Posts Tagged ‘narrativa

24
May
08

La Flor y el Barro

 

  Teresa Solbes de Menéndez

 

La otra tarde asistí a una despedida de soltera que me llamo mucho la atención.  Después de que el ánimo se acomodara al ambiente, pude observar que las personas allí asistentes éramos muy diferentes entre si, al menos en apariencia, no en cuanta a genero porque ése era exclusivo del universo femenino, -el único detalle que nos uniformaba-, natural si pensamos lo que allí se celebraba, sin embargo, las edades se cruzaban, también la forma de vestir; estaba presente desde lo más avanzado de la moda hasta lo tradicional riguroso. Era como una torre de Babel donde parecía que nadie se iba a entender con nadie. En cuanto pude penetrar por completo la penumbra de la sala y distinguir la dislocada disparidad de personajes pensé: Esto puede resultar interesante.  

 

   Al poco tiempo de que me pusieran una copa en la mano, me encontré charlando con una mujer que medio chapurreaba el español, lo que le daba un toque marcial ¿será una espía?. No, descarte la idea enseguida, hoy los espías se cuelan por otros agujeros. Lo cierto es que después de tratar inútilmente de saber quienes éramos y que decíamos, terminamos chocando nuestras copas y riéndonos de la absurda situación, pero mujeres al fin, estuvimos hablando hasta por los codos, ella con sus chapurreos y yo con los míos; no entendíamos muy bien lo que nos decíamos pero se notaba que había empatia. En esas andábamos cuándo de repente, una voz nos pide silencio y anuncia a un poeta amigo de la familia, no recuerdo su nombre, pero si su procedencia: Chileno, de Santiago de Chile. Las voces callaron y el poeta cantó. Sus versos eran de irritante pesimismo; negaban la amistad, el amor, la bondad de cualquier sentimiento. Daban ganas de correr y salir de allí antes de que se organizara un suicidio masivo en honor a la desconfianza. Frenando el primer impulso sentí que los versos, a pesar de todo, también eran temblorosos lamentos de ausencia y añoranza de algún cuerpo, de las tonalidades y temperaturas de su piel, de la profundidad de su mirada. Al abrirse el coloquio con que el acto concluiría, mi reciente amiga, la rusa, se dejó escuchar con su  marcial español: ¿Por qué la clase de amor que inspiraba al poeta se refería a lo material y jamás al espíritu que sin duda animaba aquella carne? El poeta respondió que, para él, el cuerpo y el alma eran la misma cosa. Esto empieza ponerse divertido, me dije, al ver el montón de manos que pedían hablar, pero como las manos no son la boca, no hablaron.

 

  Después de unos minutos de confusión, el murmullo de las voces fue en aumento. -Se nota que el ánimo va caldeándose. -Pensé.  Cierto, éste iba apoderándose de las almas y cuando el fuego estuvo a punto de mostrarnos su bao, la misma voz de hacía un rato pidió de nuevo silencio. Un maestro de Zen nos explicaría el nombre de la postura de loto: se trata de una preciosa flor que flota en la superficie de las aguas gracias a que hunde sus raíces en el cieno del fondo; el cieno, -continuo el maestro- es nuestro cuerpo, digno de ser querido porque aísla nuestro espíritu, y no habría sin él ni ideas bondadosas ni comportamientos solidarios.

 

   Amiga como soy de cavilar cuando amerita, el dilema se me revelo como materia urgente. No se trataba de la flor y su aroma sino de la flor y el barro que la aguanta…

 

   La despedida de soltera más extraña a la que he sido invitada terminó después de entrar en grandes debates filosóficos sobre el alma, el cuerpo y, las renuncias del corazón que tanto dolor causaban a ambos. Me fui a casa pero mi mente revolvía en los recuerdos. Alguna vez me habían enseñado que el cuerpo era la jaula que el hombre vive cargando. Y me lo habían dicho tan claro que jamás lo olvidaría. Quizá por lo mismo, mi sorpresa. Hasta esa tarde no se me despertó la ociosidad de pensar en la carne separada del alma -¡Qué tontería! apaga la luz y duérmete.

 

   No me dormí, con sigilo atravesé la salita que separa mis libros de mi cama y palpe a tientas, encendí la pequeña lámpara y vi que tenía en mi mano La Biblia. Repase, leí pasajes, salmos, parábolas, y descubrí que durante muchos años viví engañada. El propio testamento de Cristo lo explica. Cristo entiende la carne como un todo con su ánima. Cuando los salmos dicen “mi carne”, dicen “yo”. No es algo que “yo tengo” y es distinto a mi. “El Verbo se hizo carne”, comer el cuerpo de Cristo, para los cristianos, significa integrarse en Él entero, usar la carne como aproximación y vía de conocimiento porque la emoción también razona y el pensamiento siente. Todo es uno y lo mismo: una alteración somática, cualquier pequeño catarro, influye en la razón y en los mas elevados sentimientos. Al principio es el cuerpo. Con él pisamos la puerta de este mundo. No es ni un esclavo ni un enemigo íntimo y rebelde. Es la vía a través de la que aparece el sujeto hombre independiente.  Su individualidad. El cuerpo y el alma no son siquiera dos aspectos ni dos manos ni dos poderes fundidos, son las dos caras de una misma moneda. Son el corazón único. Sin los órganos del cuerpo, el alma no siente ni padece. El ojo se deleita en la hermosura de una flor; aspira su aroma la nariz; los dedos acarician sus pétalos y nos parece hermosa aunque el lodo esté ahí. Y todo eso somos, no dos fronteras donde se pelean el cuerpo y el alma.

 

    Bien, ya llegué a la conclusión, podré dormir en paz pero ¿quién  gobierna ese conjunto maravilloso que todo percibe y disfruta con ello?. La OPEC, La Globalización Excluyente   y sus secuaces. Por eso estamos como estamos: Alma y cuerpo hundidos en el barro de donde a veces, ni el corazón puede salvarnos.

 

 

 

17
May
08

El timón dorado

Arturo Gudiño

 

A partir de ahora se abren las puertas del vacío hacia una realidad intransitable. Vemos a un marinero contemplando un cielo desprovisto de signos, con los cuales pudiera orientar su timón con mano firme. Sólo después de varios años de intensa búsqueda las cosas se acomodan apareciendo ante sus ojos un faro derruido, aunque más bien es una vieja lámpara de keroseno que alumbra la sonrisa de un fantasma quien no se avergüenza de sí mismo.

Las coincidencias aparecen de repente como una cascada que impide ver la luz del otro lado de una tormenta, misma que se convierte en un fenómeno meteorológico desprovisto de catástrofes. Sin embargo aquí adentro, en este tornado simbólico, un viejo duende se empeña en resucitar los artificios de su memoria, como si no existiera distancia alguna entre sus sentimientos y sus consecuencias. Vuelve así a ponerse en evidencia el punto neutral a partir del cual se derivaron todos los delirios que hicieron de cada mañana una fiesta, y de cada noche un funeral. Otro punto más aparece en el ocaso, y uno más al amanecer. Desde allí se definen las fronteras que todavía no han sido rebasadas y los placeres que no han sido consumados, porque todavía quedan sudores que experimentar e intentos de liberación por diseñar.

De esta manera queda demostrado que se sigue huyendo de la fatal manía de poner nombre a las cosas. La multitud nos persigue para preguntar los nombres de cada uno de los instantes contenidos en un drama onírico, escrito desde lugares insospechados y en el momento menos pensado. No sabe la gente que los naipes suelen caer sobre la mesa revelando el destino de las personas… todas, menos una. Es así que cada espacio vacío debe ser visitado por esqueletos en potencia, quienes son definidos mediante trucos de nuestra propia mente.

Y mientras las cosas empiezan a caer por su propio peso, y el tiempo comienza a fluir en la dirección correcta, el único alivio que nos queda es pasar la noche moliendo café, como si esta actividad fuera garantía de poder empatar los acertijos con sus soluciones. 

Una nueva época ve la luz, corrigiendo así la encrucijada que la vio nacer. La diosa de la noche se ha engullido todas las fallas perpetradas durante el día, provocándose a sí misma una indigestión que le llevará siglos poder aliviar. Bajo su manto nocturno se escucha el lamento del marinero que guía el timón dorado de su embarcación con velas verdes y negras, y quien está cansado de buscar sirenas en las aguas más profundas, cuando quizá la musa que le hace falta se halle esperándolo en uno de tantos puertos por los que ha paseado su galeón.

De pronto los mares surcados traen como recuerdo el nombre de esa pieza inconclusa que hace falta en su cerebro. Es posible que sus ojos vuelvan a mirar hacia adentro para perderse en nuevos laberintos de la memoria, y entonces, mediante las imágenes internas de una de tantas ciudades del mundo, su mente creará un espectáculo que lo acabe de despertar del letargo provocado por haber padecido incontables tormentas.

A pesar de ese espectáculo inminente, los minutos transcurren en medio de un silencio aterrador. Nada relevante sucede, y por lo tanto se siente la penosa urgencia de regresar a corregir las horas que se han escapado de nuestras manos. Es necesario recuperar la respiración y perdonar las fallas que nosotros mismos provocamos, para después sentir el amor a unos cuantos centímetros de nuestros brazos. Es necesario regular de vez en cuando los sobresaltos del corazón, para así poder cerrar los ojos y luego abrir nuestra mente al lenguaje que nace y muere al atardecer, quedando inscrito en el lapso incierto bordeado por la vigilia.

Los años pasan sin perdonar las viejas omisiones, pero al menos suele quedarnos el consuelo de que realmente nos propusimos clausurar todas las fugas de nuestra voluntad, a la espera de que un huracán de palabras sirviera como impulso para tomar el timón y así salir en busca de nuevas sirenas, nuevos espectros que mantuvieran la ilusión de que, al menos en momentos de alegre creatividad, se estaba cumpliendo la misión que suele inventarse cada día con el fin de disfrutar breves instantes de locura.

No obstante, nada de lo anterior puede subsistir a menos que este miasma de palabras sea visitado por un relámpago revitalizador, un destello cósmico que resucite a la gramática de su estado de latencia; un estruendo luminoso que haga saltar cada vocablo desde la garganta en que fue creado. De no ser así, habrá que conceder un espacio a dos sarcófagos milenarios con sus respectivos dioses adormilados: Isis tendría que ayudarnos a encontrar las partes dispersas de su amado… todas menos una. Y una vez concluido el rompecabezas, podríamos sostener una conversación interesante con Osiris, rogándole nos auxiliara a descifrar la interminable lista de incógnitas que se han ido acumulando a través de los siglos. Siendo él un conocedor del inframundo, podría entonces revelarnos los secretos de la energía que se oculta dentro de las horas solitarias, así como en los sueños y pesadillas, o en los versos que no han sido escritos a causa de la oscuridad que está repleta de interrogantes.

Es así que descubrimos que Osiris es un dios de la oscuridad: con él son más las dudas que las certezas, y son más los pasos en falso que los caminos libres de escollos. No hay cielos despejados ni días completamente felices. Osiris es un dios negro, y tratar de descifrarlo es caer en nuestras propias trampas. Aquí es cuando volteamos los ojos hacia las montañas, yendo en busca de un paraje solitario en donde poner a reposar nuestros huesos adoloridos.

Estando seguros de que no hay nadie alrededor, tocamos el suelo con nuestra frente, como para percibir las vibraciones provenientes de las entrañas de la tierra a la que intentamos arrancarle sus secretos. Pero como esta acción es totalmente infructuosa, llega el momento de sentarnos con las piernas cruzadas y los brazos extendidos. Es tiempo de liberar los terrores de la mente, e igualmente aliviar el dolor producido por malos sentimientos y por la pesadez acumulada durante tantos años de preocupación.

Con los poros abiertos para captar más el oxígeno de las montañas, procesamos la energía necesaria a fin de dar paso a nuestra propia desintegración. Nuestros músculos se derriten para ser absorbidos por el suelo, nuestra sangre va a dar a los arroyos de la montaña, nuestros órganos y vísceras se convierten en banquete para las aves viajeras, hasta que no quedan más que nuestro cerebro y nuestro corazón, con cuyas pulsaciones se definen los últimos instantes de conciencia. Del cerebro se desprende un pensamiento que va a dar al vacío mientras que del corazón se deja sentir un exiguo latido, como un modesto testimonio del amor que allí llegó a habitar.

Una vez desaparecido el ser integral, nuestros pensamientos y recuerdos vuelven a flotar con total libertad, persiguiendo quizá una mano que quisiera hacer tangibles los recuerdos, o un rayo de sol que evapore los pensamientos por completo; un soplo de viento que esparza tenues suspiros en todas direcciones, o un timón dorado que otorgue un rumbo nuevo a las pasiones que han sido convertidas en palabras.

12
Abr
08

Las pendulas y el tiempo

Teresa Solbes de Menéndez

    Canciones, poemas, tratados científicos, oráculos, mitos y cuentos nos hablan del tiempo, pero nada de todo esto da con la clave exacta que nos explique con certeza qué es eso a lo que todos llamamos tiempo. Existe una excepción: el señor o la señorita que a través de las pantallas televisivas nos avisan del tiempo que hará mañana en el sur, en el norte, en el oriente o en el poniente de la república. Estos personajes son muy famosos y todos los países los tienen, además, su espacio suele ser  esperado por muchos para enterarse si en vez de ir a la playa van al campo, se ponen la bufanda, visten ligero o guardan el paraguas en la cajuela del coche, aunque a veces sucede, sobre todo en el D.F., que nos vemos obligados a guardar en ella de todo un poco porque estos tiempos ya no son los que eran, según  cuentan algunos. ¿Tendrán razón?. Lo pregunto porque dicen que antes hasta el sol era de fiar.

   De lo que no nos queda la menor duda es de que hoy las agendas los relojes y los calendarios dominan nuestra vivir cotidiano marcándonos el paso. Así es como revelan sin ninguna misericordia que nuestros días de descanso cesaron, que hay que volver a tomar las riendas y tirar para adelante. No soy tan inconsciente como para no reconocer que es absolutamente necesario vivir con el tiempo en el bolsillo, si no qué sería de nosotros ¡pobres mortales!. Seguramente se nos acabarían –y eso podría ser todo un caos- las angelicales excusas: ¿Sabes? es que no tengo tiempo. Espéreme, al ratito que ahora no puedo. Mañana seguro seño…, y así hasta el infinito.

   Hace un puñado de meses tuve la oportunidad de burlar el tiempo unas cuantas semanas y me fui a mi pueblo donde parece que la vida y con ella, por supuesto, el tictac de los horarios se detiene. El mismo verde intenso de siempre, las mismas playas azules, la gente paseando despreocupada. Los niños llenaban los jardines y el puesto de los helados hacía su agosto, nunca mejor dicho, era verano. Allí verdaderamente en agosto y septiembre algo mágico ocurre, las manecillas de los relojes se tienden sobre la toalla blanca y fina de las playas y también, sobre los campos a la sombra de algún frondoso árbol, descansan relajadas mientras las campanas de la iglesia rompen la indiferencia de las péndolas.  Magia que siempre impregna los lugares elegidos por nosotros para descansar del trajín de todos los días. Quiero pensar que a los vacacionistas y en todos los pueblos del mundo nos sucede más o menos lo mismo.

   Muchas veces me pregunto por qué no guardo en el ánimo algo de esa “no prisa” para cuando regrese mi tiempo a su realidad. Bueno, quizá me quedan los recuerdos… dilatar la memoria hasta que aparezca la imagen.

Después de cenar esperábamos ver en la pequeña pantalla de la tele al hombre del tiempo, todos queríamos saber si saldría el sol o no, claro que ese es otro tiempo, el climatológico, el que nos dice lo que va ha suceder hoy, por cierto con verdadera exactitud. La nube aborregada, el sol rojo, la luna llena, la tormenta, el rayo, nos devuelven una imagen del tiempo confiable, más familiar. Es curioso cómo las gentes del campo o de la mar, ordenan el tiempo según éste les habla, y sin variar, los hechos se recuentan: -Aquello pasó cuando la granizada de julio. Y comentan los sucesos como en las épocas de las Sagradas Escrituras: -Se avecinan malos tiempos, ha nacido un ternero con dos cabezas.

   ¡Ay el tiempo! no podemos verlo, sólo medirlo pero las medidas no dicen nada. Que son las siete ¿qué más da?. Sigue siendo fantasmal su presencia, se pasea delante de nosotros a veces amable, a veces terrible, siendo para muchos motivo de preocupación, de reflexión. ¿A dónde han ido a parar los últimos quince, veinte o treinta años que se fueron como un soplo? ¿En qué agujero he caído?. ¿Dónde quedó aquel tiempo de juventud que me hacia sentir que lo tenía todo a favor?  Tiempo en que nos dejábamos gobernar por las circunstancias ya que no había la necesidad de tomar las riendas de la vida. ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo nos cambio el clima?. En un dos por tres nos percatamos que llegó el momento donde sentimos que había que tomar decisiones, responsabilidades y marcar las reglas para el futuro; las hojas del calendario cayeron menos perezosas de lo que seguramente nos hubiese gustado pero el reto continua ¡el gran reto de vivir! Seguir callando y contando los días, las horas. Callar para escuchar lo que las manecillas del reloj, las hojas del calendario, me quieran decir porque se las puede oír; cuando permanecemos en silencio el tiempo nos habla, nos da espacio, oportunidades para que le saquemos el mejor rendimiento.

   Ese dialogo entre él tiempo y uno suele suceder cuando más quietos permanecemos, pero es ahí donde la el asunto se tuerce porque  estamos tan acostumbrados a pensar que hay que moverse, correr de un lado para otro, dar resultados, beneficios… que  la pregunta llega sin demasiado esfuerzo. ¿Qué tipo de beneficios?. Esa ha sido mi gran tarea en estos cortos días de  descanso que terminaron con el Domingo de Pascua: Mirar para atrás y ver los réditos logrados con la inversión de mi tiempo; todavía no lo averiguo, quizá me faltaron días, no importa, lo descubriré y  si la vida lo permite, se los contaré.

   Si amigos, el tiempo nos avisa, nos usa, nos arruga, nos traspasa, nos hace tropezar con lo cotidiano y nos va empujando con sus manos ocultas hacia el jardín del olvido, y de eso no solemos hablar en las tertulias, como dice mi vecina Margarita.

   Bueno, se me acabo el tiempo, seguiré callando y escuchando a ver que descubro. Hasta la próxima.

01
Mar
08

ANTITESIS IDEOLOGICA ENTRE NIETZSCHE Y SAN JUAN DE LA CRUZ

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Arturo Gudiño

 No cabe duda que el intelecto humano ha contado con la libertad suficiente para elaborar todo tipo de ideas, teorías, principios, e incluso dogmas y estructuras filosóficas de la más variada naturaleza. En la exploración de la propia existencia, los hombres se han planteado conjeturas y han inventado todo tipo de respuestas respecto a su origen y a su destino. En esa interrogante, siempre presente en el cerebro humano, se han dado cita muchas ideas contradictorias, pero a menudo elaboradas con empeño y decisión. Una de tantas contradicciones que aparece en el universo de la cultura, es la que se nos muestra en dos obras maestras no contemporáneas de la literatura universal: El Anticristo de Nietzsche y la obra poética de San Juan de la Cruz.Mediante esta comparación hipotética, deseamos hacer una confrontación ideológica entre dos modos completamente diferentes de ver el mundo. Se trata del escepticismo versus la fe; la duda metódica versus la entrega espiritual; la ciencia y el dogma. Unos y otros han formado parte del desarrollo de la humanidad, siguiendo estando presentes en nuestro mundo de las maneras más insospechadas.San Juan de la Cruz (1542-1591) es el poeta místico por excelencia, un reformador religioso que predicaba la total adherencia a la regla Carmelita. Con la ayuda de Santa Teresa estableció en 1568 el monasterio de los frailes descalzos; sin embargo, fue encarcelado y torturado por sus propios correligionarios debido a que consideraban extremas sus reformas. Fue durante sus nueve meses de cautiverio, y un poco después de éste, que escribió sus 26 poemas memorables. En ellos se plasman sus visiones místicas las cuales van emparentadas, tal vez involuntariamente, con una fuerte dosis de erotismo y sensualidad.Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900) es, por su parte, una figura histórica muy complicada. Atacó todos los ideales de su época, desde el cristianismo hasta las convenciones morales, pasando por la compasión por los débiles y el racionalismo. Sin embargo, él mismo aconsejaba que no era necesario, ni aconsejable, el que sus lectores coincidieran con sus ideas. Se cuenta que cuando Nietzsche tenía cinco años de edad murió su padre, y el niño fue criado por unas parientes devotas –hecho que ha sido asociado con su posterior ataque, tanto a las mujeres como a la religión. Hay puntos en la doctrina nietzscheana que son esencialmente fascistas, lo cual fue aprovechado de manera oportunista por los ideólogos nazis. Vale la pena recordar que Nietzsche llegó a oponerse a ideas como el nacionalismo, los ejércitos permanentes, el Imperio Germano, el racismo y el poder político. Pasando ahora a los aspectos ideológicos de cada uno de estos pensadores, podemos decir que, a través de la obra poética de San Juan de la Cruz, se lleva a cabo un auténtico romance entre el alma humana y la divinidad. A través de la contemplación solitaria se da un gozo espiritual, la cual nos lleva a la visión mística, y es como un afán de ver la gloria antes de tiempo. En esta ardiente búsqueda no hay más guía que la fe, sin importar que dentro del mundo real no se perciba más que una “noche oscura”. Esa vida celestial eterna se promete después de la muerte, invitando a no tratar de entender este misterio, sino nada más gozarlo. Por otra parte, San Juan de la Cruz incluye en su poesía a personajes como la Virgen María y a otros protagonistas del evangelio (“in principio erat verbum”).Por su parte, en El Anticristo Nietzsche hace un ataque frontal contra el cristianismo y todo lo que de él se deriva. Hace cuestionamientos del tipo: “¿Qué es la moral judía, qué es la moral cristiana? [no es más que] el azar que ha perdido su inocencia; la desgracia, impurificada por la idea del pecado; el bienestar, interpretado como peligro, como tentación; el malestar fisiológico, envenenado por el gusano de la conciencia”; o también afirma “no ha existido más que un cristiano: el que murió en la cruz”; “una religión que ha predicado mentiras sobre el cuerpo y […] que ve la salud como una especie de enemigo, de demonio y de tentación, que hay que combatir”; “la compasión pone trabas a esa ley de la evolución que es la selección”.Hagamos entonces un ejercicio de confrontación teórica entre dos pensadores, que ciertamente no fueron contemporáneos, pero cuyas doctrinas se muestran hoy en día abiertamente antitéticas, y también vigentes para todos aquellos que apoyan su peso, en uno u otro platillo de la balanza. Si extraemos algunos fragmentos de la poesía de San Juan de la Cruz (SJC), y a continuación elucidamos la respuesta que posiblemente hubiera dado Friedrich Nietzsche (FN) a partir de su Anticristo, este es el panorama que obtendríamos:De los poemas de San Juan denominados Canciones entre el alma y el esposo: SJC: “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura”. FN: “Todos los grandes espíritus son escépticos. […] El estar libre de convicciones de todo tipo y el poder mirar con libertad forman parte de la fortaleza”. SJC: “La soledad sonora, la cena que recrea y enamora” […] “Al adobado vino, emisiones del bálsamo divino”. FN: “En Dios la nada queda divinizada; se santifica la voluntad de la nada”.SJC: “Allí me mostrarías aquello que mi alma pretendía”.FN: “La esperanza constituye el peor de los males, el más genuinamente perverso: el que se quedó en el interior de la caja de Pandora”.De Noche oscura: SJC: Del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. “sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía”; “oh noche amable más que alborada”.FN: “La decadencia de los valores del nihilismo […] La voluntad nihilista que trata de hacerse con el poder”.De Llama de amor viva: SJC: “¡Oh toque delicado, que a vida eterna sabe, y toda deuda paga! Matando, muerte en vida la has trocado”.FN: “Ese lamentable Dios del aburrido monoteísmo cristiano”.De Entréme donde no supe: SJC: “Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda sciencia trascendiendo”; FN: “La ciencia hace a los hombres iguales a Dios, […] es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original”.SJC: “Un entender no entendiendo”. FN: “Una causa queda refutada en cuanto se la congela cuidadosamente”.SJC: “Es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo”FN: “La filología [es] el arte de leer bien; el poder leer los hechos sin falsearlos con interpretaciones, sin perder, por el ansia de comprender, la cautela, la paciencia y la sagacidad”.De Que muero porque no muero: SJC: “Vivo sin vivir en mí, y de tal manera espero, que muero porque no muero”; FN: “Cualquier otro principio de elección, que se base, por ejemplo, en la sinceridad, en la inteligencia, en la virilidad, en el orgullo, en la belleza o en la libertad del corazón, pasará a ser automáticamente el “mundo”, el mal en sí”.SJC: “Sácame de aquesta muerte, mi Dios, y dame la vida”.FN: “El cristiano necesita la enfermedad, al igual que los griegos necesitan una salud pletórica”.De Aunque es de noche: SJC: “Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida”. FN: “El odio a lo natural [es] la medida exacta de la decadencia”.De Romances: SJC: “Y quedó el verbo encarnado en el vientre de María”. FN: “[Cristo] Para el ardor femenino […] un santo hermoso; para el masculino, una hermosa doncella: la Virgen María […] Adonis y Afrodita”.De Glosas: SJC: “Porque, si de luz carezco, tengo vida celestial”.FN: “El cristianismo […] no tiene ningún punto de contacto con la realidad.”SJC: “Por toda dulzura nunca yo me perderé sino por un no sé qué que se halla por ventura”; “el que de amor adolece, del divino ser tocado que a los gustos desfallece”.FN: “El hombre está agradecido a sí mismo: por ello necesita un dios”.SJC: “Por ser tal su hermosura, que sólo se ve por fe”.FN: “La fe es la antítesis de la verdad”.SJC: “Lo que por el sentido puede acá comprenderse, y todo lo que entenderse, aunque sea muy subido”.FN: “Ser cristiano implica odiar la inteligencia, el orgullo, la valentía, el libertinaje del espíritu; odiar los sentidos, el gozo sensual, el placer en cuanto tal”. Ahora bien, por más que el filósofo alemán haya querido resquebrajar las enseñanzas del cristianismo, éste ha perdurado, incluso a pesar de las contradicciones que se han suscitado entre sus diversas iglesias. Si éstas dejaran de existir, todavía quedarían los preceptos fundamentales de Jesús, haciendo eco en la conciencia de la humanidad, sobre todo en el mundo occidental. Por más que se haya demostrado la infalibilidad de los principios científicos, todavía los pueblos y los individuos necesitamos resolver graves problemas morales que nos aquejan. Todavía hacen falta la compasión y la confianza, la serenidad espiritual y la esperanza con el fin de encontrar soluciones para las miserias humanas. Todavía es el amor la mayor de las fuerzas morales, sin cuyos beneficios muchos conflictos quedarían a la deriva. El amor sigue siendo la respuesta para muchas de nuestras angustias.Vale la pena mencionar que Nietzsche atacó las premisas filosóficas del cristianismo, pero sobre todo su práctica clerical. No dudaba en denunciar al “envenenador profesional de la vida que es el sacerdote” porque, según el filósofo alemán, “el sacerdote resulta indispensable en todo momento, […] vive gracias a los pecados”. Pero entonces ¿qué ofrece Nietzsche a cambio, si no es el camino cristiano? Él nos habla ocasionalmente de otra opción, afirmando que “el budismo [lucha contra el dolor] más allá del bien y del mal” y que “no promete pero cumple, mientras que el cristianismo lo promete todo pero no cumple nada”. También concuerda Nietzsche con las palabras de Zaratustra en cuanto que “[los mártires] han ido dejando un rastro de sangre en el camino que recorrieron, y en su locura predicaron que la verdad se demuestra con sangre”. Igualmente elogia el Código de Manú, en cuanto que enfatiza la preponderancia de los elementos aristocráticos, los filósofos y los guerreros. Dedica también alabanzas a los griegos y a los romanos, a César Borgia y a los logros del Renacimiento.Y al final ¿qué nos quedaría después de una confrontación hipotética entre estos dos antagonistas? El escepticismo nietzscheano incentiva la objetividad en las labores de “la gaya ciencia”, pero no nos dice cómo combatir la crueldad y la intolerancia que se da entre individuos y entre naciones. En el punto actual de la Historia, los aristócratas y los guerreros nos han llevado a mirar la guerra como un negocio, dejando entrar sus horrores en nuestras casas como parte de la vida cotidiana. Por su parte, la fe ciega ha creado fanatismos que todavía subsisten en nuestros días, los cuales conducen a generar odios fratricidas y más guerras todavía. Asimismo, la idolatría y la magia han impedido que algunos pueblos sean capaces de buscar nuevas opciones de prosperidad. Las preocupaciones por el más allá impiden poner énfasis en las soluciones que necesitamos en el más acá. Si bien el amor al prójimo sigue siendo una utopía, ciertamente deseable después de dos mil años de cristianismo, tal vez podríamos forjar ideales más al alcance de nuestra naturaleza humana. Sería bastante si al menos lográramos que se instauraran una paz y una armonía perdurables; si al menos cada persona respetara el derecho de los demás; si cada nación tratara con deferencia a las otras. El amor sigue siendo la respuesta, pero hay pasos intermedios que no hemos subsanado todavía. Un buen punto de inicio podría ser el establecer un mundo sin fronteras ni religiones, por los cuales no habría que morir, o dejarse matar.Tal parece que no hemos encontrado la respuesta definitiva a las dudas y angustias de nuestra existencia. Pero quizá no debamos esperar la solución después de la muerte. Habrá entonces que seguir indagando el espectro de opciones que se da entre el escepticismo, el cual nos ayuda a buscar la objetividad a partir del vacío (que tal vez se encuentra más allá del cosmos), y la búsqueda constante de las fuerzas bienhechoras del universo, las cuales quizá nos ayuden a construir un mundo menos caótico, menos arbitrario e injusto que el que hasta ahora hemos forjado.