Posts Tagged ‘filosofia

29
Dic
07

Pensar lo impensable -en el pecado

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Ricardo Mena

   No cabe duda de que yo no soy un peripatético, aunque lo que diga pueda parecer tan posiblemente patético como estos versos de Shakespeare cuando se lamentaba en su Soneto CXI-  

 Y aún así mi naturaleza está subyugada
Por su trabajo, como la mano del tintorero.
Apénate de mí, pues, y pide que yo pueda renovarme,
Apénate de mí, pues, querido amigo, y te aseguro,
Que incluso tu pena es suficiente para curarme.
 

Es evidente que nada es patético en este soneto y que el mismo expresa una gran humanidad latente, siempre digna de respeto, excepto para el arte de las caricaturas vikingas de reciente noticia en los medios -que sólo persiguen el fin sin tener a los medios en cuenta. Sea como fuere, no hay duda de que el soneto es un cauce expresivo para mostrar grandes y profundas ideas fruto del hambre, del dolor o del amor a la rubia cerveza y al purpúreo vino, y que Shakespeare es tan genial en esto como cada uno de nosotros que formamos lo que se conoce como el hombre común, el ciudadano sano y medio (y que otros aristócratas como Poe u Ortega malversaron llamándolo “masa”). Me refiero a que existe en el Arte del Hombre una continua necesidad de mostrarse tal cual es ante eso que muchos llaman el vacío, la Idea, Dios o Alá o Yahvé o el Eterno Retorno. Y si fuera cierto que muchos se preguntan ahora a qué quiero llegar con todo esto, le diría que se apenaran de mí y me dejaran un poco de su paciencia para expresarle mis pensamientos sobre ese tema tan impensable como es la paradoja del pecado y el arrepentimiento -que sólo el que se humilla y reconoce que es imperfecto renace más perfecto. Definir el pecado puede que sea un pecado en sí de soberbia o presunción, así que dejaré su definición, su concepto exacto, al movimiento producido en la cabeza de cada lector con el que Hobbes definía al pensamiento; como también existe un movimiento en el corazón al que llamamos sentimiento que tan bien conoció Pascal y también Hobbes, apelo al corazón de cada uno de los lectores para que lea los versos de Shakespeare y analice cuál es el mensaje al cual quiere llegar cuando el bardo dice “que incluso tu pena es suficiente para curarme”. Para mí no existe duda filosófica de que el Hombre nace enfermo y está enfermo; mas es una enfermedad que se puede curar cada día y que, de hecho, se cura yendo al psicólogo o al cura de la parroquia, aunque en este último caso sin tener que pagar lo que se consideraría en otros tiempos como un fraude si no fuera por Freud.   El misterio de lo que significa ese verso final anotado de Shakespeare es, en mi opinión, una cosa y una sola cosa nada más -es una confesión. Expresa una fe inconfesable, por personalísima, ante nosotros, extraños desconocidos mas conocidamente hermanados por la Creación. Ese último verso nos comunica un pálpito de un corazón que “tiene sus razones que la razón no entiende” -curarse para seguir sintiendo. La conciencia, lo que Locke definía como influenciada continuamente por las sensaciones y la experiencia diaria, la mía, me confirmaba en este pensamiento impensable mientras esperaba a que el desayuno me quitara de mi ayuno, así que para matar el hambre me alimenté de estos pensamientos lentos y densos: que sólo cuando nos humillamos mostramos ese humillo a quemado que simboliza el Fénix -renacemos de nuestras cenizas, revitalizamos el polvo del cual estamos hechos, aunque estemos “hechos polvo” cuando lo soltamos al viento. Sin duda, hay algo escondido en nosotros, dentro, que se revela contra nosotros mismos; la razón científica de la psicología lo llama conciencia del Ego frente al Alter Ego, Stevenson lo llamó mucho antes el doctor Jeckyll y Mr. Hyde y mucho antes que todos ellos se llamó pecado original, una original idea que iba al origen del problema del Hombre -que necesita de una revolución diaria de humildad contra el orgullo. Pues lo pequeño vence a lo grande en su forma y fondo, mientras lo grande se agranda tanto que pierde su contorno, su forma, se hace amorfo y monstruoso como el Chuthulu de Lovecraft. En el fondo, es de perogrullo, es una tautología, es de sentido común decir que todos los ciudadanos somos iguales y tenemos los mismos derechos; no hemos tenido que esperar a que se implantara la democracia para saberlo.   Shakespeare se contentaba incluso con nuestra pena para curarse. La mayoría se contenta con saber que es su destino -ser saludablemente imperfectos y pequeños.     

10
Nov
07

HERMENÉUTICA: EL ORTO HELIACO DE SOTIS

Arturo Gudiño 

La Hermenéutica es el arte de la interpretación. Algunos consideran que incluso es una ciencia, por su posibilidad para definir principios objetivos y demostrables en el análisis de textos antiguos. De cualquier forma, la Hermenéutica nos brinda valiosos métodos de crítica, aplicables a la Historia, a la Literatura, al Periodismo y al Arte mismo. A través de la Hermenéutica podemos ayudarnos a observar la realidad desde varios ángulos. Es de esta manera que, como lectores por ejemplo, podemos formarnos criterios de mayor solidez. Desde luego que los acontecimientos culturales pueden presentar también distintas opiniones simultáneas de interpretación. Por ejemplo, una pieza artística puede ser alabada por un crítico y menospreciada por otro. El presente ejercicio es justamente para mostrar las distintas versiones interpretativas en torno a un hecho histórico, centrado en el personaje Akhenatón, un faraón egipcio que decidió instaurar una nueva religión en su imperio. Precisamente su fama se basa en que, durante su reinado, fue desplazado el culto a los dioses ancestrales de Egipto. Este faraón es también famoso a causa del prestigio y belleza de su esposa, Nefertiti, y por la relevancia histórica de uno de sus herederos, Tutankamón. Akhenatón, Nefertiti y Tutankhamón, fueron conocidos como los faraones del Sol; lo curioso es que, una vez concluido su reinado, los enemigos de Akhenatón destruyeron sus estatuas, desmantelaron sus templos y trataron de borrar su memoria de la Historia Egipcia. Akhenatón, según algunos historiadores, fue el primer gobernante monoteísta del mundo. Esto significa que el faraón sustentó la idea de un dios supremo, el cual se suponía era un creador todopoderoso que se manifestaba a través de la luz solar. Fue tal su convicción respecto a esa idea, que cambió su nombre original de Amenofis IV al de Akhenatón, cuyo significado es “aquel que es útil a Atón”. Para este faraón, los rayos del sol eran la personificación del dios ancestral Atón. He aquí, por ejemplo, unos versos que el faraón dirigía a su deidad:   

                     

                                      “Oh Atón viviente  

                                            que inicias la Vida;     

                                               oh dios único                  

                                                                        que no tiene a quien compararse,     

                                                          has creado la Tierra                 

                                                                      de acuerdo a tus deseos;                   

                                                               tu estás en mi corazón                   

                                                                          y no existe nadie más que te conozca,  

                                 excepto tu hijo.” 

Nefertiti, la hermosa reina que estaba casada con Akhenatón, tenía una belleza incomparable, la cual se manifestaba a través de un rostro simétrico, un cuello largo y grácil, además de siempre aparecer representada con una corona azulada. En cuanto al faraón, aparecía descrito en los libros con un rostro alargado y angular, y con una barbilla pronunciada. Sus ojos eran místicos y sus labios carnosos. Siempre lucía su túnica faraónica junto con su cayado (una especie de palo como los que usan los pastores) y su mangual (un arma de guerra). Existen ilustraciones donde aparece con el pecho muy desarrollado, el vientre abultado y las caderas salientes. A pesar de estos atributos femeninos, y de que algunas mujeres se disfrazaban como hombres para convertirse en faraones, ningún historiador tiene duda de que Akhenatón era hombre. Solamente se ha especulado sobre si el faraón tenía una enfermedad que le deformaba el cuerpo, o si sencillamente su apariencia era masculina y femenina a la vez.Desde el punto de vista artístico, Akhentaón propició una era de mucha creatividad. Algunos consideran que fue la época más refinada en toda la Historia egipcia. Amenofis III, padre de Akhenatón, ya había iniciado majestuosas construcciones en Karnak y Luxor, ciudad que antes fue conocida como Tebas. El propio Akhenatón continuó esta labor artística, apoyando la construcción de muros, columnas y esculturas. Como él estaba convencido de que la luz solar era una manifestación del poder divino, hizo construir templos sin techos, precisamente llevar a acabo sus rituales directamente bajo el sol. Para marcar su reinado como el inicio de una nueva era, decidió abandonar Tebas como la capital del imperio. El nuevo sitio que eligió se situó a unos 250 kilómetros al norte, justo al centro de la trayectoria que el Nilo sigue por Egipto. La nueva capital se llamó Akhetatón que significa “horizonte de Atón”. Se trataba de un valle desértico, poblado de dátiles que estaban a la orilla del Nilo. Ahora bien, un hecho importante es que, durante la época del reinado de Akhenatón, la administración del río Nilo llegó a estar centralizada. Por el contrario hubo otras épocas durante las cuales, en cada zona de Egipto, el Nilo era controlado regionalmente. Eso provocaba que unos y otros grupos bloquearan el curso del río para construir represas, produciendo interrupciones en la navegación. Akhenatón decidió administrar de manera centralizada el río, evitando que hubiera bloqueos regionales. En Egipto se conocían tres estaciones durante el año las cuales marcaban los correspondientes ciclos en la agricultura. La primera estación, conocida como Akhet, era la de las inundaciones; la segunda estación, Peret, era la dedicada a la siembra; y la tercera, llamada Shemu, era para cosechar. La estación de las inundaciones era marcada por un fenómeno astronómico conocido como el Orto Heliaco de Sotis. “Orto” significa nacimiento, “Heliaco” es relativo a Helios, o “sol” en griego; y “Sotis” es otro nombre con el que se conocía a la estrella Sirio, la más brillante en la constelación del Can Mayor. Entonces el “Orto Heliaco de Sotis” quiere decir el “surgimiento de Sotis justo antes de salir el sol”. En otras palabras, la aparición de la estrella Sirio al amanecer. Según las observaciones de los antiguos egipcios, este fenómeno astronómico podría ser el augurio de un buen año para la agricultura.Como el faraón quería centralizar el manejo del Nilo, aprovechó precisamente el simbolismo del Orto Heliaco de Sotis, para sustentar mejor su creencia de que el sol intervenía como dios bienhechor en la agricultura.  Tenemos entonces suficientes elementos para efectuar un análisis hermenéutico en torno a estos hechos históricos. Primeramente, desde el punto de vista de Akhenatón en su desempeño como faraón, e incluso desde el punto de vista de su apariencia física. Otro aspecto es el asunto religioso, incluyendo los conflictos que tuvo con la jerarquía sacerdotal. Y por último, podemos plantearlo desde el punto de vista económico. Para esto pueden usarse las investigaciones históricas que se han hecho respecto a las tres estaciones en la agricultura. Cabe mencionar que, alrededor del noveno año del gobierno de Akhenatón, los sacerdotes de Amón lo presionaron insistentemente porque ellos se oponían a que el faraón impusiera el culto a Atón. Entonces, en un arranque de ira, Akhenatón mandó cerrar todos los templos de Amón, tratando de desaparecer por todo Egipto el nombre e imagen del antiguo rey de los dioses. Akhenatón duró 17 años en el trono egipcio, después de los cuales los sacerdotes de Amón no tardaron mucho en restablecer el viejo orden. Sin embargo, Nefertiti, la reina sobreviviente, intentó rescatar la obra de su esposo incluso buscando apoyo desde el exterior. Existen archivos encontrados en la capital del antiguo imperio Hitita, indicando que una reina egipcia escribió una carta desesperada al rey diciendo que su esposo había muerto, y pidiendo que se le enviara a alguno de los príncipes Hititas, para de esta manera evitar que la reina tuviera que casarse con un “sirviente”. En este acto desesperado, Nefertiti llamaba “sirviente” al faraón que fueran a imponerle los sacerdotes de Amón.Lamentablemente nada pudo hacer Nefertiti para que el nombre de Akhenatón fuera borrado de Egipto. El dios único Atón fue eliminado de todos los templos y la capital del imperio volvió a ubicarse en Tebas, en vez de situarse en Akhetatón, sitio hoy conocido como El-Amarna. Por su parte Tutankhamón, uno de los hijos de Akhenatón, fue entronado a los diez años de edad, justo a la muerte de su padre. El nuevo rey Tut fue manipulado por ambiciosos consejeros, guardianes del viejo orden, quienes lo obligaron a dar marcha atrás al orden religioso que su padre quiso imponer. Tutankhamón murió joven, y hoy en día algunos historiadores todavía comentan respecto a una sospechosa herida en la cabeza, que es visible en la momia de este faraón.  Tenemos entonces, aplicando la Hermenéutica, una PRIMERA VERSIÓN que habla de Akhenatón como un visionario, un profeta cuya forma de monoteísmo inspiró de algún modo a Moisés, el patriarca hebreo que vivió un siglo después en el mismo Egipto. Como todo personaje mítico, el faraón lo dio todo por perseguir un ideal. Quiso imponer al dios único Atón, en contra de los sacerdotes de los cultos politeístas. Es más, la apariencia misma del faraón era simbólica: vientre abultado y talle de mujer. Eso significaba que el faraón monoteísta era visto simultáneamente como padre y madre del imperio; fuerzas masculina y femenina en un personaje unificador del Imperio del Sol.  La siguiente versión se describe ahora desde el punto de vista de sus enemigos, es decir, los sacerdotes del orden tradicional. En esta SEGUNDA VERSION se habla de un faraón idólatra y caprichoso, quien se deja guiar por un espejismo para atacar a los sacerdotes de Amón y a los de de los otros dioses egipcios. Akhenatón fue, según esta versión, un personaje tiránico manipulado por la hermosa Nefertiti, quien deseaba centralizar el poder faraónico que pretendía heredar. El vientre abultado era, según los sacerdotes, producto de los excesos del faraón; es decir, si era desmedido en sus ambiciones religiosas, seguramente también lo era en sus hábitos alimenticios.La TERCERA VERSION describe al faraón como a un gobernante preocupado por lograr cambios en la economía de su país. La imposición del dios único fue la  mejor manera que encontró para que se creara una conciencia nacional. Lo que Akhenatón realmente buscaba era una administración única del río Nilo. Con los poderes sacerdotales repartidos por todo el imperio, se volvía muy difícil la persuasión para que las diversas regiones hicieran caso a un poder central. El cambio de capital a un lugar más céntrico era una manera de controlar mejor el flujo del Nilo, evitando la construcción de represas. Los sacerdotes de Amón no atacaron al faraón únicamente por el conflicto religioso, sino también porque Akhenatón les arrebató ciertos privilegios al centralizar el flujo de los impuestos. En cuanto al vientre abultado y el talle de mujer, algunos historiadores piensan que se debía a un simple desorden glandular. Por otra parte Akhenatón necesitaba un poder central para así enfrentar mejor la época de las inundaciones, las cuales, como ya mencionamos, eran anunciadas por el Orto Heliaco de Sotis. De cada diez inundaciones, siete eran desastrosas y sólo tres ayudaban realmente a la prosperidad agrícola de Egipto. El dios único Atón era un símbolo unificador con el fin de que el pueblo ayudara a su faraón en la construcción oportuna de murallas, diques y canales, para de este modo controlar mejor las inundaciones. Respecto a Nefertiti, ella sabía que algún día heredaría el trono y le interesaba conservar la organización centralizada del imperio, lograda  por Akhenatón. Gracias a que esa organización dio resultados, en unos cuantos años se demostró que podían propiciarse graneros llenos, fertilidad en los campos y cosechas abundantes. Lo importante era mantener una buena comunicación entre la capital y sus distritos. Lamentablemente, a la muerte de Akhenatón los sacerdotes tradicionales pusieron fin al monoteísmo, y el gobierno central se fue desmembrando y convirtiendo nuevamente en una anárquica autonomía regional. La capital dejó de ubicarse en el centro geográfico del imperio y regresó a la tradicional Tebas. El heredero Tutankhamón no pudo evitar que los sacerdotes borraran todo rastro de la unificación religiosa, política y económica que su padre había propiciado.La segunda parte de este ejercicio de Hermenéutica consiste en elegir cuál de las tres versiones es la más plausible: la que habla de un faraón místico; la relativa al gobernante caprichoso; o la del faraón visionario y práctico, quien supo aplicar la demagogia religiosa con el fin de lograr una buena administración de los recursos del imperio. La Hermenéutica, como toda disciplina intelectual, plantea los hechos, pero no adelanta sus conclusiones. Quede entonces esta labor como una invitación para el lector.