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01
Mar
08

la Paleontología y los rudistas

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La especialidad de la Paleontología y los rudistas en voz de La Doctora Gloria Alencáster Ybarra del Instituto de Geología, la llamada fauna predominante de las rocas sedimentarias del Cretácico de México, es explicada y dirigida hacia conclusiones apasionantes. 

Ana María Longi 

Unomásuno se ha propuesto incursionar en áreas informativas poco conocidas o comunes como las que nos descubren qué hacen los científicos universitarios dentro de sus encerrados espacios, rodeados siempre por sofisticados aparatos con los que determinan la exactitud y comprobación de sus hipótesis. Así, nuestro hallazgo de la semana se centró en la distinguida Doctora en Paleontología Gloria Alencáster Ybarra del Instituto de Geología quien nos habló, de dos temas apasionantes: La Paleontología, (que es su especialidad) y de sus investigaciones en el estudio de los rudistas. La Doctora Gloria Alencáster Ybarra explicó que en México existió una institución destinada al estudio de los fósiles hasta 1888 cuando, por decreto presidencial, se creó el Instituto Geológico Nacional, que en 1929 pasó a depender de la Universidad Nacional Autónoma de México. “Por muchos años esta institución contó con uno o dos paleontólogos y, aunque nunca existió un grupo de investigadores que hubiera formado discípulos, existía una obra cuantiosa de la paleontología de México. Desde mediados del siglo XIX eran conocidos los fósiles mexicanos, especialmente los vertebrados (González-González, 2002). A fines del siglo XIX, era práctica común de los directores del Instituto Geológico enviar los fósiles para su estudio a instituciones prestigiadas extranjeras y a paleontólogos famosos que, en general, conservaron los fósiles en sus museos. Se cuenta con estudios importantes de naturalistas mexicanos, así como de instituciones extranjeras, que realizaron estudios completos de algunas regiones. Emilio Bose y Carlos Burckhardt laboraron en el Instituto Geológico y produjeron una obra notable; radicaron en el país por una o dos décadas, pero siempre trabajaron aisladamente”.  Respecto a la micropaleontología, la querida Doctora Alencáster aseveró que numerosos paleontólogos extranjeros trabajaron para las compañías petroleras antes de la expropiación. “Después de 1938, PEMEX fundó el Departamento de Exploración y la Sección de Paleontología Petrolera, en donde un personal numeroso se entrenó en el estudio de foraminíferos de columnas estratigráficas terciarias y de otras edades. En 1960, el doctor Agustín Ayala-Castañares fundó el Departamento de Micropaleontología en el Instituto de Geología de la UNAM. Una historia resumida del desarrollo de los estudios paleontológicos mexicanos reencuentra en la Enciclopedia de México de 1993, escrita por el ingeniero Ernesto López Ramos”, recordó la científica. 

¿Cómo se organizó el Museo de Paleontología del Instituto de Geología destinado a investigación? ¿Resultó muy complicado?  

¡Desde luego que fue muy difícil y es muy digno de comentarse! Indebidamente, el material que se encontraba en exhibición en el Museo de Paleontología del edificio de Ciprés 176 (ahora Jaime Torres Bodet), correspondía a los ejemplares de las publicaciones del Instituto, motivo por el que debía de estar guardado y protegido, así como debidamente catalogado. Ese material fue trasladado al nuevo edificio de Ciudad Universitaria, en donde estaba previsto un gran espacio para este fin. También se trasladó el material aún sin estudiar, almacenado en las bodegas, recolectado por numerosos geólogos a través de varias décadas. Parte de este material dio lugar posteriormente a publicaciones valiosas, como el estudio de las plantas paleozoicas de Puebla (Silva-Pineda, 1970). Esta labor, del traslado, arreglo y selección del material, se inició en 1956 y se intensificó hasta 1960, cuando ya contaba con mis primeras colaboradoras. Los primeros muebles que se hicieron para el resguardo del material fueron de madera, elaborados por el taller de carpintería del propio Instituto. El siguiente equipo fue de acero, al estilo de lo que se usaba entonces en instituciones de investigación paleontológica. Posteriormente, la pesada y delicada tarea de organización y administración del museo fue encomendada, en 1966, a la doctora Carmen Perrilliat, quien ya se había destacado por sus dotes de orden y disciplina. El Museo ha funcionado perfectamente y actualmente está amueblado con equipo ultra-moderno, que se ha conseguido gracias al empeño y a la tenacidad de la doctora Perilliat. Ahora se denomina Colección Nacional de Paleontología. Además de ser uno de los valiosos patrimonios universitarios, es patrimonio de la nación y aloja la inmensa mayoría del material fósil mexicano publicado, aun del estudiado fuera del país, que es enviado al Instituto por los autores para su resguardo eterno. 

¿Podría ser tan gentil en referirnos un poco más de su historia académica doctoral? 

 En 1969, después de diez años de docencia y 19 en la investigación, me consideré suficientemente preparada para presentar el examen general de conocimientos para obtener el grado de doctor, mismo que se realizó en dos sesiones, de varias horas cada una. La tesis, que se publicó en Paleontología Mexicana (Alencáster, 1971) consistió en el estudio de una colección de rudistas del Cretácico Superior de Chiapas, que había sido recolectada por Mullerried durante varios años y de la que él había estudiado una pequeña parte. El doctor Mullerried realizó una obra importante de paleontología, en especial sobre rudistas, que reseñó el doctor Maldonado-Koerdell (1953) después de su partida.Los rudistas son moluscos bivalvos extintos a los que me fui enfrentando poco a poco desde que trabajé en PEMEX; del Instituto Mexicano del Petróleo, del Consejo de Recursos No Renovables, de universidades de provincia, etc., me enviaban muestras, para su determinación taxonómica y geocronológica. Estos informes, más de 200, los proporcionó el Instituto de Geología sin cargo alguno, como una contribución de la UNAM a dependencias gubernamentales descentralizadas.Creo conveniente aclarar que antes de dedicarme al Cretácico, incursioné en estudios de moluscos del Triásico de Sonora, braquiópodos y bivalvos del Jurásico medio de Puebla, algunos en co-autoría con la doctora Blanca Estela Buitrón, moluscos y braquiópodos del Jurásico Superior de Chiapas. 

¿Por qué eligió estudiar a los rudistas? 

Esencialmente porque constituyen la fauna predominante de las rocas sedimentarias del Cretácico de México. En este periodo se presentó el evento marino más importante de la historia geológica de México, cuando una gran parte del territorio estuvo cubierta por mar, por cerca de cien millones de años, y, desde luego, los depósitos sedimentarios marinos alcanzaron su máximo desarrollo. Mapas paleogeográficos de este periodo han sido ejecutados por muchos autores (Young, 1984; Scout, 1948; Alencáster, 1984, 1995). La invasión del mar epicontinental se inició a fines del Jurásico, sobre un continente que era eminentemente terrestre, con depósitos marinos restringidos a dos pequeñas bahías.  

LA ORTOGRAFIA DE TETHYS DEBE RESPETARSE 

El mar avanzó gradualmente de oriente a occidente y llegó a su máxima extensión en el Cretácico Medio, que comprende las edades Albiano y Cenomaniano, de 105 a 95 millones de años de antigüedad. Los rudistas se originan en el Jurásico Superior de Europa, pero en América aparecen hasta el Cretácico Inferior. Su existencia en el tiempo está restringida al Cretácico y en el espacio a la región tropical del planeta de ese tiempo, que abarca una franja circumecuatorial que se extendió 30 grados hacia el norte y 30 grados hacia el sur del Ecuador. Este mar, que separaba dos grandes continentes, norte y sur, se denomina Dominio o Mar de Tethys. El nombre fue propuesto por Suess (hacia 1904-1909) y corresponde a la mitología griega más antigua a una diosa del mar, hija de Gaea (tierra) y Uranus (cielo), padres de los titanes, y esposa de Oceanus (Duckworth, 1963). La ortografía de Tethys debe respetarse, porque, como dato curioso, no corresponde a Thetis o Tetis, que se refiere a una diosa de otra dinastía, también de las aguas, madre de Aquiles, de una mitología griega menos antigua. Los rudistas vivieron en aguas someras cálidas de plataformas carbonatadas. Son moluscos bivalvos extintos (clase Bivalvia, superfamilia Hippuritoidea) con dos valvas desiguales, que presentan las mismas estructuras de los bivalvos actuales. En los rudistas las valvas están unidas por una charnela formada por dos dientes y un alvéolo central y dos alvéolos en la valva derecha, inferior o fija. Las valvas se cerraban por la contracción de un par de músculos insertados a ambos lados de la charnela y se abrían por la contracción de un ligamento dorsal que une las valvas.Sus muy variadas formas son absolutamente diferentes de las de los bivalvos actuales, por lo que, por mucho tiempo, se ignoraron sus relaciones filogenéticos. Son bentónicos y de hábitos gregarios, por lo que vivieron en grandes comunidades. Las conchas, en general, son grandes y de pared gruesa. 

¿POR QUÉ RUDISTAS? 

El nombre de rudistas propuesto por Lamarck (1819) se refiere a su naturaleza ruda (rude en francés, rudis en latín). Las plataformas calcáreas del Cretácico son depósitos sedimentarios muy extensos, que constituyen superficies planas o ligeramente inclinadas como rampas, que se encontraban en el margen de los continentes o aisladas como islas, cubiertas por un mar muy somero. Estuvieron pobladas de manera exuberante por rudistas y por una gran variedad de otros organismos bentónicos. Los rudistas formaron bioconstrucciones tabulares, que se han llamado bancos, biostromas y actualmente, lithosomas, pero que, en general, se consideraron formaciones arrecifales, por su semejanza con los arrecifes coralinos actuales. Sin embargo, son diferentes, porque los rudistas no forman una armazón rígida, de esqueletos estrechamente unidos, porque no son animales coloniales y los epibiontes, que podrían unirlos, son escasos o carecen de ellos. Los rudistas son importantes para establecer escalas bioestratigráficas precisas de las plataformas cretácicas y para establecer reconstrucciones paleobiogeográficas de las provincias endémicas del Tethys. Cualquier progreso en estos campos depende de un mejor conocimiento de la taxonomía de los rudistas; aseveró la Doctora Alencáster quien dejó a la reportera asombrada de la magnitud de sus conocimientos y, desde luego, muy hambrienta de conocer más de su tema en una muy próxima oportunidad.