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15
Dic
07

Cronicas Riojanas III

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Fernando L Rodríguez Jimenez

 La Rioja festiva y entrañable, vive hacia adentro, aunque cada vez son más los de fuera que desean participar de su sencilla manera de vivir y ver la vida.  

      Madrid, España.- En la Rioja hay calidad de vida. Los riojanos son gente sencilla, les gusta las cosas cotidianas, sin grandes pretensiones, la vida de siempre, las costumbres ancestrales, las reuniones familiares y con los amigos, el trabajo, el campo, disfrutar de un buen vaso de vino de la región en compañía, en animada charla donde no falta la socarronería, ni la broma directa, no son de dobleces y segundas intenciones, les gusta llamar a cada cosa por su nombre y no darle más valor del que tienen.       Como son de origen campesino sus apetencias siguen en esa línea, aunque muchos riojanos han salido a estudiar y al extranjero, pero no les seduce gran cosa moverse de su terruño.      Las fiestas locales de los pueblos se viven con intensidad: En Tudela hay una fiesta de verano, de posible tradición muy antigua, báquica, por que el vino que representa a la región es uno de los principales motivos de sus carrozas, de el viven millares de personas, y además lo disfrutan.      La rioja huele a vino, a tahona, a ese delicioso pan recién hecho, cuyo aroma remueve nuestros más antiguos recuerdos de niñez, también  a asado y a verduras, y a tierra mojada, especialmente cuando llueve, el viento trae ese perfume que emana de lo más profundo de nuestras raíces. De las montañas cercanas trae el olor a bosque a pinares y robledales o encinares, ese olor que envuelve y caracteriza a cada criatura de la naturaleza.  

   Las fiestas son tan sagradas para los riojanos como lo fueron para celtas, íberos y romanos, quienes trajeron las suyas adaptándolas a las ya existentes. La mayoría no son tan paganas como parecen, cada fecha correspondía con uno de sus dioses, que andaban lo mismo entre los pucheros, que en lo nemoroso, escondidos entre lo más impenetrable de los bosques donde se ocultaba la rama dorada, también en las aguas y en el cielo, donde Zeus era el dios más poderoso, pero en las aguas era Afrodita quien imperaba, Cupido y Eros tenían su cabida para los enamorados y Diana cazadora propiciaba la buena caza, Baco las juergas a base de vino y cierta clase de orgías, en ese tiempo todo se permitía.     

 Aunque no en su totalidad  las cosas siguen de forma similar, Afrodita está presente en los balnearios donde se cuida la salud, Baco en las fiestas del vino, de tanta importancia para le región, Diana cazadora tiene muchos seguidores y a los riojanos les gusta disfrutar de un día de caza de vez en cuando, disculpa para reunirse los amigos y hacer bromas sobre lo mal que tiran unos u otros y tomar un buen taco, (aquí se le llama taco a un buen almuerzo, generalmente a base de buen embutido de la zona y una buena tortilla española o de patata o de verdura, denominada a la paisana.     

 La caza ya no tiene el objeto de la necesidad para comer, se ha convertido en algo lúdico, aunque personalmente no soy partidario de matar animales, como algo divertido, es mejor y más gratificante observarlos, pero para gente que goza de lo primario, cazar forma parte de esa ancestral tradición, aunque cada día hay menos practicantes, sigue siendo una disculpa festiva.     

 Las carrozas de Tudela, tiradas por tractores, recuerdan de forma sencilla lo genuino de la tierra, barricas de vino con bodegueros grotescos, como una especie de auto-caricatura, lindas damas ataviadas con ropas tradicionales o vestidos hermosos. Gente bien vestida, pasea por las calles, se han puesto el “traje de fiesta”, como antaño, sólo que entonces se vestían con el único traje para estos eventos, la misma ropa duraba muchos años, hogaño la gente viste de forma más moderna y su vestuario es mucho más variado que hace años, cuando la postguerra civil española y la Segunda Gerra Mundial aún coleaban, aunque un día de fiesta sigue siendo todavía una buena razón para ponerse elegante.      

En Tudelilla en la recoleta plaza del pueblo, asistí a un concurso de paellas, hechas por diferentes grupos de amigos, asociaciones, familias o cofradías, cada cual se esmera para que la suya sea la mejor, añadiendo a los ingredientes mucho amor a la hora de cocinar, sin dejar el buen humor. El jurado lo tenía muy difícil, todas tenían una pinta bárbara, pero una tenía que ganar.      

Esa fue la disculpa para degustar todas ellas en medio de la plaza, y reunirse todo el pequeño y amable pueblo de Tudelilla, en buena armonía, y sin que falte el buen vino de las muchas bodegas de gran calidad que se ocultan en las cuevas y edificios, aunque son competidores unos de otros, la armonía y el cooperativismo reina en esta parte de España, donde la envidia no parece medrar y si la armonía entre vecinos y familias.   

   La verdad es que Mari Carmen López, nuestra amiga, se esmeró y ese día con su hermana Marisa y su hija, en casa de los Zurbano, nos hicieron una paella que nada tenía que envidiar a las que se exhibieran minutos antes en la plaza de Tudelilla, estaba para chuparse los dedos, regada con el buen vino de cosecha propia, sin aditivos, ni química que producen dolor de cabeza.    

  La calidad de la materia prima para hacer las comidas es esencial, pero Mari Carmen tiene una receta que no falla, es a todas las comidas ponerle “mucho amor”, y es así, ese condimento espiritual se nota en algo tan material como un buen yantar.      Aquí la gente es muy de derechas, son católicos de verdad, creyentes de buena fe, lo cual no quiere decir que dentro de cada familia no haya quien piense en dirección contraria, pero se diría que la mayoría de los riojanos son gente bien pensante, buenas personas y católicos practicantes, profundamente convencidos.        En las poblaciones mayores como su capital Logroño, la ciudad se compone de áreas antiguas y una periferia en expansión, con barrios nuevos modernos que crecen permanentemente, donde se aprecia la prosperidad y el buen vivir de esta gente.    

  Logroño se está abriendo al exterior y en esta ciudad capitalina, se celebran numerosas convenciones y eventos diferentes culturales. En estos momentos se está realizando una bonita exposición de temas de la Natividad de Cristo, con pinturas antiguas de muy diferentes autores, estilos y épocas  y la historia de los tradicionales belenes de tanta raigambre entre el pueblo español, a cual más bello e interesante.    

  Ferias gastronómicas y de productos de la tierra se celebran periódicamente, especialmente los relacionados con la viticultura, de la que sin duda es la región privilegiada de España y de las más importantes en calidad del mundo.     

 De aquí parte secretamente vino para Burdeos donde se envasa como vino de la región francesa, siendo de origen riojano.     

 La verdad es que el rioja tiene una calidad de origen tan excelente que no necesita apoyarse en el vino de Burdeos para tener su propio buqué, en nada envidiable a los vinos franceses.  

    España tiene excelentes vinos y muy diferentes entre sí, lo que permite poder degustarlos en cada momento y circunstancia. Cavas catalanes y de la misma región, vinos de la comarca del Penedés y del Ampurdán, excelentes vinos con denominación de origen de Valladolid, vinos de La Mancha, los muy variados andaluces (Jeréz, manzanilla, Don Pedro, Málaga virgen, etc.), de Murcia, de Cebreros y ahora están mejorando los de la comunidad madrileña, los vinos gallegos de Albariño y otras muchas bodegas, licores, coñac, aguardiente… No quisiera dejarme regiones donde los diferentes vinos harían una larga lista de exquisiteces vinícolas.     

 Periódicamente se reúnen en las Ferias de esta capital del buen vino en noble competencia, en busca de la mejor denominación de origen que sólo se otorga a los mejores y más cuidados caldos que mantienen su calidad a través del tiempo, para abrirse nuevos mercados, dentro y fuera de España.    

  Pasear por las calles de Logroño, de Tudela y otras ciudades más populosas, para mi no tienen tanto encanto como la de aventurarse por los numerosos pueblos riojanos, donde cada callejuela tiene su sorpresa, una hermosa farola, una callejuela estrecha, con tejados a cada lado que casi se unen para no dejar ver el cielo y sus iglesias, la reciedumbre de la piedra y la tradición de sus tesoros. Mientras contemplamos tantas maravillas, las campanas de la iglesia tañen, dan la hora o anuncian misa, rosario u otras actividades que reúnen a los devotos parroquianos bajo sus vetustas techumbre, plenas de fervor y espiritualidad.    

   A la Rioja se ha de llegar con el corazón abierto, para ser recibido de igual forma, sin recelos y con los brazos abiertos. Aunque tiene mucho que ver además de cuanto hemos dicho, gozar de las visitas a sus estupendas bodegas, es un buen colofón o incluso todo un objetivo para un viaje a la Rioja.