Archive for the 'Opinión' Category

08
Nov
08

El Gigante Gargantúa

 

El Gigante Gargantúa

El Gigante Gargantúa

 

 
 
 
 
 

 

Por: Sisi Casas
Los sinsabores de Gargantúa
Lo sorprendente casi siempre suele estar acompañado por una buena dosis de ingenio, buen humor y, sobre todo, creatividad al momento de aterrizar lo que se quiere decir y cómo se quiere decir, tarea nada fácil (si cabe hacer la acotación) pues lo complicado radica, precisamente, en lograr concretar un proyecto cuyas ambiciones están sustentadas en el plano de la fantasía y lo maravilloso. Y si a esto se agrega un elemento más, en este caso, el público infantil, la tarea entonces es doble. En este sentido la Compañía Divàdlo, creada en noviembre de 2003 por cuatro escenógrafos, ha llevado a cabo una serie de montajes en los que la propuesta escénica parte en sentido inverso del tradicional, es decir, la escenografía como punto inicial para la puesta en escena, más allá del texto y de la visión particular de un director. En este sentido, y bajo esta perspectiva, tiene en su haber varios montajes: una adaptación a la ópera Turandot, la obra Mictlán y sus destinos de la muerte, una adaptación de Hansel y Gretel, y recientemente El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, por mencionar algunas. Esta modalidad le ha permitido a la Compañía Divàdlo trabajar con diversos actores y directores, entre ellos Hayddé Boetto, quien destaca con su versión de Hansel y Gretel, hace más o menos como dos años, y es hasta el momento uno de los mejores montajes en los cinco años de vida de la compañía. Y si bien la propuesta escénica se basa principalmente en la cuestión escenográfica, no hay que dejar de lado el aspecto actoral, pues al fin y al cabo se trata de un proyecto conjunto en el que lo deseable es un equilibrio en todos sus aspectos, llámese música, actuación, escenografía y dirección.

En el caso de El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, puesta en escena basada en la novela de Francois Rabelais, con adaptación y dirección de escena de Mercedes de la Cruz y las actuaciones de Yanet Mirada, Juan Carlos Medellín, Alejandro Arce, Adriana Burgos, Fernando Gómez Pintel, hay dos aspectos diametralmente opuestos.

Por un lado, una escenografía espectacular, cuidada en la mayoría de sus detalles, que logra por sí sola crear un espacio lleno de fantasía y encanto, donde el ingenio y la creatividad son las constantes, aderezada, por supuesto, por un vestuario atractivo desde su concepción (los bocetos como parte del programa de mano es algo que se agradece pues no siempre se ve este proceso creativo) hasta su hechura, amén de la construcción de atractivos títeres y otros elementos escenográficos como libros pop-up (o tridimensionales) para recrear varios lugares de Europa y un dragón muy particular. En síntesis, un trabajo bien logrado desde el punto de vista escenográfico.

Pero por otro lado está la cuestión actoral, de dirección y adaptación. El problema inicial es cómo adaptar una obra literaria al lenguaje teatral. Hay varias opciones para hacerlo: lo más literal posible, en versión libre, con ciertas libertades creativas pero tratando de respetar la esencia del texto… en fin, la forma que se desee siempre y cuando no se pierda de vista que el lenguaje literario es uno y el teatral otro. Es decir, en uno el eje toral lo lleva la palabra escrita y en el otro la acción. De ahí que resulte un tanto pesada esta adaptación al estar llena de elementos superfluos para la escena (sobre todo datos y datos y más datos), que si bien esenciales en la novela para retratar al hombre renacentista, en la puesta en escena resultan de una densidad abrumadora, a tal grado que uno no sabe bien a bien cómo se llega a tal o cual pasaje y qué pasó en el trayecto. A esto habrá que sumarle escenas, como la pelea de los panaderos, por ejemplo, que sólo alargan el montaje a 90 minutos.

Respecto a la cuestión de dirección, amén a lo ya mencionado con relación a la adaptación, hay aspectos básicos que uno no esperaría encontrar a estas alturas en montajes infantiles, sobre todo con un compromiso como el que ha mostrado la Compañía Divàdlo en su trayectoria. Uno de ellos subestimar la capacidad del espectador infantil. ¿No se supone, acaso, que tratar a los niños como tontos era un recurso del teatro comercial, soso, de fin de semana y montajes cuyo único fin es el lucro y la risa fácil del pastelazo? ¿O qué pensar al ver a un actor interpretar a un niño gigante, que en vez de ser un truhán desenfadado (no en balde las cinco novelas de Gargantúa y Pantagruel son representativas de la picaresca del siglo XVI) es un cretino, de hablar bobo y movimientos torpes, no por su condición de gigante, sino por una torpeza de déficit intelectual? ¿Cómo entender un diálogo (cuando Gargantúa alude a que se cagó en los pantalones) que se supone debe estar cargado de un humor escatológico, divertido en exceso por esa misma carga verbal propia de la picaresca, lleno de ironía y sátira, y termina por ser un parlamento vulgar, no por la vulgaridad del personaje es sí mismo (el personaje central de la novela El Buscón, de Francisco de Quevedo, es un vulgar sirviente, pero no por ello es un zafio) sino por el mal gusto con que es dicho? ¿Y qué decir del manejo de los títeres, cuando más de la mitad de sus intervenciones lo único que se ve es la espalda del titiritero?  

Por último, en cuanto a la cuestión actoral, si bien la farsa se caracteriza por sobresaltar de manera exagerada algunos rasgos de los personajes, también debe existir un límite para no caer en la caricatura burda, y quizás el caso más evidente sea el del propio Gargantúa, que de ser representado como un niño bobo en vez de un niño pícaro, termina siendo un niño ñoño en vez de un niño con un espíritu ávido de conocimiento, lo cual no exime al resto del elenco, salvo una o dos excepciones, de hacer un trabajo más orientado a lo fácil y estereotipado que a una búsqueda de personajes.

El gigante Gargantúa, festín de dimensiones sobrehumanas, se presenta en el teatro El Galeón los sábados y domingos a las 13:00 horas hasta el 7 de diciembre.

La cubierta no lo es todo en una buena obra; también importa el contenido.  

Anuncios
04
Oct
08

Impuesto: palabra odiosa

 

 

 

 

Por: Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

        

El significado de la palabra impuesto es detestable por su significado de imponer sin paliativos. Si consultamos el diccionario define impuesto como:   “Entrega de dinero que las personas físicas o jurídicas realizan al estado, de forma obligatoria y coactiva. La clasificación más tradicional divide los impuestos en directos, (que gravan la renta, el patrimonio, los beneficios, y sus recaudaciones periódicas) o indirectos ( que recaen sobre el consumo, especialmente en los actos de compraventa). Impuesto sobre el valor añadido es el que grava sobre el valor añadido de un producto en las distintas fases de su producción. Se trata de un impuesto sobre el consumo, que recae sobre el consumidor final.”

        

 La fuerza y el valor definitorio de las palabras, van perdiendo esas cualidades con el uso continuo o abuso de las mismas. Así sucede con la odiosa palabra “impuesto”, dicho de manera castiza es “por narices”, vamos que es igual estar de acuerdo o no, no cabe apelación ni digresión, es una imposición dictatorial de la que nadie puede escapar, teóricamente. La realidad es que en general quien más tiene, más escaquea, a la hora de pagar sus “diezmos y primicias” y es el sufrido trabajador, sea del último estrato social o el de clase media, quienes pagan el pato, y con sus impuestos se dispone lo que los gobernantes de turno y el poder fáctico deseen o crean más conveniente, para ellos, claro. El caso es que los ciudadanos tienen que pagar por trabajar, por comer, por caminar, por vestirse, por vivir en una casa, por la electricidad y el agua, por tener un vehículo, aunque sea una bicicleta, por usar ese vehículo, por si fuera poco lo ha de aparcar en la calle pagando impuesto nuevo con los parquímetros o en los aparcamientos, aunque haya pagado su “impuesto” en el permiso de circulación, las multas de tráfico son otros impuestos, que se pueden recurrir, pero sin efecto en la mayoría de los casos.

        

No parece lógico que para poder comer paguemos un impuesto del producto, otro impuesto por el transporte, otro por el intermediario y si es envasado por el envase, la industria, vendedor, etc.

 

Cualquier acto de nuestra vida esta sancionado con un impuesto, como si vivir fuera una infracción continua, pagar, pagar, pagar…, algún autor inspirado podría hacer una ranchera, en replica al volver, volver, volver…, seguro que al menos muchos ciudadanos escucharíamos complacidos que alguien cante a un sistema injusto, poniéndole los puntos sobre la ies.

        

Estamos tan acostumbrados a que nos digan lo que tenemos que pagar y hacer que obedecemos como borregos, claudicamos ante esas “imposiciones” sin decir ni palabra, sin exigir cuentas al estado de que se hace con nuestro dinero y a quien mejora de verdad.

 

Teóricamente se construyen carreteras, puentes, infraestructuras, se hacen escuelas y universidades, mientras una serie de chupatintas viven a costa nuestra en todos los centros oficiales, donde nos vemos obligados a hacer colas interminables para escuchar malos modos o malas palabras de nuestros propios asalariados, ya que somos nosotros con nuestros impuestos quienes les estamos pagando, a ellos a la policía y al ejército.

 

Si subimos en la escala, resulta que el prepotente político está alimentado por nosotros y nuestros impuestos, son ellos quienes deciden si hemos de pagar más, para que ellos vivan mejor. No solamente se lucran con sus sueldos pagados de nuestros impuestos, sino que además muchos de estos servidores públicos están corruptos y cobran coimas de aquí o de allá, por favorecer negocios a veces multimillonarios, salidos del erario público, en definitiva es nuestros ahorros colectivos, crean negocios con familiares o amigos que de alguna forma les permiten no trabajar el resto de sus vidas, mientras el probo trabajador, habrá de aportar sus impuestos, asaeteado por todas partes, sin un huequito de respiro, ni posibilidad de ahorrar. Que decir de las “autoridades” los policías corruptos, de quienes daría para hablar largo y tendido. 

 

Los que más tienen corrompen a los funcionarios, quienes favorecen sus negocios con ganancias impresentables o con acciones que les suponen cuotas de poder y dinero.

        

Es un sistema muy injusto. La gente no nos paramos a pensar en ello, pero es que no nos dejan un respiro para poder simplemente vivir, tener alguna alegría y esparcimiento, sin estar todo el día trabajando y preocupado en como salir de las deudas, favorecidas por el propio estado y los bancos.

        

Ya en la época de Cristo se protestaba por los diezmos y primicias, impuestos que vienen de muy antiguo, se pagaban en dinero o en especies, a los regentes de cada época, quienes veían aumentar sus graneros y sus arcas a costa de sus súbditos.

        

En el antiguo Egipto, los reyes-dioses, no eran tan bárbaros como se supone, los graneros estaban bajo custodia real, pero se repartía el grano equitativamente entre sus súbditos. En la época moderna el dinero va a parar a una pozo sin fondo, sin retorno de ningún tipo, aunque dicen que las prestaciones de la Seguridad Social, etc., que existen en España, sea algo que cada día funciona peor y los enfermos se hacinan por los pasillos de los hospitales por falta de camas y habitaciones, cuando se hacen autopistas se recurre al capital privado y se ha de pagar peaje por utilizarlas, impuesto que va directamente a los bolsillos de los constructores.

        

Se habla con cierta conmiseración del pobre indígena que vive aislado del mundo moderno, cultivando sus tierras o cazando para sobrevivir, pero nadie habla de que ellos viven sin caer en la trampa de una sociedad, llamada de “bienestar”, que me gustaría saber cual es bienestar tan celebrado. Muchos dicen vivimos mejor que antes, tenemos seguridad social, jubilación, hospitales, sanidad, pero y de lo demás, hay muchas cosas, pero ¿Para quién? Acaso todo el mundo va a discotecas, que me parece un invento infame, o a otras de esas cosas que llamamos civilizadas, como los salvajes conciertos donde la gente se pone de droga hasta las cejas y muchos jóvenes mueren a causa de sobre dosis o quedan enganchados a la droga para siempre, disminuyendo sus capacidades físicas e intelectuales, ¿Es eso el estado del bienestar?

        

Solamente la sociedad tiene algo positivo y es la cultura, poder intercambiar conocimientos e investigar para saber más, ser así más sabios y mejores personas.

Eso es lo único precisamente que no interesa a nadie o a unos pocos, no nos damos cuenta que solamente la cultura nos hace civilizados y de eso los políticos o no quieren saber nada o muy poco, dejan migajas para esas actividades, mientras se fomentan los circos romanos modernos, con deportes de masa para que la gente no piense en esas cosas de las que hoy he querido hablar y aún encima pague nuevos impuestos en la entrada.

       

Impuestos para hacer mejor a la sociedad y para que nuestra calidad de vida sea superior, entendiendo la cultura y la investigación como parte de ello, SI. Impuestos para mantener a vagos y maleantes o para obnubilar al personal, ¡No, de ninguna manera!.

        

Tenemos derecho a saber que se hace con el dinero que se nos extrae como sanguijuelas, sin que den cuentas, claras de que se está haciendo con él y a quien favorece.

 

La sociedad de consumo se ha convertido en una rueda sin fin, en un pozo sin fondo de egoísmo y locura posesiva. En nuestras manos está cambiarlo, se ha de protestar y exigir, hacer ver a los funcionarios que son nuestros empleados y no al contrario, que no nos hacen favor alguno cumpliendo con sus obligaciones por las que les pagamos para que nos atiendan y nos ayuden a resolver la abrumadora burocracia que ellos mismos complican y engendran, para hacerse imprescindibles.

 

El día que la palabra impuesto desaparezca de nuestras vidas, será el síntoma que la sociedad y el mundo habrá cambiado definitivamente. Es una utopía en la que me gusta soñar y recrearme, pensar que algún día la humanidad será mejor, solidaria y verdaderamente demócrata, no a la americana, donde impere la razón y el trabajo bien hecho a cambio de un reconocimiento social, que te permita vivir, sin obstáculos y sin presiones, en el que todos de verdad seamos hermanos y no necesitemos decirlo para ver si nos lo creemos, conviviendo en paz con la naturaleza y el entorno, sin destruir, ni poseer, compartiendo en esa bondad para todos los seres vivos, que tanto preconizan los budistas. Me gusta pensar que tal vez llegue algún día la cordura colectiva y se erradique la maldad y el egoísmo de la vida de todos los seres humanos. 

 

12
Jul
08

El órden al revés

Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.

 

Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.

Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.

Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía. 

Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.

Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.

         España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.

         Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España  derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.

         Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.

         España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.

         Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.

La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”,  mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.

La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.

España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.

        

 

        

 

06
Jul
08

Benito antes de Juárez

María Teresa Adalid

Sección cultura

 

El teatro es la posibilidad de apelar a la memoria, acudir a los recovecos de la Historia y confrontar la ‘verdad’ oficial. 

 

 

 

 

 

 

 

   El Fénix Producciones bajo la dirección de Esteban Castellanos lleva a la escena el diálogo-debate entre Benito Juárez y La Patria con los nexos que existen entre un pasado y nuestro presente donde predomina la desigualdad. Benito antes de Juárez es la historia de un hombre nacido en cuna de agricultores, cuya lengua zapoteca pronto se acompañó de la enseñanza del latín, y tras su influencia en un seminario y estudios en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, alcanzó la presidencia del país, ingresando con ello a las altas esferas sociales.

 

El planteamiento apela a la concepción primigenia del teatro: el enfrentamiento del actor con el espectador, Juárez (Esteban Castellanos) y Patria (Guillermina Campuzano), a la espera de que el receptor, situado en un espacio íntimo, en algún momento infiera verbalmente sobre la línea del tema (poca probabilidad porque en el teatro se ha enseñado por años a permanecer en silencio al sentarse en la butaca, así como a nivel social, a no participar activamente en las decisiones del país). Así pues, ¿podrá ser el teatro el medio que impulse un cambio radical en la actitud de los ciudadanos?

 

La historia en general es clara y directa a la realidad social mediante un diálogo con una sociedad desquebrajada, oprimida por el poder, pero sobre todo haciendo énfasis en la conformidad colectiva. Atmósferas de tremenda significación considerando las desavenencias políticas que constantemente impiden el desarrollo individual y colectivo de la sociedad, donde el estado de conformismo por parte de los ciudadanos, aceptación de chantajes y manipulación resulta inverosímil. La situación versa sobre hechos anecdóticos y ficticios que parten del plano subjetivo de Benito Pablo Juárez García, y contemplan el abandono a su mujer, su relación con el clero, el encarcelamiento por defender a unos pobladores y la ejecución de justicia e igualdad como objetivo inicial en su carrera política.

 

Lo interesante sucede en la incursión del espectador, que no queda en la periferia de atender un espectáculo; ES el ciudadano que habita el mundo que se le presenta y que encuentra lugares comunes en frases gastadas como: “Gordos, prietos, chaparros y con atole en las venas”, parte recurrente de nuestra cotidianeidad cuando se trata de descalificar con banalidad al otro.

 

En el planteamiento del montaje, el Benito primerizo expone debilidades, su origen humilde en el campo y el complejo por su tez y corta estatura. La oposición, comprende la era del Benito ‘superado’ a sus complejos (algo extenso en el desarrollo) que espera la respuesta de la no resignación. Su discurso se desprende como la voz de la conciencia, dirigida a la reflexión, lucha por la igualdad y educación.

 

El dramaturgo Edgar Chías conoce el manejo del lenguaje y juega con sus matices, ofrece fragmentos poéticos, bien estructurados, hasta diálogos coloquiales, sobre todo en relación actor-espectador, y que ayuda para que una obra con temática histórica se digiera fácilmente y no se convierta  en un somnífero, sobre todo si se piensa en un público de teatro escolar.

 

La estética de Felipe Lara es minimalista, por lo que intensifica la presencia de los actores, con un trazo simple sobre el marco de tablero de ajedrez, en contraposición de colores, blanco y negro, alusivo a la dualidad y elección en el tablero de la vida. La música de Huehuetl mixteco y flautas ejecutadas por el grupo Tribu, evocan armonías milenarias y de mucha mexicanidad; la iluminación de César Piña juega con los contrastes de luz y sombra concernientes a universos de profundidad y de reflexión interior hasta la envolvente luz de sala.

 

Esteban Castellanos es un actor con la virtud de no repetir sus personajes, cuestión que se agradece profundamente. Su propuesta anterior, Niños perdidos, basado en el cuento “A los pinches chamacos”, de Francisco Hinojosa, ofreció diversas voces del maltrato infantil. Es justo destacar su sensibilidad y capacidad histriónica para asumir la esencia del personaje y los hechos que el texto sugiere para inundar la escena en un tono sobrio y medido. Guillermina Campuzano, con previa actuación en Antígona, y Martina y los hombres de pájaro, acompaña el trayecto como Patria-Destino, Juana Rosa, y la siempre imperante herencia guadalupana en nuestro país.  

 

Es así, como el deber político e histórico, conduce a un huérfano hasta la consagración de su figura en bronce como efigie laureada, cuya figura marmoteada parece culpar a todos, menos a sí mismo… 

 

Benito antes de Juárez se presenta hasta el 20 de julio, los jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas, en el Foro de las Artes del CNA.

 

*Benito antes de Juárez se presentará también en el Teatro Casa de la Paz, (Cozumel 33, Col. Roma) del 25 de julio al 31 de agosto. Viernes 20:00hrs, sábados 19:00hrs y domingos 18:00hrs.

*Fotografía: Arturo López

28
Jun
08

La Siberia de El Milagro

 

 

Raúl Díaz

 

Que un grupo de profesionales se lance a la tarea de implementar un nuevo proyecto cultural es un hecho digno de todo encomio sin discusión posible; si ese grupo es de teatreros (o de “teatristas” o “trabajadores del teatro” como prefieren algunos a los que les da resquemor el idioma) y lo que pretenden hacer es crear un nuevo espacio que sea auténticamente suyo, en el que presentarán solo obras de calidad y, además, crear una compañía estable (hecho absolutamente inusitado en nuestro país) que se responsabilizará de los montajes, entonces para nosotros los teatreros aquello es una cosa que nos hace lanzar alaridos de felicidad y proporcionamos –y procuramos que otros proporcionen-, carretadas de aplausos para ese grupo de locos que, quien sabe porque razones, quizás precisamente porque están locos, continúan creyendo que la cultura y el teatro en específico son algo que vale la pena, aunque el grueso de nuestra sociedad y quienes la gobiernan se empeñen día a día en demostrarnos que no es cierto y que la cultura y el teatro no tienen ninguna utilidad práctica, no descubren tesoritos ni hacen millonarios así que, teatro y cultura, no es algo de lo que haya que ocuparse. 

 

Pues bien, eso, aventurarse en la creación de un nuevo espacio teatral es lo que están haciendo los compañeros agrupados en la organización “El Milagro” que hace ya 18 años se iniciara como editorial, terreno en el que han obtenido algunos logros, y que ahora se amplía a tener su propio espacio y compañía. A unos cuantos metros de la esquina de Milán y Lucerna, confluencia en la que por largos años existiera el Teatro Milán, lugar de exhibición en el DF del buen teatro que en esos tiempos realizaba la Universidad Veracruzana, se alza el nuevo Teatro El Milagro, concretamente en Milán 24 entre General Prim y Lucerna, colonia Juárez.

 

Por lo antedicho, por jugársela a favor del teatro, carretadas de aplausos para sus socios fundadores: David Olguín, director y dramaturgo, Gabriel Pascal, escenógrafo e iluminador y los actores y actrices Laura Almela, Mariana Giménez, Daniel Jiménez Cacho, Juan Carlos Vives y Rodrigo Espinosa y, si alguien se me escapa, disculpas.

 

Hasta aquí los aplausos, porras, vivas y demás; pasemos ahora a qué es lo que está aconteciendo en el Teatro El Milagro y su primera puesta en escena, Siberia, del propio David Olguín y que él mismo dirige.

 

Siberia es un nombre que en el imaginario popular se asocia a frío intenso, muy intenso, hielo, nieve y desolación. Para los que tienen edad para recordarlo, se asocia también a los tiempos de la guerra fría y la furibunda campaña propagandística antisoviética que situaba a Siberia como un gigantesco campo de exterminio en el que muy bien estarían las palabras que el Dante colocó a las puertas del infierno: “Pierda toda esperanza el que aquí penetre”. Sobre esta base, el subtítulo de Siberia reza: “Un viaje a las entrañas del crimen” es decir, un viaje a lo recóndito, a lo allá perdido, a lo que no conocemos pero se antoja sórdido, terrible, a lo que está tan lejos como Siberia y es así de inhóspito, el símil no da lugar a dudas.

 

Y claro, título y subtítulo son así un atractivo y uno espera algo realmente bueno porque a ellos se agregan nombres de importante trayectoria como los

ya mencionados de Olguín, Pascal, la Almela y Vives que son los que participan en esta primera muestra de El Milagro, como también lo hacen Mariana Giménez y Espinosa.

 

Pero hete aquí que como bien apuntaba mi querido amigo y maestro Rafael Solana, “una es la búsqueda y otra la encuentreda” y, es evidente, los milagrosos buscaron, y buscaron bastante, esto hay que reconocérselo pero, en esa búsqueda se metieron a recovecos que no exploraron bien, a laberintos en los que nunca hallaron la salida y, lógico, no encontraron.

 

Como no encontraron no pudieron exponer sus buenos hallazgos y, lo que exponen entonces, es una obra ilógica en la que se mezclan, mal, toda una serie de cuestiones que al final no logran decir nada y, menos aún, establecer un discurso y conclusión coherente. Puede el autor-director argumentar que precisamente esa es la idea, que esa es su intención ya que se trata penetrar en lo más recóndito de la mente y conducta humanas, mente y conducta criminal además y que, por supuesto, eso no es cosa que pueda mostrársenos como algo coherente y lógico sino precisamente lo contrario, y que eso es justamente lo que quiso exponer. Pues bien, si esto es así, lamento decirle que para nada quedó claro su mensaje.

 

Y es que, entre pretendidas influencias “dostoievskianas” (de Fedor Dostoievski), una clarísima aunque absolutamente gratuita alusión a la Siberia stalinista, que solo entienden quienes tienen referencia de esa época, y una fallida experimentación psicoanálitica en búsqueda de demonios interiores, el autor se pierde, no llega a ninguna parte y, lo peor, pierde también el sentido de dirección o, por lo menos, parte de este, lo que se refleja en la pésima dicción de sus actores con la única excepción –que por lo tanto hace más notable la falla de los demás-, de Laura Almela.

 

Bien la parte técnica; imaginativa y plenamente lograda en cuanto a lo que quiere exponer la escenografía de Pascal, misma que complementa con su iluminación, pero se queda uno con la impresión de que un trabajo como este debiera estar destinado a mejor fin. Igualmente cumpliendo su objetivo, el resto del trabajo técnico.

 

Así, un inicio de luz y sombra, luz radiante por lo que significa la existencia de un nuevo espacio teatral, manejado por profesionales, en nuestra ciudad que tanto necesita de estos recintos y, sombra por haber comenzado con una obra fallida así sea del director-fundador del espacio.

 

Siberia, en el nuevo Teatro El Milagro de Milán 24, col. Juárez, jueves y viernes a las 21:00.

 

*Informes: teatro@elmilagro.com.org.mx, 55920031 Jueves día del espactador, $50

 

 

 

 

 

 

 

 

14
Jun
08

Las imágenes de Steinbeck

Jacinto Eslava

 Steinbeck dijo una vez que para escribir bien sobre algo, había que odiarlo o amarlo con la mayor fuerza posible. Y él odió y amó cosas aparentemente opuestas en el transcurso de su vida. De la combativa denuncia de la explotación de los inmigrantes en sus obras de los años 30, pasó a una defensa cerril del «sueño americano» y la intervención en la Guerra del Vietnam.

Es difícil haber leído a Steinbeck, sobre todo si se le ha leído en la adolescencia, y no sentir agradecimiento. Steinbeck hace lectores, aficiona a la lectura.Por eso, al fin, ha sido minimizado por los guardianes de las esencias inalcanzables. Sentimentalismo, demagogia, populismo, izquierdismo, efectismo, lirismo, todo ha valido para desacreditarle.

En los ojos claros de John Steinbeck lucía el asombro ante el aparente caos de la existencia, absurdo y, sin embargo, lógico; probablemente indescifrable y, sin embargo, crípticamente ordenado. Estudió Biología y fue buen conocedor de la Historia, pero en cierto instante de su juventud comprendió que en las ciencias no iba a encontrar explicaciones más luminosas que las que le proporcionara la ficción. Su necesidad de comprender le llevó a recorrer sendas diversas: desde el relato social crítico, una de cuyas cumbres, Las uvas de la ira, se le debe, hasta el reencuentro con la tradición más aquilatada, en Los hechos del rey Arturo. En ese sinuoso y prolongado viaje de conocimiento, el socialista y el patriota convivieron bien durante un tiempo. Sólo durante un tiempo. De esa convivencia surgieron In dubious battle, de la que no conozco edición en español, y, poco más tarde, en 1939, Las uvas de la ira, en la estela dejada por Norris, Dreiser y Sinclair Lewis.

Las uvas de la ira fue un gran éxito, pero cabreó sobremanera a la derechizada sociedad americana. Saroyan afirma, con cierto asquito, que incluía propaganda proletaria. John Ford, un conservador, dirigió la inolvidable versión cinematográfica. Los proliferantes enemigos de Steinbeck se encargaron de decir que la película era mucho mejor que la novela.

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos.

Subyace, sin embargo, en sus obras mayores un sentido del humor, una comprensión del ser humano reflejado en esos personajes irresponsables que, a pesar de sus borracheras, del juego, de sus pleitos, robos y prostitución, son fundamentalmente buenos. De hecho, frente a sus desilusionados contemporáneos, Steinbeck cree en la solidaridad y en la capacidad para crear una atmósfera por medio del reportaje. Y al tiempo, añade un contenido simbólico, en ocasiones un tanto cargante, donde presenta al hombre en busca de la tierra prometida. Porque, en realidad, siempre se propuso escribir la gran epopeya norteamericana.

En sus obras, más que el cine, influye la fotografía de artistas como Dorothea Lange o Walker Evans, cuyas imágenes prácticamente ilustran página por página su gran novela «Las uvas de la ira». Se encuentran también ecos de los pioneros que habían ido en busca del Salvaje Oeste. Los espacios son los mismos, idénticas las virtudes de la acción. Cambia el vehículo, en Steinbeck un automóvil, antecesor en espíritu al de Kerouac. Aunque siempre se mantenga al ser humano enfrentado con valentía al destino. Y eso le une a Faulkner, a Hemingway, Scott Fitzgerald, y a sus demás contemporáneos de la llamada «Generación Perdida» empeñados en vivir -y sobre todo, escribir- más allá de las posibilidades que los seres razonables son capaces de imaginar. a guerra y, sobre todo, lo que siguió, es decir, el macartismo, hicieron mella en la mayoría de los contemporáneos de Steinbeck. La lamentable conversión de John Dos Passos al anticomunismo cerril, la cobardía delatora de Elia Kazan o el agotamiento de Dmytrick, muerto en estos días, el permanente y conspicuo estar de viaje de un Ernest Hemingway quizá demasiado intacto, los heroísmos de los escasos miembros de la especie de Hammett, cambiaron a todo el mundo al señalar las direcciones posibles de la conducta humana. Eso dejó su marca en la Historia de la Literatura, y no sólo la americana: está por hacer una Historia de la Literatura, y una Historia de la Historia, en el tiempo de la Guerra Fría.

Por supuesto, en la escritura de Steinbeck hay huellas del proceso, en el que el patriota Steinbeck descubrió la locura religiosa sobre la que se había creado su país, y que hasta hoy estructura y moviliza la sociedad estadounidense. (En España nadie debería sorprenderse por ello: parecidas pasiones crearon este Estado, precisamente cuando América tomaba su sitio en los mapas. Al Este del Edén, publicada en 1952, no debería ser leída como una obra ajena: podemos reconocernos en ella). En el paso de Las uvas de la ira a Al Este del Edén, el socialista Steinbeck descubrió que el mecanismo social era infinitamente más sencillo de lo que él había dado por supuesto. En 1947 apareció La perla, un relato perfecto en el que la impotencia y la pobreza se enfrentan al poder y a la riqueza, no sólo en el transcurrir de los hechos, sino también en el interior de sus protagonistas, que en la memoria popular nunca son los ricos ni los poderosos, sino aquellos para los que hasta el encuentro con la fortuna deriva hacia la tragedia.

Cuando Kino y Juana sólo tienen por delante la miseria y la desesperación de la inminente muerte de su hijo, cuando no pueden pedir ayuda, ni atención, ni siquiera piedad, el mar les da una perla, la mayor y más gloriosa que se haya visto nunca. Pero la perla no trae la felicidad: trae la codicia, el mal. No es imposible que Steinbeck haya creído estar componiendo, entre otras cosas, un alegato contra el pensamiento mágico, una argumentación literaria destinada a explicar que la suerte de un único hombre no repara la injusticia fundamental a la que su destino de paria le ata. Que haya creído estar diciendo que no hay soluciones que no sean colectivas. Un indigente pescador mexicano encuentra una perla muy valiosa, un tesoro capaz de sacar a su familia de la miseria. Así comienza la novela corta más célebre.

La perla, y toda la obra, digamos, social de John Steinbeck está concentrada en estas pocas páginas. Su mensaje es hondamente rural, y muy revelador de la mentalidad, sofisticada y primitiva, brutal y lírica, de su autor: una perla muy valiosa, hallada por un pescador mexicano totalmente indigente, destruye su hogar y mata a su hijo, dejándole sin esperanza. Es un mensaje sin moraleja, moral o remedio: Steinbeck expone la tragedia sin juzgarla ni suscitar ánimos. Como en una tragedia antigua, se deja al público la tarea de interpretar, valorar y premiar o castigar

 

El final de La Perla es muy detonante y muy simbólico: el indio al que ha traído la desgracia, coge la perla y, por consejo de su mujer, la tira al agua. Inesperada conclusión muy propia de la compleja mente de Steinbeck: mística y al tiempo brutalmente realista, que recuerda mucho la idea central y el final de la gran película de Sacha Guitry, Les Perles de la Couronne, en la que la última de las siete perlas que han traído desgracia a innumerables gentes durante cuatro siglos, cae al mar por un descuido del que está mostrándola y desaparece en las valvas abiertas de una ostra, que las cierra al sentirla. Esta película, que fue mundialmente famosa, se estrenó en 1937, 11 años antes de que se publicase La Perla. En 1945, Pedro Armendáriz protagonizó la versión cinematográfica de este relato: La perla, dirigida por el Indio Fernández (Emilio Fernández), que fue famosa en toda Iberoamérica. Ernest Hemingway definió así este relato: «La perla es un auténtico poema épico, e hizo falta muchísimo talento para resumirlo en tan pocas páginas». Steinbeck busca con frecuencia crear situaciones extremas, cuya única salida, como en el caso de La perla, sólo puede ser simbólica, lírica o mística, dejando al así acuciado en un infierno sin salida real. Es raro que este autor ofrezca soluciones realistas a sus personajes condenados a muerte en vida.

Algunos críticos le han tildado de un ruralismo anticuado, olvidando que la novela rural puede adaptarse al infierno industrial sin grandes modificaciones; no hay gran diferencia entre una helada que deja al campesino sin cosecha y una crisis económica que deja al obrero sin trabajo

Muchos hubieran preferido que la comprometida literatura de Steinbeck se hubiera quedado obsoleta al bajar las aguas de la conciencia social que alcanzaron a no pocos artistas, intelectuales y escritores norteamericanos tras la Depresión, en el periodo de entreguerras y ante el apogeo nazi. Pero no fue así. Los jóvenes beatniks reivindicaron a Steinbeck en los 50 y 60. El poeta Lawrence Ferlinghetti llegó a decir que no se podía entender a Jack Kerouac sin pensar en el antecedente de Steinbeck.

Si Las uvas de la ira no dejaba de ser una continuación de la epopeya del flujo del Este al Oeste propio de la época de los pioneros, el espíritu de abandonarlo todo para echarse a la carretera (por ejemplo, la 66) estaba, claro, en el núcleo de On the road, aunque, todo hay que decirlo, los antecesores de los hippies buscaran una solución más personalizada y fueran más descreídos. Se han llevado a la pantalla muchos de sus libros. Además de Las uvas de la ira, Al este del Edén, La perla, De ratones y hombres y hasta un total de 10. Steinbeck escribió también cuatro guiones para el cine. Entre ellos, uno mítico, ¡Viva Zapata!, que dirigió, como Al este del Edén, su buen amigo Elia Kazan.

Steinbeck fue uno de esos escritores que hace inútiles las discusiones retóricas sobre las relaciones entre el cine y la literatura. El cine estaba interiorizado en sus libros con naturalidad. ¡Era de California! Mal asunto para quienes se obstinan en negar las lógicas interrelaciones de las artes en el siglo XX.

 

14
Jun
08

Gala de Dalí o Dalí de Gala

 Teresa Solbes

       EL día diez de este mes se cumplirán 26 años de la muerte de  Gala, quien fue modelo, amante o esposa de Dalí, Éluard y Ernst. Fascinante mujer nacida en  Kazan (Rusia) en 1894  y cuyo  nombre era Elena Ivanovna Diakonova, tenía tres hermanos, a los once años perdió a su padre y a causa de una tuberculosis trabó amistad en un hospital de Suiza con Eugéne Grndel, más conocido por Paul Éluard, con quien se casaría en 1917 y con el que tendría su única hija, Cécile.

   Veintiséis años después de su muerte, un halo de misterio  sigue envolviendo la figura enigmática  de Gala, quien siempre ha cargado con no pocos sambenitos a cuestas: bruja, manipuladora, egoísta, posesiva, devoradora de hombres, mujer sin escrúpulos… Incluso se ha dicho que fue ella la verdadera “Avida Dollars” (juego de letras ideado por Bretón con el nombre de Salvador Dalí que alude a su amor por el dinero). Musa de los surrealistas, mantuvo entre 1922 y 1924 una relación con Max Ernst. Pero el nombre de Gala ha pasado a la historia indisociablemente unido al de Dalí. Se conocen en 1929. En abril de ese año, en Paris, un galerista presenta a Dalí y a Éluard. En verano, éste y su mujer son invitados a Cadaqués por el pintor, junto a un grupo en el que también estaban René Magritte y Luis Buñuel, entre otros. El flechazo fue inmediato. A los pocos días de conocerse le dice Gala a Dalí: “Ya no nos separaremos nunca”. En 1934 se casaron por lo civil y en 1958, muerto Éduard, tuvo lugar la ceremonia religiosa en el santuario de Els Ángels, cerca de Gerona, España.

   Diez años después, Dalí le compra a su musa un castillo en Púbol, deliciosa localidad situada en la plena Costa Brava catalana, donde Gala pasa cortas temporadas veraniegas y donde recibe a sus amantes. Curiosamente Dalí no podía acceder al castillo sin un permiso por escrito de su esposa. “Ello halagaba todos mis refinamientos masoquistas”, confesaba el artista. Gala murió en 1982 en Portlligat, -Cataluña cuya casa nunca le gusto. Tapizó los armarios de fotos, postales y recortes-, aunque está enterrada en Púbol.  Y me resulta curioso el dato pues parece que junto a su tumba hay otra destinada a Dalí, pero él reposa en Figueres. Cosas de genios; inalcanzables para ti o para mi estimado lector, pero continuo. Hoy ese castillo, donde Dalí lloró su muerte, es una casa-museo donde cuando la agenda lo permite, puede verse allí la exposición “Gala Álbum”, un recorrido visual por la biografía de esta mujer a través de 67 fotografías, algunas inéditas, firmadas por las mejores cámaras del siglo XX: Gyenes, Man Ray, Brassaï, Cecil Beaton, Halsman o Buñuel.

   A nadie se le escapa por su obviedad que si para los surrealistas Gala fue la encarnación de la mujer, Dalí la mitificó: “Ella ha construido todo el éxito de mi vida”. Fue, dicen los que conocen a fondo estas vidas, un rompecabezas, en el encajan muchas Galas: la mujer culta, la arisca y antipática que exasperaba a Buñuel, la independiente, la vulnerable que busca la eterna juventud; la marchante, la Gala con intuición de médium pues le interesaban la videncia, el tarot, el juego…

   Al leer el magnifico ensayo de Estrella De Diego “Querida Gala. Las vida de ocultas de Gala Dalí” podemos comprobar como se van poco a poco, desmontando los tópicos sobre  la que ha sido considerada la femme más fatale  de todas. Una tirana capaz de vampirizar a los hombres que se cruzaran en su camino y vivir sus vidas. La  autora retrata en su libro como una mujer moderna y frágil, muy creativa que sabía muy bien lo que quería, victima de la misoginia de los surrealistas. La ve como una cebolla, con infinitas capas: “Quiere desaparecer cada vez en cada una de las nuevas vidas que va inventando para sí misma”. Cree De Diego que Gala aspira a coleccionar el tiempo detenido. Llegó a recortar su rostro en las instantáneas donde no se gustaba.

   Otro autor que nos la muestra tal como era es Oscar Tusquests en su libro “Dalí y otros amigos”, en el desvela sus excesos sexuales, llegó a sacar moldes del sexo de los surrealistas, su interés por los jovencitos, (“Traigo estos ángeles para Gala”, oyó en cierta ocasión Tusquests), su obsesión por convertir a Dalí en el pintor más importante del siglo. Lo cierto es que  el escritor mencionado la retrata como una mujer interesada y poco generosa: un día detuvo antes de salir de su casa a una modelo a la que Dalí le había regalado un dibujo. “Esto cuesta 10.000 dólares, pequeña.” dijo antes de arrebatárselo. También como una caprichosa, que fingía no entender el castellano ni el catalán. Sólo hablaba en francés. Dicen que en sus viajes siempre llevaba dos maletas, una con medicinas y otra con dinero para gastar en los casinos.

  A pesar de su rostro frío y arrogante era irresistiblemente seductora. En los últimos años no salía  la calle sin su lazo negro de terciopelo que le regaló Coco Chanel.

   Si hacemos caso de lo que nos cuentan quienes la conocieron o investigaron su vida, no lo pedemos discutir, veintiséis años después de su muerte Gala sigue siendo un fantasma. Puede que nunca sepamos quién era en realidad, “Ella vivía para olvidar”, dijo Éluard. Dalí la pintó como “Leda Atómica”, “Galarina”, “La Madonna de Portlligat” o “Galatea en las esferas: -No me he vuelto loco porque ella a asumido mi locura. Confiesa Dalí, hizo todo por salvarme. Ella tenía que curarme y me curó. Me trajo el raro libro de magia que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración, la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético, el consejo que  iba a salvar del romanticismo una de mis imágenes demasiado subjetivas. Llamo a Gala “campana de piel” porque lee para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura, produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual aprendo todas las cosas, que sin ella, no llegaría a saber nunca.

   ¡Que pareja amigos! Dalí de Gala o Gala de Dalí… Tanto monta, monta tanto. Dice el pueblo siempre sabio. Maravillosas almas creativas que nos salvan de la mediocridad, de los descentrados, del ruido y de muchas cosas más…