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01
Mar
08

DOS TANDAS DOS

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                                  BOBBY MCFERRIN Y THE KING’S SINGERS

Raúl Díaz

Dos noches de placer (que nada tuvieron que ver con la famosa novela de Alfred de Musset), transcurrieron las de los pasados jueves 14 y viernes 15 en el marmóreo recinto de Bellas Artes cuando se presentaron, respectivamente, el genial creador Bobby McFerrin y los finísimos Cantantes del Rey quienes dejaron bien sentado el porqué de su innegable prestigio. Bobby McFerrin es un fenómeno sin duda, es capaz de crear música a partir únicamente de su cuerpo y sin ayuda exterior ninguna es decir, sin ningún otro instrumento o acompañamiento. Por ello, la noche de referencia subió al escenario sólo, sin ningún grupo acompañante y sin siquiera una guitarra o una armónica por ejemplo, sino armado únicamente con su voz y su inmensa capacidad creativa. En medio del escenario sentado en una silla y con un micrófono en la mano izquierda, McFerrin empezó a emitir sonidos que eran música es decir, sonidos con sentido, precisión y orden que llegaban e iban envolviendo a la audiencia que, en penumbras, parecía más la asistente a un rito que a un concierto; huelga decir que la sala estaba llena en su totalidad.  El músico exigió que la sala permaneciera a oscuras a menos que él indicara lo contrario en algún momento y que el concierto transcurriera sin interrupción o se sea sin intermedio, de suerte tal que muchos que llegaron con retardo (recuérdese el caos vehicular por el “Día del amor”), y tuvieron la suerte de que aún los dejaran entrar, se fueron acomodando en donde iban pudiendo y lograban ver, ya que la única luz existente era la de un reflector que iluminaba a Bobby y su silla, lugar de donde emanaba la música que, puede decirse, imantaba e hipnotizaba a la hetorodoxa concurrencia.   A esa concurrencia invitó generoso, informal (playera negra, un pantalón cualquiera y tennis) a participar activamente en su concierto y sobre el escenario. Allí el seguía improvisando, creando sonidos musicales y los invitados iban creando su propia y particular danza al influjo de esos sonidos. Para algunos fue casi el momento supremo. Así, de la manera más informal, antisolemne y antiprotocolaria transcurrió una experiencia inolvidable en la que uno de los más grandes gurús musicales de nuestro tiempo (diez Grammys), se entregó completo y, en reciprocidad, la gente se le entregó a él de manera incondicional. La magia de la música se había producido una vez más y los asistentes salieron beatificados, el rito se había cumplido y ellos estaban ahítos. The King’s Singers Todo lo contrario, en cuanto elegancia, sucedió la noche del l5 cuando los cantantes del rey, british como son, se presentaron con pantalón azul-gris acero, saco azul de terciopelo, camisa blanca, corbata roja de seda y zapatos de charol, para ofrecer una cátedra de buen cantar en conjunto e individualmente, claro. Los cantes del rey son David Hurley, contratenor, Robin Tyson, contratenor, Paul Phoenix, tenor, Philip Lawson, barítono, Christopher Gabbitas, barítono y, Stephen Connolly, bajo, y están considerados, con razón, como uno de los mejores grupos del mundo en interpretación “a capella” es decir, sin acompañamiento instrumental ninguno. Así, como sucedió la noche anterior arriba referida, lo que ésta tuvimos fue un banquete de pura música vocal. Formado en 1968, The King’s Singers es un grupo por demás singular con un repertorio amplísimo que va desde canciones del medioevo y el Renacimiento, hasta el jazz y hasta reconocidos compositores totalmente contemporáneos como Krystof Penderecki, Luciano Berio y György Ligeti lo cual les otorga una versatilidad ùnica que, afortunadamente, puede ser apreciada en sus numerosos discos, mismos que pueden adquirirse en cualquier tienda. De una fineza absoluta el canto de estos maestros es de una elegancia suprema, su afinación es perfecta y el conocimiento y sentido que tienen y trasmiten de cada una de las obras es en verdad algo fuera de lo común. Si ya se les conoce es un placer volver a escucharlos, si es la primera vez que se les oye la experiencia resulta inolvidable. Para que así resultara esta vez, The King’s Singers ofrecieron un programa realmente especial que titularon “Pájaros, abejas y gaitas” lo que nos habla ya de su versátil integración que contó con cuatro cuerpos: Madrigales ingleses, Encuentro en Francia entre el mundo antiguo y el nuevo mundo, Música de los conquistadores españoles y, Arreglos a cuatro voces de varios autores. Cátedra de buen cantar, el Arte del Canto desplegado en un repertorio que exige definición estilística precisa y conjugación total, sobre todo en un grupo como este en el que no hay posibilidad de “ocultamiento” porque son únicamente seis voces y nada que pudiera distraer la atención de su emisión. Aquí está el canto puro, el manejo de la voz sin ambages, sin posibilidad de truco, de solventar deficiencias a base de técnica sino la exposición completa, la demostración maravillosamente placentera para la audiencia de lo que el Arte puede hacer. La comunión extraordinaria se obtuvo, los supremos sacerdotes, los, con razón, Cantantes del Rey, cumplieron su misión y bien pudieron decirnos a los bienaventurados asistentes, “Podeis ir en paz, la música está con vosotros”                  

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