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21
Sep
08

Eugenio Barba, el espíritu danés vuelve a México

 

Eugenio Barba/unomásuno

Eugenio Barba/Fotografía: María Teresa Adalid

 

 

Por: María Teresa Adalid

 

El 1 de octubre de 1964 Eugenio Barba funda el Odin Teatret en Oslo, después se traslada a Dinamarca y tras vencer la indiferencia local, se afianza con su teatro-laboratorio en Holstebro. Los primeros actores del Odin eran jóvenes rechazados de las escuelas de teatro tradicional. La compañía tomó como referencia el modelo de Jerzy Grotowski y se concentró en la visión pedagógica transitando por diversos continentes. Barba desarrolló la estética del arte, la antropología teatral, el Tercer Teatro (teatro asocial, una realidad teatral diferente) y es fundador de la ISTA (International School of Theatre Anthropology). El Odin ha soportado los estragos del tiempo y continúa ejerciendo en su período de madurez. Eugenio Barba es un visitante asiduo a nuestro país y el último espectáculo que presentó fue Kaosmos en1996. Respecto a su nueva visita a México, el director emitió algunos pensamientos acerca del oficio teatral. 

 

El origen

Comenzamos como teatro de aficionados en Noruega, después se trasladó a Dinamarca aceptando la invitación de una pequeña ciudad de nombre Holstebro, a 400km de las grandes ciudades, ahí desarrollamos lo que era nuestra necesidad y cierto tipo de teatro; claro que no podíamos vivir dando espectáculos en esas pequeñas ciudades, así que viajamos a países extranjeros, Europa primero y después en América Latina. Para nosotros algunas ciudades y países son parte integrante de esa geografía profesional y emocional que constituye la orientación de cada uno de nosotros, algunos lo llaman equidad cultural, otros nación, o su país, con una cierta sobra de nacionalismo, pero a veces es muy diferente. La gente del Odin está constituida por actores y colaboradores que vienen de quince diferentes países de Asia, Latinoamérica, Europa, Norteamérica. La verdadera patria es el trabajo, las relaciones entre nosotros, pero sobre todo las relaciones con esos espectadores que visitamos cada vez que tenemos un nuevo espectáculo.

 

Columnas portadoras de la visión

Tengo que decir que cuando leo un libro de Taviani, Ruffini, o Savarese yo tengo otra visión de lo que es el teatro de cuando leo a muchos otros historiadores, ellos son buenos sólo que no piensan de una cierta manera. La diferencia es cuál es tu perspectiva en escribir, no existe una historia neutral, el hecho de que todo lo que concierne la técnica de la antropología teatral hoy es una parte del pensamiento de esa persona, significa mucho, si alguien se alimenta de esos libros va tener otra visión. Yo leí muy joven un libro que ha sido un espectáculo extraordinario, como El príncipe constante de Grotowski o el Teatro Kathakali que he visto, era un libro de Ripellino, se llamaba ‘El maquillaje y la alba’, es la historia de los maestros del teatro ruso, se publicó en 1965, cuando había poca información sobre Meyerhold y los grandes directores; de un lado existe la documentación y por otro lado un estilo extraordinario, ese libro cambió los parámetros y exigencia de cuando leo.

 

 

Jorge Vargas

Eugenio Barba/fotografía:Jorge Vargas

 

 

Los reformadores

Con la muerte de Grotowski en el año 99 se terminó toda una época del teatro. No nos hemos dado cuenta en los primeros años del 2000. Todas las generaciones jóvenes que encuentro ahora, ya no tienen la misma relación con el pasado de revolución teatral hecha por Stanilslavky, Meyerhold, Copeau, Craig, Eisenstein, Piscator, Brecht, los grandes nombres que cambiaron la forma de pensar y hacer teatro en este continente y todo el mundo. Después existió como 20 años de intermedio donde el fascismo y el stanilismo simplemente mató todo. En los años 60 comienza una nueva revolución. Los primeros que comenzaron fueron el Living Theater norteamericano y Grotowski, que a mitad de los años sesenta ya habían inventado otra manera de usar el teatro. Todos esos reformadores pensaron que el teatro no sólo se ve con los ojos sino a través de ellos, que una vez terminado el espectáculo, dejaba una presencia de otra vida que continuaba en el espectador, a esa vida algunos le llamaron la función social del teatro, que tenía que ser político, hacer reflexionar al espectador sobre su condición existencial, otros pensaron que podría ser arte terapéutico o didáctico. El teatro sigue viviendo como especie de Dios en la memoria y sentidos del espectador. La pasión era resultado de una soledad individual, falta de asimilarse o adaptarse al contexto en que se vivía, todos ellos, no se adaptaron al teatro que existía, inventaron uno; no porque eran originales, sino porque era un problema de construir un asilo lleno de oxigeno donde se pudiera respirar, practicar y tener conocimiento del oficio sólido, esto falta hoy, es evidente.  

 

El teatro toma de posesión

Somos actores de 45 años a 65 años, muy diferentes de cuando teníamos 30. Se trata de adaptar esa pérdida de energía, de manera en que lo que antes era explosión pueda ser implosión. El sentido de nuestra historia, el final de cómo uno muere, es un gran desafío. Vienen muchos jóvenes a nosotros y no podemos enseñar mecánicamente lo que para nosotros era importantísimo porque hoy no funciona. Hablar de luchar contra la injusticia en mi generación tenía un profundo sentido, habíamos visto la civilización europea en su cumbre de horror con Auschwitz, el nazismo, era importante que el teatro fuese una toma de posesión. Hoy sería echar afuera a quien viene, porque son otras necesidades, el desafío es cómo dialogar con jóvenes que piensan de manera diferente y dar clara conciencia de que existe en nuestra anomalía y diferencia algo que te puede ayudar en tu camino. También está ganar nuestro pan, en Europa la situación económica se ha vuelto muy precaria, en Dinamarca tenemos reducción continua de presupuestos. ¿Cómo inventar otras actividades y maneras sin perder lo que fue para nosotros el objetivo de hacer teatro y mantener nuestra libertad?

 

Lejos de los círculos artísticos oficiales

Yo nunca hice parte de esa gente de teatreros que pensaban que el teatro tenía que ser trasgresor, para mi era una comunidad extrajera, siempre he tenido esa sensación de que el teatro es como una iglesia, separada de la comunidad y cuando entras encuentras otra manera de pensar, comportarse, relacionarte, nada religioso. Yo hacía teatro porque quería cambiar las cosas, tenía una trascendencia, ir a un campo de refugiados políticos o una parte de la ciudad donde la gente vive en miseria, había una trascendencia.

 

 

Jorge Vargas

Eugenio Barba/fotografía: Jorge Vargas

 

Teatro pobre

Estoy seguro que el teatro es una necesidad interior del animal humano. Cada generación e individuo que hace teatro, va a encontrar su solución, porque el teatro va a ser una forma de plegaria, patria, compromiso social, meditación en público, siempre va a satisfacer algunas necesidades. El teatro se puede hacer con nada, no necesita gran tecnología. Un continente que tiene mucho teatro y que es muy ignorado es África, personas hacen teatro y no necesitan dinero para comprar, tienen su presencia, yo pienso que aquí sucede la visión de Grotowski, que el teatro pasa entre dos personas, un actor espectador, eso es fundamental en una época donde la virtualidad y pérdida de la relación en vida se ha vuelto uno de los problemas en nuestros escenarios.

 

Antropología Teatral

Es el estudio de los principios técnicos del actor. Un bailarín clásico es muy diferente al bailarín de danza moderna, un actor que hace teatro de calle, es diferente al que interpreta textos clásicos. Las formas son diferentes, así que es muy difícil hacer dialogar las formas. Los principios de esas formas pueden dialogar porque todos intentan desarrollar la presencia escénica del actor o bailarín, eso es un oficio. El oficio significa que uno debe saber hacer algo y tiene que seguir algunos principios, los cuales, la antropología teatral ha detectado a través de un estudio comparativo de las diferentes formas.

 

La intransigencia

El proceso pedagógico tiene dos polos, uno es el aprendizaje en un ambiente que lentamente te condiciona y te hace asimilar principios técnicos. Ethos, en sentido de etología/comportamiento, son los principios que dirigen los comportamientos. Para los griegos antiguos, el comportamiento de cada persona era dictado por su visión de realidad, ética o moral, el ethos es asimilar. Cuando uno trabaja cuatro años de cierta manera, en cierto tipo de silencio y mirada de la parte de quien se toma la responsabilidad de mostrarte el camino hacia ti mismo, todo el tiempo con intransigencia, que es lo que falta hoy, una intransigencia que no es disciplina prusiana o militar, es el deseo de enseñar y mostrar al joven que tienes posibilidades más allá de lo que tu me presentas. Sólo la excelencia al final es lo que tenemos que presentar a los espectadores, pero eso se asimila durante años con alguien que te obliga, porque la naturaleza humana es perezosa. El segundo polo lo llamo ‘el temblor de tierra’. Uno camina, tiene la certeza que tiene como fundamento sólido como tiene que ser el oficio, como se puede hacer y de pronto uno ve ese temblor viendo a alguien que te presenta un resultado y piensa durante el proceso de manera diferente.

 

 

Odin Teatret

Odin Teatret

 

Teatro en México

No conozco mucha de la producción que se hace en México, conozco personas que a mis ojos son síntoma de una cierta temperatura, que se reúnen y tienen muchas dificultades económicas pero continúan durante muchos años y son capaces de soñar. La parte sumergida de la cultura teatral existe, vive, tiene una red de contactos y actividades, es capaz de invitarme, lo que las grandes instituciones no pueden hacer, lo hacen ellos. El tercer teatro, el teatro sumergido, es la mayoría de las manifestaciones teatrales de este planeta. Lo que me asombra en México es que no ha tenido la misma riqueza de otros países latinoamericanos como Perú, Argentina, Colombia porque hay todo el movimiento en diferentes épocas que a conseguido crear una contra información con lo que sucede, es como si en México después del masacre de las tres culturas ha existido algo que ha impedido esa colaboración o emerger de la actividad teatral alternativa. El teatro en México no ha logrado tener el mismo papel que en otros países latinoamericanos.

 

La experiencia teatral

Cuando trabajas en el teatro de manera profesional no puedes cambiar al espectador, porque en su vida privada van a vivir y trabajar en lugares diferentes. Es evidente que a nivel de experiencia interior el teatro puede tener el mismo papel que algunos libros poemas y filmes. La experiencia teatral presenta otra realidad, la podemos formular en categorías políticas, justicia, dignidad o en categorías de espiritualidad, de algo que tenga un sentido para nosotros, no que dé un sentido a la vida en general, a nosotros, los actos pequeños y anónimos que hacemos cada día. El teatro va a continuar porque es la oportunidad, el lugar separado donde algunas necesidades del animal humano pueden realizarse.

 

 

 

07
Sep
08

Vuelve Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona

 

Por Jorge Zavaleta Balarezo

(Pittsburgh, Estados Unidos)

La nueva película del maestro neoyorquino Woody Allen se llama “Vicky Cristina Barcelona” y, como viene sucediendo con sus últimas producciones, no se desarrolla en la Gran Manzana sino esta vez en la ciudad española que anuncia el título.

Allen nos obsequia una cinta entretenida y virtuosa, bastante acorde con ese sentido y concepto de posmodernidad que ya venía anticipando, por ejemplo, en su interesante “Match Point”. Como en ella, aquí también aparece la bella Scarlett Johansson, ahora  junto a los hispanos Javier Bardem y Penélope Cruz y a una actriz que se revela genuinamente talentosa, Rebecca Hall.

Algunos críticos han señalado la deuda o referencia intertextual que esta cinta tiene con la brillante obra de Francois Truffaut “Jules y Jim”. En aquella obra de uno de los maestros de la “Nueva Ola”, la protagonista, una hoy legendaria Jeanne Moreau, compartía su amor entre dos muchachos. Pero bien podríamos agregar que otro referente es, asimismo, una película también cumbre de Truffaut, “Las dos inglesas y el continente”, donde Jean Pierre Léaud, el actor favorito del cineasta francés, se desvive por el amor de dos hermanas.

Ante estas referencias, no queda más que señalar que “Vicky Cristina Barcelona”, en su apuesta por un retrato de relaciones conflictivas pero a partir de un enfoque lúdico y divertido, es una visión que Woody Allen recupera de sus propios acercamientos a este mundo de filiaciones y desamores ya planteado desde la brillante “Dos extraños amantes”, que ganó el Oscar en 1978, y que continuó en interesantes películas como “Manhattan” y, más adelante, en “Maridos y esposas” o “Misterioso asesinato en Manhattan”.

Y es que de eso se trata. Bardem es un artista dedicado a la pintura, lleno de vida y amor, a quien le encanta el vino y pasar buenos momentos. Scarlett Johansson y Rebecca Hall, son turistas americanas en Barcelona. Penélope Cruz es la ex esposa de Bardem, siempre desesperada o incluso desquiciada. Todo está servido para que en un ejemplo shakesperiano, digamos una comedia de una noche de verano, la magia del romance y lo imprevisto surja y trastoque de pronto el insólito mundo que se va presentando ante nuestra atenta mirada.

Entonces, las relaciones entre estos personajes se vuelven diáfanas y entrañables o de pronto se oscurecen. Unos gozan, otros dudan, o quizá se alteran demasiado. La experiencia de Allen en sus “psicodramas” neoyorquinos reaparece aquí en cierto modo sin descuidar esa postura más suave y sobre todo distendida.

Sin temor a la entrega, a la pasión, sin calcular demasiado el terreno ni los hechos, las mujeres de “Vicky Cristina Barcelona”, además de bellas y sugerentes, son retratos propios de nuestro siglo: liberadas, desprejuiciadas, dispuestas a ir más allá o no plantearse ningún límite. Es lo que sucede con Scarlett Johansson, mezcla de niña y mujer, en su sensualidad explícita, cuando convive con Bardem. O lo que ocurre dentro de la mente de Rebecca Hall, igualmente convencida de que el artista español le atrae más de lo que pensaba.

Es interesante ver cómo la película encuentra su propia energía en esos hechos que se van desarrollando casi naturalmente, sin compromisos ni obligaciones, mientras una voz en “off” nos cuenta de las alegrías y desventuras que se plantea la historia. Woody Allen no se esfuerza demasiado en lograr por momentos escenas hilarantes, siempre sujeto a los dominios del amor. Es esa magia que de pronto lo invade todo, los lienzos que se van llenado de colores, el vino que llena las copas, la dulzura y sorpresa de las mujeres o una Barcelona que, en sus calles y misterios, representa el centro de un placer que, por fin, ha dejado de ser prohibido.

Así, el autor de “Interiores”, “Zelig”, “Balas sobre Broadway” y tantas otras películas, entre genialidades y algunas entregas menores, nos dedica una cinta disfrazada de divertimento pero que en realidad significa sumergirse otra vez en conciencias inseguras, acaso demasiado frívolas, y sin embargo dispuestas a experimentar, a dejarse llevar por la corriente del deseo o lo que venga. Lo que importa es vivir el momento, no pensarlo demasiado, sólo disfrutarlo. Allen entiende que esa línea de pensamiento es parte de lo que la juventud postula hoy en día y aunque sus personajes ya no son niños ni adolescentes ni mucho menos, les otorga esa cualidad de librepensadores y libertarios totales. Entonces, el festín se matiza con mucha vitalidad y sorprende gratamente al espectador, con colores vivos, música agitada y un cierto recuerdo a las comedias silentes que tanto le gustan a este cineasta genial.

 

 

12
Jul
08

El órden al revés

Los jueces españoles acuerdan que no es delito poner nombres de calles y plazas a terroristas asesinos de ETA. Las familias de las víctimas se sienten ultrajadas.

 

Fernando L. Rodríguez Jiménez

Madrid, España

 

No es admisible la tibieza de los magistrados españoles, es la razón de la sinrazón. Dicen los jueces, que como no había una ley anterior a la actual que prohíbe desde el año 2000 el enaltecimiento del terrorismo, no es delito que se hayan puesto nombres de etarras a calles o plazas con anterioridad a este decreto ley, aunque sean individuos que hayan asesinado a personas de bien, políticos honestos, hombres de negocio y honrados policías, gentes que trabajaban por el bien de los ciudadanos.

Nada que ver con los salvajes atentados y chulería de los etarras, quienes matan para que no se hable en contra de ellos y que nadie les lleve la contraria, ni les haga competencia política en su trasnochado independentismo. Tratan de tapar la boca a quienes no están de acuerdo ni con su filosofía, ni mucho menos con sus métodos de tiro en la nuca o bombas lapa en los vehículos.

Los catedráticos son amenazados de muerte, si en sus aulas enseñan otra cosa que no sea la realidad tergiversada y manipulada, que lava el cerebro del alumnado, ya desde las “ikastolas” o escuelas básicas. Algunos de los asesinos cuyos nombres figuran en calles y plazas murieron en refriegas con la policía. 

Es anacrónico hablar de independentismo regional en la Europa de los 27, que trata de unirse, para trabajar juntos y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Nunca Vasconia fue independiente, no hay razón para que lo sea ahora. A lo largo de la historia de España siempre han estado los vascones unidos a otros reinos, con ellos se ha contado para escribir las páginas comunes de la historia. Evidentemente cada región tiene sus peculiaridades, nacidas en el lejano pasado entre turbulentas invasiones y aislamientos geográficos o políticos.

Los vascos alegan que el vascuence es una lengua propia, diferenciada de la del resto del Estado y que su cultura y costumbres también son distintas. Los vascones en contra de lo que ellos preconizan, son descendientes de pueblos invasores del solar hispano, como se demuestra en su propia lengua, que a tan gala tienen de que es diferente a todas las demás, ellos no han surgido por generación espontánea, han nacido de pueblos invasores, su lengua está emparentada con el magiar y el turco, por tanto ¿A que viene tanta chulería y tontería?. Al revés de cómo ellos lo ven, son los españoles quienes deberían echarlos a sus tierras originales para que se unan con los pueblos a los que en verdad pertenecen, ya que no quieren ser españoles que se vayan a Turquía o a Hungría y fuera de su entorno primario, no incordien a quienes se sienten orgullosos de su nacionalidad y de vivir en paz y armonía con los demás.

         España tiene numerosa comunidades, bien diferenciadas unas de otras por sus costumbres y tipismos, como cada país, donde las tribus ancestrales dieron origen a esas peculiaridades, tanto las autóctonas como las invasoras, la variedad cultura enriquece a las naciones y las hace grandes, no por ello se han de separar. Normalmente una de las lenguas se impone a las otras y se extiende, es el caso del castellano, institucionalizado como lengua española, aunque existan otras peculiaridades idiomáticas, como el gallego, el mencionado vascuence y el catalán que además de en la Comunidad Catalana se habla en la Comunidad Valenciana y en las islas Baleares, ahora cada una de ellas quiere ser independiente de los otros por que tiene matices idiomáticos distintos. ¿Queremos volver a la Torre de Babel?.

         Resulta que el norte de España ha sido invadido por pueblos bárbaros de diferentes procedencias, que en la historia escolar les llaman suevos, vándalos y alanos, quienes a su vez proceden de lugares muy distintos. Los gallegos tienen una procedencia celta, pero sufrieron otras invasiones, por el sur llegaron diferentes pueblos desde Oriente Próximo y norte de África, asentándose casi mil años en el solar hispano, los judíos formaron grandes comunas y tuvieron mucho que ver en la economía de los diferentes reinos españoles. Los reyes católicos lograron la unidad de España  derrotando a los sarracenos, divididos en reinos de Taifas. Todo ello sucedía poco antes del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, es decir de la mal llamada América, ya que se le puso el nombre de Américo Vespuccio, en vez de Colonia o Cristobalandia verdadero descubridor para el mundo conocido del Nuevo Mundo, como se denominó.

         Poner nombres de asesinos a calles es verdaderamente terrible, y el agravio comparativo resulta espantoso, especialmente para los familiares de quienes fueron asesinados por esos cobardes, que no han aportado otra cosa a la sociedad que disparar en la nuca a personas de pro e indefensas. Es fácil imaginar el dolor que causa a las familias de quienes han caído por el bienestar social de los demás y no tienen una calle con su nombre y sí la de sus asesinos. El mundo al revés, lo blanco es negro y lo negro blanco, el agua está encima del aceite. ¿En que mente cabe ese orden de cosas?. La apología del Terror llevada a sus más altas consecuencias, en un mudo democrático, donde todas las ideas pueden ser discutidas en el Parlamento, hay una banda armada que se dedica a extorsionar a los ciudadanos, hasta acabar con sus vidas de forma cobarde e ignominiosa.

         España y los españoles hemos tenido demasiada paciencia con el forúnculo de ETA que infecta a toda la nación, en algunos países ya estaría extirpado, con cirugía aséptica, sin dejar rastro de la banda terrorista. Las verdades a medias o tergiversada la realidad desde la infancia, da como consecuencias que cuando llegan a adultos sus cerebros están cargados de odio, son fáciles presas del independentismo y de la exaltación “Patria”, en contra de sus “enemigos”, todos aquellos que no piensan como ellos y no son vascos.

         Un partido que se jacta de ser católicos confesos, como los independentistas del PNV y otros de Cataluña y Galicia, no tienen razón de ser. ¿Como vamos a separarnos en fracciones, países que desde hace centenares de siglos hemos trabajado por la paz y la unidad ?. ¿Dónde está el espíritu cristiano?.

La inoportunidad histórica no puede ser más absurda, 27 países europeos quieren unir sus fuerzas y sus idiosincrasias, sus diferencias lingüísticas, tribales, históricas muy duras, con un pasado no lejano de guerras y enfrentamientos armados, de todo ello se trata de hacer “pelillos a la mar”,  mientras a unos pocos trasnochados, descerebrados, racistas y egoístas se les ocurre independizarse de uno de esos países, para luego adherirse a la unidad europea ya que solos no tienen porvenir alguno. La propia Comunidad Europea les responde diciéndoles que están fuera de lugar, que no van a aceptar la independencia de sus comunidades, que España es una unidad en Europa y es aceptada como tal, no fraccionada. Es igual. Hacen oídos sordos y continúan erre, que erre, ¡Que somos diferentes…!.

La fuerza no es lo que deseamos, los enfrentamientos tampoco, pero templar gaitas durante tanto tiempo es demasiado y quizás sea necesario poner otra vez las cosas en su sitio, con los métodos que entienden quienes crean desorden, caos y muerte.

España es una gran nación, con defectos, pero con larga historia muy peleada, ha teñido sus tierras de sangre a través de muchas generaciones que han sufrido mucho, para que ahora unos pocos, sin memoria histórica, quieran desestabilizar y creen desorden, en contra de la paz y el orden deseado por la mayoría de los españoles.

        

 

        

 

12
Abr
08

Meditación Forzada

Fernando L. Rodríguez Jiménez 

Madrid, España

      Me he roto el tobillo y no puedo salir de mi casa en Madrid. Tengo para sesenta días de obligado encierro domiciliario, una condena en la que alterno muletas, con silla de ruedas. Paso muchas horas solo y tengo tiempo para trabajar, meditar, ver televisión, leer, estudiar y deprimirme, aunque mi fortaleza de ánimo supera la prueba.

     Como las desgracias nunca vienen solas, a mi crisis de salud, a causa de un estúpido accidente doméstico, le he de sumar otros problemas de índole económico y familiar,  se hace más fácil caer en la desesperación al verse uno un tanto inútil y no poder salir a buscar soluciones a los problemas.

      Los budistas en estas circunstancias dicen que son “nuestros maestros de la paciencia”, y créanme que lo son.

      En mis “filosofadas” , alternadas con la tele, donde de pronto veo que reponen películas del oeste, a las que era aficionado de joven y siento la curiosidad de ver que sensación me causan volver a verlas, con otros ojos, ya próximos a la ancianidad. Siempre me han causado una sensación de libertad, de poder viajar con la imaginación por esos extensos parajes, sin descubrir, ni explorar, sintiendo la libertad que llevo en mi corazón. Me hace rejuvenecer y me recuerda las expediciones que aún sigo haciendo, para no perder el hábito y esa sensación hermosa de ser hombre libre en contacto unívoco con la naturaleza, nuestro mejor legado, aliado y maestro, a pesar de vivir en contrasentido preso de la gran urbe.

     Aquellos héroes hollywoodenses, se convirtieron en mitos, muchos de ellos ya fallecidos: Gary Cooper, Burt Lancaster, Richard Wildmark, Henry Fonda, Rock Hudson, Tyrone Power, y un largo etc., entonces todos ellos plenos de glamour y de inaccesibilidad, como dioses del Olimpo o reyes mitológicos, con fama inalcanzable para los pobres humanos de a pié.

     Como el mundo da muchas vueltas, y mi relación con el cine y los medios de comunicación se realizó desde temprana edad, he tenido la oportunidad de conocer personalmente a unos cuantos de ellos, incluso a algunos de sus hijos, hasta he colaborado en películas del “spanish western”, cuando en España se hacían películas del “Far west”, oeste lejano.

     Algunas de mis actrices preferidas, me encandilaban con su presencia en la pantalla, también he tenido el placer de conocerlas personalmente y departir con ellas. 

     Aunque los dioses tienen pies de barro,  entre ellos conoces gente con gran personalidad, como es el caso del famoso actor mejicano de Hollywood, Anthony Quinn,  cuyo nombre verdadero era Antonio Reina, de origen mejicano, uno de los mejores actores que ha dado la industria del cine. También conocí a su hijo mayor, afincado en España, creo que está viviendo en Barcelona y se dedica a la escultura.

      A Cámeron Michel,  ahora lo he visto en varias de las películas que están reponiendo en la cadena de Telemadrid. Me viene a la memoria un rodaje cuando sudoroso, los “malos” le propinaban una paliza, luego estaba a punto de morderle una serpiente venenosa, que el “bueno”, mata de un certero disparo. El “bueno” era un actor norteamericano muy amigo mío, que hacía de especialista de tiro, afincado en Madrid, tanto que su único hijo nació en la capital de España. David Thomson, no fue nunca tan famoso,  compartíamos aficiones por la naturaleza y los reptiles, juntos salíamos a capturar serpientes para el cine y los Museos que nos lo solicitaban. Era un excelente tirador. Tenía varias armas, como buen norteamericano, yo también tiraba bastante bien y tenía por entonces la misma afición, aunque en la actualidad las odie. En esa ocasión nos llamaron para hacer esa y otras secuencias, yo tenía que manejar la serpiente que tendría que salir subrepticiamente bajo un serón, el “bueno” de Cámeron no se había dado cuenta, el amigo dispara al reptil en la cabeza con certera puntería, salvándole de una “muerte cierta”.

     Manejando la serpiente, que era muy agresiva y venenosa, me enganchó con un diente ponzoñoso en la epidermis, una bellísima y jovencita actriz italiana, que ya apuntaba maneras y luego alcanzó fama, vino a ver que me había sucedido, sirvió para un interesante flirteo. Cuando la veo en la pequeña pantalla también recuerdo aquellos ratos que pasamos en el rodaje.

     Mis programas preferidos lógicamente son los documentales de naturaleza, los veo cada día tras los postres, para saber que hacen mis colegas por el mundo y poder contemplar la naturaleza desde mi butaca. A veces me sorprenden poniendo algunas de mis últimas obras y mi ego se infla un poco, aunque luego recobro mi habitual sencillez, al saber lo poquito que soy. Si reponen alguno de los míos revivo cada secuencia, recuerdo hasta los más sutiles detalles del rodaje. Si son ajenos y muestran lugares que no conozco o especies con las que me gustaría contactar, disfruto, metiendome en el tema y aprendiendo de mis compañeros.

     Acabo de ver un documental muy doloroso, pero muy bien hecho, auspiciado por varias ONG,  entre las que esta Amnistía Internacional. El hilo conductor es un gran fotógrafo español que ha publicado un libro sobre los efectos secundarios de las terribles minas, de las que aún hay millones esparcidas por numerosos lugares del mundo, aunque las guerras hayan terminado hace décadas, cada año se producen miles de nuevos heridos y muertos a cusa de estas “baratijas de la muerte”.

     Los gobiernos que las producen y venden, ejercen total dejación de las personas que han quedado inútiles para el resto de sus vidas, viven en países donde ningún centro oficial los protege. Es un espejo vergonzoso donde mirarnos. Especialmente naciones como Norteamérica que es el mayor productor, vendedor y diseminador de ellas y otras armas letales, ahora está contaminando con sus balas y explosivos Oriente Medio, introduciendo restos de uranio desnaturalizado, lo que está costando muy caro en salud a estos países, dejando a la gente estéril y con graves secuelas en los fetos.

     Ellos miran a otro lado cuando alguien trata de remover las conciencias de políticos como Bush, el mayor comerciante de armas de la historia moderna, creador de conflictos bélicos en muchos lugares del planeta, para utilizar las armas fabricadas por sus amigos, donde ejerció de director y vendérselas a los países en conflictos armados, al tiempo que se quitan parte de los residuos atómicos que no saben que hacer con ellos.

     El dice que es católico. A la iglesia de Roma le parece estupendo tener un fiel de esa categoría, y tantos otros que no les importa no aplicar el mandamiento de “No matarás”. Para la iglesia, millones de muertos, son “pecadillos sin importancia”, pero el aborto es pecado mortal. No sólo son los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, la propia España y otros, están en la negra lista de productores de muerte y lisiados durante muchas décadas, al permanecer activas durante aún no se sabe la cantidad de años, pueden ser cientos. 

     Es hora de que a cada cosa se le llame por su nombre y no se permita la impunidad a los políticos, ni esos “juegos” o artimañas que las ponen como “inevitables”, a los muertos civiles les denominan “daños colaterales”. ¡Basta ya de jugar con los que menos poseen y con las vidas de los seres humanos, para que unos cuantos se hagan más ricos!.  Entre todos hemos de acabar con la industria del horror y no consentir tanta hipocresía. 

 

29
Mar
08

Un par de instantáneas del teatro colombiano actual.

SON LOS NUEVOS TIEMPOS

Un par de instantáneas del teatro colombiano actual.

Erik Leyton Arias*

 

Bogotá, Colombia  

En una de sus provocativas “acciones malpensantes”, una prestigiosa revista cultural de Bogotá[1] organizó un foro en los últimos días del año 2007, que pretendía generar una discusión alrededor de la pregunta “¿Cuándo y por qué se estancó la dramaturgia colombiana?” Sugerían los organizadores del coloquio que, más allá de los nombres emblemáticos de los maestros Santiago García, Enrique Buenaventura y Carlos José Reyes[2] –y luego de ellos-, la dramaturgia colombiana había entrado en una especie de limbo silencioso.

Contrario a lo esperado por los miembros de la revista, no hubo tal debate. Los dramaturgos, directores de escena, historiadores y críticos escénicos invitados a la charla, estuvieron de acuerdo sobre la buena salud de la dramaturgia colombiana, sobre la variedad de los lugares que ha visitado en estos últimos treinta años, sobre la riqueza de su producción, y sobre la importancia que ha tenido la escritura dramática en la creación escénica de las últimas décadas. Por supuesto, no todo es color de rosa.

 Lo bueno.

Efectivamente no sería arriesgado aseverar que el teatro colombiano de la actualidad es uno de los más diversos, variopintos, heterogéneos y prometedores de su historia. La vitalidad de la escena colombiana se puede apreciar no sólo en las salas del teatro comercial, sino también en los pequeños espacios que se han venido transmutando en escénicos con el correr de los años, en la aparición de actores, directores, gestores y dramaturgos más calificados e interesantes, en la constante y diversa producción dramatúrgica, investigativa y crítica que pulula en varias ciudades del país, en la consolidación de proyectos de formación escénica en varios niveles y direcciones, en la supervivencia de festivales, coloquios, charlas, foros y encuentros escénicos, y en la constante oferta teatral que comienza a verse en las ciudades capitales, todo esto sin que hayan variado mucho las tremendas dificultades que aún implica hacer teatro en un país tan congestionado como Colombia.

En las últimas tres décadas en Bogotá han surgido una serie de grupos semi-estables, con propuestas basadas en la calidad dramatúrgica de sus textos y en el riesgo escénico de sus directores. El Teatro Petra, dirigido por Fabio Rubiano, quizás sea el responsable de las experiencias escénicas más interesantes de los últimos años. Aprovechando el huracán dramático que son los textos de Rubiano, él mismo se ha dado a la tarea de construir en el escenario imágenes teatrales modernas, retadoras, divertidas y hermanadas constantemente con la tecnología y los nuevos lenguajes.

Un poco más conservadoras, pero con entereza y gran calidad, las propuestas de Carolina Vivas y su Umbral Teatro indagan en la realidad colombiana para crear puestas intensas, necesarias e inteligentes. Por su parte el dramaturgo, director, investigador y maestro Víctor Viviescas, revive cada tanto su Teatro Vreve para montar piezas modernas en su contenido, arriesgadas en su puesta y muchas veces desconocidas para el público, tanto suyas como de escritores europeos.

Mapa Teatro, dirigido por los hermanos Rolf y Heidi Abderhalden, han sido los responsables de interrelacionar lo escénico con lo plástico, con puestas teatrales, lecturas dramáticas, acciones, intervenciones y exposiciones. La sede del teatro es un moderno laboratorio de artistas incrustado en una viejísima casa del centro de Bogotá.

En otras ciudades la actividad no ha prosperado tanto como en la capital. En Medellín encontramos el trabajo del Teatro Matacandelas, bajo la dirección de Cristóbal Peláez. Sus montajes, apasionados e imaginativos, son una referencia obligada y han tenido gran trascendencia nacional e internacional. Con ellos, el Pequeño Teatro de Medellín también ha desarrollado un trabajo importante. En Cali, Orlando Cajamarca dirige el Teatro Esquina Latina, que conjuga la labor escénica con la pedagógica. La Escuela de Teatro de la Universidad del Valle también ha ingresado a la producción escénica estable en los últimos años, con montajes que equilibran la indagación, la formación y la experiencia[3].

La danza, entre tanto, ha irrumpido en los teatros con una fuerza inusitada. El español Tino Fernández dirige con gran acierto la aún joven Compañía L’Explose. Sus montajes llenos de luz, de fuerza, de vísceras y de energía, ensamblados con la dramaturgia de Juliana Reyes, han logrado convertirse en un paradigma que viaja constantemente por todo el mundo. De manera similar, el Colegio del Cuerpo de Álvaro Restrepo[4], ha logrado transmutar un futuro incierto para una gran cantidad de jóvenes cartageneros[5] en interés artístico, derroche de creatividad, rigor y entrega profesional.

Además de estos dos nombres, cada año surgen y desaparecen una serie de colectivos que llevan a escena una buena cantidad de propuestas de buen nivel. Como nunca, la programación dancística en varias ciudades es constante.

Para cerrar el listado de lo positivo, hace falta hablar de la aparición de una nueva raza de dramaturgos con creaciones tan variadas como sorprendentes. Además de los ya nombrados Rubiano y Viviescas, han comenzado a aparecer nombres de escritores nóveles de manera creciente, la mayoría influenciados por las escuelas española, francesa, inglesa y argentina[6]. Contrario a lo que ocurre en otras áreas, la nueva dramaturgia da cuenta de un trabajo constante y fértil en todas las regiones del país.

 Lo malo.

Más allá de la sempiterna preocupación por la financiación, por los reducidos presupuestos con los que se debe trabajar, por la desbandada del público año tras año, y por lo que debería o no ser el apoyo estatal[7], uno de los problemas más complejos que afronta el teatro colombiano es, paradójicamente, la consolidación del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

Sucede que el teatro se toma por asalto el panorama cultural colombiano cada dos años por Semana Santa, y ocupa -cada vez más- todos los ámbitos de la realidad nacional. Por más de 17 días los colombianos se ven abocados a asistir a las salas, plazas, parques y otros espacios escénicos para ver una selección de la producción teatral del mundo.

Gracias al descomunal esfuerzo que implica, en una sola semana se pueden encontrar espectáculos de Peter Brook, de Tomaz Pandur, de Paolo Mageli, de Oliver Py, y de Lluis Pasqual, o de grupos tan emblemáticos como la Royal Shakespeare Company, el Teatro Mladinsko, el Teatro Malayerba, la Düsseldorfer Shauspielhaus, o el Théâtre des Bouffes du Nord. Todo un lujo que pocas ciudades del mundo pueden darse.

El problema tiene dos aristas. En los meses siguientes al festival, saturada quizá del ambiente teatral, la gente abandona las salas casi por completo. La actividad de los grupos locales se ve seriamente golpeada por la ausencia de espectadores, incluso la de sus más asiduos visitantes.

Lo peor es que pareciera que la inactividad teatral se extendiera casi por un año entero, mientras llega el próximo festival. El público llega a sentir que la producción escénica es casi nula, sencillamente porque no hay compañía, temporada o muestra que tenga el poder de convocatoria del Iberoamericano.

Y segundo, luego de la inmensa cantidad de obras y propuestas teatrales, la comparación del público -y de los propios artistas- es inevitable. Pocas veces encontrarán espectáculos de la envergadura que es capaz de traer el Festival, no sólo en cuanto a sus costos de producción sino también en cuanto a su calidad[8]. La demanda local no supera las altas expectativas del público, que decide guardar su dinero hasta el próximo festival donde, con toda seguridad, podrá deslumbrarse.

Con todo, el imaginario del colombiano promedio ha comenzado a identificar a su país como una nación teatral, donde sus creadores tienen cierto mérito y pueden encontrarse con artistas de todo el mundo de manera constante.

 Para dónde vamos.

Cada año un grupo creciente de montajes, grupos, directores y dramaturgos son invitados a festivales internacionales para mostrar lo que se hace en Colombia. Desde hace varias décadas la representación nacional no es exclusividad del Teatro La Candelaria, que sigue activo creando puestas en escena con fuerza y rigor.

El colombiano es un nuevo teatro. Uno que está aprendiendo a auto-gestionarse, que evoluciona, que es permeable a lo que sucede en otras partes pero que es capaz de reflexionarse, de mirar su entorno y de re-presentar su realidad. Es un teatro que se sobrepone a las limitaciones históricas y que ya se reconoce en sus producciones.

   


[1] Revista El Malpensante. Bogotá.
[2] García, Buenaventura (q.e.p.d.) y Reyes, entre otros notables, son considerados los maestros de la dramaturgia y de la creación escénica de la segunda mitad del Siglo XX en Colombia. Para nadie es un secreto que toda la producción escénica de las últimas décadas en el país, tiene su raíz en el trabajo de estos tres autores. 
[3] Hay muchos otros grupos y artistas, entre recién llegados y de trayectoria, de Bogotá y de otras ciudades, que se podrían nombrar. Su ausencia se debe a una cuestión de espacio.
[4] Álvaro Restrepo es quizá el bailarín más importante del país en toda su historia. Su tremenda formación, su trabajo artístico, su vocación pedagógica y, sobre todo, su forma de concebir la danza, lo han convertido en una figura fundamental en la escena colombiana.
[5] Cartagena, capital del Departamento de Bolívar, es una de las principales ciudades de la costa Caribe colombiana. Tan grande como sus murallas son los problemas sociales derivados de la inmensa pobreza de sus habitantes.
[6] Dentro de la influencias se repiten nombres como José Sanchís Sinisterra, Rodrigo García, Valère Novarina, Bernard Marie Koltès, Sarah Kane, Mauricio Kartun y Rafael Spregelburd, entre otros muchos.
[7] Parece inútil repetirse al explicar todos estos temas que aparecen constantemente en los diagnósticos que se hacen del sector escénico año tras año. Por supuesto, no son temas de preocupación exclusivos de Colombia.
[8] Calidad entendida desde distintos puntos de vista y valoraciones estéticas.  *Dramaturgo, escritor, realizador de cine y televisión. 
01
Mar
08

DOS TANDAS DOS

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                                  BOBBY MCFERRIN Y THE KING’S SINGERS

Raúl Díaz

Dos noches de placer (que nada tuvieron que ver con la famosa novela de Alfred de Musset), transcurrieron las de los pasados jueves 14 y viernes 15 en el marmóreo recinto de Bellas Artes cuando se presentaron, respectivamente, el genial creador Bobby McFerrin y los finísimos Cantantes del Rey quienes dejaron bien sentado el porqué de su innegable prestigio. Bobby McFerrin es un fenómeno sin duda, es capaz de crear música a partir únicamente de su cuerpo y sin ayuda exterior ninguna es decir, sin ningún otro instrumento o acompañamiento. Por ello, la noche de referencia subió al escenario sólo, sin ningún grupo acompañante y sin siquiera una guitarra o una armónica por ejemplo, sino armado únicamente con su voz y su inmensa capacidad creativa. En medio del escenario sentado en una silla y con un micrófono en la mano izquierda, McFerrin empezó a emitir sonidos que eran música es decir, sonidos con sentido, precisión y orden que llegaban e iban envolviendo a la audiencia que, en penumbras, parecía más la asistente a un rito que a un concierto; huelga decir que la sala estaba llena en su totalidad.  El músico exigió que la sala permaneciera a oscuras a menos que él indicara lo contrario en algún momento y que el concierto transcurriera sin interrupción o se sea sin intermedio, de suerte tal que muchos que llegaron con retardo (recuérdese el caos vehicular por el “Día del amor”), y tuvieron la suerte de que aún los dejaran entrar, se fueron acomodando en donde iban pudiendo y lograban ver, ya que la única luz existente era la de un reflector que iluminaba a Bobby y su silla, lugar de donde emanaba la música que, puede decirse, imantaba e hipnotizaba a la hetorodoxa concurrencia.   A esa concurrencia invitó generoso, informal (playera negra, un pantalón cualquiera y tennis) a participar activamente en su concierto y sobre el escenario. Allí el seguía improvisando, creando sonidos musicales y los invitados iban creando su propia y particular danza al influjo de esos sonidos. Para algunos fue casi el momento supremo. Así, de la manera más informal, antisolemne y antiprotocolaria transcurrió una experiencia inolvidable en la que uno de los más grandes gurús musicales de nuestro tiempo (diez Grammys), se entregó completo y, en reciprocidad, la gente se le entregó a él de manera incondicional. La magia de la música se había producido una vez más y los asistentes salieron beatificados, el rito se había cumplido y ellos estaban ahítos. The King’s Singers Todo lo contrario, en cuanto elegancia, sucedió la noche del l5 cuando los cantantes del rey, british como son, se presentaron con pantalón azul-gris acero, saco azul de terciopelo, camisa blanca, corbata roja de seda y zapatos de charol, para ofrecer una cátedra de buen cantar en conjunto e individualmente, claro. Los cantes del rey son David Hurley, contratenor, Robin Tyson, contratenor, Paul Phoenix, tenor, Philip Lawson, barítono, Christopher Gabbitas, barítono y, Stephen Connolly, bajo, y están considerados, con razón, como uno de los mejores grupos del mundo en interpretación “a capella” es decir, sin acompañamiento instrumental ninguno. Así, como sucedió la noche anterior arriba referida, lo que ésta tuvimos fue un banquete de pura música vocal. Formado en 1968, The King’s Singers es un grupo por demás singular con un repertorio amplísimo que va desde canciones del medioevo y el Renacimiento, hasta el jazz y hasta reconocidos compositores totalmente contemporáneos como Krystof Penderecki, Luciano Berio y György Ligeti lo cual les otorga una versatilidad ùnica que, afortunadamente, puede ser apreciada en sus numerosos discos, mismos que pueden adquirirse en cualquier tienda. De una fineza absoluta el canto de estos maestros es de una elegancia suprema, su afinación es perfecta y el conocimiento y sentido que tienen y trasmiten de cada una de las obras es en verdad algo fuera de lo común. Si ya se les conoce es un placer volver a escucharlos, si es la primera vez que se les oye la experiencia resulta inolvidable. Para que así resultara esta vez, The King’s Singers ofrecieron un programa realmente especial que titularon “Pájaros, abejas y gaitas” lo que nos habla ya de su versátil integración que contó con cuatro cuerpos: Madrigales ingleses, Encuentro en Francia entre el mundo antiguo y el nuevo mundo, Música de los conquistadores españoles y, Arreglos a cuatro voces de varios autores. Cátedra de buen cantar, el Arte del Canto desplegado en un repertorio que exige definición estilística precisa y conjugación total, sobre todo en un grupo como este en el que no hay posibilidad de “ocultamiento” porque son únicamente seis voces y nada que pudiera distraer la atención de su emisión. Aquí está el canto puro, el manejo de la voz sin ambages, sin posibilidad de truco, de solventar deficiencias a base de técnica sino la exposición completa, la demostración maravillosamente placentera para la audiencia de lo que el Arte puede hacer. La comunión extraordinaria se obtuvo, los supremos sacerdotes, los, con razón, Cantantes del Rey, cumplieron su misión y bien pudieron decirnos a los bienaventurados asistentes, “Podeis ir en paz, la música está con vosotros”                  

23
Feb
08

Planeta Tarantino

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A propósito de Grindhouse y la sociedad con Robert Rodríguez 

Jorge Zavaleta Balarezo

Pittsburgh, Estados Unidos

  Hay de todo en Grindhouse. Obra abierta, grandilocuente, multiexpresiva, decidida y capciosamente posmoderna, en ella Quentin Tarantino y su buen amigo Robert Rodríguez descargan algunas de sus más ácidas críticas al orden contemporáneo y, a la vez, deleitan al espectador con un metraje imposible, casi utópico. Dos películas en una doble presentación, tres horas contemplando un par de historias que entre lo espídico y lo grotesco, lo sobrenatural y lo ominoso, lo divertido y lo lúdico, nos llevan a reflexionar mucho más allá de la galaxia de personajes y cuentos que ha creado, desde los tiempos de Reservoir dogs, el maestro Tarantino. Y ello, a manera de un homenaje a los programas dobles que ofrecían las salas norteamericanas en los años 70, precisamente en géneros como el gore. Y esas salas al igual que sus programas eran conocidos como “grindhouse”. La idea fue rechazada, cómo no, por el mercado. La taquilla de un fin de semana en USA bastó para decretar el sablazo definitivo contra esta producción casi independiente. De inmediato, los mercaderes del cine, mismos filisteos (la historia de siempre), decidieron que los filmes se exhibieran en el resto del mundo por separado, incluso eliminando escenas cruciales, otorgando, así,  la razón a los poderosos gerentes del sistema y quitándosela a los verdaderos y con justicia encumbrados artistas, líderes de un cine que, diferente y audaz, apuesta por sobrepasar límites. La historia de Robert Rodríguez se llama Planet Terror. En ella encontramos las influencias de los “zombies” de George A. Romero y la tan mentada de un director italiano de culto, Lucio Fulci. Efectivamente, se trata de un cuento de muertos vivientes, que se reproducen entre la oscuridad y la niebla, mientras todo un elenco de artistas, de veras muy originales, da a la trama el empuje necesario para comprobar que estamos ante una cinta absoluta, totalmente bizarra. Si el adjetivo, casi como un anglicismo, se aplica aquí, lo es porque, y en tanto, lo bizarro se manifiesta en esas luchas cuerpo a cuerpo, en los disparos de fuego, en los escapes y las persecuciones, en ese rostro a punto de estallar de un sorpresivo Bruce Willis, mucho más convincente que en sus cuatro secuelas de Duro de matar.. El trabajo de Rodríguez, a estas alturas un experto, es impecable. Su cámara, curiosa e inquieta. La trama está llena hasta lo imposible de vueltas de tuerca. Rose McGowan surge a la vez bella y maldita, erótica y seductora. Rodríguez se da tiempo y espacio para incluir una love story en esta lucha por salvar a la humanidad. Cada escena se luce por trepidante y colosal. Los habituados a los cuentos de muertos vivientes, a los cadáveres carcomidos, a las nebulosas apariciones, comprobarán que el género al que se adscribe Planet Terror renace y se consagra. Y que Rodríguez, incluso contando con Tarantino como un malvado personaje, es capaz de crear universos que nos dejan absortos, complacidos, como pidiendo la siguiente escena. Erotismo y feminidad también son claves con la presencia  de heroínas que, aunque pierdan una pierna, como la McGowan o se disloquen una mano, como Marley Shelton, resultan las más convincentes de la película. En suma, Planet Terror es un festín, sobre todo para aquellos que buscan citas cinéfilas y metacinematográficas. Habría que hablar, también, del diseño de Grindhouse. Presentada engañosamente, con trailers falsos y “censurados”, que incluyen a actores del establishment como Nicolas Cage o directores aún en formación, o deformación, como Rob Zombie, Grindhouse es una parodia de muchas cosas, de muchos cines, pero sobre todo de sí misma. Tributaria de la velocidad, del escapismo, de la acción acelerada, todo esto se constata, y se amplía, en la película que dirige Tarantino, Death Proof. La historia es deliciosa no solo porque se trate de un alegato marcadamente feminista. Son cuatro chicas de paseo por la carretera que hacen una parada en un  restaurante del camino y entonces descubren  el horror. Este se llama Kurt Russell, sí, el actor ya presente en una obra legendaria, apocalíptica, Escape de Nueva York, y que, con similar vestimenta, y desde esa misma marginalidad, aparece como un sádico asesino que se divierte con sus víctimas. Pero… esta vez no va a ser tan fácil. Nunca antes Tarantino filmó con tanto pulso ni verismo. Esto, quizá, sea equivalente a la pelea de Uma Thurman en el restaurante japonés donde sus rivales, uno a uno, caían, degollados o destrozados (Kill Bill). Aquí es la pasión cinética puesta a prueba y explotada al máximo. En una autopista y sin trucos.  Pero, como alegato feminista, no exento de toques románticos, algo misteriosos, es, a la vez, la búsqueda, el control, la decisión de las simpáticas amigas que buscan diversión, amor, pero también paz. No quieren contagiarse de la polución del mundo postindustrial (lo que presenta el filme de Rodríguez) pero tampoco sujetarse al omnipresente poder masculino. En esa lucha, si es que acaso encuentran la victoria ante el asesino del auto negro, hallarán también la liberación, la culminación de, al menos, un deseo. En un nuevo siglo, Tarantino, dueño de originales sueños y proyectos, y asociado con un Robert Rodríguez que aquí ofrece su mejor filme, es capaz de vislumbrar el horizonte de un cine nuevo, independiente, que él mismo ayudó a forjar. Grindhouse es expresión catárquica de esa rebeldía. Originalidad pura y vasta.  Cómo no disfrutar viendo a las chicas de Death Proof sentadas a la mesa de un café probando sus hamburguesas y malteadas, charlando intrascendencias, en una escena que, sin embargo, el buen cinéfilo sabrá identificar como contraparte, pero también homenaje, a los diálogos iniciales de Perros del depósito. Así, el brillante planeta Tarantino gira, gustoso y ameno, celebrando sus propias glorias.