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21
Dic
07

Opinión Teatro 2007

María Teresa Adalid 

En 1950 el grupo de los siete autores integrado por Francisco Monterde, José Joaquín Gamboa, Víctor Manuel Díez Barroso, Carlos Noriega Hope, Ricardo Parada León y los hermanos Lázaro y Carlos Lozano García, realizaron un manifiesto teatral que arremetía contra el teatro hecho con servilismo, conformismo y precariedad. Sus propuestas se alzaban con espíritu crítico y no complaciente. Han transcurrido casi cincuenta y siete años, y el manifiesto no ha perdido su vigencia por tratarse de los mismos problemas que aquejan el teatro actual. El estira y afloje es una característica con la que sabemos convivir, en tanto se ha manifestado hasta el cansancio la necesidad vital del teatro para el desarrollo del ser humano. El 2007 fue una época de ajustes, de cambios administrativos que aún prevalecen en algunas instituciones, a continuación, algunos puntos a considerar en este amplio mosaico del quehacer teatral. Falta difusión en todos los niveles del quehacer teatral, tanto en grandes instituciones públicas como en pequeños espacios autónomos. Escasea personal capacitado en materia de administración y comunicación de las artes para concretar una estrategia de difusión, un sistema de organización eficaz y por ende objetivos concretos. El hecho de manejar severas propuestas artísticas repercute en la distorsión pragmática de cada una de ellas, poco tiempo, cuidados, desatendiendo la singularidad.   El tiempo se malgasta en analizar reiterativamente proyectos que se han perfilado en la indefinición; se necesita acción, toma de decisiones y firmeza. Faltan más proyectos, festivales y encuentros donde comunicar experiencias, aprender, y coexistir; que se mantenga como estandarte el desarrollo del teatro en el presente y a futuro, y que los proyectos no sean utilizados de pretexto para cubrir el gasto del presupuesto asignado, sin corretizas de último momento, y mucho menos con la trivialidad de la realización express como hasta la fecha sucede. Siendo un país de gente joven, éste es un sector que se descuida en tanto los grandes creadores se regodean en polémicas vacuas, de alta pedantería debatiendo quién es la Prima donna del país buscando figurar insulsamente en cuatro columnas. El talento joven mexicano está excluido siendo que se requiere nuevas voces para participar, opinar y expresar qué se necesita. El desinterés de la prensa por las manifestaciones culturales, aunado a los pocos canales de difusión cultural ha mermado negativamente en el teatro. Falta cohesión entre los departamentos de difusión de las instituciones de cultura y los medios de comunicación. Ser facilitadotes de la información debe de ser tarea prioritaria para la fuente de difusión. No obstante pareciera ser que en las oficinas de comunicación laboran de acuerdo a la cultura del mínimo esfuerzo. Enviar una foto de promoción tarda hasta ocho horas en llegar a una redacción, donde el tiempo apremia y la cobertura de noticias sucede en el instante. Muchas veces habiendo lanzado el producto se carece de fotos promocionales y en severos casos, las fotos nunca llegan a la redacción, por ende, se recurre directamente al director de la propuesta artística. Los grupos de teatro son los principales afectados en tanto tienen que velar con la labor creativa, económica, interpretativa y de difusión en foros y dependencias que cuentan con departamento de comunicación con sueldo para llevar a cabo su labor.   Desarrollar libremente la capacidad de análisis y el sentido de la crítica regida por un criterio imparcial, sin amenazas, ni malos tratos hacia la prensa es una necesidad, la hibridez de opiniones beneficia la conciencia social y cultura. Es también labor del periodista acudir y apoyar los diversos espacios donde se gesta el arte escénico para no centralizar la vida teatral en el INBA, OCESA, UNAM, CENART y C.C Helénico, debido a que el centralismo es una violación contra todo principio de una sociedad libre y demócrata. Se necesita un programa nacional de formación continua que brinde una oferta académica especializada y atienda las necesidades de desarrollo individual, colectivo, y que además camine a la par del mundo actual y no cursillos que pueden tomarse en cualquier momento del año con las diversas compañías de teatro que los ofrecen. Indispensable que los titulares de la coordinación de teatro presencien y traten de acercarse para efectuar un diálogo con las creaciones de origen popular, manifestaciones en comunidades, barrios, casa de cultura, bares, foros, cafeterías que se encuentran relegados en el olvido, de esta manera se conoce y comprende a la comunidad teatral más allá de la comodidad de la silla y cuatro paredes. El camino actual es multicultural y multilineal, de este modo no tiene cabida la discriminación.  El sector privado es pieza clave para el impulso de obras artísticas, sería grato que su filosofía fuera más allá de un recurso para reducir impuestos y en términos de caridad. Se persiste en favoritismos ya que existen obras en cartelera cuyo director concreta hasta tres puestas de manera simultánea. Al igual que por descuido, las mismas instituciones llegan a competir entre sí llevando a la escena la misma pieza teatral.  Se necesita autonomía para crear, ambiente de confianza en las instituciones y transparencia. Se trata de humanizar las relaciones entre medios, instituciones y artistas, a través de una convivencia solidaria, cooperativa y de mutuo apoyo, anteponiendo la responsabilidad y privilegio de difundir el quehacer escénico en nuestro país que debe de prevalecer más allá de nuestras fragmentadas y grandes diferencias culturales.  

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