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15
Dic
07

La FIL del 2007

Ubaldo Orozco

Se llevó a cabo la FIL en Guadalajara y nos dejó recuerdos gratificantes y preocupaciones. El país invitado fue Colombia de muchos lazos culturales comunes y entrañables. México comparte con Colombia a algunos de sus más grandes escritores: García Márquez y Álvaro Mutis que han pasado una parte significativa de su vida entre nosotros. Antes nos acompañó el poeta Porfirio Barba Jacob, muerto en nuestra tierra en 1942. De éste recordemos algunos de sus versos de La canción de la vida profunda, que siempre viene a caso: 


Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír…
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:

el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.               

                            

 Nos quedamos, sin remedio, con la inquietud sobre el nombre del premio más prestigioso de nuestra tierra otorgado por los organizadores  a escritores de lengua hablada en Iberoamericana y el Caribe. Justa recompensa a una brillante y exitosa carrera en el arte de escribir. Nuestro galardón perdió desde hace algunos años su nombre: Juan Rulfo para quedar sólo en Premio FIL de Literatura hasta que la familia de éste y la organización de la FIL lleguen a un acuerdo que satisfaga los intereses comerciales de la primera. Los puntos de vista de cada parte son de sobra conocidos: la familia desea cobrar regalías por el uso del nombre. Los organizadores afirman que no se trata de un uso comercial. El origen, reciente, del conflicto también es conocido: la familia interpretó de manera  negativa a la persona de Juan Rulfo algunos comentarios vertidos sobre la vida y obra del autor jalisciense por un reciente ganador del premio. Es indudable que su familia tiene derecho a los beneficios comerciales de la obra del jalisciense. Ese derecho nadie lo disputa, pero lo determínate en el lío, para dar la razón a una de las partes es saber si el uso del nombre Juan Rulfo es, perdón por la repetición,  determinante para incrementar los ingresos o disminuir los egresos de los organizadores y de los ganadores del premio. Por el solo y exclusivo uso del nombre. La respuesta viene sin pensar siquiera, pero dejemos que sean los interesados los que se avengan. La FIL ya está cimentada por sí sola y el monto del premio y la calidad de los jurados lo prestigian lo necesario para conservar el nombre actual, aunque lo deseable sea la recuperación del original, aunque Juan Rulfo no requiera, ni más fama ni más prestigio. Su lectura y estudio son suficientes.                                   

                              

Este relajo nos trae mayores pendientes nacionales: la necesidad la ley para fomentar, entre otros aspectos, la lectura de libros. Un proyecto anterior de ley, ya aprobado por el Congreso, murió en el escritorio del presidente Fox. La mucha insistencia en el precio final único al consumidor empequeñeció cualquier otro aspecto de la misma y fue decisivo en el veto presidencial. Lo determinante para que los libros se conviertan en un vicio como el de los cigarros, artículo de precio único y de primera necesidad, es que sean tan deseables y satisfactorios como ellos. Habrá que empezar ya. La generación mexicana de lectores a lo mejor ya nació. Será, si lo es, otro México el país de lectores. El punto toral será si en ese nuevo México la Cultura es un valor superior al que le asignamos ahora; si los libros valen más que los cigarrillos, a manera de ejemplo. Si la huella permanente de la sabiduría y hermosura que hemos encontrado los mexicanos en esta tierra es más trascendente que el humo de unos cigarros. Ni más ni menos. Quienes hemos fumado o quienes lo hacen regularmente lo sabemos muy bien: fumar cigarros daña la salud y la bolsa, y no sólo los primeros son desagradables. Además dan muchas molestias: mal sabor de boca, ropa y cuerpo apestosos, manchas en los dedos, crudas, rechazo social, en algún momento prestigiaban, etc. Pero seguimos fumando por mucho tiempo. La solución tendrá que incluir por necesidad la propaganda o publicidad de manera más que importante. Y la calidad para la permanencia del gusto o del vicio, mejor dicho. Como ni los cigarrillos tienen precio único, los aspectos financieros también deberán ser atendidos con mucho cuidado. No bastará con asignar recursos. Quisiera recordar, para acabar con el tema,  la presencia en los mercados y súperes de un fruto extraño, cuyo gusto es adquirido y no natural, el kiwi. Se introdujo en la dieta de los mexicanos, entre otros,  por los neozelandeses mediante una no muy onerosa, vistos los resultados, campaña comercial.                    

                              

Concluyamos con dos recuerdos gratos. El premio de este año correspondió a Fernando del Paso. Apenas justicia. Y el homenaje a Álvaro Mutis. Hombre sabio: no requiere escribir memorias de su vida, mejor la escribió en prosa y verso.