Posts Tagged ‘Reseñas

12
Abr
08

Libros

Arturo López

Ernesto Alcocer

Perversidad

Diana (Destino), 2007

Con acertada enunciación, esto se lee en la contraportada del libro Perversidad de Ernesto Alcocer (Ciudad de México, 1955): “Trastocados de noticias de actualidad, los relatos de Ernesto Alcocer proponen un giro a los mitos instantáneos generados por los medios, para establecer el grado de decadencia de una civilización endiosada con sus propios logros. Alcocer construye de modo realista anécdotas fantásticas con vetas del género detectivesco, de indagación, para esbozar unas personalidades sumamente complejas que desafían el juicio fácil pero justifican el título del conjunto: asesinos, pederastas, vividores y racistas destacan en un mundo carente de ideales aunque aún sujeto a reglas”.

      Son seis las narraciones en torno a la perversidad que encubre y brota en la naturaleza humana: “El tercer grado de la obediencia perfecta”, “El trasplante”, “Just do it”, “Bien merecido”, “Ya no se puede creer en nadie” y “Cadena perpetua por matar a su perra Marie”; éstos dos últimos escritos en colaboración con Santiago Bolaños.

      Las inclinaciones hacia la maldad, los sentimientos de culpa y las particulares circunstancias que rodean a los personajes involucrados, van de la denuncia por pederastia contra Ángel de la Cruz, obispo de la Diócesis de Guadalajara; las múltiples operaciones de Erika Schneider y la urgencia de un trasplante a que se ve forzado conseguir su novio; la relación homosexual de Arnoldo Suárez Nájera, funcionario de una empresa trasnacional; entre otras oscuras figuras incitadas ardorosamente por los torbellinos de celos, lujuria y venganza.

 

Daniel Silva

El hombre de Viena

Traducción de Alberto Coscarelli

Planeta Internacional, 2006

Precedida de las obras “La marca del asesino” y “El confesor”, la novela “El hombre de Viena” de Daniel Silva (Michigan, 1960), integra el ciclo narrativo dedicado al tema del Holocausto.

      El motivo central de la novela policiaca gira sobre la captura de un criminal de guerra. Un súbito atentado en la oficina de Reclamaciones e Investigaciones de Guerra da comienzo a esta historia que recorre las ciudades de Viena y Venecia. La muerte de Eli Lavon, miembro del servicio secreto de Israel, desencadena una serie de investigaciones a cargo de Gabriel Allon, llamado Mario Delvecchio, un policía secreto aficionado a la restauración de pinturas.

      Tras el asesinato de Eli Lavon y la revelación de su trayectoria en los servicios de inteligencia israelíes, Mario Delvecchio (o Gideon Argov, otro de sus seudónimos) descubre que un misterioso hombre está detrás del crimen y, con ello, la bota nazi. La trama se entrevera de este modo alrededor del personaje investigador, Delvecchio, y su enemigo: Ludwig Vowel, alías Erich Radek, asesino de la SS, miembro de la Legión Austríaca y colaborador cercano de Adolf Eichmann.

      La búsqueda judicial narra los servicios de inteligencia de Israel y Austria, así como las operaciones secretas de los miembros espías instalados en Viena, Venecia, Jerusalén y Argentina. A esto se suman los testimonios de los sobrevivientes de la Marcha de la Muerte y el hallazgo del programa secreto Aktion 1005, que numera las operaciones de la destrucción de las pruebas de los millones de judíos asesinados durante el nazismo.

Peter Watson

Paisaje con mentiras

Traducción de Eduardo Hojman

Planeta Internacional, 2007

La emoción por el descubrimiento artístico guía la historia de inglés Peter Watson, historiador inglés. Su reciente novela se sustenta en la explicación iconográfica de un lienzo titulado en inglés antiguo “Landskyp of Lees”, Paisaje con mentiras, posiblemente del siglo XVI.

      La narración inicia con la súbita aparición del hombre que pretendía robar dicho cuadro en la habitación de una joven coleccionista. Había algo en esa pintura, algún misterio que hacía valer la pena despojarlo.

      Los protagonistas, Isobel, coleccionista que frisa los treinta años, y Michael Whiting, un marchante de arte de la galería Whiting and Wood, se ven implicados en el desciframiento del extraño lienzo que inicialmente fue atribuido a Hans Holbein, autor de retratos cargados de un intenso realismo, como Los embajadores.

      ¿Cuál puede ser la razón de nombrar a una pintura así?De pista en pista por el país de Constable y Gainsborough, Isobel y Michael recorren pueblos y ciudades, galerías y museos, capillas y monasterios ingleses, para esclarecer los motivos y los personajes religiosos, mitológicos y reales de la pintura, además del paisaje de fondo. “En los siglos XV y XVI los cuadros estaban llenos de símbolos, y la gente educada se enorgullecía de poder interpretarlos”.

      Impulsados por los hallazgos pictóricos, la pareja pretende descubrir el tesoro que encierra el lienzo antes que Molyneux, un oscuro personaje que los persigue y atenta contra sus vidas. En la novela de Watson conviven símbolos ocultos y figuras relacionadas con las sociedades secretas, y en su desenlace, el suspiro de amor y deseo abraza a los protagonistas aficionados al arte.

 

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16
Feb
08

Petróleo sangriento There will be blood

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Jorge Zavaleta Balarezo 

Pittsburgh, Estados Unidos 

La nueva película del talentoso Paul Thomas Anderson -autor de las fundamentales Boggie Nights, Magnolia y Embriagado de amor– está dedicada, simbólicamente, al maestro Robert Altman, patriarca del cine independiente americano, fallecido en el 2006. Como Altman, Anderson ha hecho de sus propias obras experimentos corales, polifónicos, que muestran una cuidadosa puesta en escena, un regodeo por los detalles, una vocación metacinematográfica, todo alrededor de un guión confeccionado con sumo cuidado. Ahora, en Petróleo sangriento (There will be blood) estamos ante la historia de Daniel Plainview, interpretado por Daniel Day-Lewis en el gran papel de su carrera. Tomado de la novela Oil, de Upton Sinclair, Plainview es un ambicioso buscador de petróleo en los míticos tiempos de la expansión norteamericana. En plena segunda revolución industrial, con incipientes vías férreas y las ideas fuerza del pragmatismo capitalista sustentado en una religión que culpa y premia, el territorio de los Estados Unidos era, entonces, en el borde de los siglos diecinueve y veinte, una tierra por descubrir y a la que se podía apostar incluso la vida. Es ese sentido de la aventura el que entiende Plainview, cuya presencia abre la película mostrando la dificultad de su empresa y el empeño que pone en ella. Se trata de un personaje recio, duro como la piedra o el acero, alejado de esa naturaleza que el director Anderson muestra pasiva, en planos abiertos y largos, con vegetación seca y montañas inciertas. Plainview es un hombre al que no le gusta mirar atrás, para quien el pasado simplemente no existe porque quizá implique resolver asuntos graves, personales, familiares. En el cariño a su pequeño hijo revela toda la bondad que le puede ofrecer al mundo. El resto es trabajo, espera, obsesión. El es un hombre que literalmente labra su destino.  Pero en este filme lleno de energía, complejo, difícil, denso, el protagonista, dominado por su individualismo, de todos modos está acompañado por otros seres quizá tan elementales como él pero menos arriesgados. Uno de ellos es el joven predicador con rasgos femeninos que retoma los temas de la expiación y el pecado tan caros a otro maestro que Anderson ha estudiado muy bien, Martin Scorsese. O los inversionistas que celebran alegremente la buena nueva de la llegada del petróleo. Y, sí, el oro negro brota de la tierra infinita aun a costa de desgracias ajenas y traumáticas, como dejar sordomudo al hijo del protagonista. Este es quizá el momento de mayor sensibilidad para él y la escena en que, desesperado, lo lleva en brazos, corriendo, en busca de protegerlo, grafica lo profundo de un corazón lastimado. Es, sintomáticamente, el tema-guía del petróleo el que da actualidad a una cinta cuya historia se remonta a más de un siglo atrás. La coyuntura global (Irak, Venezuela, los intereses norteamericanos) están en el fondo de la película de Anderson, quien, a través de sesudas y estudiadas metáforas, la contemporiza críticamente. Al mismo tiempo Petróleo sangriento es una lectura de algunas películas clásicas de Hollywood: El nacimiento de una nación, Ciudadano Kane, 2001: Odisea del espacio. Como en ellas, aquí se trata del inicio de una era. Como en ellas también, hay un elegido, una suerte de mesías para quien no cabe ninguna redención. Es, asimismo, una historia que recuerda por momentos La puerta del cielo, la obra maestra de Michael Cimino, sobre la conquista del Oeste, y las partes más importantes de El Padrino, de Coppola. Anderson recorre “textualmente” el cine americano desde sus raíces y en sus momentos decisivos para narrarnos una pasión personal, de fortaleza de espíritu, de lucha contra la adversidad. No importa si en medio de la acción se va la vida. La lógica -el último deseo, la esperanza- es cumplir la tarea. Por eso Petróleo sangriento es una curiosa épica sobre el desarraigo, con momentos cumbres, de enorme potencia cinética.  Anderson diseña cada escena con esmero, vuelve sobre la profundidad de campo, tan trabajada por un genio como Orson Welles, matiza la noche y el día bañados de petróleo, encuentra en los paisajes naturales un escenario justo para sus tomas a veces cargadas de un lirismo incomprendido. Es, a la vez, un cinéfilo consumado que evoca los westerns de John Ford o los filmes de genios como Wilder, Lang, Zinnemann, Minelli, Wyler, Mankiewicz. Plainview, guiado por el instinto de su ambición, cae y se levanta, vuelve a caer y se vuelve a levantar. Daniel Day-Lewis le otorga credibilidad y le pone nervio a un personaje de por sí duro y quizá desalmado, sobre todo consigo mismo. Las escenas finales (la película cubre un arco temporal de 1898 a 1929, inicio de la Gran Depresión), remiten a la injustamente postergada El aviador, de Scorsese. Como el excéntrico multimillonario Howard Hugues de aquel filme, Daniel Plainview se enfrenta a la certeza de su propio recorrido vital. Y tiene que elegir. Paul Thomas Anderson nos deja una película incansablemente poética, sobre la construcción de un sueño y de una nación. Vuelve sobre el territorio americano como el poeta Keruoac de En el camino y retorna a las fuentes -críticas a veces, fastuosos otras- reveladas por novelistas como Dos Passos en Manhattan Transfer y Steinbeck en Las uvas de la ira. Y es que la miseria y el vicio son otro elemento de esta cinta que sorprende por su virtuosismo y se concibe, ella misma, como una nueva gran mirada de una promesa incumplida y aun así omnipresente: los Estados Unidos, ni más ni menos. 

FICHA TÉCNICA

There Will Be Blood

Dirigida por: Paul Thomas Anderson
Con: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciaran Hinds, Kevin J. O’Connor
Género: Drama
País de Origen: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2007

La 80ª entrega de los premios Oscar, será el domingo 24 de febrero de 2008 en el teatro Kodak de Hollywood, California. Petróleo Sangriento está nominada en ocho categorías: Mejor película, Interpretación de un actor en un rol principal, Dirección, Guión adaptado, Fotografía, Dirección de arte, Edición y Edición de sonido.

26
Ene
08

Cine Negro Norteamericano: Michael Clayton

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Enrique Zamorano

Michael Clayton (Michael Clayton, Estados Unidos, 2007) de Tony Gilroy, con George Clooney, Tom Wilkinson, Tilda Swinton.¿La Cineteca Nacional se ha norteamericanizado? El cine norteamericano, hay que reconocerlo, tiene imán de taquilla. Lo cierto es que el programa de enero anuncia que para iniciar bien un nuevo año cinéfilo, el programa de estrenos ofrece una gran variedad que va de la denuncia que hace Michael Clayton de los malos manejos de la ley por parte de abogados inescrupulosos…Pues sí, se comprueba, una vez más, que el mejor cine del mundo es el cine negro norteamericano y Michael Clayton es un nuevo ejemplo de su vitalidad.Primero el tributo. En el programa de enero viene el siguiente comentario, traducido por Miriam Jiménez, de Manohla Dargis: “Los trabajos anteriores de Gilroy (Tony) como guionista incluyen la trilogía Bourne y el entretenido thriller El abogado del Diablo. Michael Clayton marca su deber como director, al parecer inspirado en películas de Sidney Lumet. El mundo de Clayton es tan siniestro y tan peligroso como el de Lumet (Diario The New York Times, 5 de octubre de 2007)”.Sin dejar de considerar que otro Sydney, el realizador Sydney Pollack (nuevo tributo) actúa en la película en el papel de Marty Bach (generoso y corrupto jefe, entre blanco y negro, de una firma de abogados consultores), hay que decir lo que se dice de Sydney Lumet: Maestro en la capacidad para respetar la unidad de tiempo y de lugar en sus adaptaciones, logrando relativa originalidad que mantiene el interés constante de los espectadores. Artesano hábil que trabaja a la altura de su labor haciendo creíbles y vivas sus historias sobre el mundo corrupto de ciertas esferas de la actual Norteamérica.Michael Clayton (George Clooney) es un abogado de segunda clase, endeudado y venido a menos por su afición al juego de cartas, que trabaja en una poderosa firma de abogados en trance de asociarse con un consorcio trasnacional que vende alimentos contaminados que producen cáncer. Como todo clásico héroe negro (léase antihéroe) se encuentra al borde del precipicio y no encuentra la salida para componer su vida a menos que…Como toda trama de cine negro que se precie de serlo (el guión es del propio realizador Tony Gilroy), el inicio es un tanto confuso, del que se parte para explicar, con un largo flash back, el por qué de lo que le ocurre al personaje principal. La voz que escuchamos, fuera de cuadro, de no sabemos, al principio, quien, que se dirige a Michael Clayton confunde aún más el principio de la trama que, gracias a la habilidad de artesano aprendiz, a punto de ser maestro autoral, se aclara por la serenidad del ritmo de la acción.Como toda trama de cine negro que se precie de serlo, la contradicción de valores, puestos en duda ante el espectador, en la conciencia del personaje principal, permite suponer que no se trata de un inmaculado perfecto que lucha por el triunfo del bien en todos los órdenes de la vida. El práctica su oficio de salvar, de problemas menores, por la vía jurídica y “legal”, a la empresa donde trabaja. Al asignársele encontrar, lo antes posible, a su amigo Arthur Edens (Tom Wilkinson), cerebro de la empresa, maniaco depresivo que ha enloquecido y que se ha fugado con información secreta, Michael Clayton descubre toda una maraña de irregularidades de las cuales Karen Crowder (Tilda Swinton) es la operadora principal.Con la película Michael Clayton, nuevamente encontramos los elementos clave para definir la película negra: la aventura criminal, la ambigüedad psicológica, la ambigüedad moral, el tema de la violencia, lo insólito y la desaparición de los puntos de referencia y malestar específico, aunque parezca repetitivo en el análisis referencial.