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02
Dic
07

Francisco Rosas: “Bailarín del cielo y de la tierra”

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Joven, esbelto, ágil, breve de estatura, Francisco Rosas se ha convertido en una de las figuras imprescindibles dentro del Taller Coreográfico de la UNAM, dirigido desde hace 37 años por Gloria Contreras

Ana María Longi

Semana a semana, en las salas universitarias Miguel Covarrubias y el Teatro de Arquitectura Carlos Lazo, las cámaras de magníficos fotógrafos, sorprenden a Francisco Rosas suspendido entre el cielo y la tierra. “Ese joven, explica el crítico de danza español Ramón Miraval, tiene una versatilidad extraordinaria. Es como bien podría llamársele, un bailarín del cielo y de la tierra, porque su cuerpo tiene sumado en sí mismo, toda la amalgama justa de peso y medidas para hacer lo que quiera en el escenario. Es decir, no le falta ni le sobra nada. A lo largo de mi carrera, he visto espaldas muy anchas que no permiten emprender elevaciones elegantes, porque los vence la ley de la gravedad. Los hay también muy anchitos o de vientres voluminosos, cuyos perfiles no les permite ser candidatos ni a los giros, ni a los saltos ni a los llamados arabesques. Y bueno, pues creo que a Francisco Rosas, le favorece todo: cuerpo, amor por la danza, seriedad, talento, y responsabilidad para trabajar. Que lo aproveche hombre, que lo aproveche…” 

¿En qué consistió la propuesta de trabajo profesional recibida recientemente?

“A manera de golpe del destino, me relacioné amistosa y dancísticamente con una pareja extranjera de esposos bailarines que viven con gran plenitud su vida profesional. Ambos me invitaron a integrarme con sus trabajos coreográficos, y tuve la suerte de recibir su aprobación total. Y bueno, ellos son unos artistas con mucha experiencia, con muchos proyectos por delante y creo que voy a emprender una experiencia muy interesante a nivel coreográfico. Un campo que lo he experimentado en la práctica, pero no en la creación, y que implica una extraordinaria experiencia. La misma que quiero lograr cuando me encuentre ahí, dando el salto que me he propuesto. Ojalá y en este campo, también logre mis propósitos. Lo importante es que ya sé que es ser un bailarín disciplinado. Y yo me encuentro simplemente en lo mejor. En el Taller Coreográfico de la UNAM, donde el intérprete tiene que integrarse con toda su alma a la música, tal y como nos lo ha enseñado nuestra querida Maestra Gloria Contreras, quien también es una musicóloga consumada”.  

 ¿Cuáles son sus sentimientos hacia el Taller Coreográfico de la UNAM?

“En primer lugar, de un profundo agradecimiento. Yo he vivido día tras día y durante 14 años la vivencia dancística más increíble de mi vida. Nuestra maestra Gloria Contreras, nos muestra el camino físico y espiritual de la danza clásica y contemporánea, con toda la entrega, magia, perfección, amor, sacrificio, belleza y elegancia, de la que ella es capaz todos los días. Mire Ana María, la Maestra Gloria Contreras, directora desde hace 37 años del Taller Coreográfico de la UNAM, es una dama que afortunadamente conoce la manera de proyectarnos no sólo sus vastísimos conocimientos y cultura, sino toda esa energía pasional de la que es capaz al crear una coreografía. Por ejemplo, la Maestra Gloria Contreras jamás se cansa, jamás está triste, enferma, desganada o débil. De ella sólo se puede extraer vida. Vida purísima. Vida pasional. Energía. Fuerza. Esfuerzo. Amor. La Maestra trabaja sus coreografías, conociendo absolutamente todos los secretos del escenario. A la Maestra Gloria no se le va una. Las medidas del escenario en relación al movimiento, a las luces, a la música, al primero y último espectador de nuestro teatro, están matemáticamente calculados. La perfección, la nitidez, la limpieza, la purificación de todo cuanto existe a su alcance, es su labor cotidiana. Es decir, pan comido. Pero un pan comido, que nadie, nadie, fuera de ella lo puede lograr con tal calidad. Y luego, como si esto fuera poco, la Maestra Gloria, realiza una labor educativa interesantísima, pues ella misma recibe a todo el estudiantado universitario y de la gente que va pasando por la calle, en su teatro. Ahí les proporciona una minuciosa explicación de las temáticas de cada ballet dentro de una didáctica, cariño y paciencia asombrosos. A eso se debe que sea tan famosa a nivel nivel nacional e internacional y que ella, realmente ha logrado y esté logrando la auténtica cultura popular dancística de alta calidad para el pueblo de México”.   

Pero y usted, ¿Cómo se siente en el escenario? ¿En qué consiste su versatilidad?

“Mire Ana María, cuando atravieso las piernas del escenario, vivo, de inmediato, una transformación casi virtual. Y lo digo, porque simplemente o soy más yo que nunca, o, por el contrario, dejo de ser yo, para abrir todas las compuertas energéticas de mi cuerpo, a la música. Se lo puedo jurar, señora, que mi cuerpo se convierte en espíritu puro. En esos momentos, ya no siento mi carne, ni mis huesos ni mi peso corporal, soy como una energía viviente fundida a las músicas que me han tocado en suerte interpretar. Y, en cuanto a los personajes, una serpiente, un obrero, un guerrillero, un príncipe, un amante, un vagabundo, un hombre perverso, un brujo del bosque o un fauno, simplemente, soy eso en ese momento. Mi identidad desaparece. Dejo de ser dentro del tiempo y el espacio el hijo de mi madre, para transformarme en un ser inmortalizado por la historia y devorado por la música. La Maestra Gloria, siempre nos está aconsejando que nos enteremos del mundo a través de la literatura, los periódicos, el cine, el teatro, la escultura, la arquitectura o publicaciones tan especiales como las caricaturas. Y esto es, porque la maestra quiere lograr en nosotros la perfecta euritmia: Cuerpo sano en Mente sana. El alimento, explica nuestra dama coreógrafa, “no sólo debe ser material para nuestro cuerpo sino también espiritual para nuestra mente y pensamiento”.   

  Y bueno, para usted ¿qué es la música?

La música, es una diosa que está casada con el movimiento. Y por esta razón es una sola, bella, celestial e indispensable. La música es un regalo de los dioses. Creo que no hay una música mejor que otra. Sólo son diferentes. Dentro de mi carrera, me he propuesto interpretar con el mismo amor y respeto a un Stravinsky, a un Bach, a un Stravinsky; que una pieza de Daddy Yanqui, Led Zeppellin, Elvis Presley, José Pablo Moncayo, Silvestre Revueltas, Manuel M. Ponce, Pérez Prado o Arturo Márquez, compositor del danzón número 2”.  

¿Cómo ha soñado su vida dancística para el futuro?

“De una manera muy integral. Pues conociendo a fondo la vida de un bailarín, creo que si me transformo algún día en un coreógrafo, voy a entender qué es lo que necesita un intérprete para extraer de él todo su espíritu y talento. Yo no quiero adelantarme al futuro, pues soy una persona de convicciones simples. Es decir. El trabajo es lo único que cuenta. La lucha diaria. El aprendizaje persistente que es el único que nos conduce a la seguridad de los ideales. No soy muy afecto a las fórmulas mágicas. Mi vida de bailarín se ha desenvuelto sólo de esta manera. En la dureza. Tener disciplina y vivir el futuro haciéndolo. Caminándolo. Emprendiéndolo. Con tus piernas, con tus brazos, con tu torso, con tu cabeza, con todo tu ser”.