Archive for the 'Noticias' Category

04
Oct
08

Fusión de intelectuales en libro de cultura mexicana

Cultura Mexicana 1942-1992

Cultura Mexicana 1942-1992

 

 

Por: Ana María Longi

 

Trece interdisciplinarios del Seminario de Cultura Mexicana, unificaron talento y experiencia para llegar a México mediante 13 ensayos especiales de alto valor consultivo. Su versión personal acude a un periodo de 50 años (1942-1992). Panoramas y transformaciones en campos disímbolos como el teatro, la narrativa, las artes plásticas, el desarrollo político, la música, la política exterior mexicana, salud, arqueología, planificación territorial urbana, poesía, historiografía, el arte novohispano y la educación superior.

 

Las citadas obras ensayísticas contenidas en este primer y nutrido volumen ilustrado por históricas fotografías lleva por título: “Cultura Mexicana 1942-1992” editado por el Seminario de Cultura Mexicana. Se divide en temas y autores: Cinco décadas del teatro mexicano 1940-1990 por Héctor Azar, Medio Siglo de la narrativa mexicana 1942-1992 por Arturo Azuela, Cincuenta años en las artes plásticas de México por Alberto Beltrán, El sentido ideológico del desarrollo político de México por Raúl Cardiel Reyes, 50 años de música en México por Manuel Enríquez, Medio Siglo de política exterior mexicana por Antonio Gómez Robledo, La salud de México en la segunda mitad del siglo XX por Pedro Daniel Martínez, Cincuenta años de arqueología en México por Eduardo Matos Moctezuma, La planificación territorial y urbana en México durante los últimos cincuenta años de Luis Ortiz Macedo, La poesía en México 1940-1990 (Algunas aproximaciones) por Víctor Sandoval, La historiografía en México, 1942-1992 por Ernesto De La Torre Villar, Rescate y comprensión del arte novohispano, Elisa Vargas Lugo y La educación superior en México, Rafael Velasco Fernández.  El prólogo estuvo a cargo de Raúl Cardiel Reyes.

Capilla Posa. Convento franciscano de Huejotzingo, Pue. Siglo XVI

El escritor y profesor Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, (próximamente presentará su nuevo libro: Estudios en Aragón. La globalización y otros inventos) asentó que la narrativa mexicana nació con El Periquillo Sarmiento de J. Fernández de Lizardi en 1816 y a lo largo del siglo XIX tuvo muchos altibajos, influencias de propios y ajenos, temas históricos, rurales o urbanos, pero al fin y al cabo, dio lugar a una sólida tradición.

 

El Doctor Azuela, ubicó que entre las vetas costumbristas y los delirios del salón parisiense, entre las figuras del virreinato y los salteadores de caminos, la novela mexicana se fue enriqueciendo con la descripción de muchos paisajes y la confrontación de personajes de diversos estratos sociales: personajes de la chusma o de la falsa aristocracia. Con muy buen tino, muchos de los narradores nunca hicieron a un lado la recreación de los ambientes populares, ni mucho menos despreciaron los temas históricos o los prototipos de la política  de un país dividido y mutilado en su territorio.

 

“Fue un siglo de novelas que proyectaron algunas veces con originalidad, las vicisitudes de una historia continua de pérdidas y profundas derrotas. De los últimos años de la Guerra de Independencia a la agonía de la dictadura de Porfirio Díaz, la narrativa mexicana fue prosperando en muchos aspectos. No es una novelística que exclusivamente fije sus modelos en el mundo europeo. Crea una perspectiva continua y algunos de sus mejores exponentes fijan su atención en su entorno inmediato. Sin olvidar a los que recrean diversas situaciones sociales de acuerdo con las pautas de Balzac, de Flaubert, de Zola o de los autores españoles anteriores al 98, hay otros que llevan a sus mejores páginas los personajes de la provincia o de la capital, los dueños de vidas y haciendas o los desarrapados de las plazas públicas.

 

En cuanto a historiadores de la época ¿quiénes captaron entonces aquella realidad circundante y que huella legaron a la mexicanidad?

 

“En un siglo de grandes historiadores, ahí están los ejemplos de Lucas Alamán, José María Luis Mora, Carlos María de Bustamante, Lorenzo de Zavala, Melchor Ocampo, García Icazbalceta, Orozco y Berra y Justo Sierra, historiadores que militan, combaten, participan en altas responsabilidades políticas, que manejan lenguajes admirables, los novelistas están apenas forjando los cimientos de su propia tradición y sus obras no serán conocidas más allá de sus fronteras nacionales. Junto a los pintores, los grabadores y los músicos, muchos narradores están en la búsqueda de lo más valioso de su entorno, y no desdeñan las técnicas de las escuelas extranjeras o los temas más audaces de su realidad más conflictiva; también se dirigen al pasado colonial, a la vieja Nueva España y rescatan figuras olvidadas o escenarios de conventos, ayuntamientos y palacios”.

 

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

Primera exposición organizada por el Seminario de Cultura Mexicana e instalada en el Palacio de Bellas Artes, inagurada el 20 de noviembre de 1942. Se aprecian a Frida Kahlo y al arquitecto José Luis Cuevas (el más alto), entre funcionarios del INBA.

 

El intelectual comentó que algunos novelistas del siglo XIX abren ventanas que conducen a lo insólito, al crear un público que al fin conoce, como era ya costumbre en la moderna Europa, la novela por entregas, el folletín o “los argumentos del corazón”.

 

“Efectivamente, a los personajes palaciegos del imperio de Maximiliano y Carlota, se agregan las monjas virreinales y los serenos de las calles de México; no faltan los legendarios salteadores de caminos y las memorias de los impostores; las angustias femeninas se añaden a las parentelas enriquecidas, los herejes, los musulmanes y los piratas del golfo. Todos los novelistas se entroncan al manejo de los ejes cartesianos, al tiempo lineal y al espacio continuo de acuerdo con el patrón clásico de la novela de la modernidad”.

 

“Medio siglo de narrativa mexicana”, de Arturo Azuela, forma parte del gran libro “Cultura Mexicana 1942-1992”, obra que seguramente hará despuntar mejor este siglo XXI.

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12
Jul
08

El órden al revés

Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.

 

Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.

Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.

Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía. 

Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.

Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.

         España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.

         Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España  derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.

         Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.

         España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.

         Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.

La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”,  mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.

La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.

España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.

        

 

        

 

12
Jul
08

Un divulgador del conocimiento, Arturo Azuela

Ana María Longi

 

 

La comunidad cultural de México recibió con especial agrado el reciente nombramiento del escritor mexicano Arturo Azuela como presidente del Seminario de Cultura Mexicana sustituyendo a Luis Estrada, astrónomo y divulgador de la ciencia de la UNAM.

 

  Azuela es autor de novelas imprescindibles como “El tamaño del infierno” (1973), “Un tal José Salomé” (1975) y “El don de la palabra” (1985), entre otros libros posteriores -25 o más-, igualmente exitosos a nivel internacional. Es Premio Villaurrutia 1974, Premio Nacional de Novela, Presidente de la Asociación de Escritores de México (1981-1982), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1986, Maestro en Ciencias y Doctor en Historia por la UNAM. Profesor visitante en las universidades estadounidenses de Berkeley y Columbia, y en la de París (Nanterre). Subdirector de Literatura y Subdirector General del Instituto Nacional de Bellas Artes (1982), también fue designado Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 1986. Su literatura ha sido traducida a varias lenguas.

El novelista comentó acerca de los personajes ligados al Seminario de Cultura Mexicana, en los que se cuenta la pintora Frida Kahlo, en cuyo recuerdo se presenta una exposición con fotografías y documentos de su labor.

Azuela también se refirió al reinicio de co-rresponsalías internacionales en Centroa-mérica y Estados Unidos, así como la renovación de un plan de ediciones y creación de corresponsales asociados y honorarios.

El año pasado el escritor recibió el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Zaragoza, en convenio con la Universidad de Tubingen, con la tesis titulada: “La Ruta de Goya” (crónica sociológica) que se publicará el próximo año en las instituciones europeas.

 

¿Cuáles fueron las razones que lo animaron a ocupar un cargo de  abolengo en una institución con 66 años de fundada?

 

“Bueno, pertenezco al Seminario desde 1984. Siempre he sido un colaborador no solamente disciplinado sino entusiasta y leal a las labores de la Institución. El Seminario me ha llevado a viajar por muchos puntos de la República, impartiendo conferencias o dando cursillos sobre la Literatura Iberoamericana Contemporánea. En los últimos años, a pesar de tener una salud quebrantada, no he faltado jamás a mis responsabilidades como “seminarista”. Hace unos seis meses, un grupo distinguido de miembros titulares me pidió que presidiera las labores del Seminario.

Acepté con gusto, a pesar de los problemas actuales y la necesidad de revisar sus proyectos y actualizar sus objetivos. Para mi sorpresa, hace más de un mes fui elegido por consenso unánime”.

 

¿Por qué considera estructural dentro de su plan de trabajo exaltar las figuras históricas de nuestra cultura que pertenecieron al Seminario?

 

“El Seminario de Cultura fundado en 1942, estuvo formado por los más prominentes escritores, artistas, científicos y filósofos de nuestro país. La lista de fundadores es realmente extraordinaria: Enrique González Martínez, Manuel M. Ponce, Manuel Sandoval Vallarta, Mariano Azuela, Frida Kahlo, Julián Carrillo, Diego Rivera, entre otros, dieron lustre inmediato a la Institución. Con los años se sumaron Mauricio Magdaleno, Agustín Yáñez, Carlos González Peña, Francisco Monterde, y últimamente intelectuales de la valía de Antonio Gómez Robledo, Héctor Azar, Alberto Beltrán y Manuel Henríquez. Debemos continuar con este desafío al nombrar a todos y cada uno de nuestros miembros titulares, y desde luego, publicar algunas de sus obras y darlas a conocer a las nuevas generaciones, no sólo de la Ciudad de México, sino por todo el país”. 

 

El México actual se cuestiona acerca de toda clase de problemáticas; políticas, económicas, sociales, culturales, entre otros. ¿Tiene usted planeado invitar al Seminario de Cultura Mexicana a personalidades que nos quiten el velo de los ojos, que ese foro se transforme en una fuerza clarificante?

 

“En primer lugar, en el Seminario contamos con miembros titulares de altísimo nivel que pueden participar en mesas redondas, conferencias y diplomados. Entre ellos se encuentran el arquitecto Luis Ortiz Macedo, el jurista Sergio García Ramírez, el ingeniero Daniel Reséndiz Núñez, el científico Luis Estrada y el sociólogo Omar Guerrero. También invitaremos para que se sumen a este grupo gente de la talla, como el Premio Nobel, Luis Molina, el Doctor José Sarukán, el doctor Germinal Cocho Gil, el doctor Federico Ortiz Quezada. Tienen diferentes especialidades y enfoques muy distintos y profundos sobre el gravísimo problema del sobrecalentamiento. Además de este tema urgente, también trataremos la problemática de la educación, de la situación de los jóvenes en relación a la drogadicción, el aumento elevado de la natalidad y desde luego de la distribución de la riqueza en nuestro país. El gran tema de la globalización también será tema de un tratamiento académico de altísimo nivel”.

 

Usted suma  una trayectoria de 40 años de escritor y medio siglo de profesor de tiempo completo. ¿Qué opina de la situación económica del país, de la división de poderes y la constante hegemonía que muestran los vecinos del país del norte? 

 

“Es indudable que los grandes proyectos nacionales de la primera mitad del siglo han sido abandonados. Creo que en estos últimos años se entrometieron por todas partes muchos políticos sin la preparación adecuada. Tenemos que volver a darle su lugar a médicos, ingenieros, arquitectos, químicos, verdaderos profesionales que realmente estén capacitados para enfrentar las más difíciles circunstancias. Este país, hace más de 40 años, estaba dirigido por gente muy preparada, y sin lugar a dudas se formó una clase dirigente de proyección internacional. Se abandonó -por ejemplo- el gran proyecto para reducir nuestra explosión demográfica, uno de los problemas más significativos por el que todavía atravesamos. Para dar ejemplos, sólo en la ingeniería civil tuvimos constructores de primera línea en muy diversos campos: ferrocarriles, carreteras, puentes, presas, sistemas de aeropuertos y diseño de puertos pesqueros. La ingeniería petrolera fue muy importante en el mundo y ahora poco queda de aquel prestigio. Acompaña a esta ausencia de profesionales una etapa muy conflictiva de políticos que pocas veces se ponen de acuerdo. La impunidad y la corrupción no han sido neutralizados, y el papel de la Suprema Corte de ministros extraordinariamente bien pagados, ha sido verdaderamente lamentable. A pesar de todo, soy optimista y creo que nuestro proceso cultural y educativo será la clave para la solución de muchísimos problemas del presente y del futuro”.

 

¿Cómo simple ciudadano observador, qué sería lo prioritario de lo prioritario que se debe atender?

 

“No tengo la menor duda: la educación, la salud  y la seguridad. Todos los demás aspectos -hacendarios, laborales, electorales- deben estar íntimamente vinculados a esos renglones esenciales”.

 

 

24
May
08

Trasnochados independentistas, duro golpe a la banda terrorista ETA

 En Burdeos (Francia), ha sido detenido Francisco Javier López Peña, uno de los principales dirigentes de la banda armada ETA, duro golpe al terrorismo independentista vasco, sin razón de ser en el siglo XXI, en una Europa unida que pretende estar cohesionada.

 

 

Fernando Rodriguez

Madrid, España

 

 

 

En Europa vivimos una época de trascendencia histórica: la unión europea. Países que siempre han tenido problemas entre ellos decidieron hacer tabla rasa con el oscuro pasado y unirse en el proyecto ilusionante, no exento de dificultades, de construir la gran Europa moderna y del futuro. ¡Ojalá no tenga marcha atrás!.

 

Hasta ahora la variedad étnica, fronteras, ambiciones expansionistas y económicas, eran circunstancias aparentemente suficientemente graves, para crear problemas, y poner impedimentos al sueño de muchos millones de europeístas, que creemos en el aforismo de “ la unión hace la fuerza”. Unión solidaria, basada en lazos fuertes, culturales, económicos, sociales, solidarios y de grandes empresas comunes, que ayuden a dar un paso hacia adelante a la civilización y la cultura.

Los españoles nos destacamos por las intemperancias históricas. Las personas de bien ven en la unión europea una forma de limar diferencias, de tener proyectos comunes, de lograr que los pueblos se hermanen. Desde la prehistoria se han mantenido duras guerras fraticidas y territoriales. En el momento crucial para la historia mundial, como al parecer no podía ser de otra forma, para diferenciarnos de los demás, los “trasnochados” deciden destapar la caja de los truenos. Quienes se sienten diferentes y racistas acomplejados, recomienzan independentismos fuera de época, de lugar y de sincronía, dentro de la Europa sin fronteras.

Entre los que han apostado por el cambio positivo se encuentran los irlandeses del norte y del sur, hasta ahora con litigios armados durante siglos, causantes de mucho dolor entre sus gentes. Enemigos irreconciliables, ante la realidad europea deciden dejar las armas, se unen para gobernar en paz en la hermosa Erin.

Quienes hemos viajado a través de Europa desde hace muchos años y lo hacemos ahora, no deja de sorprendernos pasar de un país a otro sin aduanas, ni fronteras, es como un gran milagro social, un hito en la larga historia europea, a mi modo de ver maravilloso y gratificante.

De pronto se acaban las reticencias entre vecinos, siempre las hubo, como es tradición a través de la historia, parece un sueño, un verdadero milagro asistir a esa caída de fronteras, del muro de Berlín, del comunismo que separaba a Europa en dos bloques, a su vez disgregados en naciones que se miraban con desconfianza.

En estos días se celebra en Madrid el alzamiento nacional del “dos de mayo”, acaecido en el siglo XIX, contra los ejércitos invasores franceses. ¿Quien les podía decir a aquellos heroicos españoles, que todo su esfuerzo y vidas perdidas eran inútiles y que Europa se uniría sin fronteras?. De eso hace solamente dos siglo.

Un mundo nuevo y prometedor, lleno de esperanza en un futuro más solidario y hermoso, donde los países que más tienen ayudan a los que menos poseen, para que mejoren sus economías, infraestructuras, industria y así igualar a los desiguales.

Cuando todo parece de color de rosa y “pan de Madagascar”, surgen los “diferentes”, quienes en definitiva desean poner sobre el tapete discrepancias,  viejos rencores, fronteras antisociales, en el fondo egoísmo. Así aparecen los partidos nacionalistas vascos y catalanes, por que tienen lenguas diferentes, los gallegos dicen que si de lenguas diferentes se trata, también quieren ser desiguales e independientes. Se desarma lo que reyes Católicos y Franco lucharon por armar, dando sentido coherente y patrio a todo el conjunto étnico-geográfico de España.

Los portugueses, como la mayoría de los vecinos entre sí, eran reticentes con los españoles y viceversa, hoy se habla abiertamente de unirse con España para crear la nación  única de la Península Ibérica, más del 30% de los lusos encuestados lo ven bien. He conocido épocas en que hablar de la unión entre lusos e hispanos era “mencionar la soga en casa del ahorcado”.

Ya no hace falta hacer “estraperlo” entre ambos países, se pasa libremente, sin fronteras. El estraperlo se practicaba en la época dura de aislamiento, del boicot internacional al régimen de Franco entre los años 40 y 50, a causa del cual el pueblo español vivió en paz forzada y sufrió retraso social, económico e histórico. Tras la terrible Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, al no haber suficientes alimentos para todos, era necesario racionar los comestibles, la gente tenía cartillas de racionamiento, cada familia podía comprarlos según el número de miembros. Portugal era el país vecino privilegiado, que tenía alimentos de sobra, y un lujo traído de las colonias:¡Café!. La época del estraperlo duró más de una década. Contrabandistas especializados, viajaban al país vecino y traían aceite, café, arroz, judías, garbanzos, latas de conserva… riquezas difíciles de lograr, en una España cuyos campos fueron abandonados desde 1.936 a 1939 y la muerte masiva de millares de hombres, caídos en ambos bandos. En vez de trigo y otros sembradíos, había bombas diseminadas entre los surcos y eriales, causantes de numerosas víctimas, incluso ya acabada la Guerra Civil.

Algunos tomaron barcos y arrumbaron a otros países, en exilio forzoso o voluntario se repartieron principalmente por el Nuevo Mundo, donde fueron acogidos como hermanos. Especialmente en Méjico, millares de españoles se afincaron y trajeron consigo la cultura de cátedras abandonadas, en la España que dejó marchar a eminencias con cerebros privilegiados, simplemente por ser republicanos, libre pensadores, socialistas o comunistas. Al otro lado del “charco”, se les dio la oportunidad de seguir enseñando, crearon escuela, y surgieron grandes personajes de la cultura hispano-mejicana, unidos por profesores comunes.

Tanto dolor, separaciones de familias, de las tierras propias, no son vínculos suficientes para estos bárbaro anacrónicos independentistas de ETA,  quienes quieren separarse de una gran nación unida en la historia, en el mapa común y a la vieja Europa, desean volver a los reinos de taifas de los invasores régulos moriscos, en este caso se trata de ciertos vascos, catalanes, gallegos y canarios deseosos de ser paraíso fiscal y tener otros fueros y prebendas diferentes al resto de la Península.

Si analizamos la historia de estos pueblos resulta incluso cómico, en que se basan para sus reivindicaciones nacionalistas, sus argumentos son: hablamos diferente, tenemos una cultura distinta y somos incomparables. Tras esta aparente soberbia se ocultan complejos de inferioridad, les hubiera gustado ser la Castilla arrolladora y aglutinadora de pueblos y territorios. No hay por que renegar de las peculiaridades de cada territorio, eso enriquece al conjunto, en vez de verlo como su aporte social a la comunidad heterogénea, lo ven como exclusivo, con un trasfondo racista, egoísta y chauvinista.

En el análisis no pasan “la prueba del algodón”. El vascuence, pretende ser una lengua autóctona, parece tener su origen en pueblos invasores de  España, su RH negativo es una prueba de la concomitancia que hay con los pueblos turcos, con quienes tienen unas 30.000 palabras en común o de similar raíz y fonética parecida, según me explicó el lingüista presidente de la Asociación Hispano-Turca. Eso no se lo enseñan a los niños en las “ikastolas”, nefastas escuelas vascas permitidas incomprensiblemente, donde a los niños se les lava el cerebro, con falso y desmedido amor patrio vasco, fomentan el odio hacia lo que no es de su tierra, acentúan las diferencias, haciéndoles ver que son distintos, no son españoles, sino vascos, por ello deben luchar hasta la muerte, para mantener los orígenes y convertirse en lo que jamás fueron, una nación. En sus asignaturas existe la alteración intencionada de la verdadera historia.

Esto no es nuevo en las Américas, en frecuentes ocasiones he visto como se altera la realidad objetiva de los hechos históricos, en ciertas escuelas se dan versiones interesadas o sesgadas, en la relación de los españoles con los indígenas americanos, de sus culturas y de los gobiernos españoles, que no siempre fueron “tan terribles” como se pretende, ni sólo negativos, se ensalza a Simón Bolívar, “El Libertador”, de quien hay mucho para hablar y no precisamente las bondades que de él se cuentan en los libros de texto. “En este mundo traidor, nada es verdad, ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.     

Los vascos de ETA, son el extremo de la incomprensión, de la barbarie y la incultura, el terrorismo nunca es justificable, en este caso menos. En la actualidad España es un país demócrata, donde todo se puede discutir en las Cortes, no con viles asesinatos, a traición, con tiros en la nuca a quien no piensa como ellos, con bombas en aeropuertos, grandes comercios o cuarteles de la Guardia Civil, cercenando la vida de seres inocentes para sembrar terror y odio.

En Vasconia se vive con miedo. Impera la desconfianza, la inquietud, la gente no se atreve a decir lo que piensa, entre amigos se miran con recelo, incluso dentro de las familias que están en contra de la separación del pretendido País Vasco o Euskalerría, como les gusta denominarse. Sin saberlo, los hijos pueden estar en la llamada “kaleborroca”, jóvenes insurgentes pertenecientes o simpatizantes de ETA, manipulados por ellos. Ni en el seno de la familia se puede hablar con sinceridad de política, hasta ese punto llega el terror a ser denunciados por sus propios familiares, por pensar diferente a los terroristas. Están viviendo en el peor nazismo o durante la Guerra Civil Española, cuando se denunciaban entre familiares y vecinos, por no ser de la misma ideología o por viejas rencillas, denuncias que la mayoría de las veces les llevaba a la cárcel y a la muerte, ahora puede suceder algo parecido.

Curiosamente quienes llegan de otras regiones son los más ultras, para demostrar lo de la región que son se hacen los más furibundos, es el caso del recién capturado Francisco Javier López Peña, puede apreciarse que sus apellidos poco tienen de vascos, no es Urrutia, ni Etxeveste, Pagazartundua o siquiera Aguirre, otros si lo son. Este miserable sanguinario ha llegado a ser el número uno de ETA, hasta ahora ha dispuesto de vidas y bienes, como si fuera un dios ensoberbecido.

Sin llegar a esos extremos, algo parecido sucede con los nacionalistas catalanes, para que en tono despectivo no les llamen “charnegos” a los migrantes, se hacen ultras, mas ultras que el más catalanista de los catalanistas.

Los asesinatos son la demostración de la sinrazón. Al final los asesinos van siendo puestos a buen recaudo, hasta que se deshaga la trama mortal. Parece que la humanidad no quiere aprender de sus propios errores.   

 

12
Ene
08

Su narrativa y periodismo, Henestrosa

Fragmento de la introducción del libro “Alacena de Minucias”, por Adrián Ben Como. Texto cortesía de la Editorial Miguel Ángel Porrúa

Obra cumbre de Andrés Henestrosa, en el ámbito periodístico, la Alacena de minucias apareció en el suplemento cultural del diario El Nacional del domingo 17 de junio de 1951 al domingo 9 de febrero de 1969. Fue la columna literaria de más larga duración que él escribió y en la que con mayor claridad se expresó su espíritu curioso e inquieto. La comenzó a escribir cuando él tenía 44 años –en plena madurez– y la suspendió cuando acababa de cumplir los 62. Más tarde hubo una segunda época que se extendió del domingo 19 de junio de 1983 al domingo 14 de septiembre de 1986, en los días en que él ya era casi un ochentón. El título se lo proporcionó Juan José Arreola, inspirado en aquel otro periódico, sucesor de El Pensador Mexicano, cuya aparición se diera en plena Guerra de Independencia, y cuya firma se debiera también a José Joaquín Fernández de Lizardi: la Alacena de frioleras. En ella, Henestrosa pudo a su antojo guardar cuanta ocurrencia, divagación, capricho, dato o fecha relacionada con nuestra historia literaria él consideró digno de rescatarse. Allí pudo “alacenar” y “minucear” –dos verbos que para él acuñó Alfonso Reyes– los más diversos aspectos de la literatura mexicana. Por eso en la Alacena se encuentran coplas, décimas, canciones populares, lo mismo que necrologías, dedicatorias, anécdotas o etimologías. Pero también hay seudónimos, anagramas, relatos, autores olvidados y pasajes autobiográficos. No obstante, el espíritu de la columna –lo reconoce Henestrosa– fue su afán por historiar las letras nacionales, preferentemente las del siglo xix. Así, del caudal enorme de material literario perdido en opúsculos, folletos, misceláneas, revistas y periódicos relativos al xix mexicano –de modo especial la de aquellos que van de la época de la Independencia al triunfo de la República. Henestrosa rescató un sin fin de noticias y datos curiosos, siempre con el propósito de contribuir a un mayor conocimiento y valoración de nuestras letras. De ahí que la Alacena de minucias se pueda considerar, en cierta forma, como una historia de la literatura mexicana.    “Algún día, caro Andrés, estas minucias serán muy útiles para el estudio de la gran literatura mexicana” Alfonso Reyes   En los últimos veinte años en que él recorrió La Lagunilla, a la caza de joyas bibliográficas, yo tuve la fortuna de acompañarlo y de ver cómo ejercitaba, todos los domingos, sus dotes de excelente cazador, pues parecía como si oliera las piezas y las presintiera, ya que siempre daba oportunamente en el blanco. Así cayeron en sus manos infinidad de obras con las cuales formó su biblioteca y con las cuales más tarde armó sus artículos y sus Alacenas. La Alacena lo llevó a consagrarse como uno de los más grandes conocedores de nuestras letras y fue sin duda su columna periodística de mayor consulta, y de mayor cita, entre maestros e investigadores. Colaboración poco común, con cierta originalidad, debido al cúmulo de temas tan variados que trató y debido al aderezo que supo muy bien escanciar con su estilo tan peculiar, la Alacena de minucias fue una sección que se leyó con sumo placer en su tiempo como seguramente se leerá también hoy y mañana. Tuvo como guía siempre a México, y aunque se refirió a temas ajenos a la cultura nacional, siempre fueron estos tratados en relación con una mirada mexicana. Se refirió a viajeros y autores que hablaran sobre nuestras costumbres y tradiciones y nunca faltaron los temas de cultura indígena. Por su lectura se puede asimismo advertir el tono de la época de mediados de siglo y se puede saber qué autores estaban en boga, que libros se leían, y cómo había una manera distinta de ver las cosas; la patria, por ejemplo. Durante muchos años siempre se pensó reunir en volumen estas colaboraciones, pero nunca se pudo; siempre se frustró por una causa u otra. No obstante, hubo algunos intentos, como el que llevó a cabo un maestro rural que Henestrosa encontró, en cierta ocasión, en lo más apartado y abrupto de la sierra oaxaqueña, y quien tenía en su poder, ordenadas y anudadas cándidamente con un listoncito azul, varios años de colaboraciones. Y está el otro, por supuesto, que sí se publicó, en 1970, por el Instituto Nacional de Bellas Artes, bajo el título de Una alacena de alacenas –con prólogo y epígrafe de Henrique González Casanova– y que reunía, es cierto, sólo 74 colaboraciones, pero que era por entonces el más logrado, puesto que la selección se había hecho como una suerte de antología o de páginas preferidas. Pero no se publicaban tampoco, hay que decirlo, porque a pesar de que Henestrosa tenía muchas veces la tentación de hacerlo, siempre desistía ya que consideraba, pudorosamente, que sus textos no tenían el mérito suficiente para ser publicados. Él, entonces, para divertirse, contestaba que algo había que dejar que hacer a “los curiosos de mañana, a los cazadores de minucias” como era él, y yo siempre le decía, entre burlas y veras, en los muchos cumpleaños suyos que celebramos, que para cuando él cumpliera el siglo de vida, los 100 años, yo buscaría un editor para publicarlas todas, ya que la colección que yo había formado durante muchos años era sin duda la más completa. Sin embargo, nunca pensé que llegara tan pronto ese día, y así, sin sentirlo, inesperadamente, me vi en el apurado trance de tener que cumplir con mi palabra. Por fortuna, cuando le propuse a Miguel Ángel Porrúa que las publicáramos y las diéramos a conocer a los lectores mexicanos, él de inmediato aceptó gustoso y fue así que hoy aparecen finalmente bajo el sello de esta prestigiada casa editora. Retoqué, hasta donde humanamente me fue posible, algunas faltas propias de la urgencia del periodismo, sobre todo aquellas que se referían a autores y títulos de obras y puse, asimismo, nombre a algunas Alacenas. Pero, en lo general, éstas aparecen tal y como se publicaron por vez primera en el periódico El Nacional. En todo caso, es posible que existan, quiero decirlo, algunas inexactitudes respecto a la fecha de publicación, pero lo incompleto de los archivos y su mal estado, impidieron la precisión del dato.     

29
Dic
07

Escritores asesinos

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Nahum Torres 

Los siete títulos de narrativa y nueve de poesía que hasta el momento ha publicado Candaya pequeña pero valiosa editorial barcelonesa que pretende especializarse en literatura hispanoamericana, llegan a México a través de un acuerdo de distribución con Colofón, firmado en el marco de la Feria de Monterrey. Entre los autores de Candaya, se encuentra al méxico-canadiense Pedro Serrano (1957), al ecuatoriano Mario Campaña (1959), al venezolano Ednodio Quintero (1947), o al poeta y físico gallego Agustín Fernández Mallo (1967),  cuya post-mo novela Nocilla Dream se convirtió en la revelación española en 2006, lo que le valió un jugoso contrato con un consorcio para publicar el resto de la trilogía: “Proyecto Nocilla”.         De sus más jóvenes autores, se halla al peruano Diego Trelles Paz (1977) con su debut como novelista: El círculo de los escritores asesinos (2005), epistolario meta-literario de índole confesional de cuatro embrionarios escritores limeños, sospechosos todos de la muerte de García Ordóñez, perro gordo de la crítica literaria local.Con la escenografía del barrio juvenil de fondo en el que pululan ciertos personajes sin expectativas de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso) anterior publicación de relatos episódicos de su propia autoría (Lima: Caleta Libros, 2001), Trelles Paz se sirve de retazos de autobiografía, historia peruana (el fujimurismo como contexto), ficción de la vida cotidiana y un táctico cut-up poético para construir esta novela entretejida por el habitual cotilleo “culturoso”, en voz del poeta Ganivet, el desfachatado cronista narigón Larrita, “el Chato” –alter ego del autor y la cinéfila Casandra, forjadora del autonombrado “Círculo”, admiradores todos de Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges y “el Gran” César Vallejo.Resalta el fino humor de Trelles que burla, por momentos, del romanticismo y visceralismo juvenil de estas cuatro cuasi frustradas plumas (frustradas porque agotan sus energías en su “lucha” contra la mafia cultural); así como también su actitud nabokovianamente provocadora para con el leyente.Es decir, Trelles recurre a la figura del narrador-comentarista, el editor Alejandro Sawa, para interconectar los largos manuscritos testimoniales de los miembros de la banda y así encontrar al ejecutor del crimen, mientras genera una polémica literaria con su imaginario lector.El círculo de los escritores asesinos es una ambiciosa fantasía literaria en la que fluye sangre, amor, denuncia artística, (joven) locura existencial y lecturas tantas, que hacen pensar en un versátil homenaje a un sinfín de autores: hispanoamericanos y de otras latitudes. 

* Diego Trelles Paz nació en Lima en 1977. Ha estudiado cine y periodismo en Perú y literatura hispanoamericana en Austin, Texas. Es autor de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el fracaso) (2001). Ha participado en el libro de homenaje Roberto Bolaño. Una literatura infinita (2005) y en la antología de Andrés Neuman Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño  (2005).    

27
Dic
07

Medio siglo de la peste

Jacinto Eslava  

EN 1957  Albert Camus publicaba una de las obras fundamentales de la literatura del siglo XX.. Celebrada y denostada por sus contemporáneos, “La peste” un diagnostico   de  la sociedad francesa para enfrentarse a sus propias miserias, que la demolieron y posibilitaron la derrota y la ocupación alemana. Una epidemia sobre otra   Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, Argelia. Su padre, agricultor de origen francés, era empleado en una finca vitivinícola; Catalina Sintes, su madre, era menorquina. Apenas cumplido el año de vida su padre murió en las trincheras de Verdum, por lo que su madre decidió mudarse –junto a él y a su hermano– a Argel. Fue allí, mientras cursaba sus estudios en el Grand Lycée, que Camus comenzó a garabatear sus primeros escritos, publicados por la revista Sud. Una vez concluido el bachillerato, debió interrumpir sus estudios por manifestársele tuberculosis, enfermedad que lo acompañaría hasta su muerte.  En 1935 Camus engendró su primer libro, El revés y el derecho, que sería publicado dos años más tarde. Sus aficiones teatrales emergieron en simultáneo a las literarias. Organizó el Teatro del Trabajo, una compañía de aficionados que representaba obras en barriadas populares. Incursionó en el periodismo en el Diario del Frente Popular, prohibido en 1940 por el gobierno argelino. Ese traspié hizo que se trasladara a París para incorporarse a las filas del Paris-Soir. Durante la ocupación alemana en París, participó activamente como miembro de la resistencia, y dirigió el periódico clandestino Combat. En 1952 rompió relaciones con Jean-Paul Sastre, quien criticó duramente su ensayo El hombre rebelde. El 4 de enero de 1960 murió en un accidente automovilístico en las afueras de Le Petit-Villeblevin, Francia.   La historia de La peste transcurre en Orán, Argelia, en algún momento de la década del 40. Una ciudad que dormita en la persistencia de sus sinsabores hasta ver sacudida su modorra por el sopapo que una brutal plaga estampa a la población. Camus no fue un profeta; pluma fecunda, crónica sagaz y observación aguda sí, pero intuición sibilina, jamás. Camus, admirador de Gide y Malraux, fue un escritor nutrido por los aires de su entorno. Quizá por eso, y para entender su obra, baste con remontarse a la declaración que hiciera él mismo en 1935: “L’oeuvre est un aveu; il me faut témoigner” (“La obra es una confesión; debo declarar como testigo”). En ese sentido, La peste (1947) se enciende como su acierto más potente.  Para poder husmear en La peste y digerirla sin equívocos, no hay que descuidar su contexto: cuando Camus la compuso, sus manos todavía olían a pólvora –fue activa su participación en la resistencia durante la ocupación nazi– y los juicios de Nüremberg barrían con los bárbaros de entonces. Un libro que es resultado mismo de su empresa política, y por ello debe vinculárselo –como metáfora– al desguace moral durante la Segunda Guerra Mundial.¿Qué significa la literatura en un mundo que tiene hambre? —dijo Sastre. La literatura cambia la vida, pero de manera gradual, no inmediata, y nunca directamente, sino a través de ciertas consciencias individuales que ayuda a formar. Para Camus el hombre vive su total realidad, en la medida en que comulga con el mundo natural. A este hombre citadino, al que los pensadores modernos han convertido en un mero producto histórico, al que las ideologías han privado de su carne y sangre, a este ser abstracto y urbano, separado de la tierra y del sol, desindividualizado, disgregado de su unidad y convertido en un archipiélago de categorías mentales, Camus opone el hombre natural (“Albert Camus y la moral de los límites   Si Camus sostiene que en nuestra desilusionada época el mundo ha dejado de tener sentido, lo hace con el estilo racional, elegante y discursivo de un moralista del siglo XVIII, en obras cuidadas y de perfecta estructura” Se trata de la experiencia más directa, inmediata e intuitiva de lo absurdo. El hombre vive sensorial, sensible, emocionalmente un conjunto o “enumeración de sentimientos” (tal la expresión de Camus en El mito de Sísifo, nota del autor en p. 26) que aún no conceptualiza. El mundo se manifiesta como un orden natural, estable y maquinal, hasta que un interrogante radical desautomatiza esa percepción:   “Suele suceder que los decorados se derrumben. Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño, y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el ‘porqué’ y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. ‘Comienza’, eso es importante” Emerge así la figura del periodista Raymond Rambert como estocada profunda en la composición dramática que hace el autor. En principio, Rambert pedirá irse, alegando que el asunto sanitario no le concierne por ser francés. Al no lograrlo –ni siquiera ilegalmente–, decide ayudar en las brigadas sanitarias, hasta dar con la forma de escapar. Cuando esto finalmente ocurre, en vez de irse, decide quedarse y comprometerse con el salvataje de los enfermos. Diez meses después de dispararse la epidemia, la peste cede. Y es así que una mañana de febrero se abren las puertas de la ciudad. Festejo y vuelta a la normalidad. Estructura clásica, esbozo preciso de un artilugio narrativo del equilibrio-ruptura-equilibrio que Camus maneja con pericia. Y lo hace articulando la descripción –bendito cronista Camus–, con una contundente observación del procedimiento psíquico del gentío en esa ciudadela abatida por imposición de una plaga. La peste se manifiesta como una argamasa genérica, donde transitan errantes intrincadas reflexiones filosóficas con paquetes teóricos netamente sociológicos, pero donde sobre todo la crónica guía el relato.  Albert siempre había estado muy atento a los sonidos; otra vez Meursault, el extranjero, le viene a la memoria: “Reconocí por un breve instante el olor y el color de la tarde de verano. En la oscuridad de mi prisión móvil, volví a encontrar uno a uno, como desde el fondo de mi cansancio, todos los ruidos de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento. El grito de los vendedores de periódicos en el aire ya sosegado, los últimos pájaros en la plazoleta, el reclamo de los mercaderes de bocadillos, el lamento de los tranvías en los altos virajes de la ciudad y este rumor del cielo antes de que la noche caiga sobre el puerto, todo recomponía para mí un itinerario de ciego…”.En la Peste sirviéndose de una alegoría harto evidente, en la que una epidemia reemplaza a todas las plagas de nuestra época –guerra total, ocupación, terror, universo concentracionario-, muestra como somos todos no sólo víctimas sino asimismo cómplices. Todos y cada uno de los lectores tuvieron que identificarse con los personajes del libro. En “La Peste”, el autor busca la definición de una moral práctica, que consiste en ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así mejor limitar el daño, o sea de ayudar a vivir y a luchar por la vida. “La salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática… Lo que me interesa es su salud”. Como se ve, a la moral de revuelta sucede otra moral sin duda más optimista orientada esta vez decididamente hacia la solidaridad humana, que permite a los hombres superar la absurdidad original. Albert Camus se ha convertido en una especie de director de conciencia de un sector de la juventud francesa y europea.  ” La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?. El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. (…)Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa. (…)La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea. “El distanciamiento con Jean-Paul Sartre no tardaría en llegar. Parte de los existencialistas lo acusaron de “moralista clásico”, pero su camino no lo iba a desandar, contestaría: “inocente es el que no necesita explicarse”.  Tantas contrariedades van a codearse con el reconocimiento en el campo literario, publicará en 1947 una de sus novelas más recordadas “La Peste”, por la cual va a obtener el Premio Nacional de la Crítica. Estaba ambientada, como “El extranjero”, en su recordada Argelia, y un analista de la obra mencionará: “allí vuelve a destacar el absurdo de la existencia pero rescata el valor de los seres humanos ante el desastre y evoluciona hacia un sentido más solidario ante el sufrimiento ajeno y la rebelión contra la injusticia”.  En 1940, se casa en segundas nupcias con Francine Faure, matemática y pianista, con la cual tendrá a los gemelos Jean y Catherine. Su inclinación por el teatro no decaerá y se lucirá con un nuevo grupo de obras: “El malentendido” (1945), “El Estado de Sitio” (1948) y “Los Justos” (1949). La destacada actriz francesa, de origen español, María Casares (1922-1996), exiliada en Francia, va a ser quien interprete dichas obras y pronto un tormentoso e inesperado romance los va a unir en aquellos años de bohemia. Ficción teatral y realidad parecían entrelazarse. Años después, ya separados, la notable artista afirmará sobre su protector: “cuando se vivía tan intensamente como él, la vida podía convertirse en insoportable”. Motivado como nunca, va a adaptar a los grandes de la literatura universal para llevarlos a la escena francesa: “Réquiem por una monja” de William Faulkner (1956), “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1957) y “Los Poseídos” de Fedor Dostoievski (1959). Cada vez más libre de ataduras dogmáticas escribió “El hombre rebelde” (1951) casi una metáfora sobre su propia vida. Llegarán también otras recordadas novelas, “El verano” (1954) y “La caída” (1956). Para no olvidar sus orígenes en el periodismo editorializa para “L`Express” y va alcanzando, de a poco, la profundidad de un pensamiento cada vez más maduro. Humanista, ante todo, su ensayo “Reflexiones sobre la guillotina” (1957) va a ser uno de los mayores alegatos universales contra la pena de muerte. Con lucidez va a sostener: “No hay paz durable, ni en el corazón de los individuos ni en las costumbres de las sociedades hasta que la muerte no sea excluida de la ley”.  Pronto llegaría su consagración internacional: el Premio Nobel de Literatura (1) le será otorgado en 1957. Lejos quedaba para entonces la polvorienta y sedienta Argelia, era la hora de la felicidad, era el premio al talento. Pero la dicha duraría poco, premonitoriamente va a declarar a un periodista: “mi obra aún ha empezado. Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. La peste” no es una novela sobre las relaciones entre literatura y ciencia; refiere la peste que apodera de la ciudad de Orán, entonces francesa, en los años de la segunda guerra mundial. Peste bubónica, es ante toda una peste alegórica, que ilustra la peste interior: la mentira, el orgullo, el odio, la tiranía. La ocupación nazi de Europa es una de las más agudas manifestaciones de esta peste, cuyos antídotos son el ejercicio de la verdad, la práctica de la humildad, el amor y la fraternidad entre los hombres, la democracia. La novela refiere la acción de la peste en la ciudad de Orán y sus efectos devastadores.   La novela la Peste   perfila dos opuestos  entre dos de sus principales personajes: el doctor Rieux, agente sanitario esencial en la lucha contra el mal, y el padre Paneloux, clérigo y orador obstinado en extraer consecuencias religiosas del episodio. Rieux tiene clara conciencia de su misión: “Puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, acaso sea mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte”.  Frente a esta actitud propia del racionalismo científico, el padre Paneloux opone el discurso del anatema, la culpa, la condenación: “Sí, ha llegado la hora de meditar. Habéis creído que bastaría con venir a visitar a Dios los domingos para ser libres el resto del tiempo […] Esas relaciones espaciales no bastan a su devoradora ternura [la de Dios]. Quiere veros ante Él más tiempo, es su manera de amaros, a decir verdad es la única manera de amar. He aquí por qué, cansado de esperar vuestra venida, ha hecho que la plaga os visite, como ha visitado todas las ciudades de pecado desde que los hombres tienen historia”. La muerte de un niño sacude vivamente a Rieux, que “Miró a Panelux (quien había afirmado que “esto subleva porque sobrepasa nuestra medida. Pero es posible que debamos amar lo que no podemos comprender) con toda la fuerza y la pasión de que era capaz y movió la cabeza: no, padre, dijo. Yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a admitir una creación en la que los niños son torturados”. Al comentario de Paneloux de que Rieux buscaba también la salvación del hombre el médico responde: “La salvación del hombre es una frase demasiado grande para mí. Y no voy tan lejos, es su salud lo que me interesa, ante todo”  Albert Camus diría alguna vez Soy un hombre exhausto y desilusionado; es imposible vivir sin sentido, pero frente a la desesperación, he encontrado motivos para tener esperanza. Por encima de todo, valoro la vida. Me encuentro en algo así como un peregrinaje; buscando algo que llene el vacío que siento y que nadie más conoce. El público y los lectores de mis novelas, aunque ven ese vacío, no encuentran las respuestas en lo que están leyendo. Estoy buscando algo que el mundo no me da». Camus sintetiza así su itinerario espiritual con un personaje del Evangelio: «Me siento totalmente identificado con Nicodemo, porque no comprendo eso que Jesús le dijo de que tenía que volver a nacer. Pero eso es lo que yo quiero, es a lo que yo quiero comprometer mi vida. ¡Voy a seguir luchando por alcanzar la fe!».