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05
Ene
08

Ehrenburg, visto por Diego Rivera

Arturo López Rodriguez 

En la muestra Diego Rivera, gran ilustrador que presenta en el Museo Nacional de Arte se exhibe un retrato del escritor ruso Ilya Ehrenburg (1891-1967), pintado por Diego Rivera en 1915. La relación entre Rivera y Ehrenburg –poeta, revolucionario, periodista– ha sido relatada por el escritor Olivier Debroise en la novela Diego de Montparnasse (1979) y por la crítica de arte Raquel Tibol en Diego Rivera ilustrador (1986), libro que compilaba, hasta hace dos décadas, los trabajos de Rivera en el género de la ilustración. Debroise evoca la vida bohemia en la ciudad de París a principios del siglo XX, centro de reunión y lugar de encuentro de intelectuales y artistas, entre quienes figuraba el pintor mexicano que arribó a la capital francesa en 1911. Rivera conoció a Ilya Ehrenburg hacia 1913, en la café de La Rotonda de París. Sensibles a la intensidad de la vida, a la alegría del momento, en La Rotonde se reunían además Max Jacob, André Salmón, Amedeo Modigliani y Pablo Picasso, con quien Diego entablaría amistad poco después, en 1915. La historia que fluía cerca del Sena, con los escándalos que acompañan las vanguardias artísticas, es retratada de manera extensa por Dan Franck en Bohemios (1999), novela memorable de la vida parisina y el arte moderno. En pleno ascenso del cubismo, la vanguardia pictórica impulsada por Braque y Picasso, Diego Rivera hizo el retrato de su amigo ruso en óleo sobre tela, firmado: 1915/D.M.R., como solía hacerlo en aquella época el joven guanajuatense, a quien llamaban le tendre cannibale (el tierno caníbal). El retrato de configuración cubista establece el acercamiento y el dominio del cubismo desarrollado por Diego Rivera. El personaje es retratado de larga cabellera, con sombrero y pipa, escribiendo. Así quiso personalizarlo el pintor, como cita Tibol. El color y la textura de la pipa resaltan sobre la superficie de planos pictóricos, como si fuera un objeto pegado (otra práctica cubista). La maestría que Rivera alcanza en su trayectoria vanguardista se aprecia en esta espléndida pintura de la etapa cubista, la cual abarca cuadros de primer orden, como lo es El guerrillero (o Paisaje zapatista), también de 1915, considerado por algunos su obra cumbre en esta tendencia.  Raquel Tibol, curadora de la muestra en el MUNAL, seleccionó el retrato de Ilya Ehrenburg (proveniente del Meadows Museum, Southern Methodist University de Dallas, Texas) en virtud de la relación de amistad y literaria entre Rivera y Ehrenburg, como atestiguan igualmente las ilustraciones hechas al alimón para el poemario Relato de la vida de una tal Nadienka y de ciertas revelaciones que ha tenido, publicado en París, en 1916. Entre los ocho dibujos cubistas realizados para este libro (colección Museo Dolores Olmedo), en los que se observan elementos de la simbología oculta, se encuentra un retrato de Ehrenburg, similar a la pintura. El libro y el retrato son dos obras principales de la primera sección de la exposición, “Vanguardia y nacionalismo, 1906-1925”, cuyo recorrido cronológico expone los estilos y las soluciones gráficas empleadas por Diego Rivera en sus colaboraciones literarias de este periodo. Siete rubros más, que abarcan medio siglo de ilustraciones, de 1906 a 1957, con obras que se exhiben por primera vez, integran la muestra abierta hasta el 24 de febrero próximo. Ilya Ehrenburg, hombre enfermizo, mal afeitado, de cabellos muy largos y rectos, como el poeta Voloshin lo describió, es autor del Primer libro de memorias; gente, años, vida, publicado en español por Joaquín Mortiz en 1962.

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