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15
Dic
07

Kitsch

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*María Teresa Adalid Martí

    

El término Kitsch se rescató durante el posmodernismo, el vocablo ya se utilizaba en Alemania desde 1860 entre pintores. En castellano Kitsch se utiliza para definir algo cursi, de poco valor, birria o mamarrachada. Dicho de un objeto artístico: Pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto (1). Para el crítico italiano Gillo Dorfles, especialista en términos de la estética contemporánea, el término Kitsch tiene que ver con el aspecto ético y modo de comportarse sin tener cabida el estatus social (2). Se acude al vocablo alemán kitschen como célula primaria de la definición Kitsch de uso estético; kitschen significa hacer muebles nuevos con viejos y recoger basura de la calle; Verkitschen quiere decir “engañar, comprar objetos robados, vender otra cosa en lugar de lo que había sido combinado” (3)

 Kitsch también derivó de la compra y venta de obras artísticas realizadas en los mercados de arte en Munich alrededor de 1870; quienes no se arriesgaban con una jugosa inversión solicitaban un sketch, una especie de boceto, reproducción o postal de menor precio (*Hipóteis de Calinescu, Matei). Kitsch también se utilizó como parodia a partir de los años sesenta y setenta.  En la actualidad se entiende el término Kitsch como una clasificación asociada a la estética y cultura. Toda esta herencia histórica relacionada a la desvalorización, disminución y demérito del objeto ocasionó un cruce de discursos en el cual también se añadió la aspiración a la escala social reutilizando las formas del “arte culto”. De tal modo que el kitsch fue etiquetado con el sinónimo de arte de mal gusto. Una conclusión sin considerar su contexto dentro de la historia y en el momento en el que se encontraba la sociedad cuando se generaron éstas palabras. El kitsch influenció a diversas corrientes que proclamaban ir en contra de lo establecido, como el caso del Pop, que exaltaba el gusto por los objetos de consumo, consecuencia del expresionismo abstracto. El Pastiche, también parte de la técnica del Kitsch. El escritor cubano Severo Sarduy utiliza al Kitsch como un rechazo a la jerarquía de valores. Manuel Puig desmitifica los temas melodramáticos y de la novela rosa utilizando el Kitsch. En cinematografía Almodóvar recurre al Kitsch como provocación. El pintor Julio Galán, más considerado dentro del Neomexicanismo tiene elementos del Kitsch en su propuesta donde se resalta lo cursi, asociado a la vivencia humana. La artista Mónica Castillo se vale del Kitsch como denuncia. El pintor Nahum B. Zenil realiza un autorretrato a partir de su vida personal con lo Kitsch y la exacerbación del yo; y en nuestro entorno cotidiano elementos del Kitsch permanecen vigentes con el decorado colorido de un típico microbús capitalino.  Por otro lado artistas performance han recurrido al arte catalogado como espurio como medio de representación, reflexión, filosofía, sarcasmo, denuncia política y símbolo de identidad en sus creaciones alcanzando una hibridez cultural consecuencia de lo cambiante y multicultural. Tal es el caso de Astrid Hadad nacida en Chetumal, Quintana Roo y Guillermo Gómez Peña oriundo de la Ciudad de México. Ambos artistas manejan elementos Kitsch en sus propuestas y se les puede entender también como artistas de frontera, considerando el término fronterizo, no sólo aplicado a la geografía, sino a la identidad, globalización y a los lugares que implican división. Ambos artistas derrumban símbolos a partir de su individualidad y sociedades que conviven paralelos a los conflictos económicos, políticos y sociales. Esos procesos se cruzan en esencias, símbolos que repercuten en la construcción visual de sus propuestas repletas de parodia e ironía característica del kitsch en una yuxtaposición de imágenes. Se observa la exacerbación de trazos, colores chillones, y reflexión de la idiosincracia mexicana. Gómez Peña vive en la línea permanente del cruce, condición de ser un inmigrante mexicano asentado en San Francisco, desde ese punto encara una crítica política; habla de discriminación, activismo, neo imperialismo, y de las minorías étnicas en Estados Unidos.  Hadad resalta el folclore mexicano en sus múltiples presentaciones internacionales (aunque se tenga poca noción y reconocimiento de su esfuerzo en México) a través de símbolos reconocidos por la cultura popular mezclados con tintes de cabaret del siglo XX. Utiliza el volumen en sus vestidos conceptuales y materiales que provocan efectos por el desequilibrio formal del estatuto del arte. Su constitución es heterogénea, vigorosa, exuberante y con influencias de la pintura de Frida Kahlo; a través de la conmoción del adorno Hadad rompe con el dogma del arte. Alcatraces, Adelitas revolucionaras, virgencitas de Guadalupe, corazones, rosas, todo es utilizado para narrar situaciones convencionales y circunstanciales como idilios en cantinas, borracheras, conflictos religiosos, amor, desamor, dolor, estados de ánimo alentado por la ficcionalización textual de sus canciones y su trasmute escénico, danzones, cumbias, poemas, boleros y el heavy nopal.  La historia visual es un elemento clave atiborrado caóticamente de símbolos y valores que tienen un significado establecido. El tono como poder expresivo cautiva al espectador aún cuando éste es sometido a un lenguaje desconocido, Gómez Peña atiende sonidos desarticulados, guturales, mezclado con señales y ritos que dan a entender una idea en particular. El público participa en algunos performance como el Mapa/Corpo, donde el cuerpo es el objeto utilizado para hacer una denuncia al gobierno de Bush y su invasión al medio oriente, miedo a la autoridad e inmigrantes, una necesidad de transgredir a través de símbolos y mensajes poéticos, por lo tanto el mensaje se construye con la totalidad de quien lo ofrece, recibe, y participa a través de diversos canales y fibras sensibles.  Ambos artistas rompen con la forma y gusto estético de apreciar una propuesta artística encasillada en una estructura tradicional para ser una propuesta de masas, hacen uso del conflicto del hombre con alegorías, metáforas y símbolos profundos, se regodean en lo mítico y el dominio de códigos, también el recurso del bilingüismo en algunas de sus creaciones es una constante en un mundo globalizado, cambiante y rico en una saturación visual. La internacionalización de esos discursos de tintes nacionalistas perfila la tradición latinoamericana en nuevas disertaciones perpetuando con ello el mensaje. A través del performance, video y multimedia se rompieron normas y disciplinas bajando del pedestal al arte, al que en nuestro tiempo se le aborda y conoce a través de la locura, el recuerdo, literatura, poesía, emoción, teatro, etc, donde impera el encuentro de disciplinas. El Kitsch va más allá del reciclaje de lo irreverente, artificial y gusto por la iconografía, son también características del posmodernismo. El neomexicanismo (recuperación de modelos formales de ciertos movimientos de principio de siglo, ej Muralismo) tomó muchos elementos del Kitsch para lograr un nuevo contexto entre el arte popular y la cultura de masas, según los expertos al Neomexicanismo se le conoce como un periodo cuya producción y difusión tenían un fuerte componente de mercadeo y comercialización hacia el extranjero. Lo que debe de considerarse en la actualidad es la reflexión a las diversas manifestaciones y procesos culturales coherentes con el Kitsch por tratarse de lo heterogéneo para aprender a ver en esta mezcla de tiempos y espacios de elementos del arte clásico, moderno, popular, etc, para una nueva interpretación y lectura, para que a partir de esa visión su rechazo o aceptación sea clara.   

Referencias

(1) Diccionario de la Lengua Española-Vigésima segunda edición

(2) Dorfles, Gillo: El devenir de la crítica, Espasa-Calpe, Barcelona, 1979.

(3) Moles, Abraham: Le Kitsch: L`art du bonheur, Marne, Paris , 1971.                

*Diplomada en Arte Latinoamericano Contemporáneo por la Universidad Iberoamericana