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12
Jul
08

Un divulgador del conocimiento, Arturo Azuela

Ana María Longi

 

 

La comunidad cultural de México recibió con especial agrado el reciente nombramiento del escritor mexicano Arturo Azuela como presidente del Seminario de Cultura Mexicana sustituyendo a Luis Estrada, astrónomo y divulgador de la ciencia de la UNAM.

 

  Azuela es autor de novelas imprescindibles como “El tamaño del infierno” (1973), “Un tal José Salomé” (1975) y “El don de la palabra” (1985), entre otros libros posteriores -25 o más-, igualmente exitosos a nivel internacional. Es Premio Villaurrutia 1974, Premio Nacional de Novela, Presidente de la Asociación de Escritores de México (1981-1982), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1986, Maestro en Ciencias y Doctor en Historia por la UNAM. Profesor visitante en las universidades estadounidenses de Berkeley y Columbia, y en la de París (Nanterre). Subdirector de Literatura y Subdirector General del Instituto Nacional de Bellas Artes (1982), también fue designado Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 1986. Su literatura ha sido traducida a varias lenguas.

El novelista comentó acerca de los personajes ligados al Seminario de Cultura Mexicana, en los que se cuenta la pintora Frida Kahlo, en cuyo recuerdo se presenta una exposición con fotografías y documentos de su labor.

Azuela también se refirió al reinicio de co-rresponsalías internacionales en Centroa-mérica y Estados Unidos, así como la renovación de un plan de ediciones y creación de corresponsales asociados y honorarios.

El año pasado el escritor recibió el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Zaragoza, en convenio con la Universidad de Tubingen, con la tesis titulada: “La Ruta de Goya” (crónica sociológica) que se publicará el próximo año en las instituciones europeas.

 

¿Cuáles fueron las razones que lo animaron a ocupar un cargo de  abolengo en una institución con 66 años de fundada?

 

“Bueno, pertenezco al Seminario desde 1984. Siempre he sido un colaborador no solamente disciplinado sino entusiasta y leal a las labores de la Institución. El Seminario me ha llevado a viajar por muchos puntos de la República, impartiendo conferencias o dando cursillos sobre la Literatura Iberoamericana Contemporánea. En los últimos años, a pesar de tener una salud quebrantada, no he faltado jamás a mis responsabilidades como “seminarista”. Hace unos seis meses, un grupo distinguido de miembros titulares me pidió que presidiera las labores del Seminario.

Acepté con gusto, a pesar de los problemas actuales y la necesidad de revisar sus proyectos y actualizar sus objetivos. Para mi sorpresa, hace más de un mes fui elegido por consenso unánime”.

 

¿Por qué considera estructural dentro de su plan de trabajo exaltar las figuras históricas de nuestra cultura que pertenecieron al Seminario?

 

“El Seminario de Cultura fundado en 1942, estuvo formado por los más prominentes escritores, artistas, científicos y filósofos de nuestro país. La lista de fundadores es realmente extraordinaria: Enrique González Martínez, Manuel M. Ponce, Manuel Sandoval Vallarta, Mariano Azuela, Frida Kahlo, Julián Carrillo, Diego Rivera, entre otros, dieron lustre inmediato a la Institución. Con los años se sumaron Mauricio Magdaleno, Agustín Yáñez, Carlos González Peña, Francisco Monterde, y últimamente intelectuales de la valía de Antonio Gómez Robledo, Héctor Azar, Alberto Beltrán y Manuel Henríquez. Debemos continuar con este desafío al nombrar a todos y cada uno de nuestros miembros titulares, y desde luego, publicar algunas de sus obras y darlas a conocer a las nuevas generaciones, no sólo de la Ciudad de México, sino por todo el país”. 

 

El México actual se cuestiona acerca de toda clase de problemáticas; políticas, económicas, sociales, culturales, entre otros. ¿Tiene usted planeado invitar al Seminario de Cultura Mexicana a personalidades que nos quiten el velo de los ojos, que ese foro se transforme en una fuerza clarificante?

 

“En primer lugar, en el Seminario contamos con miembros titulares de altísimo nivel que pueden participar en mesas redondas, conferencias y diplomados. Entre ellos se encuentran el arquitecto Luis Ortiz Macedo, el jurista Sergio García Ramírez, el ingeniero Daniel Reséndiz Núñez, el científico Luis Estrada y el sociólogo Omar Guerrero. También invitaremos para que se sumen a este grupo gente de la talla, como el Premio Nobel, Luis Molina, el Doctor José Sarukán, el doctor Germinal Cocho Gil, el doctor Federico Ortiz Quezada. Tienen diferentes especialidades y enfoques muy distintos y profundos sobre el gravísimo problema del sobrecalentamiento. Además de este tema urgente, también trataremos la problemática de la educación, de la situación de los jóvenes en relación a la drogadicción, el aumento elevado de la natalidad y desde luego de la distribución de la riqueza en nuestro país. El gran tema de la globalización también será tema de un tratamiento académico de altísimo nivel”.

 

Usted suma  una trayectoria de 40 años de escritor y medio siglo de profesor de tiempo completo. ¿Qué opina de la situación económica del país, de la división de poderes y la constante hegemonía que muestran los vecinos del país del norte? 

 

“Es indudable que los grandes proyectos nacionales de la primera mitad del siglo han sido abandonados. Creo que en estos últimos años se entrometieron por todas partes muchos políticos sin la preparación adecuada. Tenemos que volver a darle su lugar a médicos, ingenieros, arquitectos, químicos, verdaderos profesionales que realmente estén capacitados para enfrentar las más difíciles circunstancias. Este país, hace más de 40 años, estaba dirigido por gente muy preparada, y sin lugar a dudas se formó una clase dirigente de proyección internacional. Se abandonó -por ejemplo- el gran proyecto para reducir nuestra explosión demográfica, uno de los problemas más significativos por el que todavía atravesamos. Para dar ejemplos, sólo en la ingeniería civil tuvimos constructores de primera línea en muy diversos campos: ferrocarriles, carreteras, puentes, presas, sistemas de aeropuertos y diseño de puertos pesqueros. La ingeniería petrolera fue muy importante en el mundo y ahora poco queda de aquel prestigio. Acompaña a esta ausencia de profesionales una etapa muy conflictiva de políticos que pocas veces se ponen de acuerdo. La impunidad y la corrupción no han sido neutralizados, y el papel de la Suprema Corte de ministros extraordinariamente bien pagados, ha sido verdaderamente lamentable. A pesar de todo, soy optimista y creo que nuestro proceso cultural y educativo será la clave para la solución de muchísimos problemas del presente y del futuro”.

 

¿Cómo simple ciudadano observador, qué sería lo prioritario de lo prioritario que se debe atender?

 

“No tengo la menor duda: la educación, la salud  y la seguridad. Todos los demás aspectos -hacendarios, laborales, electorales- deben estar íntimamente vinculados a esos renglones esenciales”.

 

 

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17
Mar
08

Raymond Chandler y su simple arte de matar

Andres Ugueruaga

 Santa Fé, Argentina

Raymond Thornton Chandler, nació en Chicago en 1888. Tuvo varios empleos antes de comenzar a ser realmente lo que se dice “un escritor”. Se fue a vivir a Inglaterra, en donde trabajó como reportero del London Daily Express y en el Bristol Western Gazette haciendo sus primeras incursiones en lo que a lo narrativo  respecta . Chandler retornó a Estados Unidos en 1912, y trabajó como librero. En 1912 se enlistó en la Armada del Canadá para luchar en Francia.  Algún escritor argentino alguna vez afirmó que “Hammet a sido el primero pero Chandler lo hizo mejor”. Evidentemente este escritor se refería a Chandler como el principal sucesor de  sino de  Dashiell Hammet, el verdadero fundador del “policial negro”, genero que se reía de los policiales de los ingleses, desde Agatha Christie hasta Sir Conan Doyle. Todos estos fueron dejados de lado para narrar historias que ahora ocurrían ya no en círculos cerrados y aristocráticos, ni tampoco los crímenes se  resolvían desde un confortable y acogedor living londinense, cosas con las que sus predecesores en la Inglaterra victoriana, simpatizaban. Para el policial negro los asesinatos podían ocurrir en cualquier lugar, a cualquier hora y a cualquiera. Obviamente el tiempo había pasado, era el siglo veinte, el siglo de la Norteamérica  democrática, de los negocios y del dinero, fuese fácil y sucio, o no. El policial negro profesaba entre dientes y entre líneas algún axioma muy escandaloso por cierto: a mayor riqueza y democracia, mayor numero de negocios turbios y de crimenes.Tanto Hammet como Raymond Chandler  se iniciaron en la revista The Mask, una revista que comenzó a publicar cuentos bajo la supervisión del General T. Shaw. La mayoría de sus libros transcurren en la costa oeste de Estados Unidos, más precisamente en Los Angeles, aunque Chandler no se dedica solamente  a describir los círculos más glamorosos de la ciudad, sino también,  a los que iban muy por debajo de lo que por entonces se podía, o se permitía ver. Aunque nada de glamour ni de lentejuelas para Chandler. Este escritor supo hacer referencia, en la mayor parte de su obra, a las porciones más bajas y  renegadas de la ciudad en las que siempre algún ricachón “mete la cola”. Aunque nadie es realmente un ganador en sus libros, todos llevan las de perder: la sociedad capitalista para Chandler es un lugar que se rige con la ley de la selva. Es que a pesar de todo, el desgastado y hasta crédulo “sueño americano” ha dado lugar a los crímenes y las estafas sin el menor escrúpulo. Raymond Chandler se ha dignado entonces a mostrar el lado más pesadillesco e inhumano de ese sueño que se profesaba en el país de la libertad. De allí es justamente de donde ha surgido ese género (en su época vernáculo y académicamente reprobable), que consistía tanto en el champagne, las limusinas, los suculentos cheques y los trajes caros de la clase pudiente de Estados Unidos aunque en el whisky barato, los bares de segunda, los asesinatos por doquier por resolver, a los matones inescrupulosos de los más pobres. En sus coloridas historias siempre hay mujeres tentadoras, hermosas, malvadas y llenas de codicia, en las que siempre acude a resolver las cosas a algún que otro detective celebre, tal como el gran Phillip Marlowe: esa celebre personificación puntillosa y metódica,  que decía a sus lectores que algo había cambiado en la sociedad de la primera mitad del siglo pasado. La corrupción y la escasa moral que estaba transformando a la sociedad por completo. Tanto Raymond Chandler como Phillip Marlowe encarnaron a su manera, aquel viejo cuento que Edgar Alan Poe había recreado hacia más de un siglo atrás, cuando ya todo comenzaba a “multiplicarse”: “El hombre de las multitudes”, ese hombre perdido en un mar de gente entre la sospecha y el anonimato… Por otra parte, las obras de Chandler han sido varias por cierto: Playback, Adiós muñeca, La dama del lago, la ventana siniestra, El largo adiós, La daga azul (un guión para la película La daga azul, por mencionar solo algunos. Por otra parte se han publicado posmortem y a modo de biografía, algunas cartas inéditas de su autoría, en las que expone su visión acerca de la literatura de su tiempo. Estas cartas son algo así como lo que Raymond Chandler expuso más formalmente, en uno de sus libros más conocidos y citados El simple arte de matar. En  estos libros el autor evidencia una formación que podría decirse que es hasta “clásica”, lo cual es insospechado para una figura eminente de un  género que (si se quiere) es secundario. Siendo ya un consagrado, tuvo la oportunidad de trabajar como guionista en Hollywood, como colegas por aquellos días estaban nada más y nada menos que William Faulkner y James Cain (otro buen exponente del género policial).Raymond Chandler falleció en 1959 en la ciudad de Los Angeles, California, y es considerado hoy por hoy, una de las grandes figuras de la literatura norteamericana y universal del siglo pasado.