o de la falsa aristocracia. Con muy buen tino, muchos de los narradores nunca hicieron a un lado la recreación de los ambientes populares, ni mucho menos despreciaron los temas históricos o los prototipos de la política  de un país dividido y mutilado en su territorio.

 

“Fue un siglo de novelas que proyectaron algunas veces con originalidad, las vicisitudes de una historia continua de pérdidas y profundas derrotas. De los últimos años de la Guerra de Independencia a la agonía de la dictadura de Porfirio Díaz, la narrativa mexicana fue prosperando en muchos aspectos. No es una novelística que exclusivamente fije sus modelos en el mundo europeo. Crea una perspectiva continua y algunos de sus mejores exponentes fijan su atención en su entorno inmediato. Sin olvidar a los que recrean diversas situaciones sociales de acuerdo con las pautas de Balzac, de Flaubert, de Zola o de los autores españoles anteriores al 98, hay otros que llevan a sus mejores páginas los personajes de la provincia o de la capital, los dueños de vidas y haciendas o los desarrapados de las plazas públicas.

 

En cuanto a historiadores de la época ¿quiénes captaron entonces aquella realidad circundante y que huella legaron a la mexicanidad?

 

“En un siglo de grandes historiadores, ahí están los ejemplos de Lucas Alamán, José María Luis Mora, Carlos María de Bustamante, Lorenzo de Zavala, Melchor Ocampo, García Icazbalceta, Orozco y Berra y Justo Sierra, historiadores que militan, combaten, participan en altas responsabilidades políticas, que manejan lenguajes admirables, los novelistas están apenas forjando los cimientos de su propia tradición y sus obras no serán conocidas más allá de sus fronteras nacionales. Junto a los pintores, los grabadores y los músicos, muchos narradores están en la búsqueda de lo más valioso de su entorno, y no desdeñan las técnicas de las escuelas extranjeras o los temas más audaces de su realidad más conflictiva; también se dirigen al pasado colonial, a la vieja Nueva España y rescatan figuras olvidadas o escenarios de conventos, ayuntamientos y palacios”.

 

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

 

El intelectual comentó que algunos novelistas del siglo XIX abren ventanas que conducen a lo insólito, al crear un público que al fin conoce, como era ya costumbre en la moderna Europa, la novela por entregas, el folletín o “los argumentos del corazón”.

 

“Efectivamente, a los personajes palaciegos del imperio de Maximiliano y Carlota, se agregan las monjas virreinales y los serenos de las calles de México; no faltan los legendarios salteadores de caminos y las memorias de los impostores; las angustias femeninas se añaden a las parentelas enriquecidas, los herejes, los musulmanes y los piratas del golfo. Todos los novelistas se entroncan al manejo de los ejes cartesianos, al tiempo lineal y al espacio continuo de acuerdo con el patrón clásico de la novela de la modernidad”.

 

“Medio siglo de narrativa mexicana”, de Arturo Azuela, forma parte del gran libro “Cultura Mexicana 1942-1992”, obra que seguramente hará despuntar mejor este siglo XXI.

04
Oct
08

La mano en el desierto

Por: Arturo Gudiño

 

Las flores más coloridas estallan jubilosas por el hecho de incorporarse al espacio sideral, al tiempo que una mano gigante acomoda el infinito, de tal modo que entre el cosmos y el caos, o entre la energía y el vacío, logran crearse imágenes inconexas que despiertan a un simio de su letargo selvático. Y a kilómetros de distancia, muy lejos de esa selva, una cantante de pechos melifluos causa conmoción entre un público que lleva meses esperando su debut. Todavía más lejos, sentado en una campiña desolada, un poeta escribe inventariando todas sus pérdidas, las más inmediatas y las jamás alcanzadas. Estos acontecimientos están interrelacionados mediante una línea punteada que los lleva hacia un encuentro de palabras en el lugar menos pensado, para así alcanzar la certeza de que se acerca irremediablemente el fin.

Por si esto fuera poco, pasan por aquí todas las ninfas que podrían resucitar a un fauno petrificado, pero ninguna se queda a escuchar la música producida por su flauta de metal. Por lo tanto, el silencio es el único amigo de esa mano que acomoda las estrellas, al tiempo que la luna prefiere ocultarse tras las nubes, y por su parte las células marchan hacia su decaimiento. Las neuronas se niegan a trabajar para un cerebro obsesionado por la sonrisa del diablo. En consecuencia, el único soplo de vida proviene de una gota de sudor que se desliza entre las arrugas de una garganta afónica, la cual intenta cantar en el desierto urbano: “oooooh-lalalala, los segundos marcan el transcurso de otra noche en duermevela; oooooh-lalalala, desde las calle se escuchan los pasos de una doncella de hierro, quien ha recibido la orden de ilustrar los detalles de nuestras pesadillas.”

Se aproxima entonces un perro con cabeza enorme y cuerpo enano, olfateando las marcas aceitosas del paso de la multitud. Su nariz se pega a su propio reflejo como queriendo percatarse de la existencia de un universo alterno. Los sonidos quedan prohibidos hasta nuevo aviso; las imágenes son congeladas, mientras un eclipse transcurre en medio del terror, mismo que es exagerado por la muchedumbre. Lo único que logra captarse es la silueta de una mano que menea un tonel de ideas imposibles de materializar. Queda, sin embargo, fijada la fecha para el lúgubre encuentro de esa mano con el hacha que habrá de cercenarla. Sus aciertos y triunfos serán olvidados, mientras que su principal error, el más fatídico, habrá de marcar el destino de sus cinco dedos.

Cinco son las campanadas que anuncian el comienzo de la caída en cada ciclo. Cinco son las veces que las sirenas han dejado de cantar con el fin de comerse sus propias aletas. Cinco son las estrellas que aparecen antes del amanecer, formando una cruz que anuncia una nueva hecatombe. Los signos de la vieja mándala desparecen; los ríos se tornan una amenaza mientras las ciudades son devastadas por su propia población. Es hora de juntar las manos y rogarle a Cronos que detenga el tiempo. Es hora de sumergir los dedos en una poza que actualmente luce cinco colores: el verde claro, el azul turquesa, el triste marrón, el negro impávido y el violeta esplendoroso que se mezcla con el aroma del viento.

Tristemente, el viento del desierto trae consigo una canción llena de dudas. Las horas de frío suceden a las horas de calor, y viceversa; el peso de los minutos sucede a la carga de los segundos; el tiempo es implacable y nada puede hacerse para poner al día el conteo ininterrumpido de granos de arena, o en su caso, en otro punto lejano, para reparar las fugas que a diario se multiplican en el barco de un marinero ebrio, quien no deja de fumar su pipa a sabiendas de que el tabaco lo está matando. A pesar del mal agüero, el marinero no se inmuta, simplemente levanta el índice para conocer la dirección del viento; después levanta el pulgar para darle ánimos a los buques fantasma que pasan a su lado, y luego extiende el dedo anular tan sólo para comprobar que hace años se quedó vacío. Observa la fragilidad de su dedo meñique y la rigidez de su dedo medio, siendo éste el que precisamente utiliza para dar vuelta a las hojas de un libro que se escribe por sí mismo. Es el volumen que relata los casos imposibles, el folio que condena pasiones que pudieron haber sido y que fueron interrumpidas por líneas de la existencia que se bifurcan en un momento fatal.

Vemos así que no hay forma de flotar por encima de las horas. Tarde o temprano nuestro propio peso (o la inercia de los otros) hará que nuestras ideas se desplomen sobre el paisaje de costumbre; sobre la ciudad y sus trampas, o sobre la campiña y sus relámpagos. Queda como último recurso la posibilidad de invocar la inmensidad del desierto, con todo y sus rocas milenarias que absorben los secretos del sol, desde el amanecer hasta el ocaso. Invoquemos entonces al desierto con su tierra tan salitrosa, que a lo lejos parece un campo nevado; las montañas tan enojadas por no contar con vegetación alguna; los arbustos amarillentos y silenciosos, dispuestos a sobrevivir gracias a la brisa ocasional; el coyote y el conejo, la salamandra y la tortuga, la serpiente y el escorpión, habitantes de un paraje en donde, mediante la supervivencia, se agota hasta el último recurso.

Y sin embargo, la soledad del desierto es el mejor punto de despegue para ir al encuentro del infinito. Es el escenario ideal para abandonar la materia y convertirla en energía; deshidratarse para saltar hacia la luna convertido en un conejo místico, dispuesto a vivir de la luz reflejada desde el sol, y así enviar ocasionales rayos “iluminadores” para el asceta que busca la paz. Basta un solo destello sobre su mano, siempre y cuando su mente esté en la frecuencia correcta, para poder levantar al derrotado de su tumba, y de esta manera sea capaz de redactar por sí mismo la rapsodia que define los cambios infinitesimales de cada hora del día y de la noche.

Son entonces el sol y la luna del desierto los únicos elementos necesarios para despejar una mente aturdida y una mano adormilada, dejándolas listas para debatir los eventos fortuitos que han de ocurrir desde este punto de partida y hasta el fin de los tiempos.

 

 

 

21
Sep
08

Libros:Antoni Dalmau,Robert Ambelain,Michael Baigent

 

Por: Arturo López Rodriguez 

 

El testamento del último Cátaro

El testamento del último Cátaro

Antoni Dalmau

El testamento del último Catáro

Ediciones Temas de Hoy, 2006

 

 

En la ciudad francesa de Toulouse, la antropóloga Isabelle Rougé y el periodista Julien Dutron, se ven involucrados en un descubrimiento de importancia durante una excavación.

El hallazgo tiene que ver con dos misteriosos sarcófagos bellamente decorados y con la galería del claustro de Saint-Jean, un antiguo priorato de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, en Toulouse. Los rasgos y datación posible del lugar propician líneas de investigación en páginas de suspenso. “Bien, siguiendo con los dos panteones que habíamos descubierto tras abrir el hueco y evacuar el relleno de piedras y ladrillos, observamos que cada uno de los dos contenía un sarcófago que estaba colocado encima de un pudridero. Todo este conjunto medieval, particularmente bien conservado, se revelaba de un enorme interés tanto en la arqueología funeraria como en su decoración y esculpida”.

Entre viajes por regiones con claustros, iglesias, y museos de arte románico en Francia y Cataluña, los personajes averiguan datos históricos sobre el priorato que guarda objetos de los miembros de la Orden de los Hospitalarios, fundada a mediados del siglo XI. El encuentro con la tumba de Raimundo VI, conde de Tolosa, y la leyenda del último cátaro, Sicart de Monjoi, son dos sucesos primordiales en la narración.

Para Antoni Dalmau, autor catalán, este libro constituye una introducción novelada al catarismo, un movimiento religioso cristiano y disidente de la iglesia católica en la Baja Edad Media.

 

 

Jesús o el secreto mortal de los templarios

Jesús o el secreto mortal de los templarios

 

 

 

 

 

Robert Ambelain

Jesús o el secreto mortal de los templarios

Traducción de Ma. Luz Rovira

Ediciones Martínez Roca, 2004

 

 

Como maestre de diversas órdenes masónicas y de organizaciones iniciáticas, Robert Ambelain ha escrito libros como El secreto masónico y una trilogía sobre los orígenes del cristianismo.

En esta entrega el autor ha reunido una serie de premisas sobre la identidad y parentesco de Jesús, llamado de Nazaret. En el estudio del cristianismo y de sus orígenes, el autor considera tres corrientes esenciales: la sobrenaturalista, la naturalista, y la mítica, es decir, los partidarios de Jesús hijo de Dios, un Jesús humano y un Jesús imaginario, respectivamente. En todo ello, se examina la revelación del “verdadero rostro de Jesús en la historia”, alentado por la presencia de la Orden del Temple, antes llamada “Milicia de los Pobres Soldados de Cristo y del Templo de Salomón”.

El análisis sobre los “puntos oscuros” de los personajes y las situaciones bíblicas hacen del libro un texto referencial para quienes buscan otras perspectivas sobre hipótesis anteriores en torno a Jesús, ya que se citan estudios como Jesús en son temps de Daniel-Rops, y Vida de Jesús de Ernst Renan, además de una escrupulosa y abundante cita de pasajes bíblicos vistos de manera escéptica.

“Hay un problema que raramente ha sido abordado por los historiadores más liberales en sus estudios, sobre Jesús, y es el de su vida de hombre. Sea por timidez, por miedo a reacciones hostiles, o por ceguera dogmática previa, lo cierto es que parece que el solo hecho de aludir a ello constituya un escándalo”.

 

Las cartas privadas de Jesús

Las cartas privadas de Jesús

 

Michael Baigent

Las cartas privadas de Jesús

Ediciones Martínez Roca, 2007

 

La leyenda de los templarios apremia a Michael Baigent, escritor neozelandés. El aura de misterio de la orden atrae su narrativa, como revela El enigma sagrado, publicado en 1982.

“Hace mucho tiempo que los templarios me fascinan. No sólo su papel como ejército profesional y su gran contribución, a pesar de que es en gran medida desconocida, al inicio del mundo moderno –introdujeron el poder económico por encima del de la espada a través de los cheques y las transferencias económicas de una ciudad a otra y de un país a otro; rompieron el vínculo existente entre la aristocracia dominante y los campesinos explotados, lo que ayudó a crear un espacio para la clase media–, aunque siempre les ha acompañado un aura de misterio. Al menos algunos de ellos pareciera que abrazaban una religión que era contraria a la de Roma. Realmente, daba la sensación de que escondían la herejía en sus filas, pero poco se supo de ello. Tenía curiosidad y estaba decidido a buscar respuestas. Así comencé a investigar el lado misterioso de los caballeros del Temple”.

¿Quién era Jesús realmente? Baigent reconstruye un viaje de descubrimiento para conocer los pasadizos secretos del hombre que llamamos Jesús. Inmersos en enigmas históricos, como los rollos del mar Muerto, la vida de Jesús y María Magdalena, el volumen revisa la historia de las cruzadas y las leyendas sobre el santo Grial, dos temas que los historiadores “rara vez conectaban”.

 

 

 

 

 

 

 

 

             

 

07
Sep
08

Personajes antagónicos, Próspero y Calibán, La Tempestad, William Shakespeare

 

John W. Waterhouse, Miranda The Tempest 1916

John W. Waterhouse, Miranda The Tempest 1916

Por: Arturo Gudiño

 Muchos son las comparaciones y contrastes que pueden establecerse entre los personajes Próspero y Calibán, de la comedia shakespeareana La Tempestad. Después de todo, siendo ésta una de las últimas (tal vez la última escrita sin colaboración de nadie) obras de Shakespeare, era de esperarse que el bardo inglés desarrollara una trama sumamente rica en interpretaciones. Una de las perspectivas de análisis más obvias es la que presenta a Próspero y a Calibán caracterizando el binomio dominador-dominado, aunque por supuesto dicha perspectiva no es la única.

Entre otros puntos de vista, Próspero podría ser interpretado como un demiurgo, y Calibán como un espíritu poco sofisticado o inacabado. Por otra parte, el maestro puede ser visto como el posesor del logos griego, mientras que su esclavo como una criatura incapaz de conquistar ese privilegio. Asimismo, podemos identificar paralelismos en las circunstancias que acompañan tanto al mago como a su cautivo. Si vemos a Próspero –al menos en ciertos aspectos­– como el alter ego de Shakespeare, Calibán podría ser tomado como un ser oscuro proveniente de la imaginación del bardo, quien sin embargo es necesario para completar la sustancia de esta obra. Mediante una interpretación aún más audaz y desde un punto de vista freudiano, Próspero y Calibán representan diferentes niveles de conciencia, siendo el primero de ellos el superego, y el segundo el ello. Todas estas perspectivas serán analizadas a lo largo de este artículo, en el entendido que no puede decirse la última palabra con respecto a una de las obras de mayor riqueza y complejidad creada por el genio de Shakespeare.

         Primero que nada, examinemos el binomio dominador-dominado caracterizado por estos dos personajes. Además de las connotaciones psicológicas de este planteamiento, viene a la mente el concepto de una invasión colonialista. Desde este punto de vista, Próspero podría ser visto como el usurpador de un privilegio que legítimamente pertenecía a la hechicera Sycorax y a su hijo Calibán. Debido a la superioridad adquirida mediante sus libros mágicos, así como al nivel de “ilustración” que el invasor sustenta, Próspero se otorga el derecho de posesión de la isla que le brindó refugio a él y a su hija Miranda. De esta manera, primero Sycorax y luego Calibán son irremediablemente sometidos por el intruso.

         Desde luego que el nativo no es del todo inocente. Es encontrado culpable de tratar de violar a Miranda, traicionando así la confianza que Próspero había depositado en él. Después de todo ninguna conquista está exenta de violencia. La agresividad de Calibán es fácil de detectar y etiquetar, mientras que la de Próspero es más sutil porque proviene del dominio intelectual. De alguna manera, la justificación de dominio de Próspero es comparable a la que los españoles utilizaron para llevar a cabo sus masacres en la conquista de América, sólo que éstos utilizaron una justificación pretextada por motivos religiosos. En el caso de la obra shakespeareana, la falta de raciocinio de Calibán, al igual que su supuesto origen demoníaco, son razones suficientes para mantenerlo bajo un severo control. Una vez más, algo similar ocurrió a las civilizaciones precolombinas: la falta de cristiandad significó una carencia de derechos.

         No debemos olvidar, sin embargo, que tanto Calibán como los aztecas, por mencionar uno de los pueblos sometidos, también tenían su lado oscuro. Calibán estuvo a punto de convertirse en un violador, mientras que los aztecas fueron conocidos por llevar a cabo sacrificios humanos. Es decir, no es correcta la interpretación maniqueísta que nos hace ver a los conquistadores como la representación del mayor de los males, y a los nativos como la representación de la más pura inocencia.

Nos viene a la mente otra comparación que no es del todo favorable a Próspero. Es claro que éste, como legítimo poseedor del título de Duque de Milán, es víctima de un complot creado por su propio hermano Antonio. Luego de la usurpación de sus derechos, viene una tempestad tras la cual Próspero debe refugiarse en una isla desconocida, a donde llega con la ventaja de la magia aprendida a través de sus múltiples libros. Pero ¿qué hay de los derechos de Calibán? Próspero llega a usurpar los privilegios que el nativo tenía para reinar en la isla que era de su madre. Vemos así una vez más que, no obstante que el nativo y el intruso parecen seguir caminos paralelos, quizás un análisis moral de los acontecimientos no resulte del todo favorable al colonialista europeo.

         Un último comentario respecto a esta interpretación historicista se refiere al “comportamiento aprendido” de Calibán. En su libro Pedagogía del Oprimido, Paulo Freyre explica que, una vez que el conquistado ha sido sujeto a diferentes tipos de sumisión, no necesita de mayor retroalimentación con el fin de mantener el patrón de respuesta hacia su amo. Esto significa que el dominador no necesita estar presente para someter al dominado, porque éste ya se encuentra condicionado a la opresión. Algo así sucede con Calibán, es decir, la influencia de Próspero es tan grande que el nativo es dominado sin necesidad de experimentar  los poderes mágicos de su amo. Es solamente a través de la influencia de extraños recién llegados (Trínculo y Stefano) que Calibán decide rebelarse contra su amo, de una manera más “efectiva”, decidiendo mostrar su inconformidad acumulada durante todos esos años.

         Refiriéndonos a Próspero como a un demiurgo, debemos tomar en cuenta que el propio Shakespeare había demostrado un conocimiento vasto acerca de temas astrológicos y esotéricos. Por ejemplo, muchas de sus obras contienen referencias explícitas a los cuatro elementos – sin excluir a La Tempestad – y a otros símbolos que les eran familiares a los aficionados a estos temas. Los sucesos en La Tempestad se desarrollan durante cuatro horas, después de doce años de espera; siete son los personajes principales (Antonio, Alonso, Sebastián, Ferdinand, Gonzalo, Trínculo y Stefano), quienes por cierto ignoran el control que Próspero ejerce sobre ellos. Cuatro, doce, siete, son números cabalísticos que muy probablemente no se presentan de manera casual en la creatividad de Shakespeare.

         De acuerdo con el libro medieval Corpus Hermeticum, el demiurgo era un ser terrenal que intenta imitar a Dios en su poder de creación, contando para este fin con recursos y habilidades para crear un microcosmos similar, aunque no tan perfecto como el cosmos creado por el Supremo Arquitecto del Universo. Bajo tales supuestos, Próspero actúa como un demiurgo en su isla privada. Es él quien se convierte en omnisciente, omnipotente y casi omnipresente en su pequeño territorio. Por su parte, Calibán es una criatura que se limita a contemplar el poder del demiurgo y luego trata de confrontarlo de una manera poco efectiva. Los intentos del esclavo para causar daño a su amo son siempre anticipados por éste. En este microcosmos, Calibán es un espíritu inacabado y nada sofisticado, incapaz de alcanzar la sabiduría que el demiurgo posee. Ningún tipo de iniciación será suficiente para el esclavo.

         Por otra parte, se da el caso de ciertas iniciaciones que son elaboradas por Próspero a lo largo de la obra. Una de ellas es la que Ferdinand debe seguir con el fin de obtener la mano de Miranda. Desde la pesada faena de cargar troncos, hasta el hecho de tener que respetar la virginidad de su amada hasta el matrimonio, Ferdinand se encuentra sujeto al control de Próspero hasta que éste considera que la iniciación ha sido lograda. Por su parte, Antonio, Alonso y Sebastián forman parte de otra iniciación, quizá más penosa que la del joven enamorado, pero a final de cuentas trae consigo resultados más sobresalientes: por ejemplo, el relativo al perdón y a la reconciliación, los cuales son elementos importantes en el desarrollo de la obra. Adicionalmente, Ariel y Calibán forman parte de otra iniciación, en donde el amo mantiene al primero bajo su control hasta que considera que el espíritu aéreo está listo para obtener su libertad, mientras que Calibán se hace acreedor a mayores castigos, planteándose  la posibilidad de enviarlo a Europa donde probablemente sería exhibido como una curiosidad. Nuevamente nos viene a la mente el planteamiento colonialista expresado líneas arriba.

         Como mencionamos al principio, el amo puede también ser visto como poseedor del logos griego (λóγος significa “razonamiento”, “argumentación”, “habla” o “discurso”), y en cambio su esclavo es un ente incapaz de alcanzar este privilegio. Es el mismo Próspero quien enseña a Calibán a utilizar el lenguaje, pero es el nativo quien desperdicia la oportunidad de adquirir la iluminación, o la ilustración, de manera completa. Ciertamente Calibán puede pronunciar palabras, pero sin un completo entendimiento de conceptos e ideas abstractas. Recordemos que, de acuerdo al punto de vista isabelino, ningún razonamiento estaba completo sin un sustento moral. Esto, por supuesto, era completamente ignorado por el salvaje. 

         Continuando con estas ideas, podemos incluso hacer otra comparación basada en la mitología griega. De esta manera, Próspero podría ser considerado como un Prometeo “isabelino”, mientras que Calibán sería su Epimeteo. De acuerdo con la raíz etimológica, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς significa ‘previsión’, ‘prospección’) es el que anticipa los eventos por venir, mientras que su hermano Epimeteo (en griego antiguo πιμηθεύς es el ‘que reflexiona más tarde’), es quien ve los eventos una vez que éstos ya han ocurrido. El primero anticipa las catástrofes mientras que el segundo se lamenta una vez que éstas ocurren. No resulta sorprendente que sea Epimeteo quien deje entrar a Pandora (en griego antiguo Πανδώρα es la poseedora de todos los dones) a la casa de los hermanos, trayendo consigo todas las calamidades que los dioses habían preparado como castigo para Prometeo, por su audacia al robarles el fuego sagrado. Pues bien, Próspero es como un Prometeo en su isla privada. No sólo anticipa, sino que también controla los eventos, mientras que Calibán es incapaz de prevenir cualquier calamidad preparada en su contra. Igual que Epimeteo, Calibán deja entrar a Pandora. En el caso de La Tempestad, Pandora podría estar representada por la llegada de Trínculo y Stefano, esos falsos salvadores que no resultan ser más que un espejismo, una falsa esperanza como la guardada en la caja de Pandora y, por supuesto, no son más que otra fuente de calamidades para Calibán. 

         Pasando a otro tipo de comparaciones, podemos identificar ciertos paralelismos y contrastes entre los planes tramados por el mago y por su cautivo. Mientras que Próspero está guiando los acontecimientos que eventualmente darán como resultado una confrontación con su propio hermano, por su parte Calibán está tratando de construir su propio plan en el entendido de que Stefano y Tríncalo le darán suficiente apoyo para lograr sus propósitos. Sin embargo, mientras que los planes de Próspero redundan en un final feliz, los trabajos de Calibán lo conducen a otra serie de castigos y humillaciones.

         Continuando con nuestro análisis, no podemos resistir la tentación de ver a Próspero – al menos en algunos aspectos – como el alter ego de Shakespeare. Igual que Próspero, el dramaturgo tuvo que abandonar su pueblo natal para realizar sus ideales. Próspero lo hizo de manera forzada, y como víctima de un complot, pero sus libros fueron una excelente compañía en su huida; por su parte, Shakespeare tuvo como motivación la elaboración y montaje de sus obras para abandonar, hasta cierto punto, a su propia familia. Tenemos también que al final de La Tempestad, el epílogo suena como el propio Shakespeare expresando su despedida: un canto de cisne ante su querido público. Como en otras ocasiones, el orador se dirige al público pidiendo la indulgencia necesaria para la obra representada, pero en este caso suena como el adiós final que espera un aplauso mayor. Y sin embargo, en esta comparación es difícil ubicar a Calibán. Es decir, si tomamos a Próspero como el alter ego de Shakespeare, Calibán podría tal vez remitirnos a partes recónditas de la imaginación del propio poeta, las cuales fueron siempre necesarias para dar sustancia a sus obras. El autor y sus personajes no pueden ser deslindados por completo; por lo tanto, el salvaje Calibán (como cualquier otro personaje en el universo shakespeareano) ocupa un lugar en la mente del poeta y probablemente también en sus propias vivencias, aunque sea de manera simbólica.

         Aventurándonos a una interpretación más audaz, Próspero y Calibán representan diferentes niveles de conciencia desde una perspectiva freudiana, siendo el primero representante del superego y el segundo del ello. El superego es el rector de la personalidad en términos de restricción y control de impulsos. Esa es justamente una de las funciones de Próspero en la isla; él regula, al menos durante cuatro horas, la vida de un pequeño grupo de personas quienes podrían verse, bajo este supuesto, como diferentes aspectos en la personalidad que es gobernada por el superego. En esta personalidad hipotética, Calibán sería el ello; es él quien casi logra violar a Miranda, hecho que es impedido por Próspero, el superego. Calibán es también hijo de un demonio, una figura más que representativa de los bajos instintos residentes en el ello. Freud dijo que una personalidad contiene diferentes facetas del ser. En nuestro análisis, estas facetas pudieran ser representadas por los personajes interactuando unos con otros en la isla, con Próspero actuando como el rector moral, y Calibán en el otro extremo como la inmoralidad fuera de control, es decir, como el ello.

         Independientemente del análisis que hemos hecho de los contrastes entre estos dos personajes, no cabe duda que Próspero es el protagonista central de la obra. Él es el motor de la trama y la figura principal en la búsqueda de soluciones. Sin embargo, La Tempestad sería una historia muy diferente sin la figura antagónica de Calibán, aunque éste no tenga la estatura de un gran oponente, ni los aspectos dramáticos inherentes al personaje de Antonio, el hermano usurpador, o la condición de hermano incómodo como en el caso de Prometeo y Epimeteo. A pesar de todo, Calibán es uno de los personajes que llega a poner a prueba algunos de los aspectos más profundos de la personalidad de Próspero, como su crueldad y su piedad, todo con base en una supuesta superioridad moral e intelectual.

         Y así, una vez ponderados todos estos puntos de vista, todavía no puede decirse la última palabra acerca de una de las obras más rica en complejidad, creada por el genio de Shakespeare. Quede entonces abierta para el lector la posibilidad de explorar y encontrar sus propias interpretaciones.

 

 

 

 

07
Sep
08

Eduardo II, las obscenidades del poder

Eduardo II, Teatro Juan Ruiz de Alarcón, UNAM. Dirección Martin Acosta

Eduardo II, Teatro Juan Ruíz de Alarcón, UNAM. Dirección Martín Acosta

 

 

 

Por Sisi Casas

 

Lo absurdo del poder radica en su falta de personificación. Las instituciones lo son todo: los individuos son removibles, dispensables, simples mecanismos intercambiables que cumplen su función durante dos, tres, seis años, y son depuestos por gracia del aparato político o, si el accesorio es muy defectuoso, por ingenierillos que a su vez también serán desechados llegado el momento. Lo importante es, al fin y al cabo, que la maquinaria siga funcionando sin importar si está a punto de colapsar o la herrumbre la corroa por completo.

 

De ahí que en esta inercia sea indispensable la toma de decisiones en pro del bienestar institucional. ¿Pero qué pasa cuando en realidad el poder sí llega a personificarse y un solo individuo lo detenta? Lo mismo puede ser un dictador o un monarca; uno llegado al poder por un golpe de estado o una revuelta social, en tanto el otro por un designio hereditario o una cuestión de la sangre. En tal caso el problema se vuelve más complejo, pues más allá de las instituciones, imperfectas en su anonimato y corrompibles por su propia naturaleza cambiante, la voluntad de un individuo, y las más de las veces los caprichos, determina el rumbo de un país. Voluntad única, en apariencia, pues detrás hay una serie de grupúsculos que influyen en la toma de decisiones. De ahí que llegado el momento los tiranos también sean depuestos.

 

En este último sentido es que puede inscribirse la puesta en escena, coproducida por la UNAM y el INBA, Eduardo II, de Christopher Marlowe, bajo la dirección de Martín Acosta, que se presenta en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario.

 

A partir de que “Eduardo II es el hijo perfecto del imperfecto mundo isabelino, brutal, tan brutal como una carnicería; bello como la mirada de los enamorados; incómodo como el limón en las heridas; patético como dark room al amanecer. Es un discurso poético y político. Es una postura ideológica y una novelita para adolescentes calenturientos”, Martín Acosta construye un montaje donde explora ese mundo subterráneo lleno de corrupción, machismo, homosexualismo, intolerancia, engaño y perversión del poder. De ahí que ciertos elementos estén bien representados desde esa óptica donde lo más importante es, sí, lo que se dice en palabras, pero también a través de ciertas acciones corporales que son más significativas aún que el texto mismo.

Fotografias José Jorge Carreón

Por ejemplo, no es necesario presentar sobre el escenario una justa en la que los nobles demuestren su hombría. En vez de ello, un partido de rugby cumple con el mismo propósito: el mundo de los hombres, de los machos, expresada en su esencia más pura de fuerza bruta, en la transpiración y el empuje de una horda en contra de otra, intercalada con diálogos donde también se ponen a prueba dos voluntades: la del monarca veleidoso y débil, en contra de la conservadora y decidida de los nobles. Un mundo donde lo sobreentendido es tan importante que la fraternidad se vuelve más allá de un vínculo familiar al convertirse en la razón de ser de una clase social.

 

Lleno de energía y con momentos muy buenos que evidencian el dominio del oficio de Martín Acosta como director –el mencionado partido de rugby, varias escenas en los vestidores, la escena final de la violación multitudinaria que cierra el primer acto, el empleo de tambores militares para significar la guerra -, no obstante cuenta con ciertos aspectos un tanto cuestionables: si bien se trata de “El desventurado reinado y la muerte lamentable de Eduardo II de Inglaterra”, basado en la vida del monarca que asumiera a los 23 años el reino de Gran Bretaña, la interpretación de Eduardo carece de cierta coherencia interna al no resultar del todo creíble. Sí, es verdad, es un rey que tiene 23 años, pero en el escenario, si bien se es lógico que se vea un rey débil en momentos, dejarlo en esa situación de desamparo ante los embates de los pares, aun en el mayor momento de tensión, pone en duda su capacidad de sin en realidad ese rey que está en escena hubiera sido capaz de detentar y manejar el poder a su antojo.

 

Un elemento más es, qué tan necesario es recurrir a clichés para denotar que alguien es homosexual: ¿todos deben hablar con cierto amaneramiento, tener una actitud corporal delicada, ser un grupúsculo? ¿Todos los homosexuales son necesariamente “locas”? Eso, amén de cierta desigualdad respecto a los niveles actorales. Cierto, hay momentos en que evidentemente se trata de una sobreactuación, de mostrar lo grotesco de los personajes a través de la ironía o la caricatura, pero hay otros en los cuales más bien parece tratarse de ciertas deficiencias o limitantes actorales. Tal es el caso de Nailea Norvid: después de verla en infinidad de telenovelas y trabajos en televisión, y aún después de ver su desempeño en Electra o la caída de las máscaras, o más recientemente en Memoria, hay una sensación de ver, no al personaje, sino a la actriz.

 

En fin, Eduardo II es un trabajo de Martín Acosta que quizás esté por debajo de Crack o de las cosas sin nombre, pero que, sin duda, tiene muy buenos momentos, a pesar de sus cuatro horas de duración.

 

 
 
 
 

 

 

 

12
Jul
08

Un divulgador del conocimiento, Arturo Azuela

Ana María Longi

 

 

La comunidad cultural de México recibió con especial agrado el reciente nombramiento del escritor mexicano Arturo Azuela como presidente del Seminario de Cultura Mexicana sustituyendo a Luis Estrada, astrónomo y divulgador de la ciencia de la UNAM.

 

  Azuela es autor de novelas imprescindibles como “El tamaño del infierno” (1973), “Un tal José Salomé” (1975) y “El don de la palabra” (1985), entre otros libros posteriores -25 o más-, igualmente exitosos a nivel internacional. Es Premio Villaurrutia 1974, Premio Nacional de Novela, Presidente de la Asociación de Escritores de México (1981-1982), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1986, Maestro en Ciencias y Doctor en Historia por la UNAM. Profesor visitante en las universidades estadounidenses de Berkeley y Columbia, y en la de París (Nanterre). Subdirector de Literatura y Subdirector General del Instituto Nacional de Bellas Artes (1982), también fue designado Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 1986. Su literatura ha sido traducida a varias lenguas.

El novelista comentó acerca de los personajes ligados al Seminario de Cultura Mexicana, en los que se cuenta la pintora Frida Kahlo, en cuyo recuerdo se presenta una exposición con fotografías y documentos de su labor.

Azuela también se refirió al reinicio de co-rresponsalías internacionales en Centroa-mérica y Estados Unidos, así como la renovación de un plan de ediciones y creación de corresponsales asociados y honorarios.

El año pasado el escritor recibió el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Zaragoza, en convenio con la Universidad de Tubingen, con la tesis titulada: “La Ruta de Goya” (crónica sociológica) que se publicará el próximo año en las instituciones europeas.

 

¿Cuáles fueron las razones que lo animaron a ocupar un cargo de  abolengo en una institución con 66 años de fundada?

 

“Bueno, pertenezco al Seminario desde 1984. Siempre he sido un colaborador no solamente disciplinado sino entusiasta y leal a las labores de la Institución. El Seminario me ha llevado a viajar por muchos puntos de la República, impartiendo conferencias o dando cursillos sobre la Literatura Iberoamericana Contemporánea. En los últimos años, a pesar de tener una salud quebrantada, no he faltado jamás a mis responsabilidades como “seminarista”. Hace unos seis meses, un grupo distinguido de miembros titulares me pidió que presidiera las labores del Seminario.

Acepté con gusto, a pesar de los problemas actuales y la necesidad de revisar sus proyectos y actualizar sus objetivos. Para mi sorpresa, hace más de un mes fui elegido por consenso unánime”.

 

¿Por qué considera estructural dentro de su plan de trabajo exaltar las figuras históricas de nuestra cultura que pertenecieron al Seminario?

 

“El Seminario de Cultura fundado en 1942, estuvo formado por los más prominentes escritores, artistas, científicos y filósofos de nuestro país. La lista de fundadores es realmente extraordinaria: Enrique González Martínez, Manuel M. Ponce, Manuel Sandoval Vallarta, Mariano Azuela, Frida Kahlo, Julián Carrillo, Diego Rivera, entre otros, dieron lustre inmediato a la Institución. Con los años se sumaron Mauricio Magdaleno, Agustín Yáñez, Carlos González Peña, Francisco Monterde, y últimamente intelectuales de la valía de Antonio Gómez Robledo, Héctor Azar, Alberto Beltrán y Manuel Henríquez. Debemos continuar con este desafío al nombrar a todos y cada uno de nuestros miembros titulares, y desde luego, publicar algunas de sus obras y darlas a conocer a las nuevas generaciones, no sólo de la Ciudad de México, sino por todo el país”. 

 

El México actual se cuestiona acerca de toda clase de problemáticas; políticas, económicas, sociales, culturales, entre otros. ¿Tiene usted planeado invitar al Seminario de Cultura Mexicana a personalidades que nos quiten el velo de los ojos, que ese foro se transforme en una fuerza clarificante?

 

“En primer lugar, en el Seminario contamos con miembros titulares de altísimo nivel que pueden participar en mesas redondas, conferencias y diplomados. Entre ellos se encuentran el arquitecto Luis Ortiz Macedo, el jurista Sergio García Ramírez, el ingeniero Daniel Reséndiz Núñez, el científico Luis Estrada y el sociólogo Omar Guerrero. También invitaremos para que se sumen a este grupo gente de la talla, como el Premio Nobel, Luis Molina, el Doctor José Sarukán, el doctor Germinal Cocho Gil, el doctor Federico Ortiz Quezada. Tienen diferentes especialidades y enfoques muy distintos y profundos sobre el gravísimo problema del sobrecalentamiento. Además de este tema urgente, también trataremos la problemática de la educación, de la situación de los jóvenes en relación a la drogadicción, el aumento elevado de la natalidad y desde luego de la distribución de la riqueza en nuestro país. El gran tema de la globalización también será tema de un tratamiento académico de altísimo nivel”.

 

Usted suma  una trayectoria de 40 años de escritor y medio siglo de profesor de tiempo completo. ¿Qué opina de la situación económica del país, de la división de poderes y la constante hegemonía que muestran los vecinos del país del norte? 

 

“Es indudable que los grandes proyectos nacionales de la primera mitad del siglo han sido abandonados. Creo que en estos últimos años se entrometieron por todas partes muchos políticos sin la preparación adecuada. Tenemos que volver a darle su lugar a médicos, ingenieros, arquitectos, químicos, verdaderos profesionales que realmente estén capacitados para enfrentar las más difíciles circunstancias. Este país, hace más de 40 años, estaba dirigido por gente muy preparada, y sin lugar a dudas se formó una clase dirigente de proyección internacional. Se abandonó -por ejemplo- el gran proyecto para reducir nuestra explosión demográfica, uno de los problemas más significativos por el que todavía atravesamos. Para dar ejemplos, sólo en la ingeniería civil tuvimos constructores de primera línea en muy diversos campos: ferrocarriles, carreteras, puentes, presas, sistemas de aeropuertos y diseño de puertos pesqueros. La ingeniería petrolera fue muy importante en el mundo y ahora poco queda de aquel prestigio. Acompaña a esta ausencia de profesionales una etapa muy conflictiva de políticos que pocas veces se ponen de acuerdo. La impunidad y la corrupción no han sido neutralizados, y el papel de la Suprema Corte de ministros extraordinariamente bien pagados, ha sido verdaderamente lamentable. A pesar de todo, soy optimista y creo que nuestro proceso cultural y educativo será la clave para la solución de muchísimos problemas del presente y del futuro”.

 

¿Cómo simple ciudadano observador, qué sería lo prioritario de lo prioritario que se debe atender?

 

“No tengo la menor duda: la educación, la salud  y la seguridad. Todos los demás aspectos -hacendarios, laborales, electorales- deben estar íntimamente vinculados a esos renglones esenciales”.