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04
Oct
08

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano bajo la dirección de Emmanuel Márquez

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano bajo la dirección de Emmanuel Márquez

 

Encuentros con lo fantástico, la música y los rostros de lo ordinario

 

Por: Oswaldo Valdovinos Pérez

 

Lo más intrigante de los sucesos extraordinarios es la naturalidad con que ocurren, lo cual, paradójicamente, los lleva a pasarlos por alto, sobre todo cuando el asombro puede confundirse con la fascinación. Y es que aquél puede tener diversas naturalezas: la trágica, la catastrófica, la inusual, la rara, la poco frecuente, la extraña, la pueril, la ingenua… pero al fin y al cabo reconocible y por ello mismo hasta cierto punto familiar. Pero lo realmente maravilloso va más allá, pues los sucesos en verdad extraordinarios suelen pasar desapercibidos la mayor parte de las veces si se ve a través de una mirada cotidiana.

 

Porque, ¿cómo explicar la indiferencia cuando se está ante un prodigio de la imaginación como un títere, una marioneta, un muñeco de trapo e, incluso, un artefacto cotidiano en apariencia banal? Y si no, basta con recordar la apatía que se suele tener hacia esos objetos colgados en la sección infantil de algunas librerías, en algunos locales de los mercados populares, en los tianguis, en puestos ambulantes y aun en las manos de vendedores ambulantes, quienes, en un acto inconciente o de verdadera fe, dan una pequeña muestra de lo que es capaz un títere cuando deja de ser inerte y cobra vida por un momento, aunque sea para ser ofrecido a veinte pesos, o a quince pues es el último del día. Pues en ese simple hecho de mover la cabeza o una mano va toda una carga significativa de cómo ver y entender el mundo desde otra perspectiva que se escapa del indolente peso de la cotidianidad.

 

Y si a este hecho, de por sí fantástico y elocuente, se agregan otros ingredientes igual de fascinantes como lo es la plástica y la música en vivo, se tiene entonces una oportunidad de entrar de lleno a un espacio único e irrepetible, cautivante y prodigioso en la medida de las posibilidades de la imaginación. Tales características son las de la puesta en escena Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano, de Emmanuel Márquez, basado en música de Mussorgsky y Stravinsky, que el pasado sábado 27 de septiembre tuvo su estreno en el Teatro Julio Prieto.

 

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano, dirección de Emmanuel Márquez. Teatro Julio Prieto

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano, dirección de Emmanuel Márquez. Teatro Julio Prieto

 

 

 

 

Tomando como punto de partida los Cuadros de una exposición -famosa suite de 15 piezas compuesta por Modest Mussorgsky en 1874, inspirada en la exposición póstuma de diez pinturas y escritos del artista y arquitecto Viktor Alexandrovich-, Emmanuel Márquez integra un montaje en el que invita a nueve artistas plásticos (pintores, dibujantes, arquitectos) para que propongan un diseño inspirado en la música de Mussorgsky.

 

De manera paralela, para recrear en escena estos dibujos e ideas, Márquez integra un equipo de realizadores que se da a la tarea de construir muñecos, títeres, marionetas, artefactos e imágenes para contar una historia de cada una de las 15 piezas que Mussorgsky compuso, cuyo resultado en escena es de una plasticidad y riqueza visual muy bien integrado y logrado.

 

Así pues, cada cuadro recrea en el escenario la vida que veían los pintores y músicos del siglo XIX en la lejana Rusia, pero con una interpretación y una perspectiva de los artistas mexicanos que participaron en este proceso de deconstrucción. De esta manera duendes juguetones, un viejo castillo, un parque lleno de árboles, bueyes jalando una carreta pesada, mamá gallina bailando ballet con sus polluelos, un judío rico y uno pobre que le pide limosna, un mercado bullicioso, una oscura catacumba donde se escuchan las voces de los muertos, una singular bruja persiguiendo sus pies y la gran puerta de Kiev a donde emigraron personas de diversos pueblos lejanos, conforman esta “exposición viva” que da la oportunidad de apreciar la plástica desde otro punto de vista, la del teatro y su influjo lúdico sobre la forma de ver la vida.

 

De esta manera -enmarcado en una escenografía de Jorge Ballina muy bien conceptualizada y realizada para recrear pequeños o grandes espacios para meterse hasta el interior de los cuadros en una multiplicidad de lugares y significados, y la música de piano ejecutada por Abd El Hadi Sabag – trascurren una a una, y con una estética individual y personalísima, cada una de las piezas de Mussorgsky en un ensamble donde lo mismo pueden verse actores actuando como marionetas, que títeres, marionetas, muñecos y objetos intervenidos por los diversos artistas que adquieren una relevancia más allá para lo que fueron hechos. Tal es el caso, por ejemplo, de una bruja realizada a partir de un paraguas, alambres y un mecanismo, que persigue incesantemente a sus pies, hechos de una estrella de bicicleta unida a unos pedales. O el de un músico que se transforma a la vista de todos en una serie de objetos que abarcan desde un barco, una casa, un castillo, hasta un trono, como una posibilidad de trasmutación tanto de significados como de propuestas visuales.  

 

Asimismo, un una primera parte de la puesta en escena, Emmanuel Márquez retoma escenas de Petroushka, de Stravinsky, como un cuadro más de esta “exposición viva” para recrear la historia de amor entre los títeres del Moro, la Bailarina y Petroushka, el payaso triste, como una forma de explorar las capacidades físicas de los actores para convertirse en marionetas.

 

Cuadros de… Ensamble de marionetas y piano, de y bajo la dirección de Emmanuel Márquez, cuenta con la escenografía de Jorge Ballina, iluminación de Matías Gorlero, música de piano de Abd El Hadi Sabag y la realización de títeres y artefactos teatrales de Arturo López, Haydeé Boetto, Iker Vicente, Jorge Ballina, José A. Gaduño, José Agüero, Lourdes Aguilera y María Suter, entre un numeroso equipo. Se presenta los sábados y domingos a las 12:30 horas, hasta el 27 de noviembre, en el Teatro Julio Prieto, Eje 4 Sur Xola núm. 809, esquina Nicolás San Juan, colonia Del Valle.

 

Una propuesta inteligente y de calidad, sobre todo para uno de los públicos más difíciles, el infantil.

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29
Mar
08

Un par de instantáneas del teatro colombiano actual.

SON LOS NUEVOS TIEMPOS

Un par de instantáneas del teatro colombiano actual.

Erik Leyton Arias*

 

Bogotá, Colombia  

En una de sus provocativas “acciones malpensantes”, una prestigiosa revista cultural de Bogotá[1] organizó un foro en los últimos días del año 2007, que pretendía generar una discusión alrededor de la pregunta “¿Cuándo y por qué se estancó la dramaturgia colombiana?” Sugerían los organizadores del coloquio que, más allá de los nombres emblemáticos de los maestros Santiago García, Enrique Buenaventura y Carlos José Reyes[2] –y luego de ellos-, la dramaturgia colombiana había entrado en una especie de limbo silencioso.

Contrario a lo esperado por los miembros de la revista, no hubo tal debate. Los dramaturgos, directores de escena, historiadores y críticos escénicos invitados a la charla, estuvieron de acuerdo sobre la buena salud de la dramaturgia colombiana, sobre la variedad de los lugares que ha visitado en estos últimos treinta años, sobre la riqueza de su producción, y sobre la importancia que ha tenido la escritura dramática en la creación escénica de las últimas décadas. Por supuesto, no todo es color de rosa.

 Lo bueno.

Efectivamente no sería arriesgado aseverar que el teatro colombiano de la actualidad es uno de los más diversos, variopintos, heterogéneos y prometedores de su historia. La vitalidad de la escena colombiana se puede apreciar no sólo en las salas del teatro comercial, sino también en los pequeños espacios que se han venido transmutando en escénicos con el correr de los años, en la aparición de actores, directores, gestores y dramaturgos más calificados e interesantes, en la constante y diversa producción dramatúrgica, investigativa y crítica que pulula en varias ciudades del país, en la consolidación de proyectos de formación escénica en varios niveles y direcciones, en la supervivencia de festivales, coloquios, charlas, foros y encuentros escénicos, y en la constante oferta teatral que comienza a verse en las ciudades capitales, todo esto sin que hayan variado mucho las tremendas dificultades que aún implica hacer teatro en un país tan congestionado como Colombia.

En las últimas tres décadas en Bogotá han surgido una serie de grupos semi-estables, con propuestas basadas en la calidad dramatúrgica de sus textos y en el riesgo escénico de sus directores. El Teatro Petra, dirigido por Fabio Rubiano, quizás sea el responsable de las experiencias escénicas más interesantes de los últimos años. Aprovechando el huracán dramático que son los textos de Rubiano, él mismo se ha dado a la tarea de construir en el escenario imágenes teatrales modernas, retadoras, divertidas y hermanadas constantemente con la tecnología y los nuevos lenguajes.

Un poco más conservadoras, pero con entereza y gran calidad, las propuestas de Carolina Vivas y su Umbral Teatro indagan en la realidad colombiana para crear puestas intensas, necesarias e inteligentes. Por su parte el dramaturgo, director, investigador y maestro Víctor Viviescas, revive cada tanto su Teatro Vreve para montar piezas modernas en su contenido, arriesgadas en su puesta y muchas veces desconocidas para el público, tanto suyas como de escritores europeos.

Mapa Teatro, dirigido por los hermanos Rolf y Heidi Abderhalden, han sido los responsables de interrelacionar lo escénico con lo plástico, con puestas teatrales, lecturas dramáticas, acciones, intervenciones y exposiciones. La sede del teatro es un moderno laboratorio de artistas incrustado en una viejísima casa del centro de Bogotá.

En otras ciudades la actividad no ha prosperado tanto como en la capital. En Medellín encontramos el trabajo del Teatro Matacandelas, bajo la dirección de Cristóbal Peláez. Sus montajes, apasionados e imaginativos, son una referencia obligada y han tenido gran trascendencia nacional e internacional. Con ellos, el Pequeño Teatro de Medellín también ha desarrollado un trabajo importante. En Cali, Orlando Cajamarca dirige el Teatro Esquina Latina, que conjuga la labor escénica con la pedagógica. La Escuela de Teatro de la Universidad del Valle también ha ingresado a la producción escénica estable en los últimos años, con montajes que equilibran la indagación, la formación y la experiencia[3].

La danza, entre tanto, ha irrumpido en los teatros con una fuerza inusitada. El español Tino Fernández dirige con gran acierto la aún joven Compañía L’Explose. Sus montajes llenos de luz, de fuerza, de vísceras y de energía, ensamblados con la dramaturgia de Juliana Reyes, han logrado convertirse en un paradigma que viaja constantemente por todo el mundo. De manera similar, el Colegio del Cuerpo de Álvaro Restrepo[4], ha logrado transmutar un futuro incierto para una gran cantidad de jóvenes cartageneros[5] en interés artístico, derroche de creatividad, rigor y entrega profesional.

Además de estos dos nombres, cada año surgen y desaparecen una serie de colectivos que llevan a escena una buena cantidad de propuestas de buen nivel. Como nunca, la programación dancística en varias ciudades es constante.

Para cerrar el listado de lo positivo, hace falta hablar de la aparición de una nueva raza de dramaturgos con creaciones tan variadas como sorprendentes. Además de los ya nombrados Rubiano y Viviescas, han comenzado a aparecer nombres de escritores nóveles de manera creciente, la mayoría influenciados por las escuelas española, francesa, inglesa y argentina[6]. Contrario a lo que ocurre en otras áreas, la nueva dramaturgia da cuenta de un trabajo constante y fértil en todas las regiones del país.

 Lo malo.

Más allá de la sempiterna preocupación por la financiación, por los reducidos presupuestos con los que se debe trabajar, por la desbandada del público año tras año, y por lo que debería o no ser el apoyo estatal[7], uno de los problemas más complejos que afronta el teatro colombiano es, paradójicamente, la consolidación del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

Sucede que el teatro se toma por asalto el panorama cultural colombiano cada dos años por Semana Santa, y ocupa -cada vez más- todos los ámbitos de la realidad nacional. Por más de 17 días los colombianos se ven abocados a asistir a las salas, plazas, parques y otros espacios escénicos para ver una selección de la producción teatral del mundo.

Gracias al descomunal esfuerzo que implica, en una sola semana se pueden encontrar espectáculos de Peter Brook, de Tomaz Pandur, de Paolo Mageli, de Oliver Py, y de Lluis Pasqual, o de grupos tan emblemáticos como la Royal Shakespeare Company, el Teatro Mladinsko, el Teatro Malayerba, la Düsseldorfer Shauspielhaus, o el Théâtre des Bouffes du Nord. Todo un lujo que pocas ciudades del mundo pueden darse.

El problema tiene dos aristas. En los meses siguientes al festival, saturada quizá del ambiente teatral, la gente abandona las salas casi por completo. La actividad de los grupos locales se ve seriamente golpeada por la ausencia de espectadores, incluso la de sus más asiduos visitantes.

Lo peor es que pareciera que la inactividad teatral se extendiera casi por un año entero, mientras llega el próximo festival. El público llega a sentir que la producción escénica es casi nula, sencillamente porque no hay compañía, temporada o muestra que tenga el poder de convocatoria del Iberoamericano.

Y segundo, luego de la inmensa cantidad de obras y propuestas teatrales, la comparación del público -y de los propios artistas- es inevitable. Pocas veces encontrarán espectáculos de la envergadura que es capaz de traer el Festival, no sólo en cuanto a sus costos de producción sino también en cuanto a su calidad[8]. La demanda local no supera las altas expectativas del público, que decide guardar su dinero hasta el próximo festival donde, con toda seguridad, podrá deslumbrarse.

Con todo, el imaginario del colombiano promedio ha comenzado a identificar a su país como una nación teatral, donde sus creadores tienen cierto mérito y pueden encontrarse con artistas de todo el mundo de manera constante.

 Para dónde vamos.

Cada año un grupo creciente de montajes, grupos, directores y dramaturgos son invitados a festivales internacionales para mostrar lo que se hace en Colombia. Desde hace varias décadas la representación nacional no es exclusividad del Teatro La Candelaria, que sigue activo creando puestas en escena con fuerza y rigor.

El colombiano es un nuevo teatro. Uno que está aprendiendo a auto-gestionarse, que evoluciona, que es permeable a lo que sucede en otras partes pero que es capaz de reflexionarse, de mirar su entorno y de re-presentar su realidad. Es un teatro que se sobrepone a las limitaciones históricas y que ya se reconoce en sus producciones.

   


[1] Revista El Malpensante. Bogotá.
[2] García, Buenaventura (q.e.p.d.) y Reyes, entre otros notables, son considerados los maestros de la dramaturgia y de la creación escénica de la segunda mitad del Siglo XX en Colombia. Para nadie es un secreto que toda la producción escénica de las últimas décadas en el país, tiene su raíz en el trabajo de estos tres autores. 
[3] Hay muchos otros grupos y artistas, entre recién llegados y de trayectoria, de Bogotá y de otras ciudades, que se podrían nombrar. Su ausencia se debe a una cuestión de espacio.
[4] Álvaro Restrepo es quizá el bailarín más importante del país en toda su historia. Su tremenda formación, su trabajo artístico, su vocación pedagógica y, sobre todo, su forma de concebir la danza, lo han convertido en una figura fundamental en la escena colombiana.
[5] Cartagena, capital del Departamento de Bolívar, es una de las principales ciudades de la costa Caribe colombiana. Tan grande como sus murallas son los problemas sociales derivados de la inmensa pobreza de sus habitantes.
[6] Dentro de la influencias se repiten nombres como José Sanchís Sinisterra, Rodrigo García, Valère Novarina, Bernard Marie Koltès, Sarah Kane, Mauricio Kartun y Rafael Spregelburd, entre otros muchos.
[7] Parece inútil repetirse al explicar todos estos temas que aparecen constantemente en los diagnósticos que se hacen del sector escénico año tras año. Por supuesto, no son temas de preocupación exclusivos de Colombia.
[8] Calidad entendida desde distintos puntos de vista y valoraciones estéticas.  *Dramaturgo, escritor, realizador de cine y televisión. 
05
Nov
07

Astillero Teatro obtiene reconocimiento de teatro infantil con Fabulaciones en Azul

Guillermo García Estrada 

 Con éxito se llevó a cabo el cierre del Tercer Encuentro Nacional de Artes Escénicas y Alternativas 2007. Impulsado por la compañía de teatro Jadevolucionarte y apoyada por diversas empresas que impulsan el desarrollo artístico de los jóvenes en nuestro país. Este tipo de espacios se ha convertido en un medio para calibrar las propuestas de teatro, danza, música, cine, artes plásticas, que coexisten en nuestro país de manera independiente y que día a día cobran más fuerza en el sector. Las compañías y grupos solventan gastos de producción, publicidad, difusión, y buscan el espacio propicio para llevar a las tablas sus propuestas artísticas; muchas veces superan con calidad y profesionalismo a otros proyectos apoyados con grandes inversiones y becas que se representan en diversos foros. El Encuentro se realizó todos los fines de semana del mes de octubre y tuvo como concurrencia a 3,300 espectadores en diferentes espacios con entrada gratuita. Dentro de los proyectos ganadores en las diversas ramas que por calidad, profesionalismo y oferta innovadora resultaron escogidos, en la categoría Teatro, la Compañía Astillero Teatro que acertadamente dirigen Oswaldo Valdovinos y María Teresa Adalid se hicieron acreedores al reconocimiento como mejor obra infantil, por Fabulaciones en Azul del dramaturgo Luis Ma. García. Resaltó el ingenio y armonía de todo el concepto realizado con materiales reciclados como hule espuma, madera, telas que aprovechan al máximo los recursos simples que logran proyectar grandes escenas apelando a la base de todo artista: La creatividad. Cabe destacar la buena interpretación de los actores Augusto Granados, Yunuén Durán, Sandra Pérez Toxqui, Itzel Casas e Hiram Molina que conquistaron al público desde la primera presentación, por lo cual fueron requeridos para otorgar varias funciones durante el encuentro. El teatro infantil es un camino duro de sortear en tanto existe por un lado el menosprecio hacia las necesidades del infante, minimizando sus necesidades, y por otro lado, lo altamente redituable y lucrativo que resulta el sector. Fabulaciones en Azul, a través del manejo de la sencillez, se entrelaza con ilusión y fantasía para retomar una fábula que utiliza un lenguaje que apela a la inteligencia del infante, ya que mezcla recursos como la metáfora y prosa, aunado a la intervención de animales, y seres animados los cuales juegan con el tamaño tanto de los actores como de los títeres dentro de la espacialidad de la atmósfera recreada a través de una pantalla multimedia. Cabe mencionar que la propuesta se acompaña de música e instrumentación en vivo, lo que brinda frescura y calidez a la narración. Personajes como Don Loborendo, las simpáticas cabritas de nombre Floripéndula, Tripondón y Clarisonda; el maléfico Herr Undius, el noble lobezno Tristán, plantas, y varios pájaros parlanchines se vuelven personajes entrañables para toda la familia que acompaña a estos simpáticos personajes en una travesía en busca del maravilloso lugar llamado Azul. Para llegar a hasta ahí, se transitará a través del mar, llanuras salvajes y hasta un laboratorio del científico loco. Fabulaciones en Azul apela a los valores universales y éticos como amistad, compañerismo, lealtad; valores necesarios para la sana convivencia retratados de forma inolvidable.