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17
Mar
08

Raymond Chandler y su simple arte de matar

Andres Ugueruaga

 Santa Fé, Argentina

Raymond Thornton Chandler, nació en Chicago en 1888. Tuvo varios empleos antes de comenzar a ser realmente lo que se dice “un escritor”. Se fue a vivir a Inglaterra, en donde trabajó como reportero del London Daily Express y en el Bristol Western Gazette haciendo sus primeras incursiones en lo que a lo narrativo  respecta . Chandler retornó a Estados Unidos en 1912, y trabajó como librero. En 1912 se enlistó en la Armada del Canadá para luchar en Francia.  Algún escritor argentino alguna vez afirmó que “Hammet a sido el primero pero Chandler lo hizo mejor”. Evidentemente este escritor se refería a Chandler como el principal sucesor de  sino de  Dashiell Hammet, el verdadero fundador del “policial negro”, genero que se reía de los policiales de los ingleses, desde Agatha Christie hasta Sir Conan Doyle. Todos estos fueron dejados de lado para narrar historias que ahora ocurrían ya no en círculos cerrados y aristocráticos, ni tampoco los crímenes se  resolvían desde un confortable y acogedor living londinense, cosas con las que sus predecesores en la Inglaterra victoriana, simpatizaban. Para el policial negro los asesinatos podían ocurrir en cualquier lugar, a cualquier hora y a cualquiera. Obviamente el tiempo había pasado, era el siglo veinte, el siglo de la Norteamérica  democrática, de los negocios y del dinero, fuese fácil y sucio, o no. El policial negro profesaba entre dientes y entre líneas algún axioma muy escandaloso por cierto: a mayor riqueza y democracia, mayor numero de negocios turbios y de crimenes.Tanto Hammet como Raymond Chandler  se iniciaron en la revista The Mask, una revista que comenzó a publicar cuentos bajo la supervisión del General T. Shaw. La mayoría de sus libros transcurren en la costa oeste de Estados Unidos, más precisamente en Los Angeles, aunque Chandler no se dedica solamente  a describir los círculos más glamorosos de la ciudad, sino también,  a los que iban muy por debajo de lo que por entonces se podía, o se permitía ver. Aunque nada de glamour ni de lentejuelas para Chandler. Este escritor supo hacer referencia, en la mayor parte de su obra, a las porciones más bajas y  renegadas de la ciudad en las que siempre algún ricachón “mete la cola”. Aunque nadie es realmente un ganador en sus libros, todos llevan las de perder: la sociedad capitalista para Chandler es un lugar que se rige con la ley de la selva. Es que a pesar de todo, el desgastado y hasta crédulo “sueño americano” ha dado lugar a los crímenes y las estafas sin el menor escrúpulo. Raymond Chandler se ha dignado entonces a mostrar el lado más pesadillesco e inhumano de ese sueño que se profesaba en el país de la libertad. De allí es justamente de donde ha surgido ese género (en su época vernáculo y académicamente reprobable), que consistía tanto en el champagne, las limusinas, los suculentos cheques y los trajes caros de la clase pudiente de Estados Unidos aunque en el whisky barato, los bares de segunda, los asesinatos por doquier por resolver, a los matones inescrupulosos de los más pobres. En sus coloridas historias siempre hay mujeres tentadoras, hermosas, malvadas y llenas de codicia, en las que siempre acude a resolver las cosas a algún que otro detective celebre, tal como el gran Phillip Marlowe: esa celebre personificación puntillosa y metódica,  que decía a sus lectores que algo había cambiado en la sociedad de la primera mitad del siglo pasado. La corrupción y la escasa moral que estaba transformando a la sociedad por completo. Tanto Raymond Chandler como Phillip Marlowe encarnaron a su manera, aquel viejo cuento que Edgar Alan Poe había recreado hacia más de un siglo atrás, cuando ya todo comenzaba a “multiplicarse”: “El hombre de las multitudes”, ese hombre perdido en un mar de gente entre la sospecha y el anonimato… Por otra parte, las obras de Chandler han sido varias por cierto: Playback, Adiós muñeca, La dama del lago, la ventana siniestra, El largo adiós, La daga azul (un guión para la película La daga azul, por mencionar solo algunos. Por otra parte se han publicado posmortem y a modo de biografía, algunas cartas inéditas de su autoría, en las que expone su visión acerca de la literatura de su tiempo. Estas cartas son algo así como lo que Raymond Chandler expuso más formalmente, en uno de sus libros más conocidos y citados El simple arte de matar. En  estos libros el autor evidencia una formación que podría decirse que es hasta “clásica”, lo cual es insospechado para una figura eminente de un  género que (si se quiere) es secundario. Siendo ya un consagrado, tuvo la oportunidad de trabajar como guionista en Hollywood, como colegas por aquellos días estaban nada más y nada menos que William Faulkner y James Cain (otro buen exponente del género policial).Raymond Chandler falleció en 1959 en la ciudad de Los Angeles, California, y es considerado hoy por hoy, una de las grandes figuras de la literatura norteamericana y universal del siglo pasado.  

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