Posts Tagged ‘narración

12
Abr
08

Meditación Forzada

Fernando L. Rodríguez Jiménez 

Madrid, España

      Me he roto el tobillo y no puedo salir de mi casa en Madrid. Tengo para sesenta días de obligado encierro domiciliario, una condena en la que alterno muletas, con silla de ruedas. Paso muchas horas solo y tengo tiempo para trabajar, meditar, ver televisión, leer, estudiar y deprimirme, aunque mi fortaleza de ánimo supera la prueba.

     Como las desgracias nunca vienen solas, a mi crisis de salud, a causa de un estúpido accidente doméstico, le he de sumar otros problemas de índole económico y familiar,  se hace más fácil caer en la desesperación al verse uno un tanto inútil y no poder salir a buscar soluciones a los problemas.

      Los budistas en estas circunstancias dicen que son “nuestros maestros de la paciencia”, y créanme que lo son.

      En mis “filosofadas” , alternadas con la tele, donde de pronto veo que reponen películas del oeste, a las que era aficionado de joven y siento la curiosidad de ver que sensación me causan volver a verlas, con otros ojos, ya próximos a la ancianidad. Siempre me han causado una sensación de libertad, de poder viajar con la imaginación por esos extensos parajes, sin descubrir, ni explorar, sintiendo la libertad que llevo en mi corazón. Me hace rejuvenecer y me recuerda las expediciones que aún sigo haciendo, para no perder el hábito y esa sensación hermosa de ser hombre libre en contacto unívoco con la naturaleza, nuestro mejor legado, aliado y maestro, a pesar de vivir en contrasentido preso de la gran urbe.

     Aquellos héroes hollywoodenses, se convirtieron en mitos, muchos de ellos ya fallecidos: Gary Cooper, Burt Lancaster, Richard Wildmark, Henry Fonda, Rock Hudson, Tyrone Power, y un largo etc., entonces todos ellos plenos de glamour y de inaccesibilidad, como dioses del Olimpo o reyes mitológicos, con fama inalcanzable para los pobres humanos de a pié.

     Como el mundo da muchas vueltas, y mi relación con el cine y los medios de comunicación se realizó desde temprana edad, he tenido la oportunidad de conocer personalmente a unos cuantos de ellos, incluso a algunos de sus hijos, hasta he colaborado en películas del “spanish western”, cuando en España se hacían películas del “Far west”, oeste lejano.

     Algunas de mis actrices preferidas, me encandilaban con su presencia en la pantalla, también he tenido el placer de conocerlas personalmente y departir con ellas. 

     Aunque los dioses tienen pies de barro,  entre ellos conoces gente con gran personalidad, como es el caso del famoso actor mejicano de Hollywood, Anthony Quinn,  cuyo nombre verdadero era Antonio Reina, de origen mejicano, uno de los mejores actores que ha dado la industria del cine. También conocí a su hijo mayor, afincado en España, creo que está viviendo en Barcelona y se dedica a la escultura.

      A Cámeron Michel,  ahora lo he visto en varias de las películas que están reponiendo en la cadena de Telemadrid. Me viene a la memoria un rodaje cuando sudoroso, los “malos” le propinaban una paliza, luego estaba a punto de morderle una serpiente venenosa, que el “bueno”, mata de un certero disparo. El “bueno” era un actor norteamericano muy amigo mío, que hacía de especialista de tiro, afincado en Madrid, tanto que su único hijo nació en la capital de España. David Thomson, no fue nunca tan famoso,  compartíamos aficiones por la naturaleza y los reptiles, juntos salíamos a capturar serpientes para el cine y los Museos que nos lo solicitaban. Era un excelente tirador. Tenía varias armas, como buen norteamericano, yo también tiraba bastante bien y tenía por entonces la misma afición, aunque en la actualidad las odie. En esa ocasión nos llamaron para hacer esa y otras secuencias, yo tenía que manejar la serpiente que tendría que salir subrepticiamente bajo un serón, el “bueno” de Cámeron no se había dado cuenta, el amigo dispara al reptil en la cabeza con certera puntería, salvándole de una “muerte cierta”.

     Manejando la serpiente, que era muy agresiva y venenosa, me enganchó con un diente ponzoñoso en la epidermis, una bellísima y jovencita actriz italiana, que ya apuntaba maneras y luego alcanzó fama, vino a ver que me había sucedido, sirvió para un interesante flirteo. Cuando la veo en la pequeña pantalla también recuerdo aquellos ratos que pasamos en el rodaje.

     Mis programas preferidos lógicamente son los documentales de naturaleza, los veo cada día tras los postres, para saber que hacen mis colegas por el mundo y poder contemplar la naturaleza desde mi butaca. A veces me sorprenden poniendo algunas de mis últimas obras y mi ego se infla un poco, aunque luego recobro mi habitual sencillez, al saber lo poquito que soy. Si reponen alguno de los míos revivo cada secuencia, recuerdo hasta los más sutiles detalles del rodaje. Si son ajenos y muestran lugares que no conozco o especies con las que me gustaría contactar, disfruto, metiendome en el tema y aprendiendo de mis compañeros.

     Acabo de ver un documental muy doloroso, pero muy bien hecho, auspiciado por varias ONG,  entre las que esta Amnistía Internacional. El hilo conductor es un gran fotógrafo español que ha publicado un libro sobre los efectos secundarios de las terribles minas, de las que aún hay millones esparcidas por numerosos lugares del mundo, aunque las guerras hayan terminado hace décadas, cada año se producen miles de nuevos heridos y muertos a cusa de estas “baratijas de la muerte”.

     Los gobiernos que las producen y venden, ejercen total dejación de las personas que han quedado inútiles para el resto de sus vidas, viven en países donde ningún centro oficial los protege. Es un espejo vergonzoso donde mirarnos. Especialmente naciones como Norteamérica que es el mayor productor, vendedor y diseminador de ellas y otras armas letales, ahora está contaminando con sus balas y explosivos Oriente Medio, introduciendo restos de uranio desnaturalizado, lo que está costando muy caro en salud a estos países, dejando a la gente estéril y con graves secuelas en los fetos.

     Ellos miran a otro lado cuando alguien trata de remover las conciencias de políticos como Bush, el mayor comerciante de armas de la historia moderna, creador de conflictos bélicos en muchos lugares del planeta, para utilizar las armas fabricadas por sus amigos, donde ejerció de director y vendérselas a los países en conflictos armados, al tiempo que se quitan parte de los residuos atómicos que no saben que hacer con ellos.

     El dice que es católico. A la iglesia de Roma le parece estupendo tener un fiel de esa categoría, y tantos otros que no les importa no aplicar el mandamiento de “No matarás”. Para la iglesia, millones de muertos, son “pecadillos sin importancia”, pero el aborto es pecado mortal. No sólo son los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, la propia España y otros, están en la negra lista de productores de muerte y lisiados durante muchas décadas, al permanecer activas durante aún no se sabe la cantidad de años, pueden ser cientos. 

     Es hora de que a cada cosa se le llame por su nombre y no se permita la impunidad a los políticos, ni esos “juegos” o artimañas que las ponen como “inevitables”, a los muertos civiles les denominan “daños colaterales”. ¡Basta ya de jugar con los que menos poseen y con las vidas de los seres humanos, para que unos cuantos se hagan más ricos!.  Entre todos hemos de acabar con la industria del horror y no consentir tanta hipocresía. 

 

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16
Feb
08

RECELOMANÍA: LOBOS Y CAPERUZAS

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Teresa Solbes de Menéndez        

Dicen las estadísticas que una moda se ha impuesto: Las habladurías en perjuicio de los hombres. Al parecer ya son muchos los que se quejan de las cosas que por ahí se comentan. ¿Será cierto que la masculinidad se está poniendo a prueba. ¿Nos hemos convertido en ángeles caídos?. Ellas también se cuestionan: ¿Seremos nosotras las que nos hemos perdido entre los múltiples aspectos de la personalidad femenina a veces tan complicada?. No sé, lo que si se nota es que entre lobos y caperuzas vive la recelomanía. Un juego donde muchas mujeres estamos atrapadas, sin darnos la oportunidad de ensayar otras facetas femeninas que tan rabiosamente atractivas les resultan a ellos. Algunas temen incluso, denotar demasiado que somos el sexo opuesto. Sin embargo, no deberíamos tener miedo a algo que se nos nota tanto, mírese por donde se mire, se nos nota. ¿No será que nos hemos cansado de ser tan tradicionales? ¿Sumisas y en muchos casos soporte de todas las torpezas familiares?. La mujer ha sido educada desde tiempos remotos para ser una “multiusos” perfecta; y bien le irá si no le toca, económicamente hablando, mantener a la tribu. Nos parece del todo natural si existen hermanos y no hay posibilidades económicas, que los estudios superiores sean prioridad masculina, al fin que es mujer y ni falta que le hace conocer cuando Colón, con La Pinta, La Niña y La Santa María partió del puerto de palos. No se me enfaden los “Lobos”, porque es una realidad que aun la estamos sufriendo en muchas naciones del mundo. Siendo así, no es nada extraño que ellas, desde hace muchas décadas, vengan preparando la revolución que hoy vivimos y que nos pilla a unos y a otras, tan desubicados. Sin embargo creo que en esta batalla todos saldremos ganando, las conductas femeninas y masculinas encontraran su equilibrio. Ni los súper hombres ni la mujer dócil de otros tiempos. Tampoco la más reciente, agresiva y siempre dispuesta al ataque.   Mientras estas cosas se resuelven ¿que podemos hacer?. Bueno, no levantar falsos testimonios porque el “Lobo” puede asustarse. Ya lo decía mi abuela: El pobre del lobo feroz era más inocente que una lagartija panza arriba. Ella siempre sostuvo la idea de que Caperucita tuvo la culpa de que el perro, -porque muy lobo, muy lobo, pero perro al fin- se la comiese ya que no le quedó más remedio. ¿Fue la primer mujer en la historia y sus cuentos liberada y libertina? ¿De verdad fue el lobo culpable o inocente? Según el escritor español Alfonso Usía, era inocente, y según mi abuela, también. Repasemos: Érase que se era, una bestia peluda escondida detrás de un árbol al acecho de la inocente chica vestida de rojo. Este detalle, es lo que hizo dudar a los estudiosos del tema porque, si Caperuza sabía que el lobo rondaba por el rumbo ¿para que se viste de un color tan llamativo? Ella no desconocía el hambre del animal, si le hubiese ofrecido la cesta de la merienda, casi seguro que no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Como podemos ver, esta narración se presta a muy distintas interpretaciones. De lo que no me queda ninguna duda es de lo peligroso que resulta ir vestida de rojo despertando apetitos, sobre todo, si tenemos que subirnos en el metro. Ellos dicen que los tiempos modernos han borrado de un trazo las conductas femeninas tradicionales: la suavidad, la dulzura, la bondad y la capacidad de relación. Es más, hoy en muchos círculos estas cualidades se consideran una ridiculez, ya que la revolución sexual nos dice que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos. Visto así, ya no el lobo, cualquier conejo sale corriendo asustado al ver lo colorado que se está poniendo el panorama. Esto de la igualdad en cuanto a sexo toca, toca poco porque es una falacia. Nosotras no podemos separar la entrega del cuerpo y quedarnos con el alma inmaculada. Y no es asunto de educación, la ley natural se impone. Para el hombre el sexo puede ser casual, para nosotras resultara muy casual que lo sea porque la entrega mecánica en la mujer, casi siempre deja un cierto sabor de tristeza e insatisfacción y lo sé, porque a través de las cartas y llamadas que recibo, me lo confirman muchas mujeres de todas partes del mundo. A pesar de los anticonceptivos las cosas no cambian, no podemos transformar la naturaleza de la misma vida. Queramos o no, todavía son nueve minutos para él, y para ella, nueve meses que la acompañaran toda su existencia. La mujer sabe que en cada entrega enfrenta en potencia una nueva vida, una realidad, la realidad de ser mujer. Recelosa o confiada, vestida o no de rojo la esencia femenina siempre estará ahí, confrontando nuestra memoria, hablándole a la conciencia, reclamando lo que le pertenece. Somos nosotras las que nos embarazamos, nosotras las que parimos pero los necesitamos a ellos ante y después para que el fruto se de. Ver a la pequeña criatura en brazos de su padre es lo que más desea una mujer después de alumbrar, porque ese milagro nos llega de lo Alto pero aquí, en la tierra, es cosa de dos. Aún no se inventan implantes para la razón, ni injertos para el alma. Probetas de cristal que transparenten a la fiera que llevamos dentro, esa verdad que se esconde en el propio bosque, en lo más intimo de cada uno de nosotros cuando nos vemos frente a la persona que amamos. Este es un sentimiento predecible porque nos grita, pide salir, manifestarse con todo su brillo ¿por qué recelar? ¿de qué o de quién?, ¿del Lobo, de Caperuza? Hice una pequeña encuesta con mi vecina Margarita y me sorprendió: “Yo prefiero antes de zambullirme en el terreno de las dudas, investigar para ver de qué tipo de lobo se trata, y de ese descubrir dependerán mis recelos.”  Inteligente deducción; sólo habría que extenderla al territorio donde habitan los lobos y así, en caso de que las caperuzas se les acercasen, podrían ponerla en práctica. Bueno, eso digo yo…