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15
Dic
07

Diciembre: risas y lágrimas

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Teresa Solbes de Menéndez

    En nuestro país el pasado día  doce hemos celebrado a la “Morenita del Tepeyac”, la madre eterna que cuida a sus hijos desde los cielos y que tanta significación tiene para los mexicanos. Pero universalizando la tradición, las celebraciones más entrañables que nos depara Diciembre, sin duda, son las navideñas. Cultura y tradición global. Reverencia y respeto hacia los fieles; alegría y gozo para los chiquitines de casa. Montar los nacimientos, árboles cuajados de esferas, posadas, obsequios, abrazos bienvenidos y muchas cosas más viviremos en estas fechas. Termina de empezar Adviento que como bien saben, quiere decir, -para aquellos que guardan la fe- Viento Nuevo. Y aún desde el agnosticismo, porque todo lo que vemos, olemos y palpamos nos habla de concordia y buenos deseos, y para ello no se precisa ninguna religión especial, con la inteligencia nos basta. Ella agradece la oportunidad de reflexionar que en muy pocas ocasiones se le ofrece, y que en diciembre le sale al paso por todos los poros de la tierra. El ambiente lo propicia. Todo invita a estrenar corazón, un nuevo y alegre corazón renovando nuestra esperanza. ¡Renovarse o morir! -¡Ay!, voy a revisar mi trastienda, -me confesó la otra tarde Margarita, una vecina-, seguramente habrá que barrer mucho para que de verdad quede sin brizna de polvo; por ejemplo, deshacerme de toda esa basura negruzca que tapa mi capacidad de perdonar.    Y es que Diciembre viene para todos con aires de trnasformación y afortunadamente, sucede cada año. Lo mismo que llega la fecha del  cumpleaños o, la de cualquier acontecimiento señalado por nosotros y que nos resulta significativo porque marcó nuestra vida.    Por aquello de las fiestas decembrinas, son muchos los que suelen echar un vistazo a la despensa para ver como anda de vinos y viandas. Con más razón -bueno eso digo yo- tendríamos que mirar en la propia bodega interna y bajar hasta el fondo, para ver como está nuestra “mercancía” espiritual que tanto alimenta y que además, no da colesterol, ni grasa, ni altera la bilirrubina. Seguramente no nos atrevemos a ello porque sabemos que tendremos que tirar muchos productos con fecha de caducidad cumplida: Aquellas promesas que no cumplí, la pereza que llevo arrastrando durante ¿cuánto tiempo? y así podríamos  contar numerosas razones que ya no podemos recuperar porque han pasado los meses y con ellos se fueron las esperanzas. Por qué no hacer como hicieron con la Capilla Sixtina allá en Roma ¿recuerdas? Trabajaron duro pero lograron desempolvarla y aparecieron obras de arte invaluables. ¿Alguno de nosotros tiene en realidad una conciencia clara de la belleza que guarda nuestro interior?    Hay personas a las que se las ve sencillamente felices ¿qué hacen para lograrlo? ¿Estar siempre en tensión, como el arco, para lanzar la flecha que los lleve a la alegría?. Interesados por ver lo que aun les queda por conocer, no se cansan de investigar el fondo y la forma de las cosas, no se conforman con lo que “parece pero no es”; van llenando los espacios vacíos que aun les quedan, conseguirlo o no, será lo de menos, la emoción esta en el esfuerzo de ir alcanzando hoy una sonrisa, mañana una amistad, después el amor… Quien sabe, ¡son tantas las cosas que aun nos esperan¡. El logro de una meta tendría que empujar a otra mas alta. Ir subiendo peldaño por peldaño puede ser una luz fatal, cegadora, que hipnotiza y hace realizar cada vez mas elevado ese sueño, ese proyecto llamado vida que continuamente nos hace la misma pregunta: ¿Quien eres? ¿de donde vienes? ¿a donde vas? No, no es el estribillo de una canción, si acaso, de una melodía que solo tú compones y cantas cuando miras hacia arriba y distingues oscuramente la roja puerta de la muerte. El tiempo no pasa en vano. Diciembre es un mes diferente, risas y lagrimas se entrelazan, penas y alegrías nos conmueven mas que de costumbre. Diciembre tiene aromas de solidaridad, los corazones gritan un  mismo deseo universal  ¡Feliz Navidad!. Bien es cierto que a veces dudamos  de los motivos que podamos tener para esa felicidad que los demás nos desean ¿por qué? Todavía no nos enteramos que somos “persona” y que si buscamos razones para vivir siempre las encontraremos, cada día, cada instante, aunque no sea diciembre…  ¿Quién soy yo? Quien eres tu?. Un ser nacido sólo para morir? ¿Un conjunto de características biológicas que nos dan un significado, una forma común a nuestro sexo masculino o femenino? No, no somos solamente un amasijo de piel, carne, huesos, nervios y músculos; más allá de todo eso, nuestra existencia tiene sentido.  Aunque nos resistamos a creerlo, el corazón puede guardar maravillas. A veces el pensamiento, el mundo de las ideas asusta porque suele jugar malas pasadas, fantasmas escondidos salen al paso y se prefiere huir antes que enfrentarlos. Preguntarse de vez encunando quienes somos, a donde vamos, es formidable para no desviar la ruta. Recordar que tenemos un destino y que forzosamente tendremos que llegar, es una ayuda para ver en que vehículo viajamos.  ¡Diciembre! días propicios para preguntarme de veras, de veras… ¿quién soy  yo? ¿Qué hago aquí? Somos hombres siempre en la búsqueda de una tierra prometida que nunca llega. Flechas lanzadas al viento rozando estrellas imposibles; valiosas por lo que son, amor, belleza, verdad. Ideales infinitos alcanzables sólo por unas cuantas mentes llenas de sabiduría… ¿Quien soy yo? ¿Que encuentro en esa búsqueda constante? Todavía casi nada… A veces me siento como esa fuente -de la que nos habla Martín Heidegger- rebosante de agua, llenando una pila, después otra, me vacío, reposo y me vuelvo a llenar para volver a dar… pero otras, las mas, soy arena desértica, polvo y arena del desierto que nada generan. Diciembre me gusta para bajar al sótano de mi alma. Te invito amigo/a, haz la prueba, el fruto recompensa aunque duela rebuscar…